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Hepático Bolaño/Parkinson Zurita

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Esta semana ha cumplido Roberto Bolaño diez años de muerto y ello ha ocasionado jolgorio entre sus seguidores pues suplementos culturales de distintas latitudes no han hecho otra cosa que convocar a escritores para que hagan textos sobre el autor de «Los detectives salvajes»: todo un patadón en el hígado de los pocos que se abstraen de esos enfebrecidos homenajes.  El entusiasmo por este autor se equipara al profesado por los del llamado «boom», pese a que los cultores de Bolaño afirmen distanciarse de ese otro fenómeno y que se refieran con desprecio a Vargas Llosa o a García Márquez por no ser poetas salvajes. Uno de los escritores con mirada más crítica del trabajo de Bolaño es su compatriota Raúl Zurita quien, incluso, fue inspiración de una novela de Roberto («Estrlla distante»). Les presentamos una entrevista que el autor de «Zurita» le concedió a Chiara Bolognese y que forma parte de un trabajo titulado Roberto Bolaño y Raúl Zurita: Referencias cruzadas:

– ¿Cómo hay que leer Cuadernos de guerra dentro de su corpus  poético?

– Cuadernos de guerra, como Las ciudades de agua, Sueños a  Kurosawa, Los países muertos o In Memoriam son páginas que he  extraído de algo que acabo de concluir, un libro que bordea las 800 páginas,  que se llama Zurita. Se llama así no porque crea que yo o lo que sea mi  vida tenga algo de especial, al contrario, sino porque es mi dato básico, el  hecho básico de estar vivo, si puedes llegar al fondo de ese dato concreto que  es tu vida, sin autocompasión ni falsa solidaridad, estarás posiblemente  vislumbrando el fondo de todas las vidas; los seres humanos no somos mucho más  que distintas metáforas de lo mismo y todos, más o menos, somos semejantes en  nuestras angustias y miedos, en nuestra necesidad de amor, en nuestra  perplejidad frente a la muerte. Pero me he desviado, te decía que Cuadernos  de guerra lo extraje de esas ochocientas páginas al igual que los otros  libros. Cada uno de ellos no me tomó más de veinte minutos en armarlo, digamos  el tiempo que ocupé en copiar, trasladar y pegar partes muy parciales de una  totalidad mucho mayor y que ya estaba en gran parte escrita. Y los armé porque  me divertía hacerlo, porque es divertido jugar veinte minutos, no más, a ser  Dios. Dispones de los materiales, puedes armarlo y desarmarlo como quieras. Porque  efectivamente cada uno de esos libros es autosuficiente, pero en ese Zurita no hay ningún libro que se llame Cuadernos de guerra, por ejemplo, su  estructura es completamente otra. Es absolutamente otro.

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