Cuando la guerra atómica acabó con Montevideo (mediometraje)
Hace pocos años hubo revuelo por un cortometraje uruguayo de Ciencia Ficción en donde Montevideo era invadido por unos robots gigantes que parecían provenir del espacio exterior, el nombre de dicho trabajo fue Ataque de pánico y también sirvió de videoclip para la canción homónima de la banda Snake. Lo que se cree que no tiene precedentes para la capital uruguaya, cuenta con un pasado urdido en 1966 cuando el director Omar Parada presentó «Tal vez mañana», un mediometraje en donde un padre de familia visualiza un estallido nuclear y la capital uruguaya sufre las consecuencias. A diferencia del reciente trabajo con los robots, en «Tal vez mañana» no hay grandes efectos especiales y se demuestra que la ciencia ficción, incluso en el cine, puede prescindir de grandes presupuestos sin que ello redunde en un empobrecimiento de la historia. Este trabajo también nos enseña cómo podemos hacer ciencia ficción desde latinoamérica sin necesidad de clonar lo que es producido en Estados Unidos o Europa:
La marica perdida de Perlongher
Néstor Perlongher, poeta, ensayista y activista argentino, no se sentiría muy cómodo con la normalización del homosexualismo. La marica, como una opción que interpela al establecimiento, se ha difuminado y ahora, en su país y muchos otros, ya tienen los homosexuales la posibilidad de vivir en matrimonio y aburrirse como cualquier pareja hetero. Este escritor que al final de su vida se acercó al misticismo y el yagé y que, amargamente, comprobó que el SIDA sí existía porque él fue presa de la enfermedad, justo después de que hubiera escrito un libro donde proclamaba que era una invención de los laboratorios para vender medicamentos. Acá, un documental sobre el autor de «Cadáveres» y creador del Neobarroso:
El amor de Bertrand Russell
Fue Bertrand Russel quien dijo que el amor es sabio y el odio es una tontería. En estos tiempos impera la creencia de que ambos sentimientos son tontos y que hay que dedicarse a la posmodernidad entendida como el encamarse con cualquiera, o, en su defecto, que el amor se remite a viajes costosos, flores de países lejanos y regalos de San Valentín. El afecto murió, al igual que Russell y su amor. Les presentamos una entrevista que le hicieron a este pensador y matemático inglés en donde, además de hablar del amor, se refiere a los pocos recuerdos que tuvo de su padre, al olvido en el que quedó su madre y su tensionante relación con New York:
Ciencia Ficción y Cultura Libre
Luis Cermeño, uno de los editores de este blog, escribió un artículo en Amazing Stories en donde la noción de cultura libre trasciende el contexto jurídico y cyberactivista para establecer un puente con la Ciencia Ficción y advertir la situación por la que atraviesa en Latinoamérica: la clonación de los relatos que vienen del «primer mundo» y, más exactamente, del contexto anglosajón. En este escenario se advierte un anquilosamiento en donde la Ciencia Ficción (y la llamada fantasía) termina convirtiéndose en un catálogo de temas y deja de ser una sensibilidad, óptica o manera de narrar. Es de resaltar la conclusión a la que llega el autor del escrito: a Ciencia Ficción es una droga pero hay quienes quieren dosificar las dosis cuando deberíamos hacer valer nuestro derecho a drogarnos libremente.
Acá podrán leer el texto
Vargas Llosa y Paz debaten sobre Occidente
En 1987 reunieron en Madrid a Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Manuel Vásquez Montalbán, Jorge Semprún y Fernando Savater en un programa de televisión. El debate giró en torno a occidente y si bien no está disponible en su totalidad, hay apartes como el que a continuación les presentamos donde, pese a las diferencias de postura respecto a un tema concreto, se supone por parte de la mayoría de los invitados al progreso como una verdad y predomina una visión desarrollista de la moral desde la que se establece que hay tiempos mejores y peores (en definitiva, el debate no se dirigió a un abordaje de dichos supuestos sino a una refriega como la que suelen sostener los aficionados del fútbol cuando discuten sobre el eterno tema de si fue mejor Pelé, Cruyf, di Stéfano, Maradona o Messi):
La teología de Turing
Turing, en su ensayo Maquinaria, computadora e inteligencia, además de vislumbrar a las máquinas que piensan, hace una revisión de los argumentos que disienten de dicha posibilidad. La primera posición que toma es la de los teólogos, a quienes desdeña sin que ello implique que se haya abstenido de plantear una serie de argumentos que pueden ser la justificación, desde la propia teología cristiana, del pensamiento de las máquinas:
1. La objeción telológica. El pensamiento es una función del alma inmortal del hombre. Dios ha dado un alma inmortal a todos los hombres y mujeres, pero no a ningún animal ni máquina. Por lo tanto, ni los animales ni las máquinas pueden pensar (1).
Personalmente son ideas que rechazo totalmente, pero intentaré refutarlas en términos teológicos. La argumentación resultaría más convincente si se clasificara a los animales con el hombre, ya que existe mucha diferencia, para mí, entre lo genuinamente animado y lo inanimado que entre el hombre y los animales. El carácter arbitrario de la opinión ortodoxa se evidencia aún más si tenemos en cuenta la opinión de los creyentes de otras religiones. ¿Cómo ve el cristianismo el dogma musulmán según el cual la mujer no tiene alma? Pero dejemos esto y volvamos a la cuestión principal. Creo que el citado argumento implica una grave restricción de la omnipotencia del Todopoderoso. Se admite así que hay cosas de las que El es incapaz, como es hacer que uno sea igual a dos, pero ¿dudaremos de su libertad para insuflar alma a un elefante, si a bien lo tiene? Cabe esperar que únicamente ejerciese tal poder en conjunción con una mutación q2ue dotase al elefante de un cerebro mejorado que respondiera a las necesidades de esa alma. Podemos argüir exactamente lo mismo en el caso de las máquinas. Puede parecer distinto por ser más difícil de «tragar», pero esto únicamente significa que pensamos que es menos verosímil que El considere adecuadas las circunstancias para dotarlas de alma. Las circunstancias en cuestión se discuten en el resto de este trabajo. Al intentar construir este tipo de máquinas no estamos usurpando irreverentemente Su poder de crear almas, igual que no lo hacemos al procrear niños; en realidad, en ambos casos somos instrumentos de Su voluntad al procurar moradas para las almas que El crea.
Un encuentro con el artífice de la sexoficción (segunda entrega)
Hernán Hoyos escribió, desde fines de los cincuenta, más de cuarenta novelas. Hoy día las autoreedita y él mismo sale a dejar ejemplares en consignación en distintas librerías y quioscos del centro de Cali (Colombia). Acá puede leerse la primera entrega.
- Hernán Hoyos frente a la catedral primada, antes de nuestro primer encuentro.
La masturbación es el objetivo último y vergonzante de la pornografía coital; en los portales de internet aparece, a un costado, publicidad que dice, como un regaño: “Deja de masturbarte y ten sexo de verdad”; a la culpabilidad del consumidor del vídeo se sumará la potenciación de su soledad, acercándolo a un anacoreta. Porque el objetivo del pornógrafo apunta a la aprobación sustentada en el placer solitario, es que la etiqueta de pornógrafo adjudicada a Hernán Hoyos por su amigo José Pardo Llada apenas apareció “Crónicas sexuales”, es un malentendido intencionado que sirvió para que la sociedad caleña de los sesenta comenzara a comprar el libro. Hoyos ha bautizado a su escritura con otro nombre:
-La llamé sexoficcion y creo que tengo derecho porque convertí los problemas sexuales en temas literarios. La sexualidad es el más importante de los instintos porque gracias a ella se perpetúa la especie. Si los hijos no se pudieran concebir por el acto sexual se acabaría la población humana.
A diferencia de los angelicales destellos de Henry Miller o la crueldad de Apollinaire, Hoyos toma a la sexualidad como un objeto sometido a su visión casi científica, semejando la labor de un microhistoriador de la vida sexual o un notario que consigna los escarceos genitales de cientos de personas. Este propósito de testimoniar se consolidó a sus 32 años, cuando decidió arrendar un apartamento en el que colocó una mesa grande con cuatro máquinas de escribir y, en cada una de ellas, urdía un libro diferente.
Fue en ese lugar donde sostuvo algunas reuniones con Sor Terrible, la mujer que habría de protagonizar una novela homónima basada en lo que ella le relató. La primera vez que se vieron Hernán trató de seducirla:
-La hice sentar al lado mío. Yo no sabía que era lesbiana y le metí la mano. Cuando toqué el clítoris de ella, me di cuenta que era de este tamaño. -Hoyos estiró su dedo índice derecho para indicar las dimensiones- Era a la vez hombre y mujer. Era Sor Terrible. No me puedo arrepentir de eso porque fue un documento más.
Desde ese momento, Hernán trabó amistad con Sor Terrible aunque hace un par de años no ha sabido nada de ella. La última vez que se la encontró fue en unas cabinas telefónicas. Después de charlar un rato, ella le mostró la foto de una mujer de más de cincuenta años y de su hijo de dieciocho: Sor Terrible se acostaba con los dos.
Un encuentro con el artífice de la sexoficción (Primera entrega)
Hernán Hoyos escribió, desde fines de los cincuenta, más de cuarenta novelas. Hoy día las autoreedita y él mismo sale a dejar ejemplares en consignacion en distintas librerías y quioscos del centro de Cali (Colombia).
- Hernán Hoyos en la plaza San Francisco de Cali
Es una ametralladora de tus depresiones
Luis Aeropajita
Un remordimiento despierta a Hernán Hoyos en sus noches y, antes de volver a dormir, se traza el propósito de soñar un encuentro con su amigo, “El gordo” Lucio Ramos, uno de los protagonistas del libro Memorias fisiológicas: cierra los ojos y los dos hablan. Ese episodio no es algo real; Hoyos descree de cualquier mundo que trascienda lo físico y de que haya alguna manera de conjurar los espíritus o llamarlos, es más, piensa que ni siquiera existen: morimos y volvemos a ser carne de la tierra.
Su remordimiento nació desde que se topó a Ramos en el puente España, en el centro de Cali; Hernán paseaba con sus hijos, aún niños por aquél entonces. Se cruzaron y Hoyos pasó de largo y sólo volteó la mirada cuando Ramos le dijo:
-Hernán, me has hecho mucho daño.
Hoyos creyó que se refería al vino que le había aconsejado comprar un par de meses antes, a sabiendas de que Luciano padecía de una úlcera gástrica. Tiempo después entendió que el daño aludido por “El gordo” era la ingratitud injustificada.
-En qué te he hecho daño, amigo mío- me exclama Hernán, tratando de revivir ese último encuentro en el puente España, buscando un instante de reinvindicación donde pueda encontrarse con ese gordo que falleció poco tiempo después.
Otro gran amigo muerto de Hernán fue Maxwell, su traductor al inglés. Hoyos se marchó con él a Wisconssin y allí pudo evidenciar la afición por la cerveza del norteamericano :
-Él vivía con su mujer. Fuimos a traducir mis libros y la revista Knight publicó tres cuentos míos. Él era un traductor impresionantemente riguroso. El editor de la revista mandó los tres cheques pero yo estaba muy aburrido en ese país y como aquí llevaba una vida de parranda y de risas, entonces me vine para acá. Maxwell se bebió en cerveza los 300 dólares. En esa época, un dólar servía para un almuerzo… yo fui a varios supermercados con Maxwell y un almuerzo decente valía un dólar. Entonces se bebió los 300 dólares pero me los fue pagando, eso sí. Y después era incapaz de trabajar; como traductor era un verraco pero era incapaz de trabajar entonces lo mantenía la mujer. Era un soñador, inventaba negocios que después no podía realizar pero para traducir era extraordinario.
El velódromo que tapó la caca de ángel (sobre el mundial de ciclismo de pista Cali 2014)
- Los ciclistas pasan como el amor y uno sospecha si no son más que fantasmas
- El nacionalismo sólo tuvo un momento culminante.
- Es mejor retirarse de la carrera a seguir perdiendo tiempo
- La mirada del gordo
- El representante de México recobra la sensatez y decide bajarse de la bicicleta
Caca de ángel: me la figuré flotando en el inodoro que semejaba el trono donde se abroquela un duende o un ángel. Los ángeles pueden no ser tan pequeños como los duendes: los hay de dos metros de altura o más y de setenta centímetros o menos, todo depende de cómo sean enviados y con qué finalidad. El que se sentaría en esa taza tendría la estatura colombiana promedio, de un varón más exactamente, y lo haría ante la urgencia de sus rugidos estomacales. Los esfínteres caprichosos son el recuerdo que les hacen a los ángeles de su fatalidad terrenal. Gracias a eso conocen casi todos los baños públicos de las ciudades que sufren.
El ángel que me figuro allí sentado me permite poder acceder a ese pequeño inodoro y utilizarlo con incomodidad pero sin empacho ni tristeza. Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, tú no me desamparas ni de noche ni de día. Ni siquiera me hace sentir mal la temperatura que bordea los treinta grados, tan habitual en Cali y, mientras estoy sentado, sintiendo la humedad de la taza, pienso en que pronto me reconfortaré, cuando ingrese al velódromo Alcídes Nieto a ver el mundial de ciclismo de pista.
No es que haya sido un asiduo a este espectáculo deportivo pero es el consuelo de no poder ver a esos ciclistas que ascienden montañas y emprenden trayectos de casi doscientos kilómetros diarios por la carretera de un país. Sin embargo, espero encontrar alguna porosidad, algún atisbo de debilidad y de caída, algo que se escape a esa lógica milimétrica que acompaña a los practicantes del ciclismo de pista, a quienes suele no conocérseles los rostros porque siempre llevan unas lentes que les tapan la mitad de la cara y unos cascos que los hacen parecer alienígenas mecánicos, sin tragedias ni desarraigos.
En medio de ese desierto de inhabitado de desdichas me encontré hace unas semanas la historia de Graeme Obree, un ciclista escocés del que se hizo una película (The flying Scotsman). Rompió el récord mundial de la hora en dos oportunidades (1993 y 1995), sufrió de depresión clínica, se intentó matar en dos ocasiones y en 2011 confesó públicamente ser homosexual.
Ya fuera del baño público espero atisbar alguna nueva versión de Obree, alguien que hiciera olvidar tantos senos operados, el aroma de aceite de coco que impregna al mediocre servicio de transporte público de la ciudad y, en definitiva, a tanto sexo que aparece en Cali y que lo van convirtiendo a uno en un ángel en Gomorra. Acá tampoco hay lugar para los ángeles ni para los humanos angelicados, parece que sólo en el alto Perú podrá olvidarse todo esto.
El velódromo es una figura ovoide con dos peraltes empinados en cada punta y su piso es de madera. Los ciclistas corren, en promedio, a unos sesenta kilómetros por hora. Las aceleraciones varían de acuerdo a la modalidad de la competencia. Cuando llegué, daban vueltas en repetidas ocasiones y la gente aplaudía cuando el animador decía que había un colombiano compitiendo, aunque este no disputara ninguna de las medallas.
Otro muerto que llega: Nelson Henríquez
«De esa tristeza nace el guayabo
que hace sufrir a mi corazón»
Como en la novela de Eliseo Alberto, la eternidad para el cantante venozolano Nelson Henríquez empieza un lunes. Hoy ha fallecido en Miami y muchas de las canciones de sinsabor navideño han abandonado a su cantor. En Colombia fue una estrella eclipsada por la aparición de los salseros de los setenta. Nelson Henríquez cantaba a derrotas bailables y se ha convertido en el indiferente sonido de fondo de muchas caídas que derruyen la vida, envolviéndola en un tejido paquidérmico cuya tristeza es la hormona de un monstruo que ama con la sabiduría de la pérdida. Descanse en paz, señor Henriquez, descanse que la eternidad parece ser el bálsamo para tantos días sobre la Tierra y, si es algo muy tedioso, ojala no nos lo diga su fantasma para así seguir ilusionados con la muerte.

























