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Un relato de brujería

En el diario El Espacio se ha publicado una crónica sobre los elementos de brujería encontrados durante las excavaciones hechas en el Cementerio Central de Bogotá; su autor, Johann Benavides Torres, se valió de un psíquico que ve los espíritus que sobrevuelan el camposanto. Acá puedes leer el escrito.

Hackers parauniversales

¿Te ha pasado alguna vez que estás frente a alguien, o que observas a alguien, y al siguiente instante desaparece entre la multitud como por arte de magia? ¿Que, sin explicártelo, aparece alguien desde un lugar que es como si saliera de la nada? Piensas que fue una falla de tu atención pero sinceramente no te lo crees porque sabes que tu atención siempre estuvo allí. Son descuidos de la mente, piensas, pero sabes que son formas que tienes de mentirte a ti mismo, al no querer indagar sobre lo que a todas luces es un fenómeno muy extraño. La mente es perezosa y prefiere no proseguir en lo que sabe le costaría mucho, tal vez más de lo que está dispuesta a admitir. O tal vez razonas, como en la novela de Isaac Asimov, Los Propios Dioses,  cuando el Doctor Bronovski le contesta al Doctor Lamont: “Una insolubilidad no es un problema.

Al igual que los alquimistas se pueden considerar los padres ilegítimos de ciencias como la química y la botánica, también ciertas prácticas de la brujería se podrían considerar maestras de la física y la informática; saberes que son apenas las puntas del iceberg de una nueva ciencia a punto de florecer: el diseño y programación de realidades. En el cuento Los sueños de la casa de la bruja de H.P. Lovecraft, un estudiante aficionado a las matemáticas descubre a través de sus ignominiosas investigaciones una nueva geometría que le permite tener acceso a ciertos ángulos inexplorados de la realidad. Esta recreación literaria de Lovecraft podría estar sugiriendo algo mucho más profundo, esto es, que muchísima gente a nivel empírico ha logrado un conocimiento sanctasanctórum de los abismos más grotescos de las dimensiones.

 «No hubiera podido decir lo que esperaba encontrar allí, pero sabía que deseaba estar en aquel edificio donde alguna circunstancia había dado, más o menos repentinamente, a una vulgar anciana del siglo xvii, un atisbo de profundidades matemáticas tal vez más atrevidas que las más modernas elucubraciones de Planck, Heisenberg, Einstein y de Sitter.» Lovecraft

Si es verdad, como Phillip K. Dick afirmaba, que «Vivimos en una realidad programada por computador, y la única pista que tenemos de esto es cuando cambia alguna variable» , podría existir gente capaz de manipular estas variables y, a través de arcanos saberes, habría podido tener acceso y modificar lo que sería el código informático de la realidad. Estos serían los hackers dimensionales que, al igual que sus contrapartes en la informática, tendrían la capacidad de crear túneles, generar distorsiones, desarrollar virus y sacar provecho de la información que se considera legítima de este mundo.

Hoy les podemos llamar Hackers paradimensionales. En otro tiempo se les llamó ángeles o demonios. También han sido denominados extraterrestres – cuando podrían ser algo mucho más terrible: extrauniversales-. Hubo quien llamó a Dante Alighieri “un viajero del tiempo”; pues una de las genialidades de la Commedia radica en que excede los límites del tiempo del poeta. Otro compañero de viajes temporales, muchos siglos después, fue Arthur Rimbaud que, con dos libros de adolescencia, “Iluminaciones” y “Una temporada en el Infierno”, superó a todos los poetas de su generación, adelantándose a su época, para abandonarlo todo años más tarde, dedicándose a la trata de esclavos en el África.

 Prueba este experimento: en medio de una agitada multitud, fíjate en algún individuo, puede tener aspecto desagradable, incluso peligroso, en un segundo estará fumando un cigarro, al siguiente estará comiendo algo desde su gorra, al tercero te observará y en un parpadeo desaparecerá para siempre. Ese sujeto pudo haber sido Elias, el profeta; Ahasverus, el errante; Rimbaud, Alighieri, Verne, Saint Exúperi, Adán o Philip Dick. Ellos están acechando las proximidades del mundo: son las voces que acompasan  el carnaval de los fabulosos freaks que abandonan el pueblo.