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LUZ EN LO PROFUNDO, por Daniel Guillermo Castellanos O.

Luz en lo profundo

Daniel Guillermo Castellanos Ortegón

Keiko venía a La Tierra, procedente del planeta Orbe, ubicado en las inmediaciones de la constelación de Andrómeda, su raza se caracterizaba por tener cualidades éticas, algo que en La Tierra se había perdido con el paso de los años. Keiko antes de entrar a la atmósfera terrestre pudo darse cuenta que algo andaba mal con los valores en un región específica del planeta azul, vio en su receptor de valores, que Colombia tenía índices muy altos de corrupción, pensó que enseñar ciertas normas de mundos con civilizaciones alejadas del robo estatal, vendría muy bien para los habitantes del país sudamericano.

Aterrizó en horas de la madrugada en el parque Tercer Milenio de la capital del país, todo porque el indicador de corrupción le alarmaba de la cercanía de la zona de conflicto de valores, cuando bajó de su nave vio en los alrededores personas que dormían en la intemperie, algunos quedaron sorprendidos, y pensaron que lo que estaban viendo era producto de los alucinógenos que consumían normalmente.

Keiko comenzó a relacionarse con algunas personas, preguntando sobre corrupción, porque su receptor captaba señales de pérdida de valores, uno de los hombres que parecía estar en sano juicio le respondió que la corrupción lo había dejado en la calle, y que la equidad no existía en Colombia, el humanoide orbetano descubrió que la corrupción era el detonante para más problemas, en el mundo de Keiko estas fallas de equidad eran mitos de antiguas generaciones.

Fueron llegando cada vez más curiosos, personas de muchas edades que se disponían a ir a sus trabajos, pero quedaban sorprendidos por la nave, Keiko, pese a ser de otro mundo, tenía una fisionomía similar a los humanos, solo que él en su interior tenía dos corazones y un cerebro más grande.

Mujer cargando agua

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La multitud comenzó a escuchar el discurso del extraterrestre, la mayoría por no decir todos, estaban de acuerdo sobre el fin de la corrupción, parecía que las palabras que salían de Keiko fueran mágicas, todos tenían un pensamiento unificado, era un virus positivo y sano que se propagaba en las personas, todos querían ir a las coordenadas 4°35′51″N 74°04′35″O lugar del problema.

Cientos de personas marcharon hacía el capitolio, encabezando el grupo de marchantes estaba Keiko, que era alimentado por la energía que emanaba del gentío vociferante, con su don discursivo persuadió a los protectores de las puertas del emblemático edificio, el extraterrestre y sus acompañantes entraron.

Cuando Keiko habló con los líderes políticos, notó que su poder de convencer no surtía efecto en los oscuros personajes, los pícaros tenían su propio poder de convencer a los desprevenidos, y lograron llamar a la fuerza de seguridad para sacar violentamente a todos los manifestantes, el extraterrestre actuó de forma desesperada para escapar de la situación, activó un dispositivo que expulsaba un gas que originaba que todos hablaran con la verdad, el efecto duraría 4 años, tiempo estimado para llevar las mentes de la oscuridad a la luz.

La duda, por Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Hoy presentamos un nuevo relato de Luís Antonio Bolaños De La Cruz, esperamos lo disfruten tanto como nosotros.

La Duda

(viñeta del Imperio Decadente)

Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Partí de un sueño erótico de mi ya lejana juventud, cuando estudiaba en la Universidad Industrial de Santander, lo mezcle con una pulgarada de “Las 43 Dinastías de Antares” de Mike Resnick, una pizca de “La Ciudad de Piedra” de GRR Martin y añadí el ambiente de La Madonna de Clive Barker, y una situación de “Los Escándalos de Crome” de Aldous Huxley, este es el resultado y que me perdonen los autores nombrados.

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Nuestra nave arribó a la órbita de Prim Klam con cierto adelanto, así que mientras el carguero semejante a un conjunto de burbujas aplastadas unas contra otras y acribilladas de perforaciones que permitían el flujo de las gabarras con mercancías hasta los ganchos de anclaje en los colosales hangares -distribuidos en el eje que albergaba a los reactores de hiperimpulso-, iba rellenando sus bodegas, nos permitieron bajar a su superficie. Eramos disciplinados y creíamos en la Reconstrucción de la República tras la caída del Imperio.

Me animé dispuesto a convertir la experiencia en motivo de placer. Cada cual cuando aterrizamos se dedicó a cumplir con las exigencias de sus obsesiones; la mía que era recorrer mercados y monumentos encontró en las megamoles del barrio comercial suficientes escondrijos que visitar. Se sucedían templos con esqueletos embutidos en las paredes metálicas con exposiciones de cópulas interespecies.

Me detuve con algo de cansancio al pie de una titánica cúpula que parecía haber gozado de mejores tiempos, semienterrada en la ladera arenosa que delimitaba el cuenco en que se esparcían las instalaciones del puerto; un susurro me distrajo, al inicio no encontré su procedencia, pero al repetirse comprobé que se emitía desde un paquete de harapos en la escalinata, al mirarlo observé su semejanza con un cuerpo humanoide y me acerqué para dilucidar su ronquido, había alcanzado a interesarme.

Lento, con frecuentes pausas, y a medida que avanzaba en su relato con mayor claridad, supe de las circunstancias de su desgracia. Compartió una preocupación y remarcó que tras perder sus fuerzas y ser arrojado al exterior de las minas de coltan, adoptó una misión: advertir a cada joven que cruzara por delante del edificio lo que podía sucederle si ingresaba: en su caso la arrogancia lo condenó, ignoró los signos y se extravió en los vericuetos de la trampa que se tendió a si mismo, para proseguir quería el equivalente a una cena, no escatimé mi óbolo y me dispuse a escuchar sentándome a su lado en el polvo de la grada vecina. Estas fueron sus palabras:

Estoy paseando en un salón enorme de paredes de protoplasma vegetal que gira en espiral, nudos marrones y cintas verdes lo atraviesan, está tachonado con negros conjuntos de pantallas circulares que simulan ejercicios coreográficos en su interior, apenas discernibles por los fogonazos plateados de los escorzos ejecutados que capta su superficie, sólo por eso era notable la sala, trate de tocarlos y la flexible epidermis registra los sensores de mi dedo pero no se abre para que pueda degustar la información acumulada en los movimientos. Tras distraerme interactuando con las figuras me coloco en postura de loto en un almohadón en lo alto de una columna, desde el cual me deleito con los cuerpos que se enraciman en las piscinas sucesivas que caen en cascada.

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Cosas de Niños, por Josef Amón-Mitrani

Cuento reproducido con la gentil  autorización del autor © (todos los derechos le pertenecen a él)

 

Cosas de Niños

Josef Amón-Mitrani   

Naturaleza muerta con verduras y fruta - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con verduras y fruta – Vincent Van Gogh

Se había quedado tanto tiempo, tanto, mirando las frutas del frutero que había decidido, así nomás, (de tanto mirar las frutas), que la vida, la vida de los hombres, no podía funcionar de la manera como había estado funcionando. Era imposible, completamente imposible, el hecho de tener que ir a la tienda y pagar (¡pagar!) para comprar una uva, una piña, una mandarina…

      Había pasado tantos días, tantos, sentado en las olas y en la olas que iban y venían como una mariposa que se ve en lo lejos de las cosas. Había pasado tantos días así que se había parado de las olas y había ido corriendo donde su padre y le había preguntado que cuánto había costado el derecho de poder sentarse y mirar las olas. Es que había podido mirar las olas durante tanto tiempo, tanto, que era un tiempo casi infinito el que le habían dado para pasar sus vacaciones en las olas. “¿cuánto pagaste, Pa?”, «¿cuánto cuesta mirar el mar?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que mirar el mar no era lo que costaba, que lo que costaba era la habitación del hotel, la comida del bufé, «el espacio- decía Pa- , lo que cuesta es el espacio desde donde se puede ver el mar tan bonito».

     Le había dado vueltas y vueltas al asunto, la cabeza hecha ladrillo y carne y sangre de tanto pensar: «El espacio». «El lugar, los lugares». «Lo que cuesta es el espacio». «El mar -pensaba y pensaba- es sólo agua. Es sólo agua grande que está. Es. Es agua que está ahí». «¿Por qué cuesta mirar el agua?. No, no, lo que cuesta es poder tener un espacio para poder mirar el agua». «¿Y las frutas?». «¿Qué pasa entonces con las frutas?».

   

    ¿Qué era lo que costaba de las uvas?, ¿acaso era el espacio para comer las uvas?, ¿no eran las uvas lo mismo que el agua?…»Papá, papá, ¿cuánto cuesta comerse una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que lo que costaba no era el comerse la piña, sino la piña misma. Le había explicado que lo que se paga es el trabajo que cuesta conseguir una piña. «¿De dónde vienen las piñas, Papá?, ¿por qué cuesta trabajo conseguir una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que la piña (ananá) viene de una linda planta que crece en la tierra, en los campos donde trabajan duro los campesinos…»¿y cuánto cuesta una planta de piñas, Papá?…No, no me respondas, Pa, creo que ya estoy aprendiendo. Lo que cuesta no es la planta, sino el espacio donde crece la planta. El lugar. Una uva, una ola, todo eso cuesta lo que cuesta un espacio, papá, ¿no es así?».

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas – Vincent Van Gogh

CRIPTO PARTY CHOCONTÁ CELEBRA A TURING (Ficciorama)

La cuadragésima novena edición del fanzine de producción quirográfica, FICCIORAMA (reproducción mecánica y de distribución repentina mensual) rindió  un pequeño homenaje a Alan Turing, un héroe criptopunk. Este número incluyó el cuento de Luis Cermeño que a continuación os compartimos:

 

El fanzine completo se puede ver acá:

 

 

CRIPTO PARTY CHOCONTÁ CELEBRA A TURING

Por Luis Cermeño

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Clifordo miró la pantalla de la laptop de Olafo, que corría en Arch Linux, y le preguntó qué carajos estaba haciendo:

– Estoy mintiendo.

Esa es una puta paradoja lógica, le reclamó Clifordo, y siguió con el reto de crear túneles seguros en OpenSSH.

Cuando perdieron el reto, ambos se fueron renegando hasta la sala de los pcs y allí empezaron a jugar frenéticamente La Batalla por Wesnoth.

Alan Turing era el homenajeado esa tarde en la Cripto Party de Chocontá. Esto significaba que por ese día terminaban los retos, la oportunidad de ganar unas buenas consolas, tomarse fotos junto las estupendas modelos de las marcas patrocinadoras, y de ganar un poco de prestigio entre la comunidad cundiboyacense de programadores y criptopunks.

Lo que seguía esa tarde en la CP serían charlas de pendejos pseudo-especialistas y uno que otro activista loco que se pusiera a reclamar por los derechos de los gays en las comunidades de redes y seguridades.

¿Comunidades?

Ríeron ambos al unísono, y tomaron sus mochilas para irse a pasear por el campo, disfrutar de las fresas de la región y darse un baño en las termales.

El sol sabanero esa tarde arreciaba las hormonas adolescentes de los programadores que se embadurnaban con el saludable lodo de las termas. Embriagados por el día, la juventud y el software, se acercaban con más confianza y se detenían más atentos al brillo de sus ojos inteligentes.

– ¿Entonces todo esto fue creado por una marica? -Preguntó Olafo

– ¿Te refieres al sol, las termales y las fresas?

– No, idiota: la informática, la criptografía y los fundamentos de la computación moderna.

– Por dos maricas, diría yo – dijo con la mano sobre la barbilla, Clifordo, que se las daba de intelectual.

– ¿Y cuál es la otra marica?

– Ludwing Wittgenstein, el más grande filósofo de todos los tiempos.

– No entiendo qué tiene que ver ese con Turing. Bueno, tampoco sé quién era ese Bit Einstein y qué tiene que ver un filósofo con los elegantes algoritmos de la computación.

– Era también marica, a saber.

– Comprendo, pero ¿qué tiene que ver Einstein con Turing?

– Einstein NO, marica: Wittgenstein, Bit Gen Stein.

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Microficción aeropagita

Ganador del I concurso de cuento ciudad de Chinacota, 2042.

CONFESIONES DE MESA

(CUENTO COSTUMBRISTA ANÓNIMO) 

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En esta noche de arreboles, sucedió lo que a continuación referimos:

 

Estaba Peruchi Lozano en la mesa, departiendo una cena con mami.

Mami pregunta:

– Oiga mijito, ¿por qué a ustedes todas las mujeres lo dejan?

– Ay mami, es que aquí entre nos, yo no sé hacer el amor. ¿Me enseña?

– Listo, papito. Pero no vaya a imaginar que lo voy a hacer con usted, porque eso sería un incesto que ni Dios perdonaría, ni con su papá.

– ¿Por qué no con papi?

– A ese señor se le parará primero el corazón que el pinguoñoño.

– ¿Y entonces, cómo aprenderé?

– Yo tengo un potro de treinta años que me le monto todos los días. Usted es solo un poco menor que él. Pero mijo, tiene que cuidarse, porque mire ese barrigonón que tiene. En cambio él, es una tablita. Duro y plano. Y si le digo duro es porque es bien duro.

-Pero ¿no te da remordimiento hacerle eso a papi?

– Si su papi también tiene un amante.

– ¿Quién es? Me imagino que una mujerzota.

– Nada de eso, sospecho que es el mismo que yo me como, pero ninguno de los dos se atreve a decírmelo. Lo pasaríamos rico los tres. Imagínese a ese muchacho haciéndonos  la puntada del sastre.

FIN.

Solitario en Transición o el Imperio ya no las tiene todas consigo (nueva versión)

Solitario en Transición o el Imperio ya no las tiene todas consigo*

Este relato ya había sido publicado previamente en Mil Inviernos (versión anterior: Solitario en Transición), ahora lo publicamos  en una nueva versión, cedida generosamente por su autor.   Luís Antonio Bolaños De La Cruz British Troops March To Trenches, World War I

Este relato funciona como un alegato antibélico y conector entre varios de los ya publicados (o por publicarse) de la Saga del Imperio Decadente (cualquier semejanza con USA es deliberada), así uno de los reclutados conocerá a un discípulo del piloto poeta con que se inicia la serie, y además se dibujarán las pautas que conectan a “Inconquistable” con “El canto del androide” o a “Pilgors o Rancors” con “El Ültimo Czarniano”; es evidente que siembro referencias a Iain Banks (a quien rindo homenaje por su gran obra), que mezclo el ciberpunk con la Hard SF, que trato de mantener un andamiaje humanista y le coloco pegatinas con slogans políticas, en fin que ejerzo un sincero strip tease a fin de recuperar esa piel desnuda del género que lo identifica, pero culmino hesitando y creyendo que las huellas deben bastarnos para persistir (Primera versión publicada en el fanzine impreso “El Horla 04” Diciembre 2011).

Combate Mientras el viento arroja partículas de sílice contra mis campos aislantes, los microtúbulos cerebrales aún no se recuperan de la conmoción, es cierto que la ráfaga de energía apenas si rozó el yelmo, pero siento que los efectos acumulados potencian la ola de fatiga que amenaza con sumergirme. En la incinsciencia

Atrás, en la memoria temporal, quedan los pantallazos que muestran a/de los miembros de la patrulla caídos, ahora subsisto como su representante de misión y no se me ocurre de que manera coronarla, en ocasiones el camuflaje de mi loriga de escamas ganoideas vibra y centellea por los desperfectos, propiciando que cualquier cazareflejos sobrevolando el campo de enfrentamiento me ubique y advierta a un tiroteador que enfile su batería automática -o peor aún a un trooper- contra las coordenadas topadas en su visor.

El cansancio me atosiga y me auto-convenzo que no sucederá evento aciago alguno si me acurruco contra la ladera por un ratito. Doblo las bisagras y me arrodillo antes de rodar, exhalo un suspiro que lleva carga diversa y me dispongo a olvidarme de lo ocurrido, pero ¿como lograrlo?. si mis neuronas excitadas se encargan una y otra vez de repetir las secuencias destructivas sin que los neurotranquilizadores logren aislarlas y reducirlas a pinceladas abstractas casi ininteligibles.

Comprendo que en el aire también deben haber sembrado anuladores, pero como íbamos a saber que aquellos salvajes disfrutarían de tanta tecnología y supieran usarla. Los energizantes y potenciadores que sueltan mis nanoimplantes en el aparato sanguíneo crean una capa de euforia sobre la retentiva reciente y por breves momentos parece que voy a lograr remontar la caída, pero el agotamiento puede más, me descuido y duermo hundido en el fango del talud, presagio a lo lejos, como si le sucediera a otro cuerpo y estuviera contemplándolo desde afuera y preferible desde otra dimensión, al barro que se desliza sobre la armadura cubriéndola, me relajo, creo que me camuflara y me duermo.

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España, cáliz eterno. Por: Luis Bolaños

España, cáliz eterno

Luis Antonio Bolaños De La Cruz

He querido rendir un breve y tardío homenaje a tanto(a)s combatientes republicanos que siento fraterno(a)s y cercan(a)s, el pasado no puede cambiarse, pero podemos con nuestro género soñar por un momento con circunstancias distintas, motivo por el cual elegí una persona cuya vida me impresionó cuando la leí, lo demás fue fácil, aquí el resultado

Rosario Sánchez Mora "la dinamitera".

Rosario Sánchez Mora «la dinamitera».

Me preguntas ¿qué propósito oculta esa mano momificada sobre el ordenador? Te contaré un fragmento biográfico para explicarlo:

Cuando por fin quedo lista la Máquina Temporal que solo pudo usarse una vez, ya que las ecuaciones señalaban la pérdida de algunos gramos en nuestra dimensión para la transición perfecta a cambio de algunos gramos de allá para que fuera perfecta.

Recuerdo que me preguntaron, cómo su inventor, si en mis reflexiones había seleccionado qué momento de la historia quería visitar para torcer los acontecimientos y mejorar la vida terrible que llevábamos cargados con los errores cometidos y las vilezas practicadas a través de los siglos, con un planeta agonizante y hordas asesinas que recorrían cada paraje para sobrevivir aniquilando. Proferí en seguida: España 1936, y argumente que si deteníamos a Franco las fuerzas del mal tendrían que poner sus barbas en remojo y el mundo florecería distinto; yo mismo viajaría porque mi condición física era cercana a la perfección.

Y si me interrogaban sobre el instante preciso de la intervención, lo tenía también. Sería en el frente de Somosierra, cuando trascurrían los primeros días de la guerra civil; las tropas de Franco asediaban Madrid y ambos contendientes sabían que sería una batalla decisiva; miles de jóvenes españoles ponían sus existencias a disposición de la república, para defenderla y así salvaguardar al mundo de las vicisitudes que lo asolarían si el fascismo conseguía sus propósitos, mozos y mozas marchaban a las trincheras con la convicción de ser representantes de la propia humanidad, destinados a impedir el horrible plan de aniquilación y muerte que pretendían los golpistas y sus aliados nazis y facistas.

Finalmente, la persona sobre la cual giraría el Pilar de Jonbur para evitar la hecatombe civilizatoria, prosperaría en el cuerpo de Rosario Sánchez Mora, la “Dinamitera”; el plan era simple: nos obligaba a impedir que lanzara la bomba que al estallar le arrancó la mano, o por lo menos que no le explotara al lanzarla, pero la correspondencia entre tiempo y materia implicada debería respetarse y conservar su paridad entrópica y poética, ya que tampoco podían perderse las estrofas de Miguel Hernández dedicadas a la guerrera, y por lo tanto ni la mano permanecer pegada en su antebrazo; en ese punto ingresaba yo, así que tras intervenir y salvarla de la deflagración, la atacaba disfrazado de moro, ataviado con un uniforme de las tropas africanas y se la cortaba antes de ingresar al vórtice que me devolvería a mi época (eso si tras dejar representados en un trozo de carne extraída de nuestras cubas de proteìnas, los gramos correspondientes a su mano).

Rosario sin duda era valerosa y peleó duro, me costó cumplir con mi tarea pero lo que no podía imaginar era que faltaría peso (o sobraría que más da) para que funcionara el equilibrio entre las puertas temporales y que esos gramos que provocaron el desbarajuste me lo cobrarían a mí, por ese motivo la mano está agarrotada, porque en su puño quedaron apretados mis testículos y la Máquina Temporal no se pudo utilizar otra vez.

¿… Bufonírico? Por: Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Luís Bolaños es el secreto mejor guardado de la ciencia ficción colombiana; incansable divulgador del género y un encomiable escritor.

Hoy compartimos su cuento:

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¿… Bufonírico?

Luís Antonio Bolaños De La Cruz

El origen de esta minificción es un sueño (25.09.13), lo he transcrito casi igual a como lo recuerdo, excepto el final que quizás por la incomodidad de lo que sucedía omití cuando lo relaté en la reunión mensual de Coyllur, ya enfrentado al teclado surgió de inmediato la necesidad de transcribirlo, pero no cabe duda sobre la influencia lovecraftiana, el juego entre el nombre científico y la comedia… y su relación con mi anterior relato “Opciones de Everett”.

Thor & Lupo Asociados (un amigo desde la infancia y yo conformamos todo el equipo) ha tenido la suerte en medio de esta crisis desenfrenada de acceder a dos consultorías.

En la primera debemos identificar en una serie interminable de embalajes casi idénticos guardados en un colosal galpón, aquellos referidos a un tema específico que desconocemos pero podemos reconocer -por las orientaciones impartidas por los contratantes- y fichar por encontrarse ilustrado mediante ideogramas azulados, los cuales aparecen sobre su superficie y se mueven hacia zonas donde no podemos observarlos, su presencia dura un lapso, así que nos quedamos a ver cuando regresan hasta clasificarlos; a medida que lo logramos, los organizamos, empujamos, apilamos y jadeamos, me recuerda mucho al tetris pero sin su precisión obsesiva. No obstante, debemos finalizar en un sólo día, ya que existen otros turnos, quizás tres, solucionando su propio incógnita, que descolocan lo que ya habíamos conseguido, lo cual comprobamos al retornar cada mañana.

La tarea incomprensible y hasta caótica se relaciona, en cierta forma quizás elusiva. con la segunda consultoría, donde realizamos entrevistas a una serie de personas que observaron un OVNI, y tenemos que dilucidar -como si se tratara de un EIA- cuanto ha influido su presencia en el entorno (lo cual nos permite deducir que nadie duda del suceso, tanto que se está midiendo su impacto). Sospechamos que al igual que ocurre en el galpón, hay otros grupos realizando la misma tarea para después comparar, rescatar y completar información tabulable y confirmada dos veces por lo menos.

Las primeras preguntas de los interrogatorios las propongo yo, Thor continúa, suelo cabecear mientras tanto y me extravío, ya que no capto de manera adecuada las respuestas y suelo fabular y ensoñar monstruos. Con frecuencia me sacude y musita ¡Lupo, atento!.

La campiña donde buscamos, identificamos y conversamos con las personas designadas es bonita y plácida, pero hay un vallecito casi al centro que por alguna razón no recibe suficiente luz solar, siempre que nos retiramos (se nos ha ordenado que nos alejemos al oscurecer) nos paramos en el borde, contemplamos las sombras que se congregan en el prado central, cual si una membrana opaca lo ocultara y ambos sufrimos repeluznos antes de proseguir nuestro camino hacia la ciudad.

Por fin tras casi una quincena de esfuerzos, al arribar al depósito comprobamos que nuestra pila no ha sufrido cambios y que las otras tres secciones han liquidado su tarea por el orden que reina; nos alegramos pero al mismo tiempo nos inquietamos porque sospechamos que hoy si podremos bajar al vallecito; un aroma a destino nos envuelve mientras vamos saltando de piedra en piedra por el sendero trazado en la ladera, casi sin percatarnos arribamos a la explanada, siento en el rostro y manos una sensación pegajosa y asimismo áspera que por un instante me ciega, y luego la sorpresa nos sacude: un ET colosal rosa y malva, semejante a un sapo lustroso de enormes nalgas nos espera, sus ojos sin pupila hipnotizan, la punta de una lengua que deducimos poderosa y larguísima se asoma por su hendidura bucal sin labios, incluso adivinamos que nos contrataron para que sirviéramos de alimento cuando la desenrolle.

Ciencia Ficción, por Josef Amón-Mitrani

For art to exist, for any sort of aesthetic activity to exist, a certain physiological precondition is indispensable: intoxication.

Fotografía por: Luciana Marti ©

 

CIENCIA FICCIÓN

Alexandra, Alex, ese lindo y emborrachado y (ya) viejo personaje que voy a narrar en la tercera persona del singular, recordó que antes, mucho antes, no había problema con eso de comprar una botellita de aguardiente, un par de jamones y llevarse el mercado para el cuarto y comer y tomar y escuchar las músicas de David Bowie en el discurrir de las comidas y las bebidas y la hamaca y las músicas de David Bowie. Recordó que antes, mucho antes, el mundo no era más feliz (siempre supo que “La Felicidad” no era más que una idea estúpida que regulaba el andar de lo cotidiano). Pero, eso sí, recordó que antes, mucho antes, la vida era más tranquila: había menos máquina, menos prosopopeya. “Cuando tenía mi banda de punk y mi libretica de apuntes –se decía a sí misma– lo dejaban a uno con su jamón y su aguardientico y su rock and roll. Lo dejaban a uno con la tranquilidad esa que produce el fracaso”.

Antes, mucho antes, Alexandra leía a Bradbury con risita. Con esa risita que saca la ciencia ficción: “Ja, qué locurita esa. Ja, ja”. Pasaba algo raro ahí: sentía esa angustia extraña de la ciencia, de la ficción, de lo futuro; pero siempre, casi siempre, sabía que era sólo ficción, que era sólo ciencia ficción. Y terminaba el libro y lo cerraba y lo dejaba en la mesita de noche y miraba pal techo y ahí venía el “Ja, qué locurita esa. Ja, ja”… Y Alex recuerda (hoy) esa risita y trata de meterse en ese cuerpo lejano (de niña linda del pasado) que leía a Bradbury con ese sarcasmo y esa risita y, como hablándole a un amigo imaginario, mira su cuarto lleno de cámaras y de pantallas y se dice a sí misma: “si yo hubiera sabido que hoy no puedo comprar mi aguardientico y mi jamón, y que no puedo escuchar mis músicas de David Bowie en esa hamaca que antes, mucho antes, colgaba en la esquina de mi cuarto, jamás…Óigase bien: JAMÁS me hubiera reído de la ciencia ficción”.

…Ese había sido un día malo para Alexandra. La verdad es que no siempre pensaba así.

JOSEF AMÓN-MITRANI

 

Centro comunitario Ratzinger (Héroes Decadentes – FVR)

Héroes decadentes

 Francesco Giuseppe Vitola Rognini

Hoy presentamos:

CENTRO COMUNITARIO RATZINGER: 

centro comunitario...

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

En el periódico anunciaron la inauguración del centro comunitario con varios días de anticipación, los suficientes para solicitar un pase de prensa. Lo llamativo del asunto era que como centro comunitario construido por la iglesia católica revolucionaría el concepto de ayuda al prójimo. Eso decían los comunicados de prensa que repartieron a los medios.

Yo estaba respaldado por un canal de noticias en Internet, así que no hubo problema para entrar. Reportería en la era digital: más efectiva que la radio, la televisión y la prensa.

El lugar estaba construido en medio de vegetación densa. Tenía por sonido ambiente el canto simultáneo de millones de insectos, un zumbido agudo que daba la sensación de desamparo, de soledad absoluta. A medida que nos íbamos acercando se veían mejor los detalles de la construcción: una fachada bien lograda y la parte posterior aún inconclusa. A los enviados por otros medios ni se les pasaba por la cabeza comentarlo. Llegaron directo a la carpa de prensa, a beber gratis, a comer pastelitos de carne, empanaditas de pollo y deditos de queso. Parecían refugiados de guerra o pordioseros muertos de hambre. Se codeaban para ganar espacio, se miraban con rabia a pocos centímetros, habían perdido completamente la compostura. Los que organizaban la rueda de prensa sonreían.

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