Pintó caballos como si fuera amor (Dalí con Manitas de plata)
Fue la única vez que no reparó, exclusivamente, en Gala. Era el 16 de diciembre de 1965 y Salvador Dalí estaba en New York, ciudad en la que coincidió con un evento de las Naciones Unidas en el que invitaron al guitarrista Manitas de plata y el vocalista José Reyes. Salvador decidió formar parte del festejo y se sentó a escuchar los versos y acordes y, además, pintó caballos como si fueran amor y, más que amor, frenesí y, más que frenesí, música. Entonces se dio la totalidad:
Un milagro según Terry Gilliam
Terry Gilliam nos presenta su propia perspectiva de ese gran milagro que tanto hace enorgullecer a la especie humana: Volar. En el caso de este director, el romanticismo tradicional desaparece y, en su lugar, se hace presente todo el frenesí que nació en el siglo pasado y que, con el paso de los días y los años, va creciendo junto a la desorientación:
Los cuernos marcianos de un escritor
Luke es un escritor de Ciencia Ficción que atraviesa un momento de sequedad creativa. Como recurso para paliar su situación, le pidió a un amigo y colega que le prestara, por algunos días, su casa de campo, a ver si en ese escenario por fin llegaría a escribir algo. Luke también es un divorciado al que su esposa solía decirle que fuera a un psiquiatra y, para colmo de males, cree estar enamorado de una mujer que le ha dejado tres cartas para que él las lea durante su corto retiro y así no se sienta solo. Esta pequeña historia forma parte de Marciano, vete a casa, una novela de Fredric Brown en la que seres provenientes de Marte invaden a la Tierra. Les presentamos un extracto del primer encuentro que Luke (a quien el marciano llama Mack, como todos los de su planeta llaman a todos los humanos varones del nuestro) tiene con uno de esos alienígenas verdes, diminutos, cabezones y calvos:
-Espabílate, Mack. Tengo noticias para ti, directas de Hollywood. Esa chica tuya estaba en casa y te echaba mucho de menos.
-¿Eh? Ya te he dicho que me quería, ¿no? Maldita verruga ver…
-Te echaba tanto de menos que ha llamado a alguien para que la consuele. Un tipo alto y rubio. Ella le llama Harry.
Aquello despejó a Luke por un instante. Rosalind tenía un amigo llamado Harry, pero era una amistad pltónica; eran amigos porque trabajaban juntos en el mismo departamento de la Paramount.
– ¿Harry Sunderman?- pregunt+o- ¿Delgado, bien vestido, con una chaqueta deportiva…?
– No, ese Harry no el que yo digo, Mack. No sé si suele llevar una chaqueta deportiva. El Harry de que hablo no llevaba más que un reloj de pulsera.
Traducido por Francisco Blanco, en ediciones Orbis S.A, P. 23
Un postre para la depresión dominguera (Thomas Bernhard)
Thomas Bernhard construyó muchos de sus libros basado en retornos obsesivos a ciertos eventos de su vida. En «El Origen» el escritor austriaco se vale de una recurrente idea que atraviesa cada uno de sus libros: El suicidio. A esta se le suman los momentos que vivió en un internado nacionalsocialista y, posteriormente, su regreso a uno de ideología católica -lo cual, para Bernhard era lo mismo-. También está presente Salsburgo, la ciudad que, junto a sus padres y profesores, lo destruyeron, sumando montones de escombros sobre los escombros que hicieron de él. Les presentamos el inicio de la segunda parte de «El origen», el cual dejará con muchísimas posibilidades de sueño esta calma chicha de domingo:
Somos procreados, pero no educados, con todo su embrutecimiento, nuestros procreadores, después de habernos procreado, actúan contra nosotros, con toda la torpeza destructora del ser humano, y lo arruinan todo, ya en los tres primeros años de su vida, en ese nuevo ser, del que no saben nada, sólo, si es que lo saben, que lo han hecho aturdida e irresponsablemente, y no saben que, con ello, han cometido el mayor de los crímenes. Con una ignorancia y una vileza completas, nuestros progenitores, y por tanto nuestros padres, nos han echado al mundo y, una vez que estamos ahí, no pueden con nosotros, todos sus intentos de poder con nosotros fracasan, pronto renuncian, pero siempre demasiado tarde, siempre sólo en el instante en que hace tiempo que nos han destruido, porque en los tres primeros años de vida, los años de vida decisivos, de los que, sin embargo, nuestros progenitores como padres no saben nada, no quieren saber nada, no pueden saber nada, porque durante siglos se ha hecho siempre todo en favor de esa espantosa ignorancia, nuestros progenitores, con esa ignorancia, nos han destruido y aniquilado y destruido y aniquilado siempre para toda la vida, y la verdad es que, en el mundo, nos encontramos siempre con seres destruidos y aniquilados, y destruidos y aniquilados para toda la vida, en sus primeros años, por sus progenitores como padres ignorantes y viles y faltos de ilustración. El nuevo ser humano sólo es siempre parido por su madre como un animal, y es tratado siempre como
Bioarte bacteriano: El trabajo de Hunter Cole
Hunter Cole es una doctora en genética que se ha ocupado de realizar un cruce entre la ciencia y el arte. Para tales efectos, ha realizado trabajos encaminados a construir límites en los que se ignora, sin tanta teoría, quién es el artífice de una pieza artística. En «living Drawings», por ejemplo, utilizó bacterias luminiscentes que, a medida que avanzaban sus vidas, iban constituyendo figuras: ¿es Cole o esos pequeños seres vivos quienes concibieron la obra? También trabajó con distintos aspectos de la biotecnología, destacándose trabajos como el de «un clon no es una copia«(porque, como lo explica la propia genetista, desde la perspectiva social el ser clonado y el clon son madre e hija mientras que, desde la óptica biológica, son gemelos). La propuesta de Hunter Cole se adscribe a lo que se ha llamado bioarte y, a medida que pasan los años, cobra más fuerza. Estos aportes nos brindan unas perspectivas insospechadas y una interpelación a todos aquellos que insisten en dividir al conocimiento occidental en dos grandes apartados (ciencias «duras» y humanidades»); hasta la noción de artista deja de precisar de un humano a quien se le adjudique dicho status y, desaparecida la humanidad, las clasificaciones desaparecen:
Para recordar a Gelman
Ahora que Gelman ha muerto, empieza a correr el peligro de convertirse en un poeta nacional. Ya han declarado, por parte del órgano presidencial de su país, un duelo de tres días. Habrá que dejar que pasen los días para vislumbrar, con claridad, todo lo que él escribió. Esperamos que no termine postrado como nombre de una calle de Buenos Aires (así, compartiría no sólo el destino de otros tantos autores sino de algunos militares golpistas) o su rostro quede impreso en un billete. Esperamos que sus libros sean leídos. ¡Buen viaje, señor Gelman!
Nadie sabe que vivió o murió
En «Marte en Aries» de Alexander Lernet-Holenia» el espíritu y el cuerpo vuelven a unirse y se confunden para que nunca más sean escindidos, como lo figuraron los primeros visionarios semíticos cuando percibieron ese hálito que Dios insufló a esa figura de arcilla llamada Adán. Este retorno cobra mayor importancia pues el protagonista de la novela es un militar que pertenece a las filas del ejército alemán durante la segunda guerra mundial. A esta comunión se suma la del encuentro del mundo entre los vivos y los muertos, de manera que ya no podemos discernir quién es un difunto o un viviente. Les presentamos un pequeño extracto en donde dos muertos hablan y sigue latente la pregunta de quién, en nuestro presumido mundo de vivos, pudo haber registrado el diálogo entre dos difuntos. Y todo esto parte de la premisa que un muerto nunca se sabe como tal: ¿Hemos fallecido?
Por ejemplo, yo leí el caso de un hombre que sufrió un accidente de tráfico y perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí se encontró en su cama y al lado de la cama estaba sentado un amigo suyo que él creía muerto desde hacía años.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó-. ¡Si tú estás muerto!
-Y tú también- respondió el otro.
Marte en Ares, Alexander Hernet-Holenia P. 11. Ed Plaza & Janés
Replicantes y Vampiros de oro están de luto
Hoy ha muerto Run Run Shaw, el productor chino fundador de Shaw Bross, la empresa que diseminó por el mundo el cine de artes marciales. Fue el padre de cientos de películas en las que los sueños no formaban parte de la división simplista entre lo ficcional y lo real. Además fue uno de los coproductores de Blade Runner y sun influencia es patente en directores como Wong Kar Wai o Tarantino. Hoy los replicantes y los vampiros de oro de la película que a continuación les presentamos, lloran. No hay remedio: La eternidad nos llegará a todos y cada uno de nosotros.














