Archivos por autor | Andrés Felipe Escovar

Crónica del lanzamiento de "¡Arrúllame Ramona!"

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Noticia sobre el evento realizado el viernes 9 de Agosto de 2014

Los sedimentos de lo que pasó hace un par de años se renovaron hasta constituir una avalancha cuando leímos los apartes de “¡Arrúllame Ramona!”; recordamos las desazones, ya lejanas, las sombras de las sonrisas y las futuras separaciones yacían en otros cuerpos ahora, un par de años después, tan extraños como los de cualquier habitante de cualquier espacio de la Tierra: nos alejamos de esas exesposas y sólo han quedado los renglones donde un gran científico soviético debe tomar oro transmutado para que le nazcan tetas y así convertirse en nodriza del hijo que su mejor amigo – otro gran científico- tiene con una robot que él mismo inventó sin saber que ella prefiere irse a la metrópoli  para hacerse escritora y pensadora posmoderna.

Antes de que empezara la lectura del lanzamiento de “Arrúllame Ramona”, aguardábamos el desprecio tan común en las reuniones a las que nos invitan para presentar lo que escribimos. Al no ser amantes  del rock de los sesenta y setenta, ni tener en nuestro canon a Cortázar o adscribirnos a las autodenominadas izquierdas o derechas del continente, ni creer de manera incontestable en la calidad literaria, nos colocaron al frente para encararnos con las ironías propias de los intelectuales que se consideran transgresores por tradición.

Esta vez  el ambiente cambió y eso nos infundió el mismo terror que nace cuando se le coquetea a alguien y ese alguien le corresponde a uno con algo diferente al esperado rechazo. Nos hemos ido acercado a Borges, no por lo que escribimos sino porque nuestras últimas compañías, con este paso galopante de  divorcios, nos hacen retornar a nuestras mamis para que sean las únicas, primeras y últimas compañías.

Las mamis y la abstinencia de beber alcohol en un espacio propicio para el chismorreo y la posterior habladuría, nos otorgaron la serenidad de los que no tienen nada que perder. Pronto empezaron a escucharse las primeras risas cuando leímos episodios como el del gran científico/nodriza soviético cuando se sentó encima de la nariz de Pinocho y le pidió que  prosiguiera engañando con afirmaciones como que lo amaba a él.

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Un encuentro con el ébola

Los murciélagos están embarazados de ébola

Los murciélagos están embarazados de ébola

Vivir es muy terrible pero cuando a uno lo atosigan las enfermedades las cosas se ponen más duras aún. Con el Ébola, que por estos días ha renacido como una bestia amorosa llena de sed de venganza (uno de los anversos del amor), surgen los rumores de maldiciones blancas, de hechizos de animales muertos, de cementerios que se caen de tanto difunto que deben llevar a cuestas. La eternidad es tan leve como el peor sueño de una noche horrorosa. En el documental que a continuación les presentamos, el Ébola se convierte en ese punto ciego donde los conocimientos médicos de lo que se llama occidente chocan con la medicina del África profunda. Al final, sólo queda el sinsabor de no tener claro cuál es el planeta que habitamos y no sabemos si es más dañino el virus de vivir que el del propio Ébola:

 

 

Deleuze y el control de William Burroughs

deleuze

En una conferencia impartida por el filósofo Gilles Deleuze en la Escuela Superior de Oficios de Arte y Sonido (1987), además de preguntarse por el acto creador, establece las diferencias entre la reflexión y la filosofía, ubicando a esta última como la labor de crear conceptos. A lo largo de su discurso, siempre atravesado por aparentes disgresiones y elipsis, el filósofo retoma al control, enunciado por Burroughs, como el factor que habrá de caracterizar a las sociedades futuras y, en ellas, los centros de reclusión (ya sea penitenciaria, hospitalaria, educativa o laboral) tenderán a desaparecer:

 

Masturbaciones de Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti

Las noches masturbatorias de domingo tienen su punto culminante cuando son avisorados los primeros plumazos de la eternidad de los lunes y no queda más remedio que la ansiedad. El placer solitario, tan proclive a desembocar en una inmensa decepción, no se circunscribe a los hombres, como aparece en este relato del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti:

La mano

A los pocos días de entrar en la fábrica, cuando pasaba para ir al baño, oyó que algunas compañeras murmuraban y del murmullo le quedó el desprecio:

—La leprosa.

Por su mano enguantada, la que durante años anteriores al guante supo esconder en la espalda o en la falda o en la nuca de algún compañero de baile.

No era lepra, no había caído ningún dedo y la intermitente picazón desaparecía pronto con el ungüento recetado. Pero era su mano enferma, a veces roja, otras con escamas blancas, era su mano y ya era costumbre quererla y mimarla como a un hijo débil, desvalido, que exigía un exceso de cariño.

Dermatitis, había dicho el médico del Seguro. Era un hombre tranquilo, con anteojos de vidrios muy gruesos. “Le dirán muchas palabras y le recetarán nombres raros. Pero nadie sabe nada de eso para curarla. Para mí, no es contagioso. Y hasta diría que es psíquico”.

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Una animación de Brasil 2014

 

swarbrick

Ya habíamos referenciado el trabajo de Richard Swarbrick hace casi dos años, cuando el artista inglés hizo un homenaje al gol que Maradona le convirtió a la selección inglesa en la copa mundial de fútbol de 1986. En esta ocasión presentamos el trabajo que hizo con el torneo de Brasil que recién termina; cuando uno se sienta a observar estos casi dos minutos puede darse por enterado de lo que ocurrió en ese evento y hasta se puede llegar a sentir algo de nostalgia por un espectáculo que, para muchos, no fue más que un mes de ignominia:

 

 

Homenaje a Felisberto Hernández

Hernandez

Este año se cumple el cincuenta aniversario de muerto del escritor uruguayo que hizo narraciones fantásticas nacidas de algo más profundo que la racionalidad; las intrusiones, el futuro erigido como una proyección de los recuerdos y las lágrimas que deforman las arrugas por las que circulan en un rostro que es nuestro y ajeno, hacen de la escritura hecha por Felisberto Hernández un entreverado camino lleno de desvíos:

 

Un breve relato de fantasía

Antología

Campo Ricardo burgos López hizo, en 2007, una antología del cuento fantástico colombiano. Este trabajo ha dado a conocer atisbos de trabajos hechos por escritores que han publicado sus escritos desde 1986 hasta 2007, año en que se dio a conocer, por parte de la Universidad Sergio Arboleda, este volumen. Les presentamos un cuento corto del escritor bugueño Harold Kremer (1955), donde todas nuestras perspectivas amenazan con lo ilimitado, como el aburrimiento y la tristeza y la muerte, la enfermedad, los campos de batalla y las balas en el estómago:

El combate

Fue en la guerra de los Mil Días. Raúl Sánchez, con una bala en el estómago, caminó durante tres días y tres noches. Se arrastró por montes y selvas hasta llegar a Buga. Entró a su casa, besó a su madre, a sus hermanas y se desmayó. A los dos días despertó. Vio a sus compañeros de guerra y preguntó por su madre y sus hermanas. Nadie le respondió. Preguntó por qué estaba allí en el campo de batalla. Les respondieron la verdad: iba a morir. Le dieron un calmante y volvió a dormir. Al despertar se encontró en su casa. Preguntó por sus compañeros. «Cuando ibas a partir a la guerra caíste enfermo», le dijo su madre. Raúl cerró los ojos y murió.

Tomado de Antología del cuento fantástico colombiano. P. 125.

El oficio de un escritor de Ciencia Ficción narrado por su viuda

FredricBrown-Paradoja Perdida

Cuando apareció el volumen de cuentos Paradoja perdida en 1973, su autor, Fredric Brown, llevaba un año de muerto. Su esposa Elizabeth C. Brown  hizo la introducción de este último libro; en su escrito, afirma que su marido no era prolífico pese a tener dos docenas de novelas y más de un centenar de cuentos, también ilustra cómo Fredric retrasaba el instante en que debía sentarse frente a su máquina de escribir:

Fred odiaba escribir. Pero adoraba haber escrito. Hacía todo lo que se le ocurría para postergar el momento de sentarse ante la máquina de escribir: le quitaba el polvo al escritorio, tocaba la flauta, leía un rato, tocaba un poco más la flauta. Si vivíamos en un pueblo en el que la correspondencia no se repartía, iba a buscarla al correo y después encontraba a alguien con quien jugar una – o dos o tres – partidas de ajedrez o de naipes. Cuando regresaba a casa, pensaba que era demasiado tarde para empezar. Después de hacer lo mismo durante varios días, empezaba a remorderle la conciencia y se sentaba realmente ante la máquina de escribir. Podía escribir una o dos líneas, o algunas páginas. Pero los libros acababan por escribirse.

No fue un escritor prolífico. Su promedio diario era de tres páginas. A veces, si un libro parecía escribirse a sí mismo, escribía seis o siete páginas diarias, pero eso era algo excepcional.

Fred caminaba de una habitación a otra cuando urdía el argumento. Puesto que los dos estábamos en casa buena parte del tiempo, tuvimos el problema de que yo le hablaba mientras caminaba, y así interrumpía el hilo de sus pensamientos. No le gustaba. Después de probas varias soluciones que no dieron resultado, le aconsejé que se pusiera su gorra de algodón rojo cuando no quería ser molestado. Poco después, le miraba automáticamente la cabeza antes de abrir la boca.

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