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Cosas de Niños, por Josef Amón-Mitrani

Cuento reproducido con la gentil  autorización del autor © (todos los derechos le pertenecen a él)

 

Cosas de Niños

Josef Amón-Mitrani   

Naturaleza muerta con verduras y fruta - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con verduras y fruta – Vincent Van Gogh

Se había quedado tanto tiempo, tanto, mirando las frutas del frutero que había decidido, así nomás, (de tanto mirar las frutas), que la vida, la vida de los hombres, no podía funcionar de la manera como había estado funcionando. Era imposible, completamente imposible, el hecho de tener que ir a la tienda y pagar (¡pagar!) para comprar una uva, una piña, una mandarina…

      Había pasado tantos días, tantos, sentado en las olas y en la olas que iban y venían como una mariposa que se ve en lo lejos de las cosas. Había pasado tantos días así que se había parado de las olas y había ido corriendo donde su padre y le había preguntado que cuánto había costado el derecho de poder sentarse y mirar las olas. Es que había podido mirar las olas durante tanto tiempo, tanto, que era un tiempo casi infinito el que le habían dado para pasar sus vacaciones en las olas. “¿cuánto pagaste, Pa?”, «¿cuánto cuesta mirar el mar?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que mirar el mar no era lo que costaba, que lo que costaba era la habitación del hotel, la comida del bufé, «el espacio- decía Pa- , lo que cuesta es el espacio desde donde se puede ver el mar tan bonito».

     Le había dado vueltas y vueltas al asunto, la cabeza hecha ladrillo y carne y sangre de tanto pensar: «El espacio». «El lugar, los lugares». «Lo que cuesta es el espacio». «El mar -pensaba y pensaba- es sólo agua. Es sólo agua grande que está. Es. Es agua que está ahí». «¿Por qué cuesta mirar el agua?. No, no, lo que cuesta es poder tener un espacio para poder mirar el agua». «¿Y las frutas?». «¿Qué pasa entonces con las frutas?».

   

    ¿Qué era lo que costaba de las uvas?, ¿acaso era el espacio para comer las uvas?, ¿no eran las uvas lo mismo que el agua?…»Papá, papá, ¿cuánto cuesta comerse una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que lo que costaba no era el comerse la piña, sino la piña misma. Le había explicado que lo que se paga es el trabajo que cuesta conseguir una piña. «¿De dónde vienen las piñas, Papá?, ¿por qué cuesta trabajo conseguir una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que la piña (ananá) viene de una linda planta que crece en la tierra, en los campos donde trabajan duro los campesinos…»¿y cuánto cuesta una planta de piñas, Papá?…No, no me respondas, Pa, creo que ya estoy aprendiendo. Lo que cuesta no es la planta, sino el espacio donde crece la planta. El lugar. Una uva, una ola, todo eso cuesta lo que cuesta un espacio, papá, ¿no es así?».

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas - Vincent Van Gogh

Naturaleza muerta con cafetera, loza y frutas – Vincent Van Gogh

La conjuración sagrada. Un manifiesto acéfalo.

Bataille y Klossowski percibieron que la cultura estaba muerta precisamente en donde la política la había confinado:  al terreno de lo «razonable e instruido», en donde los artistas aparentaban sensatez y refinamiento, en donde no comprendieron a Van Gogh y allí mismo lo prostituyeron, en donde todos se reunieron a burlarse de la locura de Artaud, como si ellos mismos -los artistas- fueran psiquiatras, o sus cómplices. Comprendieron estos «pensadores malditos» que incluso la política había muerto por desvincularse de su fuerza primigenia y se había convertido en toda suerte de espectáculo inmundo  menos en política. Es en esta percepción en donde se funda la revista Acéfalo, en honor a todos aquellos que se vuelan la cabeza, o como ese poema de insurrección que se cita en el ensayo de Bataille  ¿Es útil la literatura?Vamos a golpear con la cabeza el borde de los límites… 

Un sentimiento naufrago en el océano histórico de racionalidad que abandonó profundamente al espíritu humano. Citando a  Adolfo Vásquez Rocca sobre este momento histórico, se recuerda el año en que se escribió el texto :

El 24 de junio de 1936, con el título de «La conjuración sagrada», Georges Bataille, Pierre Klossowski y Georges Ambrosino se declararon con furia en contra de la modernidad en momentos en que Europa estaba por entrar en la peor de sus pesadillas: ese año Mussolini ya lleva trece en el poder; Hitler, tres, y estalla la Guerra Civil española.

(Leer: Georges Bataille y Pierre Klossowski, ferozmente religiosos. Dr. Adolfo Vásquez Rocca)

Que este manifiesto de guerra vuelva a resonar en los campos pútridos e infértiles de la cultura. El bibliotecario Bataille de nuevo levanta los hombritos con un espasmo de risa.  Los desesperados marchan con sus bocas carentes de dientes y ojos llenos de gloria con la sonrisa de una maldad infantil que devora las estrellas.

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La conjuración sagrada

  Georges Bataille 

 

Una nación ya vieja y corrompida que valientemente se sacudiera el yugo de su gobierno monárquico para adoptar uno republicano, sólo se mantendría mediante muchos crímenes, puesto que ya está en el crimen, y si quisiera pasar del crimen a la virtud, es decir, de un estado violento a un estado calmo, caería en una inercia cuyo resultado inmediato sería su ruina segura.

SADE

Lo que tenía un aspecto político y creía ser político, un día se descubrirá como movimiento religioso.

KIERKEGAARD

Actualmente solitarios, ustedes que viven separados, serán algún día un pueblo. Quienes se señalaron a sí mismos un día formarán un pueblo señalado y de ese pueblo nacerá la existencia que supere al hombre.

NIETZSCHE

 

Lo que hemos emprendido no debe confundirse con ninguna otra cosa, no puede limitarse a la expresión de un pensamiento ni mucho menos a lo que se considera justamente como arte.

Es necesario producir y comer: muchas cosas son necesarias pero todavía no son nada y lo mismo ocurre con la agitación política.

¿Quién, antes de haber luchado hasta el fin, piensa en hacerle lugar a hombres a los que es imposible mirar sin sentir la necesidad de destruirlos? Pero si no se pudiera encontrar nada más allá de la actividad política, la avidez humana sólo se toparía con el vacío.

SOMOS FEROZMENTE RELIGIOSOS y en la medida en que nuestra existencia es la condena de todo lo que hoy se reconoce, una exigencia interior hace que seamos igualmente imperiosos.

Lo que emprendemos es una guerra.

Es hora de abandonar el mundo de los civilizados y sus luces. Es demasiado tarde para empeñarse en ser razonable e instruido, lo que ha llevado a una vida sin atractivos. Secretamente o no, es necesario volvernos totalmente diferentes o dejar de ser.

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Kafka, Van Gogh, una separación y el peor viaje en taxi de mi vida

POR ENRIQUE PAGELLA 

 Carl Spitzweg, 1839.

Carl Spitzweg, 1839.

Kafka decía en sus Diarios que no valía la pena salir al mundo. Creo que lo decía más o menos así: Siéntate, ya se ocupará el mundo de golpear a tu puerta.

No hay nada como una fugaz y esmerilada soledad cuando gozamos del circunspecto embrujo del equilibrio. Los genitales no nos laten. El miedo no nos impulsa a dar doble vuelta de llave en las puertas. No tenemos hambre ni pequeñas ambiciones. Los indestructibles reclamos no chillan desde el pecho. Los recuerdos no nos propinan ganchos al hígado y, a la vez, sentimos el desasosiego de no querer nada, de no crear el camino hacia algún futuro con un estúpido deseo. Un vacío laico, es decir sin misticismos, nos aísla para que notemos que la felicidad también es una metáfora.

Hace veintitres años me quedé de a pie en Belgrano. Eran las tres de la mañana y los colectivos y el tren ya no pasaban y todo indicaba que tendría que hacer tiempo en algún bar. Después de caminar una media hora encontré uno de mala muerte en el que me pedí una ginebra y una cerveza y me puse a leer las carta de Van Gogh a su hermano Theo.

En una mesa cercana una pareja de cincuentones gastados discutían enérgicamente, cosa que me molestaba porque me impedía la lectura de las magníficas cartas de Van Gogh. La disputa de pronto se espesó y el tipo se fue al baño. Ella, una rubia roída, aprovechó la soledad para acercarse a mi mesa y preguntarme si todavía era una mujer atractiva. Sorprendido, no atiné a responderle; me quedé mirando sus ojos azules. La rubia, molesta, insistió. Le urgía saber si yo la consideraba atractiva. Le dije que tenía lindos ojos. No fue una buena respuesta. La tipa se puso mal y comenzó a insultarme. Me dijo que era un pendejo cobarde y cuando creí que estaba por arrojárseme encima, apareció su hombre y la gresca adquirió dimensiones folletinescas. Me voy dos minutos y ya te buscás un pendejo, aseveró el tipo. El pendejo es tan cobarde como vos, replicó ella y le dio un sonoro cachetazo. Intervino entonces el mozo para separarlos, recibiendo a cambio un recto al mentón que la rubia ajada le había esquivado al veterano gris.

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La peregrinación de los girasoles de Van Gogh

Los girasoles de Vincent Van Gogh germinaron, fueron cortados y, finalmente, colocados en un jarrón en una procesión constituida por once trabajos en los que tres son una misma versión. Cada uno de los pasajes de este trayecto se ha diseminado por museos y colecciones privadas. Nunca ha podido hacerse una exposición en la que sus visitantes puedan apreciar este trasegar donde las flores se tornan en un coqueteo de la gloria .A continuación, un documental que ilustra cómo fue que Vincent Van Gogh, con sus ojos de carnicero, vislumbró algo que trascendió el arte. También les traemos  los once cuadros que comprenden la serie «Los girasoles»:

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Los girasoles mutantes de Van Gogh

Los girasoles indicados con las flechas negras, son los mutantes.

El departamento de Biología vegetal de la Universidad de Georgia ha revelado que algunos de los girasoles pintados por Vincent Van Gogh son mutantes (El artículo sobre esta investigación lo puedes leer acá). El arte ha sido, en variadas ocasiones, objeto de estudio de las llamadas ciencias duras. Lo que estos biólogos hicieron con el trabajo de Van Gogh es sólo un ejemplo más. Ya, a mediados del siglo veinte, Karl Jaspers se dedicó a hacer cuadros clínicos de Swedemborg, Strindberg y el mismo Van Gogh.

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