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Diario del tour de Francia sin estar en Francia ni con los ganadores. Día 11

Antes de que cayera la lluvia en el recorrido de la etapa, un comentarista de una emisora-streaming en Youtube no tenía mucho que hablar, así que contó que los ciclistas, muchas veces, se meaban y hasta cagaban encima para no perder el tren de la carrera: es ruda la vida de estos deportistas, añadió, para luego llegar a que él, durante una competencia -no dijo de qué- tuvo que ir a un baño portátil a evacuar porque había comido algo. Esto le generó un retraso descomunal, pero terminó. Mi escepticismo para con el locutor cambió: era un mejor tema hablar de las evacuaciones que hacer griterías, muchas de ellas enunciadas por locutores que creen que incurrir en adjetivos grandilocuentes los convierte en poetas.

Y es que los retortijones de estómago han signado a competencias. Como aquella del giro de Italia en donde el ya retirado Tom Doumolin se fue a la orilla y evacuó. Quintana, que por aquel entonces aún estaba en la cúspide, lo esperó y así perdió la oportunidad de ganar su segundo giro de Italia. Desde entonces, su carrera vino en declive, como si el producto digestivo de su competidor hubiese instalado un vaho de maldición que enmelocotó a esa generación del noventa.

Muchos dirán que hoy no pasó nada. Los publicistas del tour, gracias a las cámaras instaladas en algunas bicicletas, demuestran lo contrario. Aún no estamos en el momento donde cada quien pueda pagar un servicio en el que vea una transmisión donde tenga la perspectiva de uno de los competidores- cuando ello ocurra, será el éxito de la cultura del entretenimiento en sus diferentes vertientes: los realities, el ciclismo, el fútbol, la pornografía, etc.-; cuando haya esa posibilidad, siempre escogeré a alguien intermedio o al último para así sentir la desolación de la llegada -así como al cornudo en la escena porno, o al participante del realiti que, a escondidas, se orina mientras se baña en la ducha que comparte con los demás, o del suplente que solo entrará en el último minuto de un partido en donde reemplazará a la estrella para que ella sea ovacionada por la memorable actuación que prestó-.

Hoy Dinamarca estableció una nueva marca en su dominio en esta edición:  el último de la etapa y el último de la clasificación general son de ese país, al igual que el líder. Mikkel Bjerg atravesó la línea de meta tres minutos y treinta y cinco segundos después de Jacobsen, con el mismo tiempo del que lideró la inocua fuga del día, el italiano Daniel Oss. Michael Mørkøv mantiene el último puesto, a cincuenta y dos segundos del penúltimo, Fabio Jakobsen.

Simón Bolívar y los galenos

Con el perdón de los Bolivarianos, existen registros históricos de que el protohombre latinoamericano cuyo nombre es sinónimo de la gesta libertadora, se portaba mal cuando se pasaba de tragos, fue rechazado por mujeres a las que literalmente les limosneaba algo de tetita,  y se enfermaba de la barriga como cualquier comepapas.

 

Bolívar con una copita listo para armar el desmadre

Uno de estos documentalistas de la vida privada del Libertador, fue el periodista Héctor Muñoz, oriundo de Cucaita, Boyacá, quien le dedicó varios títulos y obtuvo varios premios y reediciones por estos metódicos trabajos de la vida privada de la leyenda bolivariana, entre ellos «Bolívar en Anécdotas» de la que recogemos el instante en que el caraqueño padece un dolor intestinal y se precia de tener a su doctor personal para prácticamente no  utilizarlo para un carajo, similar al aristócrata que en la actualidad paga una medicina prepagada solo para cuando está a punto de morir, pues prestarle mucha atención a los consejos de los galenos por lo general desemboca en amargarse la vida.  Por eso es mejor hacer como el diabético que ignorando su enfermedad, se come dos chocorramos y un café con leche, sabiendo que así acelera su muerte.

 

‹‹Cuando en 1828 el Libertador estuvo en Bucaramanga, sufrió algunos malestares que pronto le curaron. El 13 de mayo amaneció con «el estómago algo cargado» y fuerte dolor de cabeza. Su médico, el doctor Moor, inglés, le recetó un vomitivo con tártaro emético, pero Bolívar no lo tomó. EL médico le aconsejó entonces que continuara tomando té.

El libertador le hizo estos comentarios a Perú De Lacroix:

«Este doctor está siempre con sus remedios, sabiendo que yo no quiero drogas de botica, pero los médicos son como los obispos, aquellos siempre dan recetas y estos siempre echan bendiciones, aunque las personas a quienes las dan no las quieran o se burlen de ellas. El doctor Moor está enorgullecido de ser mi médico y le parece que esta colocación le aumenta su ciencia. Creo que efectivamente necesita de ese apoyo. Es un buen hombre y conmigo de una timidez que perjudicaría a sus conocimientos y luces aun cuando tuviese las de Hipócrates. La dignidad doctoral que ostenta algunas veces es un ropaje ajeno de que se reviste y que le sienta muy mal. Está engañado si piensa que tengo fe en la ciencia que profesa, en la suya y en sus recetas, se las pido, a ratos, para salvar su amor propio y no desairarlo; en una palabra, mi médico es para mí un mueble de aparato, de lujo y no de utilidad».

El catorce de mayo Bolívar amaneció bien y le dijo a De Lacroix:

«Ve, usted coronel, que sin el emético del doctor me he puesto bueno y quizás si lo hubiera tomado estaría ahora con los humores revueltos y con una fuerte calentura». ››

 

Bolívar en anécdotas. Héctor Muñoz. Editado por El Espectador. Editado en 1983. 

La propulsión a chorro de Tom

Por Anbilli

Ante el poderío de Nairo Man,  Doumolin tuvo que simular una diarrea para así evitar el ataque que se le venía encima: esta es la teoría de algunos fanáticos que aún no encajan las razones por las cuales su ídolo terminó en el segundo lugar de la clasificación general del Giro de Italia.

Gracias a esta sospecha, nos permitimos proponer los siguientes puntos que, si  se hubieran aplicado, no habría lugar a ninguna duda sobre el resultado final de la primera Gran Vuelta de este año:

  • Los comisarios debieron cerciorarse de la deposición de Tom; es decir, luego del incidente, era muestra de total diligencia el que se hubieran bajado de sus motos a mirar si había una diarrea diseminada por el pasto de la cuneta de aquella memorable carretera.
  • Si no era posible una detención de los comisarios, las autoridades competentes, a la llegada a la meta del holandés, pudieron revisar las nalgas del mismo o su culotte para atisbar rastros excrementales que evidenciaran la penosa situación por la que atravesó el atleta.

En consecuencia, es imperiosa la necesidad de una reglamentación en donde se contemple que, todo ciclista que esté en puestos de importancia en una competición ciclística de ruta, debe defecar encima, como lo hicieron, entre otros, los ilustres Greg Lemond o Jan Ulrich, quienes llegaron con chorros marrones que empapaban sus afeitadas piernas.

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