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Baudelaire, Pasteur y la sífilis

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El escritor uruguayo Felipe Polleri, nos relata esta escena donde los vagabundos de las calles parisinas nacidos con la modernidad no son, exclusivamente, seres humanos; los microbios, virus y demás entidades que no vemos, también forman parte de ese nuevo paisaje donde el llanto luminoso y la conjuntivitis pueden terminar discerniéndose:

El microbio de la sífilis, aunque Pasteur todavía no había descubierto los microbios y la luz eléctrica (y la ciudad se alumbraba con faroles de gas que le daban a Notre Dame ese aspecto misterioso y amenazador, con sus torres almenadas y sus gárgolas de hocicos bestiales, asquerosos) se paseaba con Baudelaire en un carruaje tirado por un caballo flaco y tembloroso, un caballo típicamente parisino, por las calles del París nocturno. El microbio de la sífilis también se paseaba con las rameras que, enseñando los pechos desnudos, iban de un farol a gas, ese otro gran invento de Pasteur, a otro en busca del primer cliente de la noche. El microbio de la sífilis, negro y filiforme, se paseaba de un cuerpo a otro, ya a la sombra de Notre Dame, ya en los rincones más oscuros de la Calle de la Sífilis, por la que Baudelaire esa noche estaba paseando, y paseando al microbio de la sífilis, en busca de una muchacha a la que había conocido en uno de los más lujos burdeles parisinos, el de Madame X, hasta que las manchas negras de la sífilis expulsaron a la muchacha a la Calle de la Sífilis.
Era una muchacha, de cabello castaño y ojos dorados, de unos 16 años, de rostro pequeño y delicado, pero dueña de un cuerpo extraordinariamente opulento y blanco como la leche. Baudelaire, finalmente, vio los enormes pechos al descubierto, todavía sin manchas, el vestido andrajoso, los pies descalzos, las manos sucias, la cara golpeada por un cliente brutal, los ojos dorados y húmedos, a causa del llanto (o, todavía Pasteur no había descubierto los microbios, al microbio de la conjuntivitis).

Tomado de «Gran ensayo sobre Baudelaire (una novela histórica)». P. 59 . HUM editor, 2007

Pinturas y dibujos hechos por escritores

Hay escritores que pintan con la intención de hacer arte. Otros garabatean. Algunos tienen la suerte de ser reconocidos más como pintores que como autores de libros (es el caso de Dalí), otros que tienen reputación en ambos sectores (como Blake) y otros tantos son más conocidos en un tercer arte (como Passolini con el cine); la mayoría perpetra garabatos que, con suerte, se constituyen en piezas de museo, alimentando la curiosidad de sus seguidores y abriendo nuevas posibilidades de lectura de sus poemas o narraciones.