Tag Archive | Enrique Pagella

El mago David Lynch y sus conejos

Por: Enrique Pagella

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Este film es en verdad una obra de teatro filmada. Escrita y dirigida en el 2002 por David Lynch, «Rabbits» es una de sus obras más atípicas. Neutra, en plano fijo, con un humor retrasado, que hace efecto unos segundos más tarde siempre, y sin sus habituales truculencias, «Conejos» es, a mi modo de ver, una genialidad. Un claro ejemplo de cruce entre teatro y cine que me lleva a confirmar que el futuro del arte está en la hibridez, en el cruce de disciplinas.
Dura 40 minutos y está subtitulada.

Fuente: enriquepagella.blogspot.com

Bis: Lucio V. Mansilla

Por Enrique Pagella

Mansilla está en el medio, es el que tiene capa.

Mansilla está en el medio, es el que tiene capa.

Lucio Victorio Mansilla nació San Telmo el 23 de diciembre de 1831. Hijo del coronel federal Lucio Norberto Mansilla (héroe de la batalla de la Vuelta de Obligado) y de Agustina Ortiz de Rozas (hermana menor de Juan Manuel de Rosas, la belleza de la federación), Mansilla parecía destinado a ser un federal de pura cepa, pero su personalidad fogosa y ególatra, más un afán irrefrenable por los viajes, las mujeres y la literatura, hicieron que lo fuera pero un tanto díscolo y con el sospechoso aspecto de un unitario afrancesado, tal cual describe Esteban Echeverría a un unitario en El Matadero.

A los dieciséis años se enamoró de Pepita, hija de franceses, con la que planeó fugarse a Montevideo en una barcaza pero debido a la infidencia de un amigo, la romántica pareja fue descubierta con, por decirlo de alguna manera, las manos en los remos. De resultas, Pepita fue a parar a un convento y el joven seductor a la cárcel. Devuelto al seno familiar, su madre le exigió una disculpa pública, la correspondencia mantenida por la pareja y el retrato de Pepita, exigencia a las que Mansilla se negó, razón suficiente para que lo confinaran en la estancia familiar que administraba su tío Gervasio, de la cual se escapó rumbo a Chascomús, a la casa de su otro tío, Prudencio, donde, irredimible, sedujo a una de sus primas, Catalina, con la cual mucho tiempo después se casaría.

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Hijos de Maro (Entrega 25)

Por Enrique Pagella

Hijos de Maro tiene un nuevo episodio y la historia, pese a los embates alcohólicos del verano del cono sur, continúa. Estas son las entregas anteriores: 24, 23, 22, 21, 20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.

mariquita perez

Mientras Ibañez lloraba, Oliverio me tomó de un brazo y le extendió un grabador digital a DS.
– Grábalo por favor – le dijo a DS y luego me preguntó – ¿Puedes manipularlo a distancia?
A Ibañez podía manipularlo a distancia; a no más de doscientos metros. Con el fenotipo timo podía acceder a funciones avanzadas de mi raza. Podría, por ejemplo, haberle inducido ideas absolutamente tristes a Oliverio también,  vía el contacto de la mano. Podría haberlo sumido, vía contacto, en una insoportable depresión, y hasta podría haber logrado que la depresión fuese tan insoportable que considerara suicidarse. Pero no lo hice. Me dejé llevar afuera de «El acabose». Oliverio merecía una explicación. Es mi mejor amigo humano.
La noche era la oscura y llana soledad de la pampa atravesada por una cinta de cemento. No podía quitarme de la cabeza la historia de Ibañez, pues si bien estaba con Oliverio podía seguir escuchando, en segundo plano, su monólogo.

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Poemas de Houellebecq, ese gran escritor

Por Enrique Pagella

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Michel Thomas,más conocido como Michel Houellebecq, es el escritor francés contemporáneo que ha logrado devolverle a las letras de su país aquello que se esfumó durante las décadas posteriores a la del setenta: una narrativa potente, una narrativa anclada en la problemática del sujeto que expulsado de la modernidad trata de hacer pie sobre el etéreo e insulso territorio de la posmodernidad.

Sus novelas, Las partículas elementales y Plataforma, se convirtieron en hitos de la nueva narrativa francesa que ha surgido durante la transición del siglo XX al XXI. Ambas le otorgaron no sólo prestigio literario sino también el rol que hace mucho no ocupa un escritor de auténtico fuste en la cultura mediática actual. Me refiero al rol de la incorrección política, al rol del que escarba en las fisuras culturales para poner de manifiesto la crueldad y la estupidez humanas como marca de una decadencia que pone de manifiesto en sus obras, impecable e implacablemente.

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Catherine Necrassoff: Lucio V. Mansilla

Por Enrique Pagella

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Cuando se echa una mirada a la literatura argentina del siglo XIX nos topamos con Esteban Echeverría y El Matadero (1840), considerado el primer cuento de nuestra literatura, donde alegoriza la figura de Juan Manuel de Rosas – terrible dictador para muchos e insigne patriota para otros – y la primitiva y sanguinaria arquitectura política y policial que montó para sostenerse en el poder durante décadas; pero El Matadero ostenta otro mérito literario pues espeja maravillosamente el entramado social que sostuvo dicha arquitectura, señalando a la iglesia católica como uno de los engranajes más absurdos de una sociedad miserable y decadente. Es decir que en este cuento, ya se sientan las bases de la antinomia política que animará las mejores creaciones literarias del siglo, antinomia que en ese momento pasaba por el enfrentamiento entre federales y unitarios; los primeros nacionalistas, cultores de un falso federalismo horizontal y de una crueldad en exceso primitiva para zanjar las disputas políticas; y los segundos, liberales, afrancesados, cultos, muchos de ellos maquiavélicos, ya que no dudaron en aliarse a potencias extranjeras (Inglaterra y Francia) para socavar el poder de Rosas. Esta oposición sangrienta entre modelos políticos y (que no quepa la menor duda) de negocios, no consumó su entronización como núcleo cultural de la literatura del siglo con este cuento ya que fue publicado después de la muerte de Echeverría (1851). Dicha marca cultural le compete al inefable y determinante Domingo Faustino Sarmiento, quien la instituyó publicando en el exilio político su monstruoso Facundo (1845).

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El carnaval se acabó

Este relato breve de Luis Cermeño se publicó originalmente en el blog de Enrique Pagella, quien es familiar en Mil Inviernos al ser el autor de la novela por entregas Hijos de Maro.  Sobre la escritura de  Cermeño, Pagella comentó:

Si bien no lo conozco personalmente, creo vislumbrar a la persona a través de sus escritos, donde suelo advertir cierta cruel melancolía, cierto lirismo que de pronto hiende el aire como un cuchillo y un ritmo narrativo excepcional.

 El carnaval se acabó

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Hijos de Maro (Entrega 24)

Por Enrique Pagella

Hijos de Maro Continúa, una gran novela por entregas. Si quieres leer algún episodio anterior, haz click en el número corrsepondiente: 23, 22, 21, 20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.

PeronLopezRega

 

Oliverio, al escuchar la amenaza de Ibañez, se secó las lágrimas que le caían por las mejillas y les pidió a Oliverito y a su novia que vigilaran la ruta desde el motorhome y que estuvieran atentos a cualquier vehículo que la transitara. Atónitos y pálidos los jóvenes salieron de «El acabose» a la profunda noche de la pampa. Luego Oliverio me miró como si mirara a un extraño y haciéndose de un silla se dejó caer sobre ella, a menos de un metro de Ibañez que silbaba, en ese momento, la marcha peronista. DS, husmeando detrás del mostrador, halló, desbordado de alegría, una botella de whisky y una cajita.

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El Vizconde Lascano Tegui: una gloria argentina

Por Enrique Pagella

lascano tegui

«Confieso que continúo escribiendo por pura voluptuosidad. Escribo para mí y mis amigos. No tengo público grueso, ni fama ni premio nacional. No me gusta el “Tongo”. Como periodista que soy sé “cómo se llega”. Conozco a fondo la estrategia literaria y la desprecio. Me da lástima la inocencia de mis contemporáneos y la respeto. Además tengo la pretensión de no repetirme nunca, ni pedir prestado glorias ajenas, de ser siempre virgen, y este narcisismo se paga muy caro. Con la indiferencia de los demás. Pero yo, he dicho que escribo por pura voluptuosidad. Y como una cortesana, en este sentido, he tirado la zapatilla.» (Vizconde Lascano Tegui)

Emilio Lascanotegui fue, ante todo, escritor (novelista, poeta, ensayista), y uno de los más originales que ha dado la Argentina, pero también ha sido periodista, artista plástico, viajero impenitente, político, traductor, dentista, vendedor ambulante, diplomático y maestro cocinero.
Nacido en 1887 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, Argentina, su infancia transcurre en el barrio de San Telmo. Como casi todos los grandes escritores argentinos del siglo XIX y de comienzos del XX, su vínculo inicial con la literatura se da a través de la política.  El dirigente radical Juan José Frugoni lo inicia en la poesía, enseñándole el arte de la métrica y la rima en un viejo almacén. Poco después, entre 1905 y 1907, ya como político del partido radical, Lascano compone sus discursos públicos en octosílabos rimados, cosa que provoca sorprendidas risotadas a sus ocasionales oyentes en la plaza Lavalle o ante el monumento a los caídos de la Revolución del 90. Fue, sin embargo, durante un viaje – ¡A pie! – por África y Europa en compañía de Fernán Félix de Amador, emprendido en 1908, que Lascano afirma su vocación poética. Durante este extenso viaje decide modificar su apellido de origen vasco (Lascanotegui), transformándolo en uno doble (Lascano Tegui) y, hacia 1909, le antepone el apócrifo título de Vizconde con que firmará, ya de regreso en Argentina, su primer libro: La sombra de la Empusa.

Hijos de Maro (Entrega 23)

Una entrega más de la novela «Hinos de MAro», a continuación, sólo con pulsar  en el número correspondiente podrán leer algún episodio anterior: 22, 21, 20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.

camion

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Son muchas las cosas que debo corregir, como el señor Parpajo en el relato de EP Puntos del otro – que pueden leer en su blog (http://enriquepagella.blogspot.com.ar/2012/11/puntos-del-otro.html); lo ha subido Juan Carlos «Soplete» Molinari hace unos días con el final que no tenía; en su face hallarán el link: http://www.facebook.com/soplete.parajuancarlos.

Son muchas también las cosas que han sucedido mientras surcamos la pampa argentina en el motorhome de Oliverito.

Debo confiarles, amables lectores, que he demorado la aparición de esta entrega porque me siento profundamente confundido y cansado. Y no sólo porque todo se ha complicado sino porque el rumbo de los acontecimientos me impone un único recurso: decir la verdad, pero no la verdad general, la verdad grande y esclarecedora que intenté en alguna entrega sino la personal, la que sólo puede adquirir forma a través de lo que ciertas religiones y la maquinaria jurídico policial denominan «confesión».

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Hijos de Maro (Entrega 22)

Por Enrique Pagella

La novela, por entregas, «Hijos de Maro» continúa con su torrente imparable. Si no has leído alguna entrega anterior, haz click en el número correspondiente: 21, 20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

imperceptible

 

Tara, la reina de las iotas, es una hermosa mujer de unos sesenta años. Su rostro me resulta familiar. Está sentada en una butaca de aspecto futurista, contemplándome. Ya no sé qué es lo que siento, y menos aún sé qué decir o qué hacer. Todo lo que veo en el interior del OVNI levita etéreo. Los comandos y el instrumental parecen vaporosos hologramas suspendidos en el aire, que los mormones, recostados en unas dormilonas de plástico, manipulan con gran presteza… todo, todo eso me maravilla al igual que el cilindro de luz en el que estoy parado. Se trata de una luz fresca, apenas celeste, que me sosiega y cuyos contornos son infranqueables, pues tienen la consistencia de un muro de piedra. A mi derecha, sobre una mesada metálica, yace el guerrero que narraba lo que a su vez me dictaba Snulk Karlto, el niño de los cabellos dorados, el vikingo guaraní que, antes de esfumarse de mi conciencia, tuvo la amabilidad de recordarme mi propio nombre. Parece no respirar o si lo hace, es evidente que sus signos vitales son mínimos. Ahora advierto que tiene una aguja clavada en una sien y que de la aguja sale un cable que se introduce en una diminuta tablet que flota sobre su frente.

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