El gran oro colombiano y sus masacres
El camino para que un teléfono celular de última generación llegue a las manos de un ciudadano de Londres comienza en las minas de Coltan en África; heroína que se inyectan en New York inicia su trayecto en las montañas de Colombia o Afganistán; el oro que lucen muchos humanos erguidos como celebridades es esputado, con violencia, por las entrañas de cordilleras y llanuras que culminan devastadas. En el caso de Colombia, el negocio minero ha comenzado a converger con el de las plantaciones de coca y a ellos se aúnan los intereses de multinacionales. El periodista francés Romeo Langlois se internó en distintas zonas donde las minas dejan un desierto paisaje y las luchas entre dirigentes sindicales, políticos de altos estratos del poder institucional, campesinos, matones encomendados por millonarios y capataces que antes fueron militantes de la revolución cubana, son la cotidianidad de cientos de personas que divisan ríos de mercurio y masacres en ciernes:
«Por Todo El Oro de Colombia» – Roméo Langlois & Pascale Mariani (2012) completo! from alaksandush on Vimeo.
Pihlip Roth en los cementerios (entrevista)
Philip Roth es uno de los escritores vivos de los Estados Unidos que más aparece en los suplementos escritos en Latinoamérica. Su prolífica obra ha tocado su final sin que él haya fallecido; emitió un comunicado dando a conocer su retiro del mundo de la literatura (no se sabe si sigue escribiendo o no), generando que muchos se pregunten si es posible dejar de tomar un papel o sentarse frente a una pantalla y teclear algo, cualquier cosa, o si el acto de escribir de manera reiterada puede convertir a quien lo perpetra en escritor independientemente de que publique. Les presentamos una entrevista hecha a Roth, poco después de la aparición de su última novela, en donde expresa que, con los días, pasa más tiempo en los cementerios despidiendo a sus amigos recién muertos:
La vida según Francisco Varela: Un documental
Francisco Varela es muy conocido por el planteamiento de la autopoiesis que hizo en conjunto con Maturana, sin embargo, su trabajo fue mucho más grande y se tradujo en una nueva forma de pensar a la que se adscriben científicos como Capra; será recordado como uno de los pioneros del derrumbamiento de una barrera erigida entre las humanidades y las ciencias. Además, es el continuador de Shrodinger y su pregunta sobre el significado de la vida. Disfruten este sobrecogedor documental donde el cáncer se convierte en una oportunidad para ver de frente a la muerte y desdramatizarla de modo tal que, cuando Varela dejó de respirar, en lugar de los ecos de un pequeño apocalipsis, sucedió un gran silencio:
Hepático Bolaño/Parkinson Zurita
Esta semana ha cumplido Roberto Bolaño diez años de muerto y ello ha ocasionado jolgorio entre sus seguidores pues suplementos culturales de distintas latitudes no han hecho otra cosa que convocar a escritores para que hagan textos sobre el autor de «Los detectives salvajes»: todo un patadón en el hígado de los pocos que se abstraen de esos enfebrecidos homenajes. El entusiasmo por este autor se equipara al profesado por los del llamado «boom», pese a que los cultores de Bolaño afirmen distanciarse de ese otro fenómeno y que se refieran con desprecio a Vargas Llosa o a García Márquez por no ser poetas salvajes. Uno de los escritores con mirada más crítica del trabajo de Bolaño es su compatriota Raúl Zurita quien, incluso, fue inspiración de una novela de Roberto («Estrlla distante»). Les presentamos una entrevista que el autor de «Zurita» le concedió a Chiara Bolognese y que forma parte de un trabajo titulado Roberto Bolaño y Raúl Zurita: Referencias cruzadas:
– ¿Cómo hay que leer Cuadernos de guerra dentro de su corpus poético?
– Cuadernos de guerra, como Las ciudades de agua, Sueños a Kurosawa, Los países muertos o In Memoriam son páginas que he extraído de algo que acabo de concluir, un libro que bordea las 800 páginas, que se llama Zurita. Se llama así no porque crea que yo o lo que sea mi vida tenga algo de especial, al contrario, sino porque es mi dato básico, el hecho básico de estar vivo, si puedes llegar al fondo de ese dato concreto que es tu vida, sin autocompasión ni falsa solidaridad, estarás posiblemente vislumbrando el fondo de todas las vidas; los seres humanos no somos mucho más que distintas metáforas de lo mismo y todos, más o menos, somos semejantes en nuestras angustias y miedos, en nuestra necesidad de amor, en nuestra perplejidad frente a la muerte. Pero me he desviado, te decía que Cuadernos de guerra lo extraje de esas ochocientas páginas al igual que los otros libros. Cada uno de ellos no me tomó más de veinte minutos en armarlo, digamos el tiempo que ocupé en copiar, trasladar y pegar partes muy parciales de una totalidad mucho mayor y que ya estaba en gran parte escrita. Y los armé porque me divertía hacerlo, porque es divertido jugar veinte minutos, no más, a ser Dios. Dispones de los materiales, puedes armarlo y desarmarlo como quieras. Porque efectivamente cada uno de esos libros es autosuficiente, pero en ese Zurita no hay ningún libro que se llame Cuadernos de guerra, por ejemplo, su estructura es completamente otra. Es absolutamente otro.
Cecilia Valdés o la perpetua reinvención de la cubanidad
La pregunta por la argentinidad, mexicanidad o cualquier palabra que busque esencializar la fatalidad de haber nacido en un lugar concreto ha sido la que, durante el último siglo, ha predominado en los programas de generación de identidad nacional. Para la consecución de ese objetivo final se suman distintos gremios . Los literatos, por ejemplo, tratan de establecer un libro fundacional, una suerte de biblia que esté en toda casa sin importar que sea leído o no y que se constituya en un orgullo o en el sustrato de lo que se es. Los escritores, algunos de ellos para ser más preciso, también buscan escribir un libro que los encumbre como autores nacionales y sinónimos de un orgullo nacionalista. El punto inicial de la «cubanidad» ha sido Cecilia Valdés o Loma del Ángel, una novela escrita por Cirilo Villaverde y publicada en 1879; como ha ocurrido con «Martín Fierro», muchos escritores han revisitado sus páginas en nuevas creaciones, tal es el caso de «La loma del ángel» de Reinaldo Arenas o de Daína Chaviano con «La isla de los amores infinitos». El músico y director de orquesta Gonzalo Roig también reinventó la novela de Villaverde al convertirla al género lírico y darla a conocer en distintos rincones de occidente. Roig también fue uno de los músicos que pertenecieron al gremio habanero de los años veinte que le ponían sus melodías a las películas silentes de aquél entonces; de alguna manera, todo el siglo pasado de Cuba tuvo que ver con este compositor:
La ronda de noche
Hoy, sumándonos a los homenajes hechos a Rembrandt, les presentamos un documental sobre el contexto de producción y las dudas, avances y decisiones surgidas a lo largo del proceso de creación de esta obra que congrega a cientos de personas que acuden a Holanda con el deseo de ver esa escena nocturna. Suele criticarse la costumbre latinoamericana de hacer de sus artistas productos turísticos, sin embargo, se olvida que esa maña proviene de Europa:
Una Corín Tellado por cada diez Airas

Corín Tellado tiene en su haber más de cuatro mil libros, algo a lo que ni siquiera el sorprendente César Aira puede llegar (más aún cuando el propio autor argentino afirma que escribe novelas malas y que muchos consideran la novelística de la escritora española como mala o ¿es pose, César, y no crees ser tan malo y prefieres no estar colocado en el mismo estante de Corín?). La desventaja de la asturiana, con respecto a Aira y otros aspirantes, es que ya está muerta, sin embargo, su oficio siempre quedará, por más que les duela a los cultores de la alta literatura y defensores de la más excelsa cultura. Aunque hubo casos curiosos como el de Vargas Llosa, el escritor que se escandaliza con la cultura del espectáculo y que vio con desprecio el trabajo de Manuel Puig, que valoró el trabajo de Corín e, incluso, le hizo una entrevista cuya presentación, junto a un corto documental sobre la escritora, les traemos:
El canto general de Neruda leído por Raúl Zurita
Pablo Neruda ha sido una víctima de sus fervientes admiradores y ello ha impedido que su nombre sea proferido, salvo para emitir pretendidos enunciados llenos de ironía, en reuniones de literatos que no se quedan en los «lugares comunes» y autores bien vendidos en las librerías. Con el advenimiento de otra estrella chilena a la gran carpa editorial (Roberto Bolaño), el poeta nacido en El Parral hoy hace 109 años es emparentado a ese círculo sospechoso de poetas y narradores que son leídos por un círculo más amplio que el académico y de los escritores y, por tanto, suele obviarse. En la conferencia impartida por el poeta Raúl Zurita que a continuación les presentamos, surge una lectura de «Canto general» fundamentada en dos puntos: La necesidad de llenar la gran mentira fundadora de Ercilla en «La Araucana» y el encuentro con un movimiento social engendrado y fortalecido en los años en que Neruda ya era un poeta famoso. Zurita trata de dar cuenta de la tradición de la poesía chilena a partir de un acto fundador que no fue más que la enunciación de una falsedad (algo poco importante en la literatura) para esclarecer la razón de las desaforadas empresas como las de Mistral, de Rokha y el propio autor de Alturas de Macchu Picchu; también busca ilustrar la divergencia marcada por la llamada Antipoesía de Nicanor Parra y expone una visión de la lengua en donde nada de lo que decimos es proferido de manera original sino que cuenta con una carga centenaria(como lo advirtió Bajtin, el soviético poco soviético que debió usar muchas de las hojas en las que escribía para fumar tabaco durante su reclusión en el norte ruso por no ser obsecuente con el régimen de entonces y que, vaya paradoja, sirve para renovar a Neruda, ese hombre que alguna vez hizo loas a Stalin):
Custeau, el pontífice del océano
Jacques Custeau aparecía en documentales emitidos en horas de la mañana, durante las vacaciones, cuando aún todos los canales de televisión eran públicos y colocaban una franja educativa para que los niños nos «descarriáramos» viendo telenovelas. Todo eso terminó: El monopolio estatal de la televisión, los programas educativos, la infancia y Custeau. Este oceanógrafo francés se erigió como una suerte de dueño y pontífice del mar durante el crepúsculo del siglo XX. En un momento donde abundan las defensas ambientalistas que se acercan más a propagandas para librar las culpas y sentirse superior moralmente a los demás humanos, es bueno recordar a Custeau:
Recordando al Capitán Jacques-Yves Cousteau a 15 años de su partida, 25 jun 1997, 25 jun 2012 from Beethoven Dive on Vimeo.
Norah Lange y Oliverio Girondo: Una aplanadora para Georgie
Edwin Williamson, autor de la biografía “Borges, una vida”, señala que una de las razones por las que Jorge Luis Borges abandonó el ultraísmo fue el rechazo amoroso de la poeta Norah Lange. En 1925 Georgie hizo el prólogo de “La calle de la tarde”, el primer poemario de la peliroja, en un arranque de coquetería reforzado por visitas regulares a la casa de las señoritas Lange o cueva vinkinga, como él la llamó, con mucho espanto, años después.
La inocente estratagema del autor de “Otras inquisiciones” se derrumbó cuando apareció otro poeta llamado Oliverio Girondo: Norah se enamoró de él y, poco tiempo después, se hizo su esposa y formaron una de las parejas más conocidas del mundillo literario de Buenos Aires.
Entre los hombres las distancias fueron aún más grandes; mientras Borges era un tímido tipo a cuyo sentido del humor lo trasuntaba la amargura de los abatidos, Girondo hacía “locuras” equiparables a las de las más animosas estrellas del rock aparecidas tres décadas después.
Basta con escuchar la voz de Girondo para entender por Lange optó por irse con él. Su tono es un huracán comparado con el timbre asmático de Borges, siempre a punto de desmoronarse o de clamar por su mami. Cuando tuve la ocasión de escuchar en la voz de Girondo recitando sus poemas y confrontarlo con una conferencia de Georgie sobre Dante, un amigo me dijo que nunca había sentido a Borges tan pusilánime y pequeño. En el rostro de mi amigo se vislumbraba un rictus de revancha al saber que el urdidor de El Aleph era un hombre con imperfecciones que, al menos en su escaso atractivo para con las mujeres, se acercaba a nosotros:














