Diario del tour de Francia sin estar en Francia ni con los ganadores. Día 11
- Mikkel Bjerg: el último de la etapa
- Michael Mørkøv: el último de la clasificación general
Antes de que cayera la lluvia en el recorrido de la etapa, un comentarista de una emisora-streaming en Youtube no tenía mucho que hablar, así que contó que los ciclistas, muchas veces, se meaban y hasta cagaban encima para no perder el tren de la carrera: es ruda la vida de estos deportistas, añadió, para luego llegar a que él, durante una competencia -no dijo de qué- tuvo que ir a un baño portátil a evacuar porque había comido algo. Esto le generó un retraso descomunal, pero terminó. Mi escepticismo para con el locutor cambió: era un mejor tema hablar de las evacuaciones que hacer griterías, muchas de ellas enunciadas por locutores que creen que incurrir en adjetivos grandilocuentes los convierte en poetas.
Y es que los retortijones de estómago han signado a competencias. Como aquella del giro de Italia en donde el ya retirado Tom Doumolin se fue a la orilla y evacuó. Quintana, que por aquel entonces aún estaba en la cúspide, lo esperó y así perdió la oportunidad de ganar su segundo giro de Italia. Desde entonces, su carrera vino en declive, como si el producto digestivo de su competidor hubiese instalado un vaho de maldición que enmelocotó a esa generación del noventa.
Muchos dirán que hoy no pasó nada. Los publicistas del tour, gracias a las cámaras instaladas en algunas bicicletas, demuestran lo contrario. Aún no estamos en el momento donde cada quien pueda pagar un servicio en el que vea una transmisión donde tenga la perspectiva de uno de los competidores- cuando ello ocurra, será el éxito de la cultura del entretenimiento en sus diferentes vertientes: los realities, el ciclismo, el fútbol, la pornografía, etc.-; cuando haya esa posibilidad, siempre escogeré a alguien intermedio o al último para así sentir la desolación de la llegada -así como al cornudo en la escena porno, o al participante del realiti que, a escondidas, se orina mientras se baña en la ducha que comparte con los demás, o del suplente que solo entrará en el último minuto de un partido en donde reemplazará a la estrella para que ella sea ovacionada por la memorable actuación que prestó-.
Hoy Dinamarca estableció una nueva marca en su dominio en esta edición: el último de la etapa y el último de la clasificación general son de ese país, al igual que el líder. Mikkel Bjerg atravesó la línea de meta tres minutos y treinta y cinco segundos después de Jacobsen, con el mismo tiempo del que lideró la inocua fuga del día, el italiano Daniel Oss. Michael Mørkøv mantiene el último puesto, a cincuenta y dos segundos del penúltimo, Fabio Jakobsen.
La propulsión a chorro de Tom

Por Anbilli
Ante el poderío de Nairo Man, Doumolin tuvo que simular una diarrea para así evitar el ataque que se le venía encima: esta es la teoría de algunos fanáticos que aún no encajan las razones por las cuales su ídolo terminó en el segundo lugar de la clasificación general del Giro de Italia.
Gracias a esta sospecha, nos permitimos proponer los siguientes puntos que, si se hubieran aplicado, no habría lugar a ninguna duda sobre el resultado final de la primera Gran Vuelta de este año:
- Los comisarios debieron cerciorarse de la deposición de Tom; es decir, luego del incidente, era muestra de total diligencia el que se hubieran bajado de sus motos a mirar si había una diarrea diseminada por el pasto de la cuneta de aquella memorable carretera.
- Si no era posible una detención de los comisarios, las autoridades competentes, a la llegada a la meta del holandés, pudieron revisar las nalgas del mismo o su culotte para atisbar rastros excrementales que evidenciaran la penosa situación por la que atravesó el atleta.
En consecuencia, es imperiosa la necesidad de una reglamentación en donde se contemple que, todo ciclista que esté en puestos de importancia en una competición ciclística de ruta, debe defecar encima, como lo hicieron, entre otros, los ilustres Greg Lemond o Jan Ulrich, quienes llegaron con chorros marrones que empapaban sus afeitadas piernas.








