Archivos por autor | Andrés Felipe Escovar

La muerte según Francisco de Quevedo

Quevedo

Henry Ettinghaussen precisa que, el último sueño escrito por Quevedo, fue  en 1620, cuando ya no era un brillante diplomático y retornaba a España con el peso de la caída del duque de Osuna- su protector-. Esta es una de las condiciones en las cuales el «Sueño de la muerte»  fue elaborado con un comienzo en donde aparecen versos de Job y cabeceos de loro que conducen a que el narrador se encuentre con ella, es decir, la muerte. El extracto que a continuación les traemos es la presentación que ella hace:

– Yo no veo señas de la muerte, porque a ella la pintan unos huesos descarnados con su guadaña.

Paróse y respondió:

-Eso no es la muerte, sino los muertos, o lo que queda de los vivos. Esos huesos son el dibujo sobre que se labra y forma el cuerpo del hombre. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte. Tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de vosotros mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo. Y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura. Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en sí su muerte cada día, y la ajena en el otro, y viérades que todas vuestras casas están llenas de ella y que en vuesto lugar hay tantas muertes como personas; y no la estuviérades aguardando, sino acompañándola y disponiéndola. Pensáis que es huesos la muerte y que hasta que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros: y primero sois calavera y huesos que creáis poder ser.

Tomado de «los sueños»p. 118. Editorial Planeta, 1990.

En la cama con Juan Carlos

-Retrat_de_l'escriptor_Juan_Carlos_Onetti_(1909-1994)-

Juan Carlos Onetti estuvo en cama la mayor parte de su vida; el cansancio y el tedio le podían. Tan fuerte era su aburrimiento que, hasta en las entrevistas , el mutismo se insertaba entre sus frases, como si se cansara de hablar y recordara que no hay mejor lugar para esperar a la muerte que la cama propia. En la entrevista que hoy les presentamos, Onetti está sentado en su cama pero bebe whiskey y está muy dicharachero, alejado de todos esos discursos literarios que se preguntan por la sustancia del acto de escribir y por lo que es literatura (discusiones que solo interesan a los escritores como a los contadores los libros de contabilidad y a los abogados el régimen de propiedad horizontal y la Sociedad en Comandita Simple):

 

Los niños lobo: Yuki y Ame. Película

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Ame y Yuki son dos niños huérfanos de padre (quien fue también lobo) y una madre totalmente humana. La pregunta que trasunta gran parte de la historia se plantea en torno a la condición humana y lobuna de dos criaturas que no saben cuál camino tomar. La birfurcación de estos senderos, encarnada en Ame y Yuki, se acrecienta a medida que la historia toca su final. Entretanto, la madre de los niños, a pesar de ser fatalmente humana, intenta franquear esa barrera que le impide entender con claridad cuál debe ser la mejor forma de criar a sus hijos.

Uno no puede evitar el recuerdo de Sirio, aquél perro urdido por Olaf Stapledon que, aunque tenía las dotes de inteligencia que los humanos presumimos como exclusivas de nuestra especie, también contaba con los instintos de un can y es esa lucha que yace en Sirio la que termina constituyendo su tragedia. También uno teme un gran cataclismo, una muerte intempestiva pues, como gran parte de las películas animadas japonesas, el sonido de las cigarras del verano las solemos conectar con la calma chicha anterior a un hecho desafortunado.

Los niños lobo: Ame y Yuki es una película dirigida por Mamoru Hosoda que, en 2013, recibió el premio de la academia japonesa por mejor película de animación.

Más quel mundo, cortometraje

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El cortometraje que a continuación les presentamos, dirigido por Lautaro Nuñez De Arco, tiene las resonancias de los silbidos que, en el cine argentino, ya retumbaron en «Santos Vega», ahora, estos se desvanecen en la relación entre dos ejemplares de especies diferentes y todo lo que les ocurre està mediado por un crimen y el amor. Es el saludo a todos esos canes cuya progenie de melancolía nos recuerda a Sirio y desemboca en un par de ojos húmedos que nos miran desde el silencio profundo de sus pensamientos:

Juan Rulfo o la polilla del silencio

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Juan Rulfo fue tan esquivo como las polillas tristes que aguardan a que alguien o algo las pise y terminan muriendo de vejez. En sus escritos, el silencio augura una caída que avizoramos pero se nos escapa a las palabras. Rulfo fue silencio y hasta cuando se pone más charlador, como en la entrevista que a continuación les presentamos, la ausencia de las palabras, los intersticios de su mirada de señora que solo supo no saber nada jamás, son el narcótico propicio para cabecear como loro enjaulado mientras se lo escucha tan fugivo. Rulfo no fue escritor, no se adscribió a gremio alguno;  las palabras de «El llano en llamas» o «Pedro Páramo» son los jirones dejados por esa polilla de los adjetivos llamada Rulfo.

 

Los pensamientos de un mal poeta frente a Pushkin. Por Mijaíl Bulgákov

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En un episodio de «El maestro y Margarita», la novela escrita por Mijaíl Bulgákov, el poeta Riujin se hace consciente de su condición de «mal poeta»; esta penosa situación y el monumento de Alexander Pushkin erigido en Moscú, que lo ve desde la nebulosa angustia que lo aprisiona, lo conducen a concluir que este bardo tuvo asegurada su inmortalidad gracias a su muerte en un duelo sostenido con un oficial zarista. De modo que no hay ni calidad, ni buena ni mala literatura, sólo inmortales que alcanzan tal fatalidad, por crapichos y detalles que son entendidos como síntomas de la grandeza:

¡Los versos! Tenía treinta y dos años. Y después ¿qué? Seguiría escribiendo varios poemas al año. ¿Hasta que fuera viejo? Sí, hasta la vejez. ¿Pero qué le aportarían sus versos? ¿ La gloria? “¡Qué tontería! No te engañes. La gloria no es para quien escribe versos malos, pero ¿por qué son malos?… Tiene razón, toda la razón”, hablaba consigo mismo sin compasión alguna.

Intoxicado por aquel ataque de neurastenia, el poeta se tambaleó, el suelo dejó de moverse bajo sus pies. Levantó la cabeza y se dio cuenta de que hacía mucho rato que estaba en Moscú. Había amanecido, se veía una nube dorada y el camión estaba atascado en una larga hilera de coches a la vuelta de un bulevar. Casi ahí mismo, encima de un pedestal, había un hombre metálico con la cabeza un poco inclinada que miraba indiferente el bulevar.

Le invadieron unos extraños pensamientos. Se sentía enfermo. “Este es un ejemplo de lo que es tener suerte- Riujin se incorporó en la caja del camión y levantó la mano amenazando a la figura de hierro fundido que no se metía con nadie-. Cualquier movimiento que hiciera, cualquier cosa que le ocurriera, de todo sacaba provecho, todo contribuyó a su fama. Pero, en realidad ¿qué ha hecho? No lo entiendo… ¿Habrá algo especial en esas palabras: “la tormenta y la niebla…¡No lo entiendo! ¡Suerte es lo que tuvo! ¡Nada más que suerte!”-concluyó mordaz.

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El día despúes, una película del terror nuclear de los ochenta en Estados Unidos

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Hasta por los miedos se siente nostalgia; la lejanía de ciertos terrores provoca la certeza de la corrupción, el envejecimiento y de un estado de tristeza que hace invocar a las viejas pesadillas como síntoma de la inocencia. En los años ochenta, durante el último capítulo de la Guerra Fría, las catástrofes nucleares se materializaron con Chernobyl, cumpliéndose la macabra promesa de la radiactividad, alimentada en distintas historias cuya diferencia radicó, quizá por la soberbia humana, en que la debacle nuclear era consecuencia de una confrontación bélica; Chernobyl fue mediocre: no hubo guerra mediante, sólo errores propios de cualquier empresa de nuestra especie. En esos relatos inocentes que buscaban erigir al hombre como destructor absoluto, lo único que se exterminaba era a los Estados Unidos (sinónimo de planeta y humanidad); en la película para televisión»El día después» (1983), hay una función pedagógica y se hace un llamado a la cordura, no para evitar una guerra que afecte al planeta sino para proteger a EUA de amenazas externas, trazándose un idílico retrato de la feliz vida norteamericana interrumpida por hongos incandescentes:

El grito de Munch, versión animada con banda sonora de Pink Floyd

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La conocida obra de Edvard Munch ha tenido diversas intervenciones hechas por otros artistas; la boca abierta, emulando el espanto de algo similar al vacío y la locura, ha convertido a ese sujeto que aparece en la pintura en un sinónimo del terror devenido locura.  Hoy les presentamos un cortometraje (hecho en una versión «normal» y otra navideña) dirigido por Sebastian Cosor y escrito por él mismo junto a Cosmin Sirbolescu. Este trabajo, además de reinventar la pintura, toma «The great gig in the skye» de Pink Floyd y la convierte en ese grito emanado por una suerte de fantasma lleno de terror que interrumpe una conversación casual sobre la muerte y el miedo o la indiferencia:

 

Phil Caracas o Jesús Cazador de Vampiros y su juicio final (película)

Jesús con sus armas especiales para vencer a los vampiros

Jesús con sus armas especiales para vencer a los vampiros.

Cuando llegue el día del juicio final Jesús va a tener frente a sus ojos mesiánicos a todos aquellos que lo interpretaron en el teatro, el cine, las liturgias y demás actos. Entre los más famosos de los últimos cien años aparecerá Williem Dafoe, Jim Caviezel, Robert Powel y, a su lado, Phil Caracas. Este último es un Jesús que caza vampiros y estos, a su vez, se encargan de chuparle la sangre a las lesbianas, sus únicas víctimas.

Esta película canadiense de 2001, dirigida por Lee Demarbre y escrita por Ian Driscoll, tiene la humildad y furia propias de los grandes precipicios amorosos. Una escena memorable, y que el propio Jesús verá el día del juicio cuando Judas Iscariote ejerza, de oficio, la defensa de Phil Caracas y la exponga frente al mesías y su padre, es la del travesti que profiere, como una oración o el Magnificat escrito por Lucas el evangelista (Lucas, 1, 46-55), unas palabras al ungido que está apaleado,  desorientado y cabeceando como un loro que no puede matarse:

Eres un extraño para mí

pero no más extraño que yo.

Es extraño lo que ves en los ojos de un extraño,

es como ver en tus ojos

como si crecieras por ti mismo

solo, separado, aislado.

Sé qué se siente

cuando hay algo dentro de tu cuerpo

que clama por salir.

Buenas noches, dulce príncipe.

Hereditas, diversitas et varatio. Aproximación a la historia de la genética humana en Colombia. Reseña.

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Libro escrito por Alberto Gómez Gutiérrez, PhD; Ignacio Briceño Balcázar, MD, PhD; Jaime E. Bernal Villegas, MD, PhD

Editado por el Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana y la Academia Nacional de Medicina.

2007, 231 páginas

Hubo una vez un señor muy moreno y de ojos negros que, cuando su hijo nació rubio y de ojos azules, se alegró al corroborar la fuerza de la imaginación y el deseo de su esposa: la realidad igualaba a los deseos y la imaginación.

Ella, tan morena como él, no ocultaba su admiración para con los ojos azules y el pelo dorado del vecino cuando se lo topaba. Solía referirle la belleza del hombre a su esposo, en la oscuridad de su cuarto, después de intentar concebir a su segundo hijo. Ambos figuraban el futuro de ese niño blanco que saldría de ellos y que habría de hacerlos tan famosos como a los padres de los actores de la televisión.

La alegría del padre, risible para muchos que vieron en él a un cornudo redomado, tiene raíces europeas, aunque él lo ignorara y no le interesara saberlo: en el capítulo IX de la obra del cirujano y barbero Paré, escrita en el siglo XVI, aparece que muchos monstruos nacen con ocasión de la “imaginación ardiente y obstinada que puede tener la mujer mientras concibe, por algún objeto o sueño fantástico, o por algunas visiones nocturnas que tienen el hombre o la mujer a la hora de concebir”.

No dista mucho esa forma de transmisión de caracteres por vía de la imaginación de la propuesta de los memes, hecha por el señor Richard Dawkins, en las postrimerías del siglo veinte, para explicar la dominancia y pervivencia de ciertas ideas en una sociedad humana. No es una casualidad que en El gen egoísta, uno de los libros más leídos por quienes no somos biólogos ni  genetistas en alguna de sus especialidades, tenga una relación directa con el trabajo de Paré; este último es considerado por Gomez-Briceño-Bernal como el primer rudimento de la genética humana, como se evidencia en el apartado Monstruos que se originan por enfermedades hereditarias donde se concluye que “nacen niños monstruosos y deformes debido a las malformaciones o complexiones hereditarias de sus padres y madres”.

La herencia y las maneras como opera es un asunto cuyas respuestas se han indagado desde mucho antes de la aparición de la genética como disciplina, es decir, como una “acumulación de conceptos y vocabulario específicos” (2007:1); los cálculos y mecanismos para discernirla se han parcelado a medida que surgen nuevos léxicos y conceptos: en el Derecho se manejan criterios inaplicables en la genética y la “angustia de la influencia”, puesta en evidencia por Bloom en el campo de la crítica literaria, no es permutable con los mecanismos planteados por antropólogos.

En este libro, por lo tanto, el espectro de estudio no se limita a los trabajos hechos por los genetistas colombianos sino que se abre un panorama que se remonta a periodos anteriores a la llegada de Colón a América, sin que se incurra en la creencia de que dichas comunidades eran colombianas (error frecuente cuando, por ejemplo, se anuncia la aparición de un dinosaurio “colombiano”, conjugando el chauvinismo de los partidos de fútbol y premios literarios obtenidos por connacionales con el anacronismo).

En el capítulo llamado La genética humana en Colombia: de sus orígenes al siglo XIX, Gómez-Briceño-Bernal toman a la comunidad Tumaco-La Tolita, que exaltó malformaciones del cuerpo humano por medio de la escultura o la pintura. Los autores se basan en la investigación hecha por el antropólogo Ronald Duncan:

“Dados los intereses chamánicos y curativos de Tumaco- La Tolita, se le dio gran importancia a la representación de enfermedades y estados genéticos inusuales. Las figuras están representadas con detalles que podrían haber sido usadas como modelos de entrenamiento de los chamanes jóvenes, ya sea consciente o inconscientemente, para reconocer estados patológicos importantes.” (2007:37)

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