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Fantasías etílicas de ayer y hoy presenta: Tom Waits for No One

Photography by Gary Beydler. Copyright John Lamb, 2002.

 

Una noche de copas en Hollywood propició el delirium tremens de Tom Waits. Bajo las estrellas radiantes una aparición, una sensual bailarina interceptó la danza tambaleante de Waits y con ella trajo cinco cámaras que en seis tomas y 13 hora de video y embriaguez fueron editadas en un corto de 5 minutos y medio que luego se convirtió en una animación en rotoscopio.

Un total de 5.500 cuadros de la borrachera de Waits fueron capturados, vueltos  a dibujar en tinta o a mano dentro de acetato de celulosa. El sueño alcohólico fue producido por Lyon Lamb Video Animation Systems y dirigido por John Lamb. El corto fue creado para el mercado naciente de MTV. Pero por su carácter erótico este video nunca salió en el canal y fue sumido en la oscuridad del sueño en que cayó Tom Waits después de despedirse de su fantasía.

La canción que canta como una golondrina borracha Tom Waits es  «The One That Got Away» y la modelo que personificó  los sueños tristes fue Donna Gordon, pero para Waits su nombre sobra, como todo intento por nombrar algo que siempre es distante.

 

Una película maravillosa sobre el amor y la traición: The Room

Todo se va a la mierda para Johnny, pero él no lo sabe. En esta película atestiguamos el filo del abismo en el que baila el protagonista, sin saberlo, como metido dentro de una danza macabra de la que él es la víctima principal, mientras se cree probando las mieles de la gloria. Pero todo es falso y todo es orquestado por su gran amor y prometida Lisa que se encargará de destruirlo hasta el último suspiro.

The Room es una gran obra de Tommy Wiseau, escrita, dirigida, producida y protagonizada por él mismo. Seguro los seguidores de Woody Allen despreciarán esta gran cinta, pero no importa mientras Tommy siga refulgiendo en sus escenas eróticas, llenas de amor y pasión; mientras nos ofrezca acción pura sin más explicación que la vida misma; mientras retrate la amistad masculina en un juego de pelota; y mientras su sensibilidad lo haga protagonizar monólogos en los que repite que él no le pega a su mujer.