Roswellita

Imagen elaborada por Anbilli
Me disfrazaron de virgen y curé cánceres de pulmón, hígado, oído, lengua, próstata, recto, útero, garganta, hueso, nariz, vagina, cuello, ano, sangre, testículos, cerebro, colon, ovarios, páncreas, esófago y vaso.
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Aparecía en medio del aire y me diluía entre las respiraciones de quienes se prosternaban, casi siempre enfermos, al verme.
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Y, mientras me evaporaba, de mis párpados salían palabras que delineaban el futuro.
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Me enseñaron a hablar los mismos que me sacaron de los escombros de la nave y le extirparon las vísceras a papá.
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Papá, ¿tuviste vísceras?
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Los grises somos las sobras de los dioses que escupieron sobre el universo; de cada escupitajo surgieron las razas que he olvidado por el golpe que me di al caer en el polvo y la hierba seca.
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Rachel, la hija del físico, me tocó la entrepierna, mientras nos enseñaban historia natural, y me dijo que yo era como el esposo de su muñeca porque no tenía ni ranuras ni bolitas arrugadas ni nada.
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Y sin testículos me reproduje: mis hijos brotaron de mí, multiplicándome. A medida que nacían yo me achicaba hasta que desaparecí y me hice pensamiento.
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Creyeron que huí de la mano de un soviético infiltrado.
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Para un pensamiento no hay ahora; se infesta en cualquier criatura que respire; se ilumina a través de contracciones musculares y vuelve a salir rumbo a la Noosfera.
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No necesito brotar en el aire para que me vean. Basta con que el accedido por mí cierre los ojos, me figure como la madre de Jesús, se arrodille y me pida palabras de un futuro que delineo con verbos, aunque el tiempo en mí no discurra.
Autopsia a compañeritos muertos (un año más del incidente Roswell de 1947)
La flexibilidad de los historiadores permite establecer centurias de menos de cien años o de un milenio que sobrepase los mil; el siglo XX pudo haber sido uno de los más cortos si se establece su nacimiento con la primera guerra mundial y su final con la caída del muro de Berlín. También pueden establecerse momentos inaugurales y otros finiseculares, más para que haya una mnemotecnia que por el rigor que apunta al infinito en el quehacer de un historiador. El vídeo de la autopsia a un alienígena, promulgado por el inglés Ray Santilli en 1995, ha sido menospreciado y calificado como uno de los más grandes fraudes: No se ha hecho hincapié en la calidad del trabajo, en la minucia de la intervención sobre el cuerpo extraterrestre y en que toda esa puesta en escena es un homenaje a la llamada modernidad: Se despedaza un cuerpo a partir de cortes precisos, buscando establecer, a partir de la división del todo en sus partes, las funciones de cada órgano y todo ello registrado con una cámara y dejando colar un reloj y un teléfono que no condicen con el momento en que, supuestamente, se realizó esa intervención sobre un extraterrestre muerto. Esté material fílmico es un testimonio cabal de la visión mecanicista de la vida. Ray Santilli, en 2006, dijo que la gran mayoría de la grabación fue una puesta en escena que buscó recrear lo que él mismo presenció a comienzos de los noventa. Nadie le ha creído y aún no se ha reconocido a Santilli por ese gran momento en el que, en un pequeño cuarto de intervenciones quirúrgicas, la soledad de la especie humana cifraba la lejana compañía de un cadáver alienígena.







