Archivos por autor | Andrés Felipe Escovar

La masturbación como camino al caos

Sada

La masturbación es un evento fantástico; cuando aparece en los relatos  pretensión realista, los matiza con la insinuación de lo imposible y su asimiento. A continuación, un extracto de la novela «Casi nunca» de Daniel Sada que bien puede ser un microcuento:

Demetrio se masturbó con delicia al compás de la música. Tras sentir el semen entre sus dedos cobró forma una frase mascullada casi por desgaste: Me estoy volviendo un caos.

Casi nunca, p. 52. Ed Anagrama

La promesa celeste (anime)

mas allá

Majoto Shinkai es el director de «Más allá de las nubes, el lugar prometido» (2004), una película en la que los sueños son puentes del multiverso y donde Japón está dividido por los norteamericanos y los soviéticos y donde se ha erigido una alta torre que será la referencia onírica de la historia. Este trabajo trae consigo todo el peso y la nostalgia propios de los días que presumimos felices y se alejan y la memoria se convierte en un elemento que, por haber vivido, empieza a difuminarse.

Dejad que Sri Lanka engulla mi cadáver: Una biografía de Arthur C. Clarke (Reseña)

sri-lanka5

“Sólo hay una cosa más dolorosa que casarte con una inercial: Divorciarte”: La frase se la adjudica Christopher Viacheslavsky a Arthur C. Clarke cuando lo entrevistó en junio de 1982 en Colombo, pocos meses después del fallecimiento de Philip K. Dick. Lo dicho por el autor inglés fue lo que más retumbó en la memoria de su entrevistador quien, años después y con ocasión del fallecimiento del Sir que vivió en Colombo, publicó el intento de biografía Dejad que Sri Lanka engulla mi cadáver (2009).

La veracidad de los datos  del libro se torna en un elemento incidental hasta que, en el último tercio de la historia, todo semeja una novela delineada a partir de las omisiones, quizá intencionales, del biógrafo. Las fotografías de Arthur, rodeado de niños en Sri Lanka, es la suspicacia que utiliza Viacheslavsky para recordar aquél escándalo gestado desde un tabloide británico para acusar al guionista de 2001: una odisea en el espacio, de pagar a infantes para obtener sus favores sexuales.

El pretendido biógrafo, sin extenderse mucho en los rituales, refiere la existencia de muchachitos castrados que dejan de ser humanos para convertirse en un intermedio entre las deidades y las criaturas terrenales y se pregunta si acostarse con seres de esta naturaleza pueda encajar dentro de la categoría de abuso de menores. Este cuestionamiento, según Viacheslavsky, se lo trasladó a Clarke cuando se encontraron y el escritor y científico no tuvo más remedio que remontarse a toda su historia sentimental.

Leer Más…

Hamburguesas de Ciencia Ficción

Refugiados

En Bolivia, una marca de hamburguesas decidió hacer una convocatoria que consistió en premiar al mejor proyecto guión de cortometraje que trajera incluida una propaganda al producto. El proyecto ganador resultó ser «Refugiados», un trabajo dirigido por Rodrigo Bellott que se inscribe en la Ciencia Ficción. La historia discurre en La Paz, momentos después de que un elemento extraño cayera del cielo y el planeta quedara sumido en la oscuridad. A partir de ese instante, un grupo de personas tienen que vérselas para sobrevivir ¿Las hamburguesas Sofía serán parte de la salvación?

Ese diamante adentro llamado África (reseña sobre Manual de esgrima para elefantes)

esgrima_esp

A propósito de Manual de esgrima para elefantes, el libro de relatos escrito por el paraguayo Javier Viveros.

La ficción que invade a la realidad permite cifrar los combates entre elefantes como una batalla de esgrimistas apreciada por otros animales y convierte al paisaje africano en una pintura de Tingatinga:

“Una lenta pelea de elefantes proveyó a la cámara fotográfica sus primeras capturas del día. Dos machos adultos entrecruzaban trompas y venablos en una esgrima de alto tonelaje, entre la polvareda blandían sus colmillos como argumentos. Dialéctico marfil. A un costado, la escena era observada por un grupo de siete u ocho animales con forma similar a la de los contendientes; por su belleza resaltaba entre ellos un elefantito que parecía escapado de un tierno cuadro de Tingatinga. Imposible determinar a cuál de los combatientes daban su apoyo.” (Viveros:2012:104)

Además del elefantito, el relato, por sí mismo, se ha escapado del marco de una obra pictórica y, al ingresar al mundo “real”, surge la intersección de donde manan las narraciones de “Manual de esgrima para elefantes”. En “Déjavu[dú]”, el narrador de la historia lo deja en claro cuando se enfrenta ante la relativización la muerte, ese hecho inevitable y, aparentemente, definitivo que se ha convertido en nuestra única certeza:

“Yo siempre he creído en eso, que fabricamos nuestra realidad, somos verdaderamente los arquitectos de nuestro destino. Así como nos vemos a nosotros mismos nos verán los demás, y del mismo modo nuestro cerebro puede proyectarse futuros brillantes o presentes ruinosos. Aunque parece parte de esos horrorosos textos de autoayuda, me parecía factible. Todo está en la mente. Pero de ahí a creer en la efectividad de los brujos y hechizos había un gran trecho, Mawusi confiaba ciegamente en esas prácticas que para mí nunca fueron más que una enfermedad mental, una contagiosa enfermedad mental, como lo son todas las religiones.”(Viveros:2012:13)

Como consecuencia de esa inestabilidad, la vida y la enfermedad también son estadios relativos; el hombre recluido en un psiquiátrico sudamericano puede ser un lúcido sujeto que recorre las multitudinarias calles de Dar es Salaam o Kinshasa. Por eso, uno de los desafíos que tienen los enunciadores de los relatos de este volumen, en su mayoría sudamericanos, es adentrarse en un mundo donde los ojos no son suficientes para mirar, tal y como ocurre con los nativos de una población de las entrañas de la selva de Guyana en “El diamante blanco” de Werner Herzog cuando no divisan un dirigible que surca el cielo plomizo.

Leer Más…

La danza cósmica que superó las sombras de Platón (Un relato fantástico colombiano del siglo XIX)

Carlos Martínez

Carlos Martínez Silva (1848-1903) fue un diplomático, abogado, escritor y jefe de filas del ejército conservador de Colombia durante una de las innumerables guerras por las que atravesó el país en el siglo XIX y estuvo preso en la primera contienda del siglo XX (la guerra de los mil días). El relato que a continuación presentamos, supera el orden intuído por Platón pues la sombras dejan de ser un remedo de la verdad: los cuerpos de los que ellas nacen, son una prolongación superflua de esa danza en la penumbra que es el universo. Martínez Silva ha sido uno de aquellos escritores que supo de una realidad más frondosa y opaca que la establecida por las más antiguas y prestigiosas corrientes filosóficas y científicas. Si bien es poco probable que Philip K. Dick lo haya leído, sí podemos establecer una línea de parentezco entre ellos dos. Esta es la oportunidad de encontrarnos con una narración que deja en claro que lo fantástico también ha hecho parte de la literatura hecha desde que se fundó algo llamado Colombia:

Baile de sombras

Hace algunas noches que, cabizbajo y distraído, seguía el camino de mi casa, por una oscura y desierta calle. De repente sentí música, alcé la cabeza y vi una casa iluminada: evidentemente allí había un baile.

Como nada tiene eso de raro, me disponía a seguir; pero como descubriera que sobre la pared que quedaba al frente de la casa iluminada, pasaban y repasaban las sombras de los danzantes, me detuve.

En aquel momento se celebraban, pues, dos bailes: uno en la sala, otro en la calle.

En el primero había hermosas damas, apuestos caba­lleros, fisonomías animadas por el fuego de la pasión, trajes de crujiente seda, perfumes y blandones, todo cuan­to halaga los sentidos y exalta el corazón.

El baile de las sombras era triste en todos sentidos: se celebraba en una calle oscura y fría; los convidados es­taban vestidos de negro, no se reían, ni conversaban; te­nían rígidas las facciones, apagada la vista.

¡Qué contraste aquél! ¡Qué fuente de serias y profun­das reflexiones para el que, como yo, contemplaba fría­mente desde la mitad de la calle esas dos danzas, que al fin no eran sino una sola!

Leer Más…

El anatomista de Barbie, Papá Pitufo y Sully

Jason Freeny se ha ocupado de diseccionar juguetes o, mejor decir, de construir su interior, tan lleno de intestinos y órganos interconectados como los de cualquier humano. También ha urdido  esqueletos y cerebros que  parecen alojar recuerdos.  Alguna vez un padrino le dijo a su ahijado que eramos bolsas de mierda a punto de estallar – con mierda no quiso referirse, con exclusividad, a los deshechos emanados por el deyector sino que aludía  la sangre y viscosidades que salen desperdigadas luego de la explosión- ; con la anatomía de los juguetes construida por Freeny, esta característica deja de ser privativa del homo sapiens y nos arroja a un espacio donde lo humano se expande a través de las entrañas de muchos juguetes que alimentaron millones de infancias, ya fuera porque los niños tuvieron a una de esas entidades en sus manitas o porque no pasaron de ser una imaginería emanada por las pantallas que titilan tras las vitrinas de un black friday.