Archivo de etiquetas| Roberto Arlt

La gimnasia de la depresión

arltAlgo que trastorno a Roberto Arlt  de Dostoievsky fue eso de las «ideas fijas»  Tan presentes las tuvo, que muchas de sus historias se desenvuelven a partir de las suposiciones que trazan los personajes; gran parte de «Los siete locos» discurre en las visiones de Erdosain. En «Motivos de la gimnasia sueca», hay mucho de esos seres que imaginan la devastación propia y el temor a la depresión, entonces se dedican a hacer ejercicio, tratando de evitar lo inevitable:

Motivos de la gimnasia sueca

Yo no sé si ustedes se han fijado el calor brutal que hacía ayer. ¿No? Era una temperatura como para refugiarse en un «bungalow» y buscar media docena de bayaderas para que con plumeros le hicieran fresco a uno. Y sin embargo vi a un hombre que se envolvía en franela. Les parecerá absurdo, pero vean cómo fue.

Leer Más…

Os sete loucos(El comienzo de la traducción de una novela de Arlt)

«Los siete locos» es una de las novelas centrales de la literatura argentina, la irradiación de su influencia ya sobrepasó la fronteras de su país de origen y es revisitado por lectores de distintas lenguas. La labor de traducción es incierta, no se sabe si el agotamiento habrá de exterminar un proceso o si el traductor culminará con esa extraña y silenciosa labor. Nos complacemos en presentarles e primre aparte de «Los siete locos» en portugués, traducido por Barbara Lopes quien aún se encuentra trabajando en este libro y nos irá entregando los resultados a medida que avance en su empresa.

A surpresa

Ao abrir a porta da delegacia, com seus vitrais japoneses, Endorsain teve vontade de retroceder, mas já era tarde.

O diretor o aguardava. Um homem de baixa estatura, gordo, sua cabeça parecia a de um javali; cabelo grisalho, cortado à Humberto I e um olhar implacável filtrado pelas pupilas cinzas como as de um peixe. Gualdi, o contador, pequeno, magro, pegajoso, de olhos atentos e o subgerente – filho do cabeça de javali – um moço bonito, de 30 anos, cabelos grisalhos e aspecto cínico, sua voz é áspera e seu olhas é fixo, como o de seu pai. O diretor inclinado em cima de umas planilhas, o subgerente recostado numa poltrona balançando a perna sobre o encosto e o senhor Gualdi respeitosamente de pé, junto à mesa do escritório. Nenhum dos três personagens respondeu à saudação de Endorsain. Mentira, o subgerente levantou a cabeça.

Leer Más…

La voluptuosidad triste del cornudo: Extractos de "Los siete Locos" y " ¿No se acaba el mundo?"

Había una vez, hace no mucho tiempo y en un lugar no muy lejano, alguien que sentenció que la mejor manera para superar una pena de amor por cuernos es masturbarte pensando cómo otro u otra monta a tu pareja. Fundó un grupo. Él y sus cinco seguidores murieron incendiados en la casa de la montaña donde se reunieron a masturbarse por cuarenta días y cuarenta noches. A continuación, dos de los textos básicos que inspiraron a ese alguien que fundó un credo y un método:
Luego, la capacidad de su vida quedó reducida a aquel centímetro cuadrado de sensibilidad. Hasta se le hacía «visible» el latido de su corazón,y era inútil querer rechazar la espantosa figura que lo lastraba en el fondode aquel abismo, un momento negro y otros anaranjado. Con que aflojaraun poquito tan sólo su voluntad, la realidad que contenía hubiera gritado ensus oídos. Erdosain no quería y quería mirar… pero era inútil… su esposaestaba allí, en el fondo de una habitación tapizada de azul. El capitán semovía en un rincón. El sabía, aunque nadie se lo había dicho, que era undormitorio diminuto, de forma hexagonal y ocupado casi enteramente poruna cama ancha y baja. No quería mirarla a Elsa… no… no… quería, pero sile hubieran amenazado de muerte no por eso hubiera dejado de estar con la mirada fija en el hombre que se desnudaba ante ella… ante su legítima esposa que ahora no estaba con él… sino con otro. Más fuerte que su miedo fue su necesidad de más terror, de más sufrimiento, y de pronto, ella, que secubría los ojos con los dedos, corría hacia el hombre desnudo, de piernas tiesas, se apretaba contra él y ya no rehuía la cárdena virilidad erguida en el fondo azul.