¿Qué evento anarquista en la jornada? ¿Qué sucede? ¿Qué clase de entrevista a un asistente? Llego a jirón Moquegua 112, interior 110, la Casa Bagre. Al frente heredadas caóticas representaciones, una lucha sistémica. Puedo ver luchas y ejemplos. Una suerte de apropiación de arma política; choques de carros de policía en ceniza. Al lado una cantante punk; rebelde libertad y el reino en el estrado, el auditorio o el escenario, para una expresión igualitaria: feminismo cultural.
Aquí las fotos, aquí con una mujer como de mi edad. Elabora carteles para la entrada anarquista. “Recién empieza, ¿tú eres?”, interroga con sus ojos mi llegada. Los lentes anchos, vestida de flores blancas en telas negras, amable con cada segundo que pasa. Observo paredes sobre el muro blanco; dice “entra como si nunca te hubiesen lastimado”. Disfrutado verme por primera vez, la bienvenida anuncia cordialmente para dar los pasos siguientes… el interior de la Casa.
Festivas profundidades…
Entrar las innumerables imágenes peruanas pegadas en las paredes, llamado que me dio la bienvenida. Son las viejas cómicas excitaciones… Arqueando las cejas me invita al salón siguiente. Allí, con curiosidad, unas cuantas preguntas. Estas chicas sin maquillaje, vestidas de pelo corto, entonan la lentitud. Cultas lecturas, hablamos sobre feminismo callejero y Foucault. Entiendo las propuestas del Ayllu, la organización que integran, dedicación y propaga hip hop, sociólogo pensamiento político, los silenciosos resultados de los cantos, etc.
Entonces, la mujer que llama a la Pepa, pues tiene el temor públicamente subversivo… Nada de nombres al rostro y nada de grabaciones me conceden un tiempo, me escuchan el imaginario acerca de qué puede ser un oprimido de experiencia intelectual y ciudadana ante mis palabras responden con control ligero pequeño entre ellas. Anuncian la comida vegana para el resto. Tanta forma parte de lo organizado:
Estoy con la imagen de Keiko Fujimori, Marco Aurelio Denegri en terapéuticos escenarios… caricaturizados, reciclados lúdicos. El ritmo de las letras, las rimas que van presentando cada anécdota, cada rincón Suena la música… mientras leo en la pared que separa las escaleras. Aparece morena vestida de negro, descalza sobre sus ojos… con la diferencia larga gira la cabeza: “¿Es él?”. “¿De dónde estudias? ¿Quién: ligeramente inquieta, provoco un momento para pensar. “Conozco el centro federado de algunos amigos allí ¿Conoces sus nombres?”. Oculta de mi universidad. La gran mayoría que hay de negro igual que la bandera negra. Cuando John Lennon, un viejo me invitó al evento, ella en extravagancia tranquila se percata seguir al periodista. Las otras aquello dicen desviando la invitación. La terquedad rítmica de la comunicación…
La magia intelectual.
Las luchas que envuelven se convierten en luces, guías que deben transitar entre los secretos, el anonimato cauteloso, los desafíos intentados, la cautela de defensa para sus reuniones. Guardan la búsqueda política de la libertad. Organizan una camadadería, o una ciudadanía con goce por todas las humanas rechazadas que la sociedad separa: pobres negros, morenos homosexuales, mujeres transexuales, travestis feministas, lesbianas ecologistas, armarios de identidades, la luz de la habitación…
Todas las puertas pueden ser abiertas. A ver un documental extremo. La oscuridad de terquedad experimental sale por la puerta, siento tanto, desgarrado en desapariciones pobres quienes fueron asesinados por los gobiernos militaristas de Argentina en los 70´s. Las villas…
La primera mujer que conocí en la bienvenida… discursa elocuencia trágica en lenguaje inclusivo. Al centro alzando los brazos abiertos, carga una esfera representativa y dice: “Hace poco que no creemos en ningún gobierno de izquierda o derecha, es así que la invisibilización evita nuestros compañeros anarquistas”. Con las luces en el blanco fantasmagórico de neón, me toman fotografías con el pelo teñido de azul.
La canción de la vanidad
21 Años de la causa arrestada en el 2016 por introducir explosivos en la Escuela. El Ministerio Público condena también la Comisaría… armas de la trágica condición de fuego preso que llevó en Santiago, allí cuenta el abuso cotidiano, en su diaria muerte apuñalado en la cárcel.
Observo las paredes cinematográficas, por allí una guitarra olímpica, por allí, también, un calendario recreativo, fiestas políticas. La organización nutre cambios culturales a la par, proponen eventos en un ligero ambiente de silencios penosos. Es la violencia acompañada y relacionada con el otro lado.
Al otro lado, conversó hardcore participante sobre matemáticas. El inevitable patrón rítmico de la música de cuatro cuartos. El tema cambia la energía eólica, el reciclaje de Europa. La música hip hop entona los ultrajes del Estado: “culpa, culpa, culpa de Alan García”. Ataca contra Keiko Fujimori. El ambiente cobra un sentido inverosímil de Todos los protocolos, las formalidades ceremoniosas, la conversación reemplazada por música que narra crónicas políticas, oscurecido Perú enterrado. Entiendo esfuerzos y posibilidades, ideales de los altavoces: “la vida es un recurso” (…) “Las suelas gastadas, las manos atadas” (…) “Soy afortunado por el aire que respiro” (…) “Puntos de una cultura milenaria”. Los cantos veloces en la mitad de ellos. Estoy en un secreto que debo descubrir.
Conceptualización de la bestia…
El anarquista jazz me entrega un pan con palta, “tienes buenazos”. El pan melancólico rasguña mis papilas gustativas, y entonces el gusto veo los libros de pensamientos y impresiones de polémicas. La revista número dos junto a libros de Hernando de Soto, Abimael Guzmán, Sigmund Freud, Herbert Marcuse, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, un antiguo ventilador que no funciona, me acerco a la música, no sabe cómo describir la música que hacía. Entonces calla juego del ventilador y sin necesidad la conversación terminó.
Observaba el documental argentino en la timidez. ¿Qué palabras puedo esperar de él? Ahonda en la boca cerrada. Y se pone a interrogar su propio largo cabello entre los dedos. Noto observándolo íntimamente el celular de hace siete años, pequeño al internet se expande por las habitaciones: “Hay que saber callar, cuidar, cuidar, cuidar, cuidar, cuidar hasta explotar, hasta explotar”. Está leyendo a un poeta peruano, Willy Migliano, pero no me da su fuerte. Ha callado a mis costumbres; mi enfermedad de cigarrillos contaminantes. Entonces el secreto que guardan parece cimentarse, de pronto, en las ruinosos sofocamientos atmosféricos, en la costumbre climática de la violencia. Los anarquistas reordenan todos los insultos y condenas en poéticos ideales; desencadenando asesinatos y realidades. Sus luchas son constantes. Van para regresar, a veces, estos rostros jóvenes de tan misteriosa identidad.
La revista se presenta en el extremo derecho de la casa. Allí, con cojines congregan los asistentes. La discusión abre un resumen de construcciones históricas de la nación. Estados de explosiones sociales, violentas economías, revolucionarias numerosos reformulando cada país. Los estudios afirman, esta jornada es una manera política de hacer ciudadanía, de hacer encuentros llenos de espectadores. Las palabras se prolongan como ciudadanos, como hombres o mujeres desiguales en las lecturas sociales. Pero siento un imaginario lúdico a sus corrientes filosóficas. Ellos enfocan plantas de la sociología peruana, Matos Mar o Aníbal Quijano, pienso elementos de otras literaturas, la tecnología sobre cultura actual.
Reunidos en las barbillas, tapan el micrófono. Un señor se duerme en el asiento. El debate de la comunicación, la literatura del siglo XX, la clase proletaria hasta los años 50, y finaliza en el terrorismo metafóricamente hablando, son la Ciudad Fénix, se alza para ellos la nación de una confrontación drástica, y posiblemente contra el Estado siguen, el pequeño auditorio se llena de silencios y pensamientos en secreto.
Es así que entra la cultura popular como el futbol. Machistas sociologías en la penetración con el gol hacia el arco. Contrarios ideologías. Parece que fijan los que ellos consideran y no los cambios ecologistas, una ética del etcétera.
Playa de tabaco.
Fijan la patria como una industrialización simbólica de lenguajes y geografías compartidas. “Cada barrio es un partido” dice la multiplicidad y división que hay de los partidos políticos, el pasado ahora, intereses empresariales del micrófono.
Entonces noto el terror extraviado en sus símbolos a cambio de una industrialización del simbolismo y lenguajes de cualquier impronta y libre a la creación.
La teoría de los gatos.
Parado al costado de un dibuja de Wiracocha, intervengo en el sistema… Desde otro ángulo el poder será cuestionado.
Pero los anarquistas de la tranquilidad y pesimismo va a cambiar el sistema que queda a la larga es conformar cualquier observación pesimista, cualquier crítica opresiva de un sistema imposible a través de dicha sofocación pensativa de los lugares de su mente apresada en los símbolos vendidos del lenguaje.
Un joven de 20 años con mucho entusiasmo en el sistema descontrolado en todos los pronosticados imposibles futuros por contestar millones del tuyo después Al hablar con el muchacho, veo John Lennon a mi espalda vestido de lana roja y nos estrechamos las manos con mucha siguiente fuerza. “Yo tampoco creo que el sistema pueda controlarlo todo”. Mientras hablo con John, escucho las “proféticas juventudes perdidas en el empleo”.
¿Qué hay detrás de la libertad? Rodeado de anonimatos circulando por los salones pasa a las acciones vestido de mujer, con vellos contra la bandera peruana sobre el suelo de concreto convulsiona el ritmo de la música. Poco a poco su atuendo cambia capas glamurosas del travestismo terrorista. El performer, con una máscara negra, lanza el terrorismo sinuoso con las caderas y desfila eróticamente agresividad violenta en la trama de su acción desvestido y ahora uniformado contra la bandera peruana azotándola en astillas blancas del plástico de la asta disparadas por los aires con perversidad tormentosa abre los dedos de las manos y se los coloca sobre la cabeza en posición fetal, mientras la música lo obliga a continuar con la danza de desesperación y furia atenta contra la mirada del público, el travesti vestido de terrorista contorsionando violencia y agresividad en el cuerpo sometido a descargas emocionales confrontadas con el espacio a los calzoncillos rojos se llena un bulto genital artificial por la bandera entre sus piernas y sigue bailando al suelo y empieza a copular con agresiva incomodidad metida en los genitales, el acto termina con la bandera y suenan los aplausos.
El lujo de desarticulada magia de revistas…
John Lennon me vende dos revistas. Hablamos sobre el pasado y sobre el futuro de silencio que yo conocí con esa mismo sensación que me dejó ver entre los ritmos declamados a transexuales obreros travestis feministas veganos. La inmensidad toma un peso discursivo e intelectual por cada uno de ellos. Leerse escribir construir historia de proyecto cultural, de ese modo publican historias que les delinean un camino. Ojeo la revista en la presentación y se atrae a un público muy específico de significado para esta reunión posible de la integración.
La revista contiene feministas de una columna discursiva que alienta a la igualdad libertad justa de género. Agréguese también articulados pensadores entre Manuel Gonzales Prada o Emma Goldman de Estados Unidos a prisión anticonceptiva en 1916. Y a la vez, un recorrido pesimista de la situación laboral triunfa ocho horas hasta ahora en la menor actualidad. La segunda publicación goza la crítica por tanto que el debate del Ayllu inicia con poco tiempo por delante.
El suburbio anónimo.
Entré a un secreto cuento de conocer los principios más entusiasmados y alegres conmigo. La del vestido me quiere “ver militando”. Una transexual Brisa me cuenta los poéticos debates de una fiesta de cumpleaños, en la cual arribarán los Drag Queens. Comedias perdidas en la casa de las palomas…
Subo las escaleras repletos de fotografías, gritos de ensayo, corredores dibujados, grafitis Allí de nuevo sobre jazz punk. Fuma mariguana, un cigarro. Y explico en mi teoría del milagro: “Antes fumar tenía un propósito medicinal para los indígenas, pero el consumismo de las hierbas generan metabólicas sobredosis”. Al igual que los demás. La jornada recibe pasados y seis horas, y las conversaciones confiadas en la mujer de pelo descalzado me abraza y se alegra de mi llegada sospechosa. “Tenemos un mecanismo de pertenecer al círculo”. Sin atenerse a los protocolos, “¿cómo te llamas? ¿en qué trabajas?” los anarquistas me dan la bienvenida a su manera larga en discursos y numerosos recorridos de la música que llena todos los salones. La pasión del salón por el arte que se reparte en cada uno de ellos. Los diálogos magníficos al fondo de los símbolos y lenguajes intercambiados con crítica libertad incorporado a sus filas de identidad y afinidades.
Estos anarquistas quieren chicha y salud, arroz chaufa y mariguana, derechos sexuales sin maquillajes, debates y pesimismos de pelo deprimido; poesía con banderas eyaculadas, fiestas y reciclajes políticos y cultura de la vida.
Leonardo Bolaños, 12 de noviembre de 2018 Lima, Perú.
