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Carta a un truhancillo

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico. 

Truhancillo retratado por Don Diego Velázquez

Truhancillo retratado por Don Diego Velázquez

 

 Señor X,

le pido perdón por haber descubierto sus infulas de escritor de primer orden. Para bien o para mal, discusiones de ese tipo corresponden a los truhancillos, categoría a la cual no estoy adscripto (si acaso a la de ganapán desafortunado). Y usted, más que truhancillo, es un truhán con todas las letras en mayúsculas.

Nunca pensé que una diatriba dirigida a un ser infame fuera a ser tomada a título personal por alguien en quien, por otra parte,  jamás pienso;  y ello acrecienta sus cualidades de mediocre.

Anoche, cuando lo pensé, bajo el calor de mis cobijas, aumentado por el de las flatulencias, me pregunté: ¿ es enanazo el pequeñín que mide más de cien centímetros pero sus extremidades son un borrón no disimulado de Dios? O,  ¿será, más bien, un enanito, pues para ser enanazo se requiere tener una mínima de talla y una deformidad contundente en las extremidades?

Problema no menor que extrapolé, al instante, con la denominación de truhancillo.

Y mi conclusión es que usted, como ya le dije, es un gran Truhán: el verlo hacer chistes y comentarios llenos de veneno en las cortes más mediocres, atestadas de mandarines casi iletrados, que se ocultan en libros desconocidos para asi borrar todo indicio de no haber leído lo mínimo, me hace pensar que un truhán, cuanto más pequeña es la corte a la que acude a rendir su obsecuencia, pintada de picardía e irreverencia, se hace más grande como tal.

Y por tanto, aunque usted pueda acusar la existencia de un oxímoron, es usted el más pequeño gran truhán que en mi vida he atestiguado.

Me corrijo: el segundo o tercero más pequeño gran truhán, lo cual acrecienta su mediocridad y la candidez de sus felonías.

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Murió Richard Matheson, mi amor. Es hora de volver a casa.

matheson

 

Iba manejando por la ruta perdida cuando en la radio empezó a gritar el enano: «y se siguen yendo los grandes». Entonces me enteré que había partido Richard Matheson. Matheson  fue un escritor y guionista estadounidense de fantasía, ciencia ficción y terror. Autor de célebres historias como «Soy leyenda», «El hombre menguante», «El examen» y  «Pesadilla a 20.000 pies». Reconocido, sobre todo,  por su tono melancólico en la ciencia ficción. Ahora el enano empieza a confesar en la radio que alguna vez él fue un gusano que manejaba por la ruta perdida cuando en la radio empezó a gritar el enano: «y se siguen yendo los grandes». Entonces, siguió el relato el enano, empezó a menguar como las esperanzas, y mientras lo hacía se dirigió a una vieja estación de radio, creyendo que iba a desaparecer por la rapidez en que disminuía de tamaño y solo alcanzó a llegar hasta el micrófono para gritar: «y se siguen yendo los grandes», contar su historia, y desaparecer, mientras recordaba el tono melancólico de Soy leyenda de Richard Matheson, que en paz descanse.