La filosofía como ciencia ficción y la ciencia ficción como filosofía
La doctora Teresa Mira de Echeverría impartió una conferencia en la que aborda los puntos de contacto entre la filosofía y la ciencia ficción. Esperamos que disfruten de la misma y reflexionen en esta época santa, así sea en torno a cosas non sanctas:
Adiós a la librería Albert. Crónica
- Los doctores coordinan que todos los libros sean guardados en las bolsas de lona
- Juristas en diligencia para sacar libros
- El final del la librería ALbert
Fui a la librería Albert por la compulsión de comprar libros que se precipita cuando estoy solo y no tengo nada que hacer. Nunca me percato de los títulos que adquiero; el criterio de mis elecciones radica en las perspectivas fugaces de hacerme un especialista en las políticas contables de la expedición botánica o en los rudimentos de ciertos alquimistas que me servirán para la construcción de un cuento que se desvanece pocas horas después, cuando arrumo los ejemplares en mi casa, entre todo ese compendio de volúmenes no leídos.
Así como hay libros que, según los bibliófilos, te esperan para que los leas, otros aguardan a que los compres y los enjaules hasta que llegue un incendio o el final de los tiempos. Es como un matrimonio que se sabe aburrido de antemano, desde un segundo antes de ese primer beso carente del frenesí de las borracheras y sus insucesos.
La última vez que estuve en la librería Albert vi una antología de la ciencia ficción soviética. No lo compré porque en ese entonces no me inventaba a mí mismo como escritor de Ciencia Ficción. Después, cuando comprendí que mis textículos jamás serían publicados en diarios de amplia circulación o revistas con reputadas firmas de editores premiados como escritores, decidí hacerme uno más del club de los amantes de la Ci Fi y empecé a comprar cuanta cosa viera al respecto. Siempre desprecié a Star Wars, me pareció una tontería Star Trek y, si algo de ciencia ficción vislumbré antes de mi decisión, fue en ciertas glosas literarias hechas por el egregio ex presidente de Colombia y ya muerto ilustre, Don Alfonso López Michelsen, o en las disertaciones latinistas del carnicero y también egregio ex presidente de Colombia, Laureano Gómez.
Sí, en esos eructos vislumbré más fantasías y pretendí vincularlas con los textos de Ciencia Ficción que circulaban como alta literatura dentro de un género que marginalizaba en su consabido destierro de las más puras letras de la civilización. Por eso me llené de repudio cuando vi las jetas de desdén de algunos cuantos lectores asiduos al género después mostrarles mi primer relato; eran como esos policías tan pobres y jodidos como los campesinos que golpeaban con sus cachiporras en los acostumbrados e inocuos paros.
Por esos días recordaba el libro; si algunos evocaban a Philip K. Dick o Burroughs o llevaban a Bogotá a un delirio superfluo como los de Douglas Coupland, yo podía valerme de los soviéticos. Siempre que pasaba por el autobús, Librería Albert tenía las puertas abiertas; estaba al lado de una cevichería y, hacia dentro, se levantaba la oscuridad. En cada trayecto me repetía que debía volver pero no lo hice sino hasta hoy, cuando ya no me vislumbro como escritor de Ciencia Ficción ni de género alguno y he retornado a la lectura de los Códigos que dejé, con la convicción de un digno sucesor de Kafka, apenas salí de la facultad de Derecho.
A medida que atravesaba el umbral de la librería, se incrementaba el volumen del tecleo furioso de una computadora; la jerga de una doctora que leía actas y artículos del Código de Procedimiento Civil asfixiaba a la oscuridad y al dueño de la librería. A don Albert, si es que es él mismo le puso el nombre al local para hacerse un monumento que ahora se incendiaba en las llamas de los recovecos judiciales. Ella, la doctora funcionaria, le decía que los plazos estaban cumplidos y que, con su equipo de leguleyos, se aprestaba a realizar la “diligencia”.
Don Albert habló, por teléfono, con su abogado; pronunciaba la palabra doctor como Dios es proferida por los enfermos terminales en sus oraciones. Este, el doctor, por lo que deduje de la charla, le dijo que no firmara nada.
El torpedo peruano
Pedro Paulet es conocido como uno de los padres de la aeronáutica. Este ingeniero del Perú fue el inventor del motor por combustible líquido, el cual, a la postre, habría de convertirse en uno de los pilares para la edificación de los cohetes que nos han llevado más allá de nuestra órbita. A continuación les presentamos un documental sobre este hombre que abrió las puertas de los viajes siderales:
Ciencia ficción en un cortometraje de Pablo Riquelme
Las recomendaciones para dejar de masturbarse pueden ser tan dañinas como cualquier abstención forzosa. La muerte se ensalza con quienes pierden la poca de energía que queda para emitir ensoñaciones en un papel.
En el cortometraje que a continuación les presentamos, el director Pablo Riquelme trata de poner en evidencia todos los trucos que tiene un amante de la ciencia ficción:
Un documental sobre Capablanca
José Raúl Capablanca ha sido uno de los más legendarios campeones mundiales de ajedrez. Dominó a esta disciplina durante casi una década. Fue considerado, durante mucho tiempo, invencible. A los trece años, en 1901, ganó el campeonato cubano de ajedrez que, según los entendidos, fue el momento en que se evidencio el nacimiento de un gigante. Les presentamos esta deliciosa pieza para los amantes del llamado «deporte ciencia» que tantos versos ha generado y ha engalanado tardes de depresión sin límites para quienes no saben cómo ocupar su tiempo de hastío:
Lenin entrevista al faraón Daniel Salvo
Hubo día en que Lenin entrevistó al faraón; ocurrió en Lima hace unos pocos meses: Lenin Solano Ambía, eximio entrevistador del Perú, se encontró con Daniel Salvo, el Ramsés I II y III de la ciencia ficción andina, y charlaron sobre este género y su estado actual. Salvo, a lo largo de la entrevista, hace un relato de la situación de las librerías y de la industria cultural de Lima, relacionándola con el entorno socioeconómico de su país. Además, da su opinión respecto a las diferentes formas en que la Ciencia Fantasía y la Ciencia Ficción se manifiestan en su país y que no dista mucho de lo que ocurre en otros lugares de nuestro conitnente. Disfruten pues de este manjar post-sísmico:
Silver Kane, in memoriam
Silver Kane fue el pseudónimo del escritor Francisco González Ledesma cuando elaboró novelas de vaqueros y ciencia ficción; escribió más de mil historias y tuvo otros tres pseudónimos con los que firmó sus trabajos para editorial Bruguera: Rosa Alcázar, Taylor Nummy y Fernando Robles. La legendaria colección de Bolsilibros cuenta con un gran aporte de este catalán que nació en uno de los barrios obreros de Barcelona, donde e glamour propio de una ciudad europea «culta y de primer mundo» se eclipsa ante la humildad de lo genuino. Los vaqueros españoles de Kane forman parte de ese ajado y bello circo que ocurrió en España cuando en Almería se dieron memorables combates entre cazarecompensas y villanos a fines de los sesenta.
Kane murió hace dos días y su escritura es tan amenazante como un suelo que se desvanece mientras lo vamos a tocar para dar nuestro siguiente paso:
Encendió el cigarro y cruzó las piernas. Pese a estas palabras, Margaret Higgins no sugería ninguna idea de miedo, de terror, de pesadilla. No. Todo contrario.
El redactor jefe de Today, la revista en que ella trabajaba, entró y fingió leer unas galeradas, pero en realidad observaba de reojo las piernas de la muchacha.
Margaret suspiró:
—Son nuevas —dijo. (Tomado de «El cerebro»)
La posibilidad de la implantación de unas nuevas extremidades surge como el embrión para una nueva historia en donde una mujer cambie tanto de piernas como de amantes.
Silver Kane no dio la espalda a España. De hecho, gran parte de sus obras fueron coartadas para referirse al régimen dictatorial que abatió a su país, rompiendo con el prejuicio de que la llamada literatura de entretenimiento es escapista.
A continuación, una pequeña semblanza de este escritor y, luego, una entrevista que le hizo Fernando Sánchez Dragó (desde ya hacemos la advertencia de quién es el entrevistador) a Francisco González Ledesma, el cultor de la llamada novela negra que se distingue, en muchas cosas, de Kane y, sin embargo, ambos murieron el mismo día, a la misma hora y en la misma ciudad.
George A Romero, el artífice de nuestros zombies, charla con sus seguidores en México
George A. Romero es conocido como el inaugurador de una nueva imaginería en torno al zombie. Según los conocedores del tema, lo sacó del contexto vudú y construyó a una entidad que hoy es un supuesto que no requiere definiciones cuando se la menciona en alguna conversación o escrito. En esta charla, Romero habla de aspectos fortuitos que sirvieron para acrecentar el mito de la película que él dirigió en 1968, La noche de los muertos vivientes. Además, sienta su posición respecto a todos esos zombies que se han convertido en seres que ya pueden hablar.
Un documental sobre Andrei Tarkovsky
Para acrecentar la desorientación de los lunes, no hay mejor ingrediente que una película dirigida por Andrei Tarkovsky: al finalizar la maratón, mediada por largos parpadeos que lindan con el sueño pesado de una llenura estomacal, algo se ha trastornado para siempre, un elemento innombrable e inidentificable y, por tanto, sólo queda la aspiración a la eternidad pues cualquier tentativa para ser feliz termina por estropearse a causa de la condición inherente de estar vivo. A continuación un documental sobre este director ruso que padeció la censura propia de su época. Pudo escapar a Suecia y, en el frío vikingo, materializar su último trabajo y morir, con nostalgia, de cáncer pulmonar:

















