La voz de Walt Whitman y la carita de Harold Bloom

Harold Bloom sólo escuchó esa grabación antigua después de que  el entrevistador le aclarara que quien recitaba esos versos, olvidables para el crítico norteamericano, era el propio Whitman. Abrió la boca y entrecerró los ojos como lo hacen los miopes que no alcanzan a leer los subtítulos de una película. En ese gesto Bloom reveló su férrea creencia en los genios; los versos ya no le resultaron tan repudiables y siguió hablando con la seguridad de un papa que bendice al viento desde un balcón del vaticano :

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