Karol evocó el viejo dicho de que la vida se le pasa a uno en un segundo cuando está a punto de morirse; tomó una soga y, desde entonces, se ha dedicado a ahorcar sin asesinar a quienes acuden a él para recordar un nombre, un rostro, un olor o un sonido, a los que lo buscan porque están aburridos y no saben si quieren morirse o acordarse de que alguna vez no lo estuvieron y a los adictos a la nostalgia.
Al ahorcador lo llaman Karol Wojtyla. Cuando sale a comprar pan los vecinos lo saludan con reverencia, hincándose y besándole su sagrada mano de pontífice.
“Judas se ahorcó para acordarse de lo que hizo ”
“Uno sólo reza cuando tiene la soga al cuello”
“A veces creo que ese que pinté no es nuestro señor sino un amuleto de la buena suerte y eso me da miedo. No quiero condenarme”
“Esta es la única máquina del tiempo que hasta ahora hemos podido desarrollar”
Karol siempre espera a alguien que necesite de su trabajo; “para el recuerdo no hay deshoras ”
Karol acostumbra comer un postre antes de la ejecución
Todo recuerdo es precedido por la asfixia
La cara del ahorcado se difumina a medida que sus recuerdos toman nitidez