Parejos de la Noche Cuántica. Cuento de Luis Bolaños

Parejos de la Noche Cuántica

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Muchos de mis relatos están dedicados a exorcizar a la más vasta tiranía galáctica: el Imperio Decadente. Este también se ubica en ese ámbito ya reconocido y recorrido, con la intención de brindar merced a conjeturas sociológicas y especulaciones sobre los avances científicos, una explicación de tantas sobre ciertas costumbres cotidianas, incluyendo la sexualidad. Sturgeon, Silverberg, Varley, Brin y muchos otros abordaron el tema, a sus textos he arrimado mi caletre; para nada son responsables de lo proferido a continuación.

 

Santuario: Se decía que Refugio consistía en los restos de una pavesa, en algún momento galaxia frustrada, con cientos de estrellas cercanas a algunas semanas o meses luz de distancia unas de otras e influyéndose en reciprocidad, que quedaron aisladas cuando un agujero negro muy masivo absorbió casi toda la materia existente en el entorno, aceleró alejándose y dejo esos residuos y escombros rodeados por un par de nubes de fragmentos que orbitaban en los confines lanzando cometas por miles (se comenta que los cielos de Refugio refulgen y en él se se forjan joyas siderales y se trazan encajes luminosos dignos de admirarse, registrar y coleccionar). Aunque al interior de uno de los brazos espirales se encuentra a suficiente distancia del centro de la galaxia para que la serenidad y la estabilidad caractericen las relaciones entre sus planetas y lunas. Sin embargo, por su disposición ramificada y densa se tornó durante los grandes combates contra el imperio teatro de acechanzas y encerronas que se convertían en emboscadas, estratagemas y celadas con su correspondiente hemorragia para ambos bandos, a partir de la expulsión de los imperiales de Refugio cristalizó la decadencia que ya estaban sufriendo en esa vasta zona del brazo. Uno de sus episodios postreros aparece recogido o reflejado en esta breve remembranza.

Vodevil: Si algo distinguía a los “smorrs” era su permanente jolgorio, su consigna era “Lo único que los “smorrs nos tomamos en serio es la alegría”; constituían una tropa de nómadas con varias flotas que nunca fueron sometidas de manera total por el imperio, sobre todo por que sus latrocinios eran acotados y dirigidos contra piratas y similares, constituyendo una suerte de vigilantes justicieros secundarios de costumbres muy abiertas, que además de limpieza social entregaban espectáculos, carcajadas y mercancías casi siempre baratas o raras y manejaban un trío de aún más extrañas técnicas:

a. que les permitía viajar veloces con métodos alternativos a los usuales (Como la luz interactúa consigo misma a alta energía, las naves lanzan un rayo de iones pesados sobre los cuales han practicado el ejercicio de Aspect-Bell, los que parten primero servirán de autopista y a su trayectoria le disparan los pares abandonados mediante láseres potentes que se enganchan a los fotones hermanos del haz y juntos jalan la embarcación una y otra vez, al inicio el incremento es infinitesimal y el aumento de velocidad nulo, pero la insistencia y la resonancia cuántica triunfan donde la economía abandona el acto),

b. domesticar animales imposibles (amaestraron una especie de Caerostris, que no sólo tejían una red fortísima que permitía recubrir las armaduras individuales para la batalla, y además revestir y envolver el propio fuselaje del navío, sino que poseían empatía, gracias a los lazos creados entre cuidadores y cuidadas se guiaba su producción hacia el arte, de allí los diseños extraños y las cortinas de seda -que abundaban por doquier en pasillos o salas- o hacia la diversión, como cuerdas pegajosas que sólo sueltan a los encordelados a una orden de los domeñadores. Podían tener sus nidos en cualquier parte y se manejaban con un cierto grado de autonomía (ejerciendo labores quizás peligrosas) y

c. levantar estatuas de láminas acuosas (Paciencia y tiempo eran dilatados y casi interminables en sus periplos, dedicarse a manipular agua adicionando diversas moléculas les llevo a resultados en algunos casos sorprendentes, uno de los más reconocidos fue el de las láminas embolsadas en redecillas transparentes y habitadas por colonias de microorganismos que responden a ciertos estímulos casi como conversando, para montarlas se requiere un experto que con la fuerza y presión adecuadas las va armando hasta obtener el resultado previsto, fácil surge relacionarlo con una cierta magia).

Además cuando los trataban con soberbia o desprecio recurrían a algo que denominaban la “gimnasia de lo efímero” generando hordas de muñecos muy baratos repletos de circuitería y mañas que ejecutaban rutinas en apariencia imposibles copando el mercado, después de vendidos en ingentes cantidades (por su precio tentador) se marchaban y los exquisitos juguetes dejaban de funcionar ya que el diseño incluía una ligazón con los biorritmos de sus inventores y una vez que las naves “smorrs” se alejaban se convertían en un montón de inútiles desperdicios que emitían como una única acción una corrosiva carcajada. La muerte -a diferencia de los aparatos represores para quienes era una “forma de control social”- era tan sólo un suceso caracterizado por “ausencia crónica de adiestramiento”.

Talante: Escurridizos y magníficos exploradores con la osadía suficiente para fintar y acertar y con la fiereza para sostener sus jugadas. Intuitivos con un alto porcentaje de acierto, Refugio siempre lo era y lo había sido para ellos y al reproducir su existencia como espaciales –nunca les aplicaron las medidas restrictivas de las cuales tuvimos que liberarnos los planetarios como los nanochips imperiales que interferían con nuestras reflexiones, pensamientos y enlaces neuronales aniquilando ideas, sueños y propuestas que rebasaran los checks colocados en las circunvoluciones cerebrales– su autonomía les permitió elegir enemigo cuando los represores llegaron a por nosotros. Los rebeldes por esculpir seres originales rechazábamos la tendencia imperial a modelar masas de individuos caracterizados por compartir esquemas de comportamientos similares y controlables (en la práctica podríamos afirmar que se aproxima a una relativa idiotización, la cual persigue, aniquilar la voluntad y mantener por otra parte, la estabilidad. Por tal motivo congeniamos en seguida con los “smorrs”.

Go to Ego: Sobre mi: stricto sensu no clasifico como humano, cuando la guerra se expandió la clonación a partir de guerreros modelo había sido la técnica preferida para abastecer de soldados las tropas, la vorágine que nos envolvía iba devorando cada aspecto incorporado, lo que motivo a los maniobradores tácticos a medida que la rebelión crecía a eliminar restricciones y arrojar a las llamas de los combates a las personas reales sin cuerpos de respaldo, la rapidez con que se consumían ejércitos, flotas y planetas obligó además a confeccionar pseudohumanos y similares y a reclutar o alquilar voluntarios y/o mercenarios de otras especies para cubrir las bajas; los intentos de acotar por homogeneidad o de uniformizar los grupos de combatientes fracasaron y la fluidez requerida para reemplazar a los desaparecidos culminó al constituirse las unidades militares como un auténtico mosaico representativo de las humanidades y las demás especies que cohabitan con nosotros el espacio galáctico comprobado; sin embargo se mantuvieron los condicionamientos que se anclaban en las jerarquías y la pirámide de mando. Los rebeldes marchamos en dirección opuesta, era una aventura épica entre iguales, así que las orgías semanales o diarias según decidiera cada colectividad bélica constituían la más requerida forma de socialización fraterna y gozosa, que en simultánea era categoría taxonómica para identificar procesos globales de placer y figura geométrica que expresaba la participación total de los miembros de dichas guarniciones. Comprendimos que el abordaje del tema sexual era la llave para la libertad y que el placer derivado de su práctica era fuerza cohesionante y renovadora.

Logramos lo que se juzgaría como imposible: MANTENERNOS vibrantes con el significado de que el esplendor alcanzado no se marchitaría, seguiríamos bellos e inteligentes de una manera divergente: no ligados a la servidumbre del imperio sino extraños y fundidos al destino de las humanidades anidadas en la galaxia, somos como gemas tan perfectas que devenimos invisibles para el aparato opresor, y tal masa de seres conscientes jamás existió y esa era la eclosión de guapeza, serenidad y creatividad que nos caracterizaba: lo que a sangre y fuego apuntó a impedir el imperio recurriendo al control extremo de nuestras mentes con microchips instalados desde el nacimiento, o cuando nos extraen de las piscinas de cuerpos o nos activan para servir; el despliegue de la rebelión indica que han fracasado.

Habitat: Las orgías se erigían entonces cual uno de los momentos máximos de socialización de las tripulaciones, de comunicación y convivencia, igual que las comilonas o las representaciones teatrales o artísticas, pero en las orgías demostrábamos cuan polimorfos eramos en realidad, la heterosexualidad o la homosexualidad ni se practican con exclusividad ni exponían paradigmas propuestos como alternativas para parejas, parejos o grupos; las orgías exhiben codificaciones y plasman algoritmos que desnudan aquellas pautas donde se manifiestan lo diverso y lo complejo que podemos ser, ejemplifica estilos y conductas que rompen con los esquemas secos y momificados que el poder se esforzó por imponernos, no existe entonces preocupación por aparecer como varoniles o femeniles, estilamos sucesivas máscaras según las circunstancias o deseos van adviniendo, las cuales afloran dedicadas a gozar y adoptar actividades creativas o de servicio; la sexualidad con sus dinámicas, rellena y estimula lo cotidiano concediendo sentido, lubricando engorros y disolviendo contiendas. Tampoco competimos en la palestra de la afectividad  con los ritualizados bosquejos que representan una copia fallida del periclitado modelo heterosexual, esa praxis nos conlleva a confrontar mitos y prejuicios sobre la masculinidad y la feminidad, sobre uniones “distintas”, sobre neo modelos de convivencia, de amor y comunicación, otras formas de “estar” en la vida. Por eso en nuestras flotas la mujer ha dejado de ser etérea, participa a “vela solar desplegada” y con vigor, se ha logrado así la equidad con la concreción de la libertad sexual, en las armadas de los rebeldes y sus aliados.

Epifanía: La primera ocasión que me tropecé con Flinch fue durante la visita que realizamos para sellar la alianza pactada en el “orgísalón” de su nave almiranta, de mirarnos transitamos a agarrarnos y acariciarnos, a mirarnos y conversar con intensidad, a vernos sin velos y a gozar de nuestros cuerpos; más tarde comprendí que le sedujo mi espontaneidad, por lo menos la que yacía tras los rituales con que revestíamos el flujo sensoreoformal comunitario de nuestra nave; por ejemplo con frecuencia iniciábamos con masturbaciones: las mujeres se acostaban en el cuenco y se frotaban y magreaban unas a otras mientras los hombres desde el borde hacíamos barra y claque y nos sacudíamos las vergas tratando de acertarle a alguna con el chorro de esperma, los “smorrs” siempre elegían música vivaz, rítmica y sensual y en una melé espiralada se arracimaban y apretujaban largo rato antes de elegir pareja o parejo, o formar tríos o cadenas. Esa noche descubrí que saltando las barreras psicogrupales de a dos se puede ir a cualquier lugar. Por eso terminamos embarcados en sendas “graves” (navecilla unipersonal que es apenas una burbuja tensada alrededor de un potente campo quasimagimagnético) y nos dirigimos a “Orificio Insaciable en Racconto”, la nave-bar por excelencia de los “smorrs”.

El bar destacaba por su legión de exóticas importaciones destinada a brindar compañía introducidas de por lo menos una decena larga de sistemas y por sus pianos líquidos con un borde agujereado para el rebose cuando la sonata se pone candente, fijación geomagnética de las columnas de autoservicio con anclas metalopétreas para que reciban pedidos a cualquier distancia, y teclado sincronizado tanto electrónico como por presión directa para las actuaciones presenciales.

Cada módulo de encuentro regido por sartas de esferas que surgían del centro y se deslizaban hasta su enganche en la bóveda pintarrajeada con fieras e insectos llevando y trayendo información de diversas variables (tipo de bebida, ingredientes, porcentajes de estimulantes o depresores, condimentos o saborizantes, color del brebaje, partículas flotantes, montantes, visualizaciones del personal indicando disponibilidad o tiempo de espera, dosis ideales de nutrientes a consumir para obtener “encendidos” orgasmos, etc.)

Dos palestras contenidas por campos de fuerza y sensores de espesor molecular que funciona como una ampolla siempreviva de superficies auto limpiables lo cual permite al mirar -con los lentes adjuntos a los módulos- aumentos segmentados, detallados o totales de lo que sucede en el ring, además equidistantes de los óvalos inmensos que se cruzan en las escalinatas de ingreso y que le proporcionan al local forma de ocho con doble barra, correspondientes a ambos fondos. Esa “noche” descubrimos que eramos tan compatibles que la dicha rondaba la cifra mayúscula cuando sentíamos al otro en nuestro intestino penetrando con cadencia rítmica y entusiasmo redoblado, sensación que se expandió al foguearnos en una figura de seis: mientras lo embutíamos a un par de suculentas zagalas de protuberantes tafanarios y recibíamos entusiastas embestidas de un par de mozalbetes nos besamos y en el entrelazar de lenguas estalló la chispa y alcanzamos un clímax simultáneo; si la relación no fuera tan reciente esa emoción se podría confundir fácilmente con la felicidad, como comprobamos luego que en efecto así era, al calor de los combates.

Nuestra unión fundada al inicio en la sensualidad pronto se infiltro en otras dimensiones, se ramifico y complejizó, de ser un clon y un smorr, en cierta forma marginales en la represora sociedad imperial, pasamos a ejemplificar una de las tantas maneras donde en el campo rebelde se robustecían nuestras existencias como seres libres, gracias a las posibilidades que se abrían como consecuencia de la insurrección. Como nos decíamos “el secreto de la dicha de una pareja consiste en combatir y acribillar juntos a los imperiales” mientras reíamos, tratábamos de salir de patrulla juntos cada vez que se armaban los roles de tareas. Comíamos, paseábamos y nos escribíamos poemas del tipo:

Llevo la huella de tu silueta en la retina

obtura mi mirada

y aún errante te identifico por doquier

eres una voz que se repite hasta acallar las sombras y disolver las luces

y en ausencia reinas silente y solitaria en las vastas salas de mi memoria

Aunque salpicado de presagio reitero que los armábamos para divertirnos y apabullarnos a versos mientras explorábamos el laberinto ávido del árbol del deseo y nos sumergíamos en el manantial del gozo.

Brega: El cuadro de tiempo lo desplegamos de tal manera que coincidiéramos en la mayor cantidad de ocasiones por lo cual nos desplazábamos constantemente entre “Versión desteñida de un arácnido” y “Ave que pesca al vuelo”, no obstante las permanentes escaramuzas quebraban lo planificado e interrumpían nuestros encuentros, problema que amplificado afectaba a multitud de tripulantes en circunstancias análogas a las nuestras. Para integrarnos con eficacia, los comandantes decidieron intercambiar tripulantes según empatías mientras duraran las operaciones. Me ofrecí de voluntario enseguida para integrarme a “Versión desteñida de un arácnido” (la de Flinch). Tras una etapa de movimientos e interacciones veloces caracterizada por feroces choques en los que con asiduidad obtuvimos victorias y ventajas, pudimos retornar al entorno íntimo de la zona de Refugio donde nos concentrábamos, sorteando a través de múltiples peligros, fintas y embelecos la mantención de las líneas y rutas. Después ingresamos a un período de consolidación y control territorial, ya que puedes adueñarte de enormes volúmenes del plano de la eclíptica de un sistema planetario pero para ejercer poder real hay que caer por sus pozos de gravedad y enfrentarte con sus defensores en tierra si quieres usufructuar gracias a tus esfuerzos marciales de la riqueza de sus recursos, quizás puedes destruirlos con superarmas desde fuera de la atmósfera, pero eso te deja con un círculo de acreción de polvo y fragmentos transitorio sin masa central ni algo aprovechable que se disolverá bajo la influencia de los tirones estelares. El Imperio necesita la gente y los planetas para imponer su dominio, los insurrectos requerimos de nuestra libertad para expresarnos en armonía con otros y construir alternativas al pavoroso grisor con que teñían los represores la realidad.

Descansando en hamacas frente a una enorme claraboya tras retornar de una incursión exitosa conversamos sobre la historia de su hermandad:

-¿Cómo llegaron los “smorrs” a constituirse en el fiel de la balanza, en el mejor aliado que podían conseguir los rebeldes?- Le pregunté

-Hay que hablar, de su naturaleza nómada y jocosa y enfocar el asunto de manera multidimensional, pero en una sola palabra, diría “cultura”, en una situación en que para subsistir adecuadamente como colectivos interrelacionados debíamos encontrarnos en posesión de una ingente cantidad de datos y conocimientos, que arribaban de diversas maneras, aprendidos en los viajes y moldeados por la experiencia, arrancados de textos científicos, destilados de la química, la física, la sociología, la astronomía, la arqueología, la lingüística, la biología, saqueados del ramaje del saber humano en evolución, todo lo cual bañaba el comportamiento, sutil o descaradas, pero con frecuencia ameno, según la técnica asumida en la interconexión con los interlocutores y en sus relaciones-

-¿Que lógica los animaba?- continué.

-Estudiando y experimentando aprendimos algo crucial: “Nunca regirnos por normas, esas sirven sólo cuando se da un salto de una estructura socioeconómica a otra”, y mejor desplegar varias líneas de acción en simultánea y recurrir a una caja de ideas que se actualizaba a diario para la red que nos comunicaba, ya que no es faena fácil recrear unas normas complejas sobre las que apoyarnos para sentar las bases de una Federación de Flotillas, nada más alejado de un  Imperio Decadente-

-¿Puedes explicarme los sentimientos que los motivaban?- Insistí.

-Idear o concebir el motor que origina las acciones de los “smorrs” en configuración verosímil fácil de transmitir es tarea ardua para cualquiera y no estoy seguro de poder hacerlo. Quizás sus fases han consistido en crear un conjunto de ecosistemas móviles entrelazados y codependientes pero que funciona como un mundo completo e íntegro, nos ejercitamos en la “extrañeza” al situarnos ante un panorama siempre nuevo, donde no identificamos patrones sino que debíamos inventarlos y construirlos, capa tras capa, jornada tras jornada, adicionando elementos, rearmando los ya usados, reventando los límites de nuestras esferas de vida en teoría para debatir cambios a introducir y mejorar la fluidez y la potencia de sus partes y artefactos: piedra y tendón, metal y proteína, música y espuma, o sea incluir la danza aún imperfecta de las transformaciones con la seguridad que alguien visualizaría las salidas en caso de urgencia-

-Quedo insatisfecho. Acepto ampliaciones-, hesité

-Era algo así como situarnos en un tinglado de resonancias climáticas, en un cocrecer con faunas inéditas, en ramificar las floras más inauditas y sobre todo imaginar un conglomerado con identidad e irle otorgando ciertas características y costumbres, por más que no duraran, y en esa turbamulta enarbolar una espiritualidad y una orientación concreta, que aunque efímeros proporcionarán los asideros para trepar por el vacío, que colocarán las baldosas deslizantes para cruzar el abismo, lo que las ligaba como experiencias previas pero concluyentes para transitar a ofertar efervescentes protomoldeados de religión y gobierno que atraigan a quienes visitamos y se protegen con dichos constructos pero deben comerciar con nosotros. Y finalmente conseguir que tan frágil tinglado, resuene armónico y con sentido.

-Tengo la impresión de que alabas el método para justificarlos a ustedes en cada mínimo latrocinio o diminuta arana que hayan cometido- concluí.

-Que va, no suena a alabanza, ya que incluye a unos y otros, no separa sino que une a propios y extraños y a todos y todas convierte en autoeditores de nuestras derivas biográficas-

-Entonces supones que el universo no sólo es gramatical para poder ser leído e interpretado, sino coherente mientras se va despeñando hacia la nada para realizarlo con elegancia y belleza-.

-Ja, ja, quizá podría hablar del lector del poema universal y del científico que diseña la trama donde se ejecuta, señalando las exigencias que requiere tal ejercicio, es un esfuerzo en el negror del vacío que supera la molicie de quedarse abajo en el pozo de gravedad y dejar que las fuerzas gravitatorias decidan en la mayoría de ocasiones. Demuestro así con mi discurso que no somos escapistas, sólo una respuesta alegre a un interrogante esencial; ni mejor ni peor pero distinto, insistiré en que ese escapismo se presenta con frecuencia en quienes moran en la superficie de los planetas; por eso al ser móviles las flotas rebeldes han arribado a conclusiones similares aunque no exactas a las nuestras y por eso franqueamos con facilidad el proceso de la alianza; para ambos organismos lo cotidiano es comprendido sin olvidar su complejidad, y no tratamos de convertir a nuestras naves en “pequeños planetas”, creo que implanta una plataforma de contacto y trabajo sólida a más no poder, con aportes novedosos e inéditos, y asimila lo tradicional sin quebrarlo. Mientras nos desplazamos sumergidos en el hipertiempo de las velocidades FTL lo digerimos mientras lo vemos desfilar frente a nosotros, morar un planeta es sujetarse a su tiempo y morir con él. Nosotros lecto-científicos preocupados por un tiempo peculiar sacudido por la relatividad y sus simultáneas manifestaciones contradictorias, danzamos con lo que resulta y no evitamos los interrogantes fundamentales, flotando en las descripciones y en el tamiz de bits, como suele ocurrirles a los “marineros sin destino” que tripulan los bajeles imperiales y son sacudidos por tentaciones  de control y aberraciones muy gaseosas pero incitadoras, que terminan por demoler sus defensas psíquicas y los cuelgan en la sopa primordial de la infosfera aferrados a las normas y jerarquías en la inanidad, lo cual contribuye a desgarrarlos, lo sabemos por el altísimo porcentaje de tripulantes afectados-

Flinch subrayó que “no equivoco mi ruta porque viajo por cariño al vacío y los movimientos y crujidos de la nave” y así brotan “mecanismos y procedimientos sustentados en probabilidades quizás infinitas”. Eran poderosos argumentos para desembrollar lo que les ocurría a los imperiales. Se sentían derrotados y peleaban con fiereza, pero su deseo de venganza siempre les enredaba en acciones punitivas que desde el punto de vista táctico eran innecesarias, aún no podían creer que la gente prefería la libertad a su diseño tutelado y semiesclavizante, lo que los conducía a callejones sin salida y les provocaba pérdidas adicionales.

Decidieron que uno de esos lugares a castigar sería el planetoide donde los “Smorrs” acumulaban sus mercancías y vituallas. Nos preparamos y combinamos equipos de respuesta. Seleccionadas las personas que fortalecerían a la guarnición nos encontramos encuadrados en uno de sus pelotones y justo a una de sus numerosas torrecillas fuimos asignados ambos. Yo me ocuparía de confeccionar la randa mortífera de la biomisilería defensiva y Flinch de la arquitectura secreta del cañoneo ofensivo sostenida por un fulgor biológico en cada esquina oscura del entramado aéreo. La casamata se incrustaba en la sólida roca primigenia y se abría al vacío desde una terraza con balcón, cuyo paisaje era anonadante y que como punto bélico sólo desde determinados ángulos era vulnerable. Ideal para sacar ventaja. Existía un momento durante la aproximación de los atacantes donde la inercia ejercía su poder, eran vulnerables por un par de segundos al tratar de visualizarnos en la maraña de formaciones rocosas esculpidos durante millones de años, asombrosos paisajes de pilares de piedra, arcos y cuevas surgidos de la cenizas que los volcanes escupieron cuando el planetoide era aún activo, cubriendo el suelo, luego los elementos, el suave viento de su leve atmósfera y la llovizna de micrometeoritos las erosionaron y redibujaron, comprimiendo o dejando intactas sus emergentes siluetas según la dureza del basalto, las capas de arenisca con sus intensos colores le agregan valor estético.

Cada cual con su método: AREA para nosotros: Anclante, redondeante, espesante, articulante y

VILES para ellos: Volumen, insistencia, licuefacción, engaño y saturación. Para nuestra táctica recogíamos muestras del ADN de cada luchador y las combinábamos con los pares de fotones Rosen-Einstein, agitándolos en los dédalos cuánticos de los depósitos subterráneos, luego esparcíamos miríadas por el espacio en torno al planetoide, ajustábamos las miras y los algoritmos en los tableros y pantallas, y de acuerdo a los croquis destellantes que se van configurando, apenas un merodeador agita, toca o atraviesa el campo biocuántico podemos acertarle con bastante frecuencia, a lo cual se agrega la intuición del combatiente. El ataque imperial se basaba en la máxima eyaculación de proyectiles de todo tipo acompañados de señuelos hipertrofiados, repitiendo el esquema una y otra vez, demoliendo y aplanando el territorio atacado sin importar la cantidad de ocasiones que alcanzaran el blanco. Casi podemos sintetizar: En nosotros resplandece la elegancia, en ellos se estandariza la torpeza.

La batalla feroz y sangrienta en el planetoide fue sin embargo una finta ejecutada con precisión, demolieron enormes segmentos y reconfiguraron su orografía, derribaron columnas y pilastras, incluyendo muchas torrecillas, sobrevivimos al derrumbe y por un breve lapso estuvimos expuestos antes que el flujo de moldeo obstruyera los agujeros, pero Flinch resultó herido de consideración, las flexobandas de su uniforme absorbieron un alto porcentaje de los impactos del derrumbe, las sanitiras inyectaron analgésicos, homoestabilizadores, resanaron los huesos astillados, los sonotemporizadores susurraban mantras y reinventaban recuerdos para su recuperación psicológica, asi que tras sumergirlo en una escafandra de recuperación-resucitación pronto estuvo luciendo su sonrisa, en franca convalecencia.

Mientras, el grueso de los bajeles imperiales atacó a todas las flotillas “smorrs” evitando las rebeldes, demoramos un instante en reaccionar, nos aferramos a lo esperado: creíamos que nos odiaban por igual, nos equivocamos, la algazara permanente y el júbilo persistente de los “smorrs” inclinaron la balanza contra ellos, pero ese lapso sería suficiente para que sus pérdidas se incrementaran a la n, terminamos derrotándolos y las sobras imperiales huyeron dejando atrás cadáveres y despojos y abandonaron Refugio (luego comprobaríamos con el paso del tiempo que para siempre); pero su venganza tuvo efectos dramáticos sobre los “smorrs”, el castigo fue de tal cariz que dejaron de constituir una nidada de proliferación, si deseaban conservar su forma y estilo de duplicarse debían abandonar la contienda por un lapso, si prolongado mejor, para disfrutar indulgentes condiciones de propagación y reproducción de su modo de existencia e ideología sustentadora.

Con frecuencia podemos estar equivocados acertando en lo esencial, nos confundimos porque ocurren avances mínimos o por inercia sociocultural y ante el peso de la evidencia fáctica se aceptan fallos pero sin cuestionamiento, tal devenir natural no impide visiones claras sobre el porvenir, ya que lo accesorio y aleatorio de lo cotidiano muelen con frecuencia seguridades establecidas sin poner en riesgo la estructura global de pensamiento e interacción, y es evidente que de los procesos físicos cerebrales puede emerger la consciencia inmaterial, de la gran orquesta de procesos cuánticos que ocurren en los microtúbulos, en la maraña de canaliculos, esas diminutas estructuras tubulares instaladas en las neuronas  y que se conectan con la estructura cuántica protoconsciente de la realidad (gracias al caos epistemológico, el entrelazamiento cuántico y la autoorganización permanente) en una especie de correspondencia de redes: Evento que el imperio prefirió ignorar e insistió en soslayar, para mantener el statu quo del poder.

-Quizás eso me ocurrió -, ascendí una voluta y acepté, cambié, algo que iba más allá del cariño por Flinch, era concebir y comprender la aterradora magna empresa en que decidieron embarcarse los “smorrs”: atravesarían el vacío para ir a otra galaxia obteniendo tiempo para reconstituir su tejido social, si una colectividad podía lograrlo era la suya, porque sin saberlo se habían preparado en sus mentes por siglos. Acepté que Flinch vacilara entre dos amores, pero la grandeza desmesurada de la ambición colectiva saturaba su percepción e inundaba sus canales de percepción-comunicación. Se decantaba: Cruzaría la negrura cósmica. Mi respeto por su decisión se encontraba implícito en el surgimiento del cariño, así que tras despedirnos me resigné… hasta que recibí un mensaje vago y oscuro que me invitaba a acudir a ¿leerlo? ¿interpretarlo? a la misma torrecilla donde juntos compartimos peligro, temor, éxito y solidaridad.

Flinch parecía continuar en el obelisco, pero por los sensores de largo aliento se recogían confusas señales vitales y se observaba que estaba muy quieto… aunque transmitía indicios de encontrarse vivo, solicité al comando por ser su parejo que me dejarán bajar en un “grave” para aclarar la situación,  deje abiertas las comunicaciones en el panel mientras la navecilla oscilaba frente a la muy quebrada columna de roca, salte a la cornisa que la circunvalaba y me paré frente a él, su rostro ostentaba una leve sonrisa y su mirada parecía abarcar el infinito, las lágrimas se me agolparon y apenas lo toque las láminas de agua inteligentes con que los “smorrs” reprodujeron su cuerpo se desmoronaron y cada una se recostó sobre el suelo como si estuviera muy cansada antes de desvanecerse y culminar la broma, detrás surgió un mensaje bosquejado por las Amurois. Cuando lo comprendí (dos galaxias entrelazadas mediante una telaraña cilíndrica perfecta) supe que la partida era definitiva y que en el momento de la separación quienes se aman llegan al conocimiento y se proyectan, por eso un gemido se quebró en mi garganta, gozo y pesar por igual, cual mezcla de risotada y sollozo alcanzó a oírse, gracias al sistema de sonido que permanecía abierto, en toda las secciones de la “Ave que pesca al vuelo”.

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