Archivos por autor | Andrés Felipe Escovar

Un relato fantástico latinoamericano del siglo XIX

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El relato que a continuación les presentamos fue escrito por Temístocles Avella Mendoza, uno de los autores que aparecen en el libro «Narradores colombianos del siglo XIX». La particularidad de este escrito es que cuenta con elementos provenientes de la fantasía, como lo advirtió José María Martínez al incluirlo en el volumen «Cuentos fantásticos del romanticismo hispanoamericano» (2011). El escrito, alejado del imperio realista, evidencia, quizá sin intención, el impacto de las relecturas devenidas en reescrituras pues proviene de unos versos hechos por Juan de Castellanos quien enunció:

Pues en labranza de aquel suelo (…)

Se vino contra él un indezuelo

Diciendo: «No me cojas mi labranza»

Sobre lo cual los dos andan al pelo (…)

Y el Almonte con ser hombre bastante,

le pareció luchar con un gigante.

Y en confianza de su fuerza mucha

A los principios pensó bien amarrallo;

Pero fuere tormento de garruncha(…)

Porque durante la terrible lucha

Vido cómo tenía pes de gallo.

Dijo: «¡Jesús! ¡Jesús!» Y en el momento

el indezuelo se le tornó viento.

Acudieron los de su camarada

A las débiles voces y al gemido:

Halláronle la cara rasguñada,

Ajeno de sus fuerzas y molido;

Y siendo la razón investigada,

Dijo lo que le había sucedido.

La transformación de Avella Mendoza es genérica y, además, revisa la versión del poeta-cronista español quien, como lo advierte Rodríguez Pérez en su «interpretación de las elegías de Juan de Castellanos», buscaba oponer la cruz a las supersticiones de los nativos para encumbrar al cristianismo como justo dominador. En el relato de Temístocles, el español y su cristianismo se traducen en cobardía e incomprensión (pese a que la razón la haya recobrado el europeo), y se presenta una ironía (quizá sin mediar la intención del autor pero el texto dejó de pertenecerle y su voluntad pasó a ser un incidente menor desde que lo entregó a la imprenta) al referirse el bautizo del lugar donde ocurrieron los hechos como Valle de San Bartolomé después de que lo llamaran Valle del diablo: esta fue la única manera que los conquistadores encontraron para cristianizar el territorio, confiando, con candor europeo, en la palabra.

Esta visita a las crónicas-elegías de Juan de Castellanos permite recordarnos que el trayecto de lo fantástico en Latinoamérica comenzó con esas narraciones y que el realismo mágico es sólo una expresión más de esa literatura, de modo tal que no resultan tan lejanas entre sí las tradiciones literarias del Río de La Plata, de los Andes y el Caribe. El texto de Avella Mendoza fue urdido en la cordillera pero se valió, como lo hizo antes Carpentier y el propio García Márquez, de unos versos escritos por un cronista de la conquista y su manera de ejecutar el relato recuerda a Borges y sus constantes encuentros con Martín Fierro.

El valle del diablo o la conseja de Diego Almonte

Si mal no recuerdo, fue en las Elegías de varones ilustres de Indias, por Juan de Castellanos, donde leí, hace algunos años, el caso que voy a referir.

Por supuesto que hay su diferencia entre aquella y esta relación: Castellanos refiere el caso en dos o tres octavas reales, en tanto que yo voy a hacerla en muchos renglones de neta y llanísima prosa. Queda, sin embargo, indicada la fuente, por si alguno quisiera incurrir en ella.

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La gran pelea de Frazier y Ali en Manila (Documental)

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Thriller in Manila es un documental que narra lo que ocurrió en la capital de Filipinas antes y durante la  pelea por el título mundial que defendió Muhammad Ali frente a su más grande rival: Joe Frazier. Fue el tercer encuentro que libraron estos dos pesos pesados, se llevó  a cabo el primero de Octubre de 1975 y tuvo como telón de fondo el despilfarro del dictador Marcos. Este trabajo está alineado con el punto de vista de Frazier que, según lo que se cuenta, estuvo a punto de ganar de no haber sido por una decisión equivocada de su esquina cuando restaba un asalto, perdiéndose el final más bello de alguna velada boxística. En este documental Frazier afirmaba que la enfermedad que padecía su rival (Parkinson) era un castigo por todo lo que había sido como persona; lo decía con cierto revanchismo y rencor, ignorando que un par de años después un cáncer lo llevaría a la muerte. Dios provee a todas sus criaturas:

El suicido de Mishima: un verso más en el doloroso poema de la vida (Documental)

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Yukio Mishima no sólo fue un gran escritor,  organizó una banda armada para proteger lo que quedaba del glorioso imperio japonés  y retuvo a un general, horas antes de autoinmolarse y de emitir un discurso lleno de tradición japonesa que, en lugar de conmover a los soldados, generó burlas y repudio. Pocas veces el arrojo de un escritor pasa del papel a eso que llamamos vida real. En el documental que les presentamos a continuación, se evidenciará el amor por el emperador que sentía Mishima, un amor digno de un suicido monumental, valiente y frenético, un final inevitable pues su vida fue un poema superior a las palabras y el silencio:

Y Wilhelm Reich dijo: ¡Hágase la lluvia!

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La figura de Wilhelm Reich ha sido una de las más polémicas del siglo que pasó; desde su distanciamiento de la escuela psicoanalítica, hasta sus textos en los que hace referencia a la represión sexual que opera en sistemas económicos como el capitalista, su teoría del  orgón y sus últimos días en los Estados Unidos donde, a manos del Macartismo, fue etiquetado como esquizofrénico y sus textos fueron tirados al fuego, lo han convertido en un misterio que hace preguntarnos por los límites y la ortodoxia del discurso científico. Además, su corte de pelo y la ridiculización que sufrió a manos de las instituciones más sectarias de norteamérica, lo emparentan con esa caricaturesca figura del científico loco que desvaría. Entre sus muchas investigaciones, Reich afirmó haber construido el «Cloudbuster», una máquina que servía para hacer llover y que, por lo tanto, habría de ser fundamental para luchar contra las hambrunas. Este es un cortometraje que recrea lo ocurrido en aquella sequía de 1953 en Maine:

La canción olvidada de Nirvana

Nirvana

Por estos días se celebran los primeros veinte años de «In utero», el álbum de la banda de Seattle donde apareció la confesión de extrañar el confort de la tristeza y se acuñaron obituarios para los cumpleaños. Este aniversario se ha aprovechado – la forma de reencauchar ventas es aprovechar el suicidio de un músico o escritor y se ha exacerbado con los tiempos de vacas flacas de las editoriales y casas disqueras- para lanzar una edición remasterizada y con dos cd en la que se incluye una canción, hasta estos días, inédita. El nombre de la misma es «Forgotten tune», otorgado por Novoselic y el ajeno Grohl y se las presentamos para que los electrolitos sepan a semen:

Un angelólogo recordado por Juan José Arreola

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Juan José Arreola nos ha entregado, en su «confabulario», un escrito donde recuerda, al estilo de su maestro Marcel Schwob, una de las teorías más angelicales sobre ángeles que jamás pudo darse pues puede explicar por qué ahora uno se los encuentra con sus sonrisas desdentadas pero siempre orgullosos frente a esos diablos que sonríen, mostrando sus dientes de marfil. El angelólogo se llamaba Sinesio de Rodas y, como toda angelicalidad radical, quedó sepultado en el olvido:

SINESIO DE RODAS

Las páginas abrumadoras de la Patrología griega de Paul Migne han sepultado la memoria frágil de Sinesio de Rodas, que proclamó el imperio terrestre de los ángeles del azar.

Con su habitual exageración, Orígenes dio a los ángeles una importancia excesiva

dentro de la economía celestial. Por su parte, el piadoso Clemente de Alejandría reconoció por primera vez un ángel guardián a nuestra espalda. Y entre los primeros cristianos del Asia Menor se propagó un afecto desordenado por las multiplicidades jerárquicas.

Entre la masa oscura de los herejes angelólogos, Valentino el Gnóstico y Basílides, su eufórico discípulo, emergen con brillo luciferino. Ellos dieron alas al culto maniático de los ángeles. En pleno siglo II quisieron alzar del suelo pesadísimas criaturas positivas, que llevan hermosos nombres científicos, como Dínamo y Sofía, a cuya progenie bestial debe el género humano sus desdichas.

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Un encuentro entre Pedro Páramo y Drácula

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Así como gran parte de las memorables películas de cowboys se filmaron en España e Italia y los ambientes de la glacial Antártida se escenificaron, con piezas de cartón, en estudios de los Estados Unidos, el encuentro entre Eduviges Dyada (personaje de la novela Pedro Páramo que hospeda a Juan Preciado) y Drácula se dio en la Bogotá de fines de los ochenta, cando todo parecía una fiesta y los actores de los «Meros recochan boys» pasaban noches enteras de festejo y grabaciones. Les presentamos el momento en el que dos tradiciones literarias se vieron a los ojos y el miedo fue el sentimiento preciso para regresar a un sarcófago:

Hanna y Barbera: Los límites de un laborioso imperio

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Hanna y Barbera fue una de las sociedades más productivas en el mundo de los dibujos animados para la televisión. Si bien muchos puristas los acusan de haber bajado el nivel de estos trabajos, ellos siempre fueron conscientes de ello y lo que se plantearon, después de haberlo perdido todo en los estudios de MGM, fue construir una estética en torno a la animación limitada. Este caso será uno de los más extraños del siglo pasado; siempre percibida como un imperio, a contrapelo de Disney, la sociedad Hanna-Barbera se basó en carencias para construir historias que viajaban al pasado o al futuro mientras ponían en evidencia el modo de vida del frenesí estadounidense de mediados del siglo pasado. Hoy día, cuando se ve algún episodio de «Los Picapiedra» o «Los Supersónicos», sabemos que algo inquieta en la mirada fija de los personajes. Y también intuimos el amor furioso entre Tom y Jerry, fluctuante entre la persecución y la complicidad para con las piernas negras del único humano que se asoma en muchos de los capítulos: ¿Cuántas de nuestras historias sentimentales no han sido prolongaciones, quizá vulgarizadas o edulcoradas, de Tom y Jerry? Les presentamos un breve vídeo en donde Joseph Barbera habla de aquella vida llena de sucesivas caídas y levantadas:

Nadie quiere jugar con Werner Herzog

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En las investigaciones de Julián Marsella rutila la concerniente a saber cuántas de las niñas de «Nadie quiere jugar conmigo», un cortometraje de Werner Herzog hecho en 1976, devinieron actrices del frío porno germánico. En las charlas del poeta, novelista y vendedor de postres nativos de Zipacón, siempre hay momentos de arrojo en los que describe la escena protagonizada por alguna de aquellas niñas, ya grandes, a mediados de los ochenta, exponiendo sus genitales a la vista de los tristes guardianes del muro de Berlín. Pese a estas apreciaciones de Marsella, el trabajo de Herzog es perturbador por sí mismo; que un cuervo hable como el pato Donald en alemán y se convierta en el pacto con Dios que hace un niño agradecido porque una niña lo admite como amigo ya es suficiente para quedar noqueado. A ello se suman los dos conejillos de indias, vestidos como humanos y apesadumbrados como humanos. No se sabe si las palabras del cuervo responden a un diálogo interespecies o a una psicosis infantil. No se sabe nada:

Dalí soñó y pintó el enigma de Hitler

Suele circular una versión en la que Dalí confesaba su admiración por Hitler, básicamente por su manejo de las masas. Sin embargo, el propio Dalí intentó precisar su perspectiva del dirigente Nazi en varias oportunidades, como en la entrevista hecha L´express y publicada en nuestro idioma por «Panorama» en abril de 1971:

Ni bien llegó Hitler, me apuré a irme. Pero en pleno surrealismo, yo decía a los surrealistas: «Si son surrealistas, si aman el romanticismo, y sobre todo el romanticismo alemán e irracional, entonces amen a Hitler, que es un loco, un ser delirante total». En esa época, yo mismo soñaba con Hitler, estaba apasionado por la espalda de Hitler. De igual manera, en otro momento, estuve apasionado por Lenin. Hitler me parecía tener una espalda muy comestible. De haber podido, hubiera extraído de la espalda de Hitler una porción, como una porción de queso. La vaca se ríe. Seguro, esa era una reacción puramente irracional y surrealista. Yo había previsto el fin de Hitler con dos años de adelanto. Lo anuncié en una novela. Era verdaderamente ineluctable. Porque él era un puro masoquista. Sólo había emprendido toda esa acción wagneriana con la meta inconsciente de perder o morir.

Les presentamos el cuadro «El enigma de Hitler» en donde el artista catalán erigió muchas inquietudes generadas por el Führer salvo su deseo de comerle la espalda o, ¿también está inmerso en este marasmo onírico? (Oprimiendo sobre la imagen pueden verla en un mayor tamaño)

Dali