El primer robot japonés que habló en el espacio
Se llama Kirobo y sus hacedores son de Japón. Entre Fukushima, Iroshima y Basho, fulgen las hermosas palabras de esta bestia de la ternura y soledad cósmica de nuestra raza primate. Es nuestro embajador, a toda la carrera. Y será el heredero cuando desaparezcamos y Siria sólo sea el nombre de esos viejos monstruos que bombardearon a otros tantos monstruos para terminar todos muertos en los países muertos. Saludemos a Kirobo con una venia post humana, pos mortem y post terráquea:
Estas son las palabras de Kirobo en nuestro idioma:
“El 21 de agosto de 2013, un robot dio un pequeño paso hacia un futuro mejor para todo el mundo. ¡Hola a todo el mundo en la Tierra! Soy Kirobo. Soy el primer robot astronauta del mundo que habla. Mucho gusto”, dicen que dijo en japonés.
Claudio Arrau, el hombre que llenó de carne al esqueleto de Beethoven
Claudio Arrau interpretaba las composiciones de Beethoven, Liszt o cualquier otro maestro mediante la adivinación; en lugar de utilizar alguna estratagema metafísica para llamar a los muertos, las partituras se convertían en los rastros de una atmósfera que él buscaba atrapar y, luego, liberar en su piano. También las comprendió como un esqueleto que debía llenar con su sangre. Arrau nació en Chile y sus restos están en Chillán, sin embargo, toda su vida discurrió, desde los nueve años, entre Europa y Estados Unidos y, como siempre ocurre en nuestros países, hoy día se ha convertido en un producto del orgullo nacional (no faltarán las batallas en foros entre los que discuten la superioridad de Arrau con respecto a Baremboim y viceverza, como si se tratara de un partido de fútbol entre Chile y Argentina, reduciéndolos a figuras como el bambam Zamorano y Messi). Arrau tuvo el infortunio de que la última vez que pisó el país donde nació, estaba ejerciendo el sumo poder Augusto Pinochet; el dictador no tuvo ningún empacho en asistir a uno de los recitales que brindó el intérprete a pesar de que Arrau podía ser un «prospecto peligroso» pues hacía pública su admiración por Neruda. Les presentamos una entrevista que le hicieron a este músico y, además, la presentación que hizo en Santiago en mayo de 1984, a la que asistió el pontífice del ejército chileno de la época:
Los espermatozoides intuidos por José Asunción Silva
José Asunción Silva ha corrido con el albur de terminar impreso en un billete. Su nombre, repetido por tantos rancios cultores de poemas, corre, poco a poco, hacia el abismo parasitario de los burócratas y políticos con pretensiones letradas (algo que fue muy común en Colombia hasta hace unos treinta años). Sin embargo, Silva se resiste, sus escritos se van abriendo, tomando direcciones insospechadas, dispuestos a no estancarse como coplas románticas de hace más de cien años. En el poema que a continuación les presentamos, el protagonista en un científico alemán muy triste y los versos discurren brotan como las palabras que éste le dedica al último objeto de sus observaciones: Los espermatozoides. No es descabellado que «Zoospermos» sea incluido en una hipotética antología de poemas de Ciencia Ficción:
Zoospermos
El conocido sabio Cornelius Von Ken-Rinegen,
que disfrutó en Hamburgo de una clientela enorme
y que dejó un in-folio de mil quinientas páginas
sobre hígado y riñones,
abandonado luego por todos sus amigos,
murió en Leipzig, maniático, desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios de los últimos años
sobre espermatozoides.Frente de un microscopio que le costó un sentido,
obra maestra y única de un óptico de Londres,
la vista recogida, temblándole las manos,
ansioso, fijo, inmóvil,
reconcentrado y torvo, como un fantasma pálido,
a media voz decía: «Oh, mira cómo corren
y bullen y se mueven y luchan y se agitan
los espermatozoides!«¡Mira! si no estuviera perdido para siempre;
si huyendo por caminos que todos no conocen
hubiera al fin logrado tras múltiples esfuerzos
el convertirse en hombre,
corriéndole los años hubiera sido un Werther
y tras de mil angustias y gestas y pasiones
se hubiera suicidado con un Smith & Wesson
ese espermatozoide.«Aquel de más arriba que vibra a dos milímetros
del Werther suprimido, del vidrio junto al borde,
hubiera sido un héroe de nuestras grandes guerras.
¡Alguna estatua en bronce
hubiera recordado, cual vencedor intrépido
y conductor insigne de tropas y cañones,
y general en jefe de todos los ejércitos,
a ese espermatozoide!«Aquel hubiera sido la Gretchen de algún Fausto;
ese de más arriba un heredero noble,
dueño a los veintiún de algún millón de thallers
y un título de conde;
aquel, un usurero; el otro, el pequeñísimo,
algún poeta lírico; y el otro, aquel enorme,
un profesor científico que hubiera escrito un libro
sobre espermatozoides!Afortunadamente, perdidos para siempre
os agitáis ahora, ¡oh, puntos que sois hombres!
entre los vidrios gruesos traslúcidos y diáfanos
del microscopio enorme;
afortunadamente, zoopermos, en la tierra
no creceréis poblándola de dichas y de horrores:
dentro de diez minutos todos estaréis muertos,
¡hola, espermatozoides!Así el ilustre sabio Cornelius Von Ken-Rinegen,
que disfritó en Hamburgo de una clientela enorme
y que dejó un in-folio de mil quinientas páginas
sobre hígado y riñones,
murió en Leipzig, maniático, desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios de los últimos años
sobre espermatozoides
Ha muerto Seamus Heaney
Para recordar a este poeta irlandés nacido en 1939 y fallecido hoy en Dublín, les presentamos una entrevista que le hicieron en 1992 (tres años antes de que le otorgaran el Nobel). Además, les presentamos un poema «Personal Helicon» y un diálogo que sostuvo con Jorge Luis Borges:
Personal Helicon
for Michael Longley
As a child, they could not keep me from wells
And old pumps with buckets and windlasses.
I loved the dark drop, the trapped sky, the smells
Of waterweed, fungus and dank moss.One, in a brickyard, with a rotted board top.
I savoured the rich crash when a bucket
Plummeted down at the end of a rope.
So deep you saw no reflection in it.A shallow one under a dry stone ditch
Fructified like any aquarium.
When you dragged out long roots from the soft mulch
A white face hovered over the bottom.Others had echoes, gave back your own call
With a clean new music in it. And one
Was scaresome, for there, out of ferns and tall
Foxgloves, a rat slapped across my reflection.Now, to pry into roots, to finger slime,
To stare, big-eyed Narcissus, into some spring
Is beneath all adult dignity. I rhyme
To see myself, to set the darkness echoing.De niño nadie podía apartarme de los pozos
y las bombas de agua con cubo y con polea.
Amaba el vacío oscuro, el cielo atrapado, los olores
a algas, a hongos, a musgo húmedo.Había uno en un patio con una tapa de madera podrida.
Me encantaba el ruido repentino cuando un cubo
caía de golpe hasta el final de la cuerda,
tan profundo que no se veía ningún reflejo.Había otro, poco hondo, tapado con una piedra,
que florecía como un acuario.
Si arrancabas las enormes raíces del fango suave,
una cara blanca flotaba en el fondo.Otros tenían eco, te devolvían tu propia voz,
con una nueva música más clara. Y había uno
que me daba miedo, porque allí, surgida de los helechos
y las hierbas gigantescas, una rata cruzó por encima de mi reflejo.Ahora ya, escarbar en las raíces, manosear el barro
y quedarse extasiado, como Narciso, ante un estanque,
está más allá de toda dignidad adulta. Escribo poesías para verme a mí mismo, para hacer que la oscuridad me responda con el eco.
(La traducción es tomada del libro digital «Desde la república de la conciencia y otros poemas»)
Un diálogo entre Seamous Heaney y Jorge Luis Borges (1981)
Richard Kearney: Su prosa pone de manifiesto una continua obsesión con el mundo de la ficción y de los sueños, un universo de laberintos inconscientes. En ocasiones es algo tan onírico que se vuelve imposible distinguir entre el autor (usted), los personajes de la ficción y el lector (nosotros).
Seamus Heaney: Esta interacción entre la ficción y la realidad parece ocupar un lugar central en su obra. ¿Cómo afecta su obra el mundo de los sueños? ¿Usa conscientemente material onírico?
Kerouac triste, borracho y entrevistado
A Jack Kerouac algunos cercanos le decían Jackie, incluso lo llamaron «la primera dama de los Estados Unidos» y, luego, cuando mataron a John Fitzgerald, se quedó como una viuda que no tuvo una segunda oportunidad con un millonario. Kerouac, embriagado y triste hasta los calzones, afirma, en la entrevista que a continuación les presentamos, que su celebrada «On the road» la hizo cuando era joven (asimilando juventud como una limitación) y se aprecia que, más que hablar de literatura o de su obra, quería vociferar en italiano y cabecear como un loro perdido en el Adriático:
Cuando Álvaro Mutis narró las aventuras de Eliot Ness
En estos días en Bogotá se hacen homenajes al escritor Álvaro Mutis pues el 25 de Agosto cumplió noventa años. Su obra ha sido objeto de loas y conferencias en las que los cruces con su vida personal no han sido escasos, como suele ocurrir con todo escritor que peligra en convertirse en prócer o insumo de orgullo nacional: Su estadía en la cárcel de Lecumberri, su amistad con Gabriel García Márquez y las pesquisas que ha hecho de su abolengo hasta llegar a José Celestino Mutis. El aura de escritor culto, refinado, abstraído de muchos de los embates contemporáneos gracias a su admiración por Bizancio, hacen olvidar que Mutis realizó el doblaje del narrador de «Los intocables» (1959), aquella serie de televisión sobre las peripecias del agente Eliot Ness durante la ley seca norteamericana y su enemistad con Al Capone. Les presentamos el intro que tenía cada episodio, justo cuando la voz de Mutis domina las escenas, mucho tiempo antes de que escribiera las novelas que lo harían un reputado autor que pertenecería al club de los ganadores del premio Cervantes; esta introducción es una prueba más de que la atenuación de la frontera entre alta y baja cultura en Latinoamérica no comenzó en los años sesenta, como se ha pretendido establecer:
Sangre de bestias, vidas de matarifes
Geroges Franju, en 1949, hizo «La sangre de las bestias», un cortometraje filmado en un matadero de París. En este trabajo se aprecia que la racionalidad para matar no es algo propio de los nazis o de las dictaduras sino que responde a una manera de ver al mundo que comenzó hace tres siglos y donde la búsqueda de la carencia de dolor nos otorgó una perspectiva de los animales como un conglomerado de nervios y músculos (en este aspecto confluyen los consumidores de carne y los que se abstienen de hacerlo: ambos se basan en el sistema nervioso, en las conexiones, para sentirse tranquilos de sus hábitos). Al final de este documental, cuando se ven a las ovejas decapitadas pataleando aún, queda la sensación de que el dolor no es suficiente para entender la vida, que ella parece estar íntimamente ligada con el movimiento (por eso es que no hay mucho conflicto con la ingesta de vegetales) como si el propio pensamiento también discurriera en un espacio que no discernimos aún. Este trabajo no se limita a hacer de los humanos una suerte de seres malvados y destructores; en medio de los charcos de sangre, Franju narra, de manera sutil, la difícil vida de esos expugilistas que degüellan ovejas y que están muy lejos de los elegantes restaurantes donde sirven esas carnes en alguna cena romántica parisina como preámbulo de alguna historia de amor.
Saer y su disgusto con García Márquez y los escritores populares
Juan José Saer denosta del público si se lo entiende como una instancia crítica de un texto determinado; para Saer el público como concepto no le genera otra cosa que rechazo. Esta postura desemboca en su disgusto con escritores como Gabriel García Márquez que piensan en el público como entidad validante de su escritura. Lo curioso es que Juan José menciona a Lacan cuando a este se le recriminó la opacidad de sus discursos (opacidad que, para algunos como Alan Sokal, cuentan con disparates, majaderías e imbecilidades) y contestó que él no se dirigía a los idiotas (es decir, legos en la materia) porque el que no lo fuera habría de ser quien analizaría críticamente su trabajo; ¿eso no es pensar en un público? Limitar a Saer como escritor que escribió para facultades de literatura es empobrecerlo pero, pese a su renuencia, también pensaba en un público como instancia crítica, aunque este fuese reducido. Les presentamos una entrevista hecha a este escritor que va creciendo en su influencia sobre la literatura argentina y latinoamericana:
El diamante blanco pulido por Werner Herzog
Un diamante blanco sobrevoló los cielos de Guyana a mediados de la década pasada porque el ingeniero inglés Graham Dorrington estuvo decidido a probar un nuevo modelo aerostático que redimiera la muerte de un amigo. Werner Herzog fue el director de este trabajo en donde aparecen seres como Marc Anthony, un nativo que vive sólo en el país y cuya gran compañía es un gallo llamado Rojo. En esta historia la amistad surge entre un vivo y un muerto, entre un gallo un hombre que sueña con subirlo al dirigible y ver las copas de los árboles que pueblan la selva. La naturaleza es otro gran personaje del documental, tan agreste, bella y llena de secretos inviolables. Disfruten de este hermoso trabajo del gran director alemán:















