Crónica del lanzamiento de "¡Arrúllame Ramona!"
Noticia sobre el evento realizado el viernes 9 de Agosto de 2014
Los sedimentos de lo que pasó hace un par de años se renovaron hasta constituir una avalancha cuando leímos los apartes de “¡Arrúllame Ramona!”; recordamos las desazones, ya lejanas, las sombras de las sonrisas y las futuras separaciones yacían en otros cuerpos ahora, un par de años después, tan extraños como los de cualquier habitante de cualquier espacio de la Tierra: nos alejamos de esas exesposas y sólo han quedado los renglones donde un gran científico soviético debe tomar oro transmutado para que le nazcan tetas y así convertirse en nodriza del hijo que su mejor amigo – otro gran científico- tiene con una robot que él mismo inventó sin saber que ella prefiere irse a la metrópoli para hacerse escritora y pensadora posmoderna.
Antes de que empezara la lectura del lanzamiento de “Arrúllame Ramona”, aguardábamos el desprecio tan común en las reuniones a las que nos invitan para presentar lo que escribimos. Al no ser amantes del rock de los sesenta y setenta, ni tener en nuestro canon a Cortázar o adscribirnos a las autodenominadas izquierdas o derechas del continente, ni creer de manera incontestable en la calidad literaria, nos colocaron al frente para encararnos con las ironías propias de los intelectuales que se consideran transgresores por tradición.
Esta vez el ambiente cambió y eso nos infundió el mismo terror que nace cuando se le coquetea a alguien y ese alguien le corresponde a uno con algo diferente al esperado rechazo. Nos hemos ido acercado a Borges, no por lo que escribimos sino porque nuestras últimas compañías, con este paso galopante de divorcios, nos hacen retornar a nuestras mamis para que sean las únicas, primeras y últimas compañías.
Las mamis y la abstinencia de beber alcohol en un espacio propicio para el chismorreo y la posterior habladuría, nos otorgaron la serenidad de los que no tienen nada que perder. Pronto empezaron a escucharse las primeras risas cuando leímos episodios como el del gran científico/nodriza soviético cuando se sentó encima de la nariz de Pinocho y le pidió que prosiguiera engañando con afirmaciones como que lo amaba a él.






