El síndrome del pedestal (Octava entrega)
Esta es una nueva entrega de El síndrome del pedestal, la novela escrita por Ernesto Zarza González (erzagon@gmail.com). Acá podrán leer el capítulo anterior:
VIII.
-Fantasmas que rondan por el Infierno de Dante-. Círculo segundo (Lujuria).
“¿Quién puede distinguir entre el héroe y el asesino, entre el líder y el tirano?”
JORGE AMADO, ‘Memoria de un niño’.
El grito retumbó dentro de las paredes y causó estragos en toda la edificación. Una exclamación sorda, aguda, maléfica y malintencionada fue la que barbotaron unos labios de los que nunca salió algo hermoso. Unos ojos que miraban con furia, un odio entretejido, una maldición de un ser sin patrones de conducta, unas gotas de saliva que eran escupidas por quien pronunciaba incoherencias, unas inyecciones de adrenalina que atraían a los perros callejeros que rondaban por los alrededores, un deseo de muerte, una patada a la decencia, un pertrecho de artimañas y de argucias maquinadas sin clemencia, un utensilio del diablo, una oración de un curate, un relato de seres teologales que narra sucesos que nunca pasaron pero que tampoco fueron imaginados, un insulto a los valores, un anhelo compulsivo de desechar para siempre la moral y mandarla con todos los beatos y beodos que la corrompen a los más recónditos lugares, un panegírico a la falta de mérito y de sinceridad, una apocada visión de las cosas duras, unos dientes amarillos por el abuso del cigarrillo y grises por el ortodoxo uso de maniatadas frases y de muestreos de poco valor, unas manos prestas a ser empleadas para deleitar a los que gozan al golpear a los inermes sin extremidades, unos brazos que querían tirarse para hacer genuflexiones con unas rodillas hincadas en suelos de podredumbre, un artilugio hecho para hacer caer en sus redes a los insensatos y a los crédulos que se solazan pensando en las ayudas que nunca van a recibir de quien les otorgó el don del libre albedrío para que fornicaran con animales y para que dejaran una mísera y rala descendencia en una tierra que están pudriendo y marchitando tal como el que los creó lo hizo con el invento de un otoño que deviene en un invierno que se ríe de una primavera porque se va a cagar del calor con un verano que hace que se acunen las moscas y que se paren en los rincones más escondidos de los seres humanos para inocular sus huevos y hacer que la pútrida carne de los que se creen pensantes sea pasto para que sus crías de él se alimenten y crezcan dentro del más insalubre de los sitios que hay en el mundo. Eso y mucho más fue lo que significó ese grito, un insulto a los animales que tienen que compartir su planeta con el advenedizo ser humano.
Carolina se tapó los oídos con las manos y los gritos que se negaban a salir de su garganta eran captados por su mente; trataba de neutralizar con sus delgadas extremidades y con sus débiles aullidos las injurias que expelía la boca de su padre, como si fueran impulsadas por los seres teologales de un cuadro de Pieter Brueghel el Viejo. Su madre, como queriendo unirse a los bacantes, exhalaba trinos de una boca que apestaba a licor barato, modulaciones que se perdían en las miasmas insondables del alcohol, confundiéndose con el olor acre y rancio que su aliento le imprimía al aire que trataban de respirar. El hombre estaba aturdido por el dolor que sentía, como si una saeta lanzada con firmeza hubiera penetrado en su sucio corazón, y se arrastraba entre las porquerías del suelo debido a una borrachera que lo hacía trastabillar y repetir incoherencias de seres infernales, como si las palabras de los evangelistas fueran tergiversadas y puestas al revés, dichas por un insensato que ingirió suficiente licor para hacer de su espíritu un templo a la putrefacción y a la incongruencia. La mujer, siguiendo el admirable ejemplo que le daba su marido, empezó a levantar las piernas, como si deseara darle patadas a unos invisibles seres angelicales, de los que odiaba su belleza y el candor de una juventud que la conoció a ella abriendo sus extremidades inferiores para que hombres de dudosa calaña se deleitaran con el fruto que ella misma había tocado más de una vez en su incipiente niñez. El humo exhalado por unas bocas que chupaban cigarrillos de pocos centavos subía por un aire cargado de inmundicias; era como si toda la suciedad de la pobre y olvidada localidad en la que vivían se hubiera concentrado en los hocicos de esos dos abominables entes, de esos dos malvados demonios que ultrajaban con crueldad a dos hermosos ángeles, de esos dos pérfidos reptiles que se incitaban con desenfrenado furor etílico.
José de Cora: La historia de La navaja inglesa no sucedió, pero pudo haber sucedido
Por Manuel García Pérez
Publicada por Tropo Editores, La navaja inglesa es una novela ambientada en el reinado de Carlos III y cuyo argumento gira en torno a una serie de asesinatos que parecen estar relacionados con la llegada a Madrid de la estatua de La Cibeles. Como destacamos ya en Mundiario, la novela se caracteriza por un lenguaje pulcro, innovador, lleno de sutilidad poética, por un tributo personal que José de Cora rinde a la estética de Valle-Inclán para crear su simbólico mundo de personajes, cuyo comportamiento está movido por una instintiva forma de sobrevivir en aquel Madrid apócrifo de decadente imperialismo. La siguiente entrevista a José de Cora, escritor, periodista y colaborador de MUNDIARIO, revela algunas estrategias técnicas de su excelente trabajo narrativo.
– ¿Cuál es la motivación de una novela ambientada en el reinado de Carlos III y en el trasunto mistérico que hay tras la diosa Cibeles?
– Fueron varias, además de la primera y principal, que consistía en conseguir una novela pulcra, lo mejor escrita posible y entretenida. La excusa es Cibeles y el desconocimiento que existe sobre lo que representó y las influencias que tuvo en el catolicismo, un tema inédito en la literatura mundial. Carlos III me dio el escenario gracias a su decisión de instalarla en el centro de Madrid, ciudad a la que también rinde homenaje el argumento. Otro fue, por ejemplo, conseguir una novela de géneros: histórica, policíaca, esotérica, erótica, sádica, mistérica, mitológica, costumbrista y por momentos, humorística. Un género de géneros.
Milinviernos en la revista Cuaderno
La revista «Cuaderno» de la Fundación Neruda de Chile, ha hecho una selección de páginas web y blogs (P. 41) de la región, considerados por el comité editorial, como puntos de referencia para la literatura y cultura de nuestro continente; en el listado aparece milinviernos. Así mismo, este número 71 de la revista tiene un especial sobre Julio Cortázar y también hay textos escritos por Alan Pauls y Martín Kohan:
http://issuu.com/fohntastico/docs/cuaderno2?e=0/9661652
"Todo hombre es un artista" Beuys
Vía: LA LULA TV
“Todo ser humano es un artista, un ser libre, llamado a participar en la transformación y la reorganización de las condiciones, el pensamiento y las estructuras que dan forma e informan nuestras vidas”
Para Beuys, la creatividad era el verdadero capital, creatividad que se debía entender como la verdadera fuerza revolucionaria transformadora que está presente en cada individuo. Cada uno contribuye en la mediada de sus propios rendimientos individuales a una utopía de la sociedad como “plástica social”.
https://dailymotion.com/video/xxuydl
Sobre el coito, un diagnóstico de Al-Razi
Al- Razi fue un médico y pensador brotado en el esplendor árabe-islámicodel siglo X; sus posturas filosóficas no fueron tomadas de la mejor manera por el islam. Avicena, por citar un ejemplo, solía defenestrarlo y burlarse de él diciendo que mejor habría hecho si se hubiese dedicado con exclusividad a estudiar los excrementos y la orina. En este capítulo que a continuación les presentamos, el 15 de «El libro de la medicina espiritual», se ocupa de algunos efluvios y fatalidades biológicas propias del coito, ese enemigo de los ansiosos y los ángeles en Gomorra:
Sobre el coito
También es esta una de las afecciones malas a las que invita y lleva la pasión y la preferencia por el placer, acarreando al que la padece diversas desgracias y graves enfermedades, ya que debilita la vista, arruina y consume el cuerpo, precipita la vejez, la decadencia y la decrepitud, daña el cerebro y los nervios, y hace decrecer y disminuir las fuerzas, junto a otras muchas enfermedades cuya mención sería larga.
Su ansiedad es fuerte, como la de los otros placeres, y más aún cuando se piensa que su placer excede a los otros.
La frecuencia del coito ensancha los conductos por donde va el semen, afluyendo mucha sangre por ellos. Así, se aumenta la producción de semen y se incrementa por ello el deseo, redoblándose la pasión.
Por el contrario, la menos frecuencia y la abstención conserva la humedad básica del cuerpo, particularmente en la substancia de los miembros. De este modo, el período del crecimiento y del desarrollo se alarga y se retarda el envejecimiento, la consunción, la decadencia y la decrepitud. Los conductos del semen, al no llevar materia alguna, se estrechan. La producción de semen disminuye, se debilita la erección, se encoge el pene, se rebaja el deseo y desaparece su intensa comezón y exigencia.
Por ello debe el hombre inteligente dominarse, abstenerse y combatir esto para no verse incitado y azuzado hacia ello y no llegar a una situación difícil en la que ya no pueda apartarse ni abstenerse.
Asimismo, debe reflexionar y repasar lo que hemos comentado de domeñar y refrenar sus pasiones, especialmente lo que hemos mencionado en el capítulo sobre la gula, a propósito de la segura molestia, sofoco, comezón en incitación a conseguir lo deseado y a llegar al colmo de lo que es posible, ya que este aspecto está más confirmado y es más evidente en el placer al que se llega en el coito que en los restantes placeres, por la superioridad sobre aquéllos con que se le imagina.
Cuando Klaus Kinski fue Jesucristo

La furia y los azotes en la cara son el vehículo para imponer la misericordia y el amor en un mundo aterido de vulgaridad; Klaus Kinski lo sabía y por eso fue Jesucristo, a pesar de que cientos de sujetos, agazapados entre la muchedumbre, lo insultaran y le hicieran burlas dignas de doctorandos. En el monólogo que a continuación les presentamos, ademas de advertir los gestos de ira mística del actor alemán, se aprecia la facilidad que existe para la ironía y el insulto cuando el enunciador se encuentra sumergido en el anonimato y la aquiescencia de otros mediocres que aplaudirán a ese primer burletero devenido comediante de ocasión a costillas de alguien que se ha atrevido a hacer algo. Disfruten de esta pieza documental en donde Klaus Kinski aparece en todo su esplendor junto al odio y la maledicencia de sus detractores y el silencio de otros tantos que apenas se inmutaron de este mesías:
Otro borracho que no puede olvidar (Héroes decadentes – FVR)
Héroes decadentes
Francesco Giuseppe Vitola Rognini
Hoy presentamos:
Otro borracho que no puede olvidar
El ferrocarril está lleno. Estoy de pie, recostado al pasamanos vertical, borracho, intentando enfocar la mirada en lo que ocurre alrededor. Pasan imágenes pornográficas estimuladas por una pareja que se besa al bajar en la estación de Gracia. Otro par, cuarentones, van sentados muy cerca cuchicheando. Él tiene cara de cansado pero sonríe, viste traje, corbata y zapatos nuevos. Va con los brazos abiertos tratando de sujetarse a algo, como si no cupiera en el puesto. Ella va casi en harapos, parece una adicta, la piel reseca, los labios cuarteados, el contorno de los ojos de un color rojizo, y flaca anoréxica. Ríe nerviosamente dejando ver unos dientes amarillentos y haciendo que ese par de ojos acuosos se entrecierren. Las manos huesudas y pálidas en las que sobresalen venas inflamadas y azules tiemblan casi imperceptiblemente, como las de un fumador cuando algo le intranquiliza y el cuerpo le pide nicotina. Ella sabe que cuando él y su sonrisa bajen del vagón quedará sola de nuevo. Mientras él habla, mostrando sus dientes blancos de quien visita al dentista cuatro veces al año, con ese placer que dejan un par de polvos bien echados, ella lo mira asustada, con ojos enternecedores, dispuesta a todo con tal de tenerlo a su lado cada noche, cuando le atacan los demonios personales, cuando el silencio lo ocupa todo. El cuerpo humano es uno de esos misterios de la física: frágil y resistente a la vez. El tipo con su bigotito negro y afeitada perfecta baja en la estación de uno de los barrios residenciales más lujosos, probablemente encaminándose a un encuentro con su esposa e hijos.
El síndrome del pedestal (séptima entrega)
Por Ernesto Zarza González
erzagon@gmail.com
Esta es una nueva entrega de la novela «El síndrome del pedestal». Acá podrán leer el capítulo anterior.
VII
Suenan acordes de “Russlan y Ludmilla”, autoría de
Mijáil Ivánocivh Glinka.
“El cinismo es barato… puede comprarse en cualquier supermercado”.
GRAHAM GREENE, ‘Los comediantes’
Eduardo Ortega salió del hospital y empezó a caminar sin saber de su rumbo. Sus pasos, sin quererlo, lo hacían dirigirse al diario en el que se desempeñaba y sus pensamientos, siguiendo el mismo derrotero deslizado de la realidad, lo llevaban a un mundo inexistente al que le daba forma en su mente. Como en el cuento ‘Exilio’, de Edmond Hamilton, en el que un escritor de ciencia-ficción queda atrapado en su propia creación, Ortega presentía que, de una forma u otra, él también quedaría capturado en medio de la trama de lo que su cerebro maquinaba. La golpiza que le dieron al pibe no sería el motivo central de la labor periodística que había iniciado; Mateo, el hombre detrás de ese nombre, era la clave de lo que pensaba desarrollar, quizás como un trabajo serio de investigación, quizás como un artículo cualquiera, quizás como una serie de notas, quizás como unas entrevistas. Se preguntaba, una y otra vez, por la figura del agresor, quien sin duda habría de ser un personaje reconocido en el mundo del hampa, pues no era muy probable que un empresario de los que la sociedad denomina ‘serio’ se dedicara a ese tipo de negocios; por voces que escuchaba en las calles tenía entendido que la mayoría de los dueños de establecimientos como aquel en el que fue apaleado su entrevistado eran sujetos de honradez dudosa, muy posiblemente ligados a actividades ilícitas y con problemas con la justicia.
Eso sería una bomba, se decía, en el caso de que tuviera la posibilidad de acceder a la interna de un sitio como ese y así lograr conocer a fondo su desenvolvimiento. De acuerdo con lo planteado, no dejaba de pensar que tuvo razón al intuir, cuando vio que transportaban en la camilla a quien se había convertido en su fuente, que de ello algo interesante podía salir.
Entonces partió de la premisa que le decía que tendría que hacer una investigación acerca de un hombre que posiblemente fuera un criminal y, por ende, que habría de terminar conociendo algo de las actividades, de los pensamientos y de los proyectos de un delincuente como Mateo. Mateo, un hombre que se encontraba tan alejado del rol social con el que el Destino sentenció a la mayoría de las personas, pero, sin embargo, tan cercano a los demás seres humanos, predestinado para mostrarle a la sociedad el error que cometió, al hacer el reparto de actividades entre los que la integran, en el momento en que decidió que unos debían vivir del trabajo y del esfuerzo de los demás, otros del dinero que cobran a guisa de coimas y otros del que de manera directa y descarada le roban a la nación en su propia cara.
Entrevista a Ricardo Manzanaro, administrador de premios ignotus
El programa «El Sótano» de OMC Radio incluye una entrevista que le hicieron a Ricardo Manzanaro en la que habla de la TerBi y sus actividades como administrador de premios Ignotus y su blog noticiascf. A disfrutar pues de las delicias de la cifi.
Romero y La Playa

Foto de Peter Harding: creative commons 3.0
ROMERO Y LA PLAYA
Por: Luis Cermeño
Un paisaje estival, tocaban ukeleles, embriagados por su propia belleza y juventud, cantaban canciones para un mañana mejor, lleno de paz, pero ante todo autosatisfacción de su propia existencia. Eran tan hermosos. Los pensamientos positivos irradiaban una energía cósmica hacia el universo que los ajustaba a la armonía de todo lo vivo.
Romero los veía celebrar en la entrada de su casa. Abría una lata de gaseosa, los veía allí en la playa, alrededor de las chimeneas, bailando, celebrando cada noche la alegría de vivir y saboreando de sus risas, complaciendo sus cuerpos y almas con el calor de la amistad.
“Yo no sé porqué no puedo ser feliz”, escribió Romero en Twitter, parado ahí mismo, a la entrada de su casa, dando la espalda a la rumba de los chicos que se prendían con la puesta del sol, justo cuando al solitario le lastimaba más el día ¿o la noche?













