Archivos por autor | Andrés Felipe Escovar

Eli Wallach Q.E.P.D

Eli Wallach

Ayer, veinticinco de Junio, murió el hombre que interpretó a Tuco y nos mostró que es más hermoso ser feo que bueno o malo. En aquella película (El bueno, el malo y el feo), Wallach se levantó por sobre Eastwood y Lee Van Cleef, dos de los más grandes actores que tuvo el spaghetti western. Si bien su trabajo actoral se extiende por muchos géneros cinematográficos y el teatro, lo recordamos en sus apariciones en este género europeo de los años sesenta.

El rodaje de «El bueno, el malo y el feo» se hizo en Almería  y, desde ese momento, Wallach jamás le dio la espalda a España, como lo comentó él mismo durante la presentación del libro «Eli Wallach, vitalidad y picardía» en el festival Almería de corto de 2006:

 

Su participación en la película de Leone fue su llegada triunfal al mundo del western europeo aunque antes hubiera participado en películas tan importantes como «Los siete magníficos». Su trabajo con Leone lo inmortalizó y lo hizo uno de los actores que interpretó a los villanos más entrañables. A continuación, su portentosa conquista de Europa:

 

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Antonio Mora Vélez presenta "Lina es el nombre del azar"

Mora

En la pasada feria del libro de Bogotá, el escritor Antonio Mora Vélez dio a conocer el libro «Lina es el nombre del azar», editado por Collage Editores. El lugar que ocupa Vélez en la literatura de ciencia ficción colombiana es el de uno de los grandes dinamizadores del género que aún continúa produciendo. En el vídeo que a continuación les presentamos, Mora Vélez hace una contextutalización de este volumen y hace un rápido recorrido por esta literatura en Colombia:

 

 

La caída en USA ´94. Crónica futbolera

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En  Colombia existió un noticiero con visos de un futuro en mundos lejanos. Se llamaba Criptón, como el planeta del que salió Clark Kent cuando aún no se llamaba así y no se lo consideraba un superhombre. El logo del telediario correspondía al modelo atómico de Rutherford  y era una promesa de un futuro que obviaba la mecánica cuántica y los destellos de los saltos sin trayectoria de los electrones.  Un día ese futuro se acabó  y todo volvió a ser presente.

De los primeros que supieron de la extinción del porvenir, mucho antes de la desaparición de Criptón, fue Alberto. Él no me lo dijo pero así lo asumo. Siempre preciso hallar algún mojón que me indique el comienzo de las catástrofes, sobretodo, esas tan mediocres que nos desgastan,  les adjudicamos un así es la vida y nos oxidan hasta que, mucho tiempo después, ya ni siquiera recordemos cuándo cruzamos la invisible línea que nos convirtió en pobres diablos.

 Alberto, por la época del informativo Criptón, aún gustaba de sentarse frente a la pantalla del televisor y ver fútbol. También veía los noticieros en donde empezaba a ganar terreno la sección de farándula y, en ella, emergían tetas operadas y traseros levantados a punta de máquinas de gimnasio. Ese era  el material alimenticio de sus primeros escarceos con la masturbación: aún no tenía el valor suficiente de acercarse a una droguería y comprar una revista sueca ni sabía con exactitud el mecanismo apropiado para culminar con el calor inyectado en su bajo vientre.

Era 1994 y aún existían las revistas pornográficas con mujeres que conservaban el pelo ensortijado de sus genitales, el país se figuraba la entrada triunfal al mundial de fútbol de la selección Colombia y en Alberto surgió la contemplación de la mujer como algo más que una potencial madre o un organismo similar a los extraterrestre que solía aguardar en las noches de su casa de campo, cuando salía al jardín y hacía hogueras esperando a que alguna nave espacial lo divisara y lo abdujera.

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El mundo según Monsanto, un documental

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En variadas ocasiones se ha ridiculizado al grupo de personas que se oponen al consumo de transgénicos, colocándolo como una suerte de conglomerado jipi cuya creencia es que si se llega a ingerir maíz modificado genéticamente cabe la posibilidad de convertirse en un mutante. Con esta operación se han desestimado muchos aspectos que existen en el debate en torno a la manipulación genética de ciertos vegetales. En el documental que a continuación les presentamos aparece como protagonista la empresa Monsanto y sus prácticas corporativas, sin embargo, de fondo está la discusión en torno a los monocultivos y el atentado a la variedad genética de ciertas especies. Actualmente no sólo la Soja está en su auge, en países como Bolivia ha nacido el imperio de la Quinua:

 

Los santos alienígenas (Tour de Francia)

Chris Froome es el de camiseta amarilla. Se previene de un fuerte embate de asmita.

Chris Froome es el de camiseta amarilla. Se previene de un fuerte embate de asmita.

Hace unos días empezó a circular en internet la imagen de Chris Froome, el ciclista que el año anterior ganó el tour de Francia, usando un inhalador en plena etapa del Dauphiné Libéré. Los chismes, las suspicacias y las quejas explotaron y corrieron entre los aficionados. El ciclismo de ruta, a diferencia de otros deportes, tiene en sus cultores a personas que no son lo que en la escuela podría ser un chico exitoso. La mayoría de ellos son menudos o, en su defecto, unos larguiruchos que parecen estar a punto de derrumbarse (claro, hay excepciones pero, por lo general, ellos se convierten en actores de reparto en las grandes vueltas), sus atuendos, sobretodo en las contrareloj, los semeja a alienígenas desorientados que huyen de un enemigo imperceptible a los sentidos humanos. En este deporte los que han tenido accesos de tos y cuerpos nada fornidos, se pueden convertir en campeones siempre y cuando cumplan con la condición más importante: la capacidad de sufrimiento. Son alienígenas  santos que nos hacen intuir una desazón que trasunta el éter. Les presentamos, a continuación, un documental sobre la historia del tour de Francia en donde también se hace patente que el uso de drogas no ha sido algo de los últimos años y que, a diferencia de lo que muchos mojigatos quieren promulgar, no ha hecho más que convertir a esta disciplina en un recodo donde aún pueden existir grandes ascenciones y caídas, como las que siempre ha tenido que soportar cualquier espíritu:

 

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Una corta catástrofe de Samuel Beckett

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A todos nos habita una catástrofe que, en uno momento cualquiera, habrá de desatarse; eso es lo que tiene presente Harold Pinter quien, además de haber escrito piezas teatrales, fue un actor que se acercó constantemente a los trabajos de Samuel Beckett. A continuación les presentamos «Catastrophe» una obra corta del escritor irlandés en la que actuó Pinter cuando aún no sospechaba que alguna vez iba a recibir el premio Nobel de literatura:

 

Amor transhumano (Sobre El maravilloso Mago de Oz)

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Lyman Frank Baum, en el prólogo que hizo a su novela «El maravilloso Mago de Oz», en 1900, dijo que esta historia fue «aspira a ser un cuento de hadas modernizado, que conserva el prodigio y la alegría y abandona angustias y pesadillas». Pero como las angustias y las pesadillas rebalsan toda intencionalidad, la novela está llena de abandonos, llanto, desarraigo, fracasos, temores, decepciones y un deambular incesante trasuntado por las carencias.

Entre todas las exégesis que se han planteado a este libro, puede plantearse una lectura que  relacione la diseminación de la paja con la que estaba lleno el espantapájaros con la historia bíblica de Onán, o contrastar ese episodio con la gran presunción sobre la que nos fundamentamos para entender a nuestra identidad como algo íntimamente ligado a nuestro cuerpo. El leñador de hojalata que busca volver a tener un corazón: es un transhumano con hambre de amor.

Este leñador alguna vez estuvo hecho de carne y hueso pero terminó siendo una prótesis de sí mismo (gracias a unos implantes hechos por un hojalatero y no a causa de algún hechizo que lo convirtiera en una pieza de hojalata). Los materiales sintéticos que constituyen a su cuerpo no son simples herramientas supletorias sino que lo convierten en una entidad que desea retornar al amor y, para ello, confía en que todo habrá de remediarse con el implante de un corazón. En consecuencia, el amor para el leñador es una emanación anatómica, perdiendo así su status metafísico.

Quizá lo humano no ha sido más que una ilusión que nos ha obnubilado para así desconocer que en cada uno de nosotros habita un mundo radicalmente autista y lejano:

Así, mientras caminaban por el bosque, el Leñador de Hojalata contó la siguiente historia:

– Yo era hijo de un leñador que talaba árboles en el bosque y vendía la madera para ganarse la vida. Cuando fui mayor, también me hice leñador y, cuando mi padre murió, cuidé de mi anciana madre mientras vivió. Después pensé que en vez de vivir solo podía casarme para no convertirme en un solitario.

Había una joven Munchkin tan bella, que pronto me enamoré de ella con todo mi corazón. Por su parte, prometió casarse conmigo tan pronto como ganara lo suficiente para construirle una casa mejor. De modo que me puse a trabajar como nunca. Pero la muchacha vivía con una anciana, que no quería que se casara con nadie, pues era tan perezosa, que deseaba que la joven permaneciera con ella y le hiciera la comida y las faenas caseras. Por eso fue la anciana a ver a la Bruja Malvada del Este y le prometió dos ovejas y una vaca, si evitaba el matrimonio. Acto seguido, la Bruja Malvada encantó mi hacha y, cuando un día cortaba yo con todas mis fuerzas, porque estaba ansioso por tener mi nueva casa y a mi mujer tan pronto como fuera posible, el hacha resbaló de repente y me cortó la pierna izquierda.

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Una entrevista a David Foster Wallace (subtitulada)

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Si David Foster Wallace hubiese tomado un año sabático, escribiría una hora y el resto del día lo ocuparía en comerse las uñas porque no escribe, al menos, eso le dijo a Charlie Rose en la entrevista que a continuación presentamos, hecha en 1997. En ese mismo encuentro aseveró que no estaba listo aún para tirarse desde la terraza de un rascacielos; tuvieron que pasar trece años, no para que se precipitara de las alturas pero sí para matarse:

 

Érase una vez en el oeste, la gran película de Leone

Erase

La calma chicha es la peor tormenta. Este domingo se abre como un abismo del que sólo puede esperarse la buena nueva del comienzo de la eternidad. No hay mejor bálsamo que una película donde los instantes trasuntados por el peligro y el desarraigo se convierten en el pan de una nueva desdicha. «Érase una vez en el oeste» es la película más famosa de Sergio Leone; encumbró a Charles Bronson y convirtió a los ojos celestes de Henry Fonda en un atisbo de maldad absoluta:

Homosexuales en Papúa Nueva guinea

guinea maricaas

Papúa Nueva Guinea fue, por mucho tiempo, un santuario para los antropólogos más prestigiosos de la primera mitad del siglo veinte; es más, esta isla forma parte del imaginario y los deseos de quienes sueñan en convertirse en unos estudiosos que se sumergirán en los más lejanos recodos del mundo (lejanos, claro está, respecto al lugar donde nació la antropología, es decir, Europa). El extracto del documental que a continuación les presentamos, se detiene en lo que nosotros conocemos como homosexualismo y, más exactamente, en la forma como ha sido adoptado en una tribu del centro de Papúa Nueva guinea. Es inquietante la distinción que el narrador hace entre indígenas civilizados y no civilizados y la conclusión de que los maricas (o tercer sexo, como los denomina eufemísticamente) están en cualquier contexto,cargada de picardía y complicidad. También la relación causal que establece entre la carencia de hembras y el homosexualismo de los machos.