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"Buche lleno, corazón triste", I festival de relato triste

Mil Inviernos se complace en invitarlos a participar en su primer festival  de relato:

«Buche lleno, corazón triste» 

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Porque la vida es un carnaval, y el sexo puede llegar a ser una experiencia traumática, queremos escuchar, de primera mano, las historias  de nuestros lectores más fervientes, de quienes sabemos que cada coito ha sido una paridera de depresiones sin parangón.

Desanímense y participen contando una historia que contenga todos los ingredientes necesarios para pensar en el suicido como una salida digna pero imposible pues cabe más la ignominia de seguir viviendo para continuar arrodillado, lamiendo los genitales de la puta vida.  Después de haberle practicado el cunnilingus quedará el sabor amargo suficiente para colocar en palabras escritas sus más agrias experiencias.

Los mejores relatos, o sea, los que la institucionalidad literaria considere los peores, serán publicados en este portal multidimensional.  Y los tres que a nuestro parecer sean los más, pero más, tristes que uno se pregunte «¿por qué el autor sigue vivo y no se ha muerto de pena moral?» serán merecedores de una copia de lujo de Arrúllame Ramona.

Recuerden: es menester el aburrimiento, el tedio y la desdicha para que se erija un edificio de desazones que amerite una arrullada de Ramoncita.

Tienen plazo para entregar su trabajo  hasta el 26 de Mayo, día del cacique y mes de la Virgen, la única que quedó en este mundo donde todos se encaman con todos.

Los relatos se pueden remitir a 1000inviernos@gmail.com

Luvina leído por Juan Rulfo (Vídeo)

Rulfi

Apoltronado en su asiento de notario de desdichas, Juan Rulfo lee el acta de divorcio entre la vida y la felicidad. Está en New York y afuera sopla el viento, un viento tan afilado como el que alude en el texto que lee (Luvina): se dirige al público, quiere hacerlo reír. Y la gente ríe. Pero en el fondo, de quienes lo escuchan y de Rulfo y del ambiente, queda el silencio huérfano de un perro que le aúlle. Disfruten, pues, de este cuento perfecto para las horas que preceden a la larga nochebuena: