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Xenogenesis, el primer corto de James Cameron

xenogenesis

Encontramos detestables a esos directores de cine que hacen películas de Ciencia Ficción de alto presupuesto, que son alabados por la crítica y el público, sin mucho material novedoso para proponer al género. Este es el caso de los directores más sobrevalorados de la industria como Ridley Scott, James Cameron, Steven Spielberg  y el mismo Peter Jackson en la Fantasía. No obstante, los juzgamos por su último período, desconociendo frecuentemente el camino que atravesaron para llegar a ser los grandísimos gilipollas que son hoy día. Un breve repaso por sus primeros trabajos y los inicios de su carrera, sobre todo ver esos primeros trabajos cinematográficos, hacen que apreciemos un poco -si bien no lo que hoy son día- lo que alguna vez fueron: unos fervorosos  fanáticos de la ciencia ficción tan similares a nosotros que eriza la piel cuando nos damos cuenta.  Podemos imaginarlos comiendo papas de paquete, tomando coca-cola y riendo emocionados mientras veían las aventuras de Flash Gordon en el planeta Mongo; con las manos metidas dentro de los bolsillos de un jean sucio, haciendo pucheros, plantados por  mujeres engreídas que esperaban algo más de los muchachos que esas aburridas obsesiones por revistas pulp y amiguitos de otros mundos (y con «más» no hablo de obsesiones más elevadas, sino de cosas más prosaicas, como la preocupación por un trabajo serio, un status social y hobbies que no los apartaran demasiado de su medio). Así me imagino yo a James Cameron a los 22 años, un camionero que escribía historias de ciencia ficción y hacía modelos a escala.  Este Cameron se llenó de cólera algún día cuando vio en el cine Star Wars y se dio cuenta que esa mierda era algo que él mismo podía hacer. Entonces se encerró en la Biblioteca local a estudiar Efectos Especiales, con largas incursiones al baño por el malestar que le ocasionaban las avenas que la mami le preparaba, escribió el guión de una batalla espacial entre una mujer con un exo-esqueleto y un robot extraterrestre, y convenció a los dentistas de su condado de darle dinero para rodar el corto junto a un amigo. Así surgió Xenogenesis, la primera película del futuro prominente director de Hollywood. En contra de las expectativas del ambicioso camionero, la cinta fue un fracaso y ningún estudio se interesó en ella; sin embargo, esto le permitió conseguir trabajo como creador de mininaves espaciales en la cinta Battle Beyond the Stars, producida por Roger Corman, lo que sería su puerta de entrada a Hollywood y su consiguiente olvido de la belleza de muchacho que alguna vez fue.

 

James Cameron’s Xenogenesis with Russian subs from owk4rce on Vimeo.

El cometa Mark Twain inventado por Thomas Alva Edison

Mark Twain en cama.

Aunque Thomas Alva Edison prácticamente se robó la patente de la bombilla eléctrica de Humphry Davy  y Warren de la Ru (que la perfeccionó), el norteamericano sigue siendo reconocido como una luminaria, no solo  por el registro de más de mil patentes, de las que difícilmente se sabrá si absolutamente todas fueron de su invención; también se reconoce su genio por su actitud tecnológica en cuanto la invención, mucho más cerca a la sensibilidad contemporánea que a la de su tiempo, en cuanto en 1876 creó el primer laboratorio de investigaciones industriales.

Una de las mayores obsesiones del inventor e industrial estadounidense estuvo relacionada con el desarrollo del cine. Esta obsesión lo llevó a experimentar con el cinematógrafo y a inventar una técnica que llamó Kinemacolor, una de las primeras aproximaciones al cine en color.

Pero el mayor hallazgo de Edison en cuanto cinematografía fue el haber capturado en movimiento el trasegar de Samuel Clemens (nombre legal de Mark Twain) en Connecticut, en el año de 1909, uno antes del regreso del Cometa Halley, que reclamó de vuelta al autor de lo que se denomina «La gran novela norteamericana».

Mark Twain fue esparcido en el mundo el 30 de noviembre de 1835, casi quince días después de la aparición del cometa en el cielo de Missouri: y fue tomado de vuelta el 21 de abril de 1910, un día después de que el cometa realizara su órbita.