Por Luis Antonio Canché Briceño[1]
Esta obra nos sumerge en una atmósfera densa y evocadora donde las fachadas cotidianas chocan de frente con la verdad reprimida. Desde las primeras páginas, la narrativa está impulsada por la esperanza de que un deseo abstracto finalmente se transforme en algo tangible, surge un anhelo de materialización que mueve los hilos invisibles de sus protagonistas. Hay secretos que reviven y resurgen desde la infancia, desenterrando dolencias que se perfilan como un posible acto de sanación o un reclamo a la vida. “Los secretos vivos” de Carlos Martín Briceño, libro bajo el sello de la editorial Lectorum, marea alta, está conformado por doce cuentos divididos en tres secciones. La primera sección titulada “ Lo que se ve no se juzga”, inicia con “Tardes de Atari”; una visita a una anciana nos pone al borde de la tensión por descubrir lo que acontecerá con el narrador, quien transita entre juegos del famoso Atari (aquel sistema lúdico surgido en los 80’s), una casa devastada por los años, pero plagada de recuerdos turbios de la infancia. El estilo narrativo de Carlos Martín Briceño está presente en todo momento para confirmarnos el porqué es uno de los mejores cuentistas de México y de la Península Yucateca, su humor negro y la sensatez por procurar que nada falte ni sobre en su narrativa, forma parte de una conjetura literaria que pongo en definitividad, luego de leer esta nueva obra y otros títulos con las que lo conocí en su faceta de cuentista: Montezuma’s Revenge y otros deleites, Los mártires del Freeway y otras historias, otra felicidad nos cuesta muertos: cinco cuentos negros, entre otros.
En el segundo cuento, “Érase una vez”, entre música de AC/DC, olor a hierba y velocidad extrema, se va descifrando una latente aventura sexual de un par de amigos. La búsqueda y la aventura por el reencuentro de un amorío, nos sitúa en el extranjero, específicamente en sitios como Nueva York, en donde hacen su aparición momentos turbios. La ante sala de posibles fracasos, el conformismo a la frustración y el deseo ponen los elementos imprescindibles para adentrarnos en el cuento “Sunrise”, en donde se describe una escena a modo de dejavú. “Una cena bajo el puente de Brooklyn ante la panorámica del East River, las notas del piano de Bill Evans y la nostálgica trompeta de Miles Davis”, nos harán acompañar al hombre solitario en busca de un amorío. En el cuento “Reconstrucción” (de mis favoritos), hacen su aparición escenas como: la esperanza de que algo se convierta tangible, el temple que se requiere para sucumbir a un deseo desenfrenado, la advertencia reiterada de una madre super protectora hacia su hijo y hasta la repugnancia a las prostitutas. En especial en este relato, seccionado por “encuentros” y “sesiones”, Carlos Martín utiliza redacción en paralelo, tal y como ocurre en las matemáticas, este recurso que emplea, asemeja al axioma de la geometría descriptiva, en la cual se comprueba que dos líneas paralelas llegan a un punto en donde se intersectan. La estructura se apoya en una hábil alternancia de historias que se van entrelazando para construir un hilo conductor dinámico. Este recurso arrastra al lector a través de un viaje marcado por intensas subidas y bajadas emocionales, donde el ritmo pasa sin tregua del entusiasmo a la desolación. En medio de esta fluctuación, el relato explora el peso desgastante de la doble vida del personaje principal: por un lado, la tibieza del entorno familiar con sus reglas e ilusiones de normalidad; por el otro, la constante sombra de aquello que aún no termina de expresarse, el poder reconocer su verdadera orientación sexual, latente bajo la superficie. En definitiva, se trata de una historia incisiva sobre el costo de habitar identidades fragmentadas y el doloroso tránsito entre el secreto y la búsqueda de autenticidad, llevándonos a la intersección de las historias para concretar el final. En el libro segundo, Carlos nos presenta “Lipoescultura”, a partir de una intervención quirúrgica fallida, una situación matrimonial nos hará estragos en el subconsciente para repensar y acompañar al narrador, quien incluso acaba preguntándose “si sería capaz de iniciar una nueva etapa sentimental para gozar del pacer urgente de las relaciones efímeras”. Un reencuentro sexual de una pareja en un hotel, entre sabor a vino, a hipocresía y a lo que el destino les tiene premeditado, nos recuerda que Carlos escribe con la brevedad necesaria, así lo confirmo en este cuento titulado: “Hotel”. En “Todo irá bien”, acompañaremos a un anciano quien siempre está al pendiente de su esposa Isabel de 79 años, postrada en estado vegetativo por culpa de una cirugía mal ejecutada. Los sitios y lugares que se narran en este libro, son una verdadera cartografía literaria, y eso Carlos lo sabe muy bien, basta comprobarlo en el cuento “Verde Olivo”, en donde se narra una aventura en tierras de la Habana para vivir la utopía revolucionaria y gozar de cubanas. Para rematar este segunda sección, hace su aparición el cuento: “Apuntes sobre una traición”, el cual nos lleva a las reflexiones sentimentales, la infidelidad de una pareja da un vuelco de 180 grados ante los terribles sucesos que cada uno va contando de manera alternada.
El libro tercero es el anfitrión del cierre de este libro de cuentos, al cual Carlos lo tituló : “Lo que se cuenta no existe”, y vaya que el título es directamente proporcional con las tres historias que nos van a dejar con intriga y el deseo de saber en cómo acabaría cada personaje envuelto su propia historia. El extravío de un infante en un centro comercial nos hará experimentar con el desafío a la gravedad entre trampolines y antidepresivos, justo de eso va el cuento “ el país de las aventuras”. La vejez fraguada en una Isla, tras la liquidación luego de cinco lustros de haber laborado en una empresa, nos llevará a recorrer escenarios caribeños en un país atrapado por el tiempo a través del cuento “Colmado”. El remate de esta ultima sección va con el relato “Pequeñas esperanzas”, la historia de un escritor que intenta aventurarse en la búsqueda del reconocimiento ante el insomnio que le va ganando la batalla y su impaciencia por un laudo tan anhelado. Con esta entrega de “Los secretos vivos”, Carlos Martín Briceño demuestra nuevamente su dominio impecable de la distancia corta. Al hilar la nostalgia con el despertar del deseo y los encuentros de pareja con sus inevitables desencuentros, nos entrega un mapa de nuestras contradicciones más íntimas. Un volumen imprescindible para quienes entienden el cuento no como un refugio cómodo, sino como un espejo inquietante del que es imposible salir ileso.
[1] (Mérida, 1977). Creció en Chumayel, Yucatán, donde aprendió a hablar la lengua Maya. Es escritor bilingüe Maya-Español, autor de libros de narrativa y poesía, entre los más recientes: K’i’ixib máako’ob / Los hombres espinados (UdG, 2025), U k’iinilo’ob tomojchi’ / Días de mal presagio (CECUT, 2025) y U yuumilo’ob kaláant múul / Los cuidadores del cerro (Kóokay Ediciones, 2025).
