Tag Archive | Novela por entregas

De Chuyuipe a Canoa (cuarta entrega)

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el tercer episodio.

playero

Segunda parte

El indomable playero de Chuyuipe

Aquella mañana de enero, Ballenita lucia un sol esplendoroso, pero corría por toda la casa de madera un viento helado. Pronto los hermanos Russo fueron despertados por los gritos de Manuel Fernando, que venía acompañado de su enamorada Ingrid y de dos surfistas más: Roberto y Pava Loca.

Manuel Fernando les gritaba desde el portal de la casa de madera:

 -¡Vengan a ver el tamaño de las olas que está escupiendo Chuyuipe!

Pronto los hermanos Russo salieron de sus camas, envueltos en sus edredones y desde una de las ventanas del balcón pudieron contemplar un espectáculo maravilloso: el océano estaba completamente rayado, y miles y miles de olas surcaban la playa para reventarse en la orilla de Chuyuipe.

Ambos cogieron sus tablas de surf y se treparon rápidamente en el volkswagen de Manuel con rumbo a la playa.

Ingrid le preguntó a Danni:

 -¿Van a venir Doménica y Nicole?

-Seguro que sí, la traigo loca de amor-dijo Danni-.

-¡Yaaaaa!, mentira que eres modesto, ¿no?

  Read More…

De Chuyuipe a Canoa (tercera entrega)

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el segundo episodio.

chuyuipe

Cuando llegaron a Ballenita, Danni le preguntó a Doménica: si no se podían quedar un rato más, además Danni le tenía una pequeña sorpresa a su enamorada. Y ella le dijo:

 -¡Qué, que te traes entre manos!

Y Danni subió los dos tramos de las escaleras y abrió la puerta del altillo y sacó una botella de vino viejísima de Concha y Toro. Y luego bajó corriendo las escaleras hasta llegar al patio donde se encontraban todos con el corazón latiéndole aprisa.

 -¿Qué pasa?- dijo Nicole-.

Y Danni levantó el brazo y enseñó la botella de vino rojo como la sangre.

Doménica dijo toda temblorosa:

 -Pero no nos la vamos a tomar toditita, ¿sí?

Y Nicole se viró a ver a su amiga y le dijo:

 -¿Y tú vas a tomar ese whisky?

No es whisky, es vino y es sabrosísimo-corrigió con picardía Joey-.

-¿Y tú no dizque eres mormón y tu hermano evangelista?-dijo Nicole-.

-Todo eso era puro cuento. Sólo para que el papá de Doménica nos dejara en paz. El problema es que los surfistas tenemos mala fama.

-Entonces sí fuman-afirmó Nicole-.

-Al menos todavía no-dijo Danni-.

-Pero tú una vez casi fumas a los ocho años, me contó Manuel Fernando- dijo Joey-.

-Sí, pero no lo hice. Ese cigarrillo apestaba a diablos.

-Bueno, bueno, -dijo Doménica-, ábrete esa botella, rápido.

-¡Doménica!-dijo Nicole-.

-Ese es el problema, no encuentro el sacacorchos-dijo Danni-.

-Yo sé dónde está- dijo Joel, cuando terminó de encender las velas de la cocina para iluminar un poco aquella vieja sala de estar-.

Y de inmediato se fue a buscar el sacacorchos en el cuarto de su padre. Subió las escaleras de madera, se metió debajo de la cama, y en la esquina derecha estaba tirado el sacacorcho en el piso de madera. Luego bajó corriendo a toda velocidad la escalera.

Read More…

De Chuyuipe a Canoa (segunda entrega)

Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el primer episodio

Surf-photo-from-creative-commons

Danni y su hermano se pusieron de acuerdo para turnarse en el baño. Mientras uno se bañaba y se quitaba la sal del cuerpo, el otro se quedaba con las chicas como anfitrión.

El mayor de los hermanos Russo subió las escaleras para bañarse con agua dulce y helada que había recogido en un tanque. Se desnudó con la velocidad de un rayo y con la ayuda de una jarrita se mojó la cabeza haciendo espuma con el jabón de rosas.

Joey se quedó abajo armando una fogata en el patio para calentar la reunión. Así que sobre una duna de arena, que se encontraba en medio del patio, apiñó una serie de leños, les echó gasolina de un bidón que guardaban debajo de la escalera, y les prendió fuego.

La fogata se encontraba lo suficientemente lejos y centrada como para evitar cualquier tipo de incendio.

Nicole sentía frío y se le arrimaba a Doménica, y ésta trataba de alzarle el volumen a la radio de pilas, pero Joey le dijo que no lo hiciera porque se consumirían las pilas más rápidamente.

Doménica le dijo:

 -Con el ruido del viento no escucho casi nada.

Entonces Doménica pensando en Danni, que en ese momento se encontraba en el baño desnudo, bañándose con jabón de rosas, dijo:

 -¿Cómo habrá comenzado la vida en el mundo?

Y Joey le respondió:

 -Lo mismo me pregunto yo. Pero Danni es el que sabe una teoría que le explicó papá el año pasado cuando él le hizo la misma pregunta.

Entonces apareció Danni apoyado en el marco de la puerta, bañado con jabón de rosas, cepillado los dientes con pasta IPANA, y vestido con una camisa manga larga de leñadores, unos pantalones de pana Levi’s y unos elegantes zapatos de gamuza. Había escuchado la respuesta de su hermano y le respondió a su enamorada, dijo:

 -Esa respuesta me la sé de memoria.

-¡Caramba qué rápido te bañaste!-exclamó alegre Doménica-.

Read More…

De Chuyuipe a Canoa (primera entrega)

Presentamos «De Chuyuipe a Canoa», una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos «La necesidad del corazón». Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer:

la-primera

A Rafael Cruz, Jimmy Mendoza y Fernando Alvarez,

con inmensa gratitud por creer en mí

 

 Es flexible la lengua del hombre y razones distintas

 salen de ella y consiguen formar un yerbal de palabras;

de la forma que tú hables tendrás que escuchar la respuesta.

Pero ¿qué obligación nos apura a altercar disputando

e injuriándonos como mujeres llevadas de cólera

que movidas por la ira que han puesto en sus pechos, se salen

a la calle a reñir y zaherirse, diciéndose cosas

que son unas verdad y otras no y que la cólera dicta?

Con palabras no harás que el valor me abandone.

HOMERO

Una persona lo puede todo en su juventud, porque en ella abunda la vida.

Saul Bellow

 

 

Lo atrevido se convierte en clásico en el curso de nuestra vida, mientras envejecemos y morimos.

 

John Updike

 

Es solamente en los libros que la gente debe funcionar de acuerdo a reglas arbitrarias de conducta y probabilidad; es sólo en los libros que los hechos no deben desafiar la credulidad.

 

William Faulkner

 

CHUYUIPE NOCTURNO

Danni Russo, de diez y siete años, sentado sobre su tabla, mar adentro, ya empezaba a sentir los efectos del cansancio. No era para menos; eran las cinco de la tarde y había estado en el agua de Chuyuipe, Ballenita, desde las seis de la mañana.

Sentía una pesada hinchazón en todo el cuerpo, especialmente en los hombros. Sus pantorrillas amenazaban con acalambrarse a cada rato. El agua fría, verde, salada, se le había metido tantas veces por los oídos, garganta y ojos, que el pobre Danni estaba al borde de sufrir una fuerte sinusitis. Los dedos de sus extremidades estaban arrugados, morados, fríos por la larga exposición con el agua helada.

Aún así, en el cerebro de Danni, retumbaba una melodía del grupo Bread, titulada IF, que lo motivaba a seguir en el agua cazando olas.

Su piel parecía por el frío, el cuero de una gallina recién desplumada, pero aún así se puso a remar en la penumbra en busca de su hermano de doce años, Joey, el más loco de la familia, que se hallaba mucho más adentro, remando el mar picado en busca de una ola que lo saque a la orilla, esto era algo que él no suponía.y pensó:

¡Qué noche tan tremenda había pasado en Salinas!

Se había quedado dormido en una banca del malecón, borracho de champaña al salir de una fiesta del Yacht. Había sido la primera vez que él y su hermano habían entrado al Yacht con invitación y sin necesidad de introducirse clandestinamente en el maletero de un auto o por las rocas saltando el muro.

Y en la mañana él y su hermano habían llegado, a dedo, a la casa de sus padres en Ballenita, habían desayunado unas pizzas, unos panqueques y se habían metido corriendo al agua a coger olas hasta ese momento.

Su amigo íntimo Manuel Fernando los había invitado a la quinceañera de su enamorada Ingrid en el Yacht. Danni Russo y su hermano Joey habían asistido enternados y la habían pasado bailando en una fiesta con las luces encendidas, toda la noche y madrugada, emborrachándose con champaña. La habían pasado estupendo bailando boleros pegaditos junto a su enamorada Doménica, la canción de Gino Vanelli: I just wanna stop. Claro que ya se habían visto con anterioridad, un cuatro de julio, en una fiesta en el colegio Americano, en una Spook house y se habían fijado el uno en la otra, bajo los acordes de PRIVATE EYES de los HALL & OATES.

 

Ahora Danni se encontraba remando mar adentro, por en medio de las olas en busca de su hermano menor para lograr sacarlo del agua e ir a comer.

Danni remó por encima de una pared de mar picado de dos metros hasta pasar con las últimas al otro lado, ¡cómo le pesaban los hombros!, y al otro lado logró divisar a Joey.

Siguió remando sobre su tabla TOWN & COUNTRY por en medio del helado mar azul oscuro, que se bamboleaba debajo de su cuerpo como un buque en medio de una tormenta marina, y se fue acercando desesperadamente lento, hasta llegar a cogerle el cordón salvavidas atado a su tobillo.

Read More…

La necesidad del corazón (última entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

Botes de pesca varados en la playa de Saint Maries 1888

Cuando llegaron a Santa Elena se bajaron del taxi y caminaron lentamente hasta la parada de las chicheras que llevaban su carga de pasajeros y turistas hasta Montañita. Les esperaban más horas de viaje bordeando la playa iluminada de manera espejeante pro los débiles rayos del sol. En el camino Estefanía se recostó en el hombro de Pepe Viche y por fin pudo dormir con aquella tranquilidad que sólo había experimentado cuando era niña y se quedaba dormida en los brazos de su padre.

Mientras tanto Pepe Viche sentía que en su cuerpo estaba a punto de explotar una nueva crisis de shakes, ya que esta relación incipiente con Estefi era algo de gran trascendencia y responsabilidad. Su pierna derecha empezó a temblar frenéticamente, pero la crisis tal como vino se pasó ante la tranquilidad que Pepe Viche recibía al contemplar el hermoso paisaje marino que bordeaba la carretera. Y Estefanía no se despertó durante todo el viaje. En este tiempo Pepe Viche replanteó toda la perspectiva de su vida. ¿Sería esta relación un nuevo comienzo?, ¿a dónde lo conduciría todo esto?

Cuando pasaban por una curva Pepe Viche pudo ver a una gallina colgada de un árbol y pensó de inmediato en la maldita superstición y en la brujería, que era tan valorada en las civilizaciones primitivas. A cada rato se cruzaban por la carretera ciertos venados, tigrillos, cualquier cantidad de culebras morían aplastadas por las llantas de los vehículos. Al parecer recién se había producido un gran aguaje ya que toda la playa estaba repleta de raíces, huesos, palos, troncos de árboles, plumas. Luego se asustaron y pensaron en un acto de brujería cuando vieron una gran gallina colgada de un árbol.

En los asientos de atrás de la chichera venían parloteando un pocotón de gringas del cuerpo de paz, que recién venían de Babahoyo cumpliendo una misión de beneficencia como ayudantes en operaciones gratuitas de corazones abiertos para los pobres, personas de escasos recursos y desamparados. Al parecer venían con un gran cargamento que iba en el techo de la chichera y que consistía en una gran cantidad de ropa usada para ser repartida a los pobres de Montañita. Read More…

La necesidad del corazón (octava entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

Playa de la Barceloneta. Pablo Picasso, 1896.

Playa de la Barceloneta. Pablo Picasso, 1896.

A la mañana siguiente Flychi los fue a buscar para ir a correr olas en Punta Carnero. En el camino Pepe Viche sacó un grifo bien roleado de una yerba poderosísima y se lo fueron fumando durante todo el camino. Los cuerpos de los hermanos Andolini eran musculosos, pero con el efecto de la yerba, Tuco no dejaba de mirarse una y otra vez y de mirar los tremendos músculos del cuerpo de su hermano. Tuco creía que desde que habían salido de la casa hasta el viaje por la carretera, sus cuerpos estaban experimentando una asombrosa hinchazón. Al parecer aquel bate lo volvió a meter aunque sea un poquito en la onda del LSD y estaba alucinando un poco, porque cuando llegaron a Punta Carnero todo le pareció a Tuco de color amarillo, no sólo la arena y las rocas sino el cielo y era como si el resplandor del cielo fuera tan fuerte que todo se había transformado adquiriendo un color dorado.

Cuando los chicos llegaron a Punta Carnero las olas estaban reventando con una altura de tres metros en perfecta formación, unas tras de otras, eran líneas continuas, que se alzaban desde el bello horizonte hasta llegar a la orilla.

Pepe Viche se lanzó de inmediato al agua y empezó a remar las paredes de agua y espuma que se le venían encima unas detrás de las otras. Pepe Viche remaba y remaba y poco a poco, de manera imperceptible se iba acercando al point para esperar y coger una mama rusa, de buen tamaño. Flychi y Tuco se quedaron en la orilla cogiendo sol y respirando la deliciosa y refrescante brisa marina. Entonces Flychi le dijo a Tuco:

– Conozco alguien que quiere donar un buen dinero para el asilo que quieres construir…

-¿Sí?, ¿quién es?

-Eso no te lo puedo decir, pero es un donador anónimo, que tiene mucho mucho dinero y a llegado a sus oídos tu proyecto…el tipo está deseoso de entregarte sesenta millones de sucres, ¿qué te parece?

-Me parece algo increíble, ¿pero qué quiere a cambio?

-Que le pongas al asilo el nombre de un antiguo familiar suyo, un tal Vicente Yagual.

-¿Se trata de dinero sucio?, ¿de drogas?

-Sólo sé que es dinero de ida y sin retorno, una donación con ese sólo compromiso y nada más…

-¿Me puedes poner en contacto con él?

-Él no quiere que lo conozcas, sólo quiere darte el dinero y que le pongas ese nombre a tu asilo para ancianos, ¿qué te parece la idea?

Read More…

La necesidad del corazón (séptima entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

La novena Ola. Iván Aivazovsky.

La novena Ola. Iván Aivazovsky.

Correr olas era interesante. Un deporte bastante espiritual. Aunque para un espectador, aquello parecía siempre lo mismo y lo mismo, pero sólo un surfista de verdad sabía, que cada ola tenía su propio misterio. Uno nunca iba a saber cómo le iba a ir en una ola que cogía. A veces las cosas salían bien, pero a veces la ola se cerraba o se abría un gigantesco hueco debajo de la tabla y entonces venía lo bueno…la caída, el manto oscuro de la espuma o muerte blanca, que le teñía al deportista los ojos de negro y que lo revolvía dentro del agua.

Cada vez que Tuco se metía al agua se concentraba tanto y con la fuerza de su mente trataba de luchar contra su enfermedad. Pensaba que mientras más remaba más fuertes se hacían los anticuerpos que terminarían librándolo de la muerte. Tuco surfeaba horas enteras con la esperanza de seguir viviendo y lo poco que comía consistía en frutas, que no le exigieran mucho trabajo a su miserable y despedazado estómago.

Dentro del agua se mantenía en movimiento y cuando las olas se le venían encima, él las interpretaba como verdaderas oportunidades para luchar contra la muerte y seguir viviendo.

Cuando llegaba el mortal momento en que experimentaba la mordida del hambre, sentía pánico, pero también desesperación por saborear un jugoso pescado o un exquisito cebiche de camarón. Había momentos en que hasta la misma fruta le causaba náuseas. Todas estas cosas le minaban la resistencia a los embates de la vida y a veces el pobre Andolini se quedaba en la cama sin querer levantarse para nada. El pelo y la barba le empezaron a crecer con libertad y belleza y no le importaba en absoluto. Cuando salía al porche a ver cómo Pepe Viche atendía a los clientes que le compraban sus chuzos, se le alegraba un poco la existencia al escuchar las palabras y las conversaciones de las gentes. Había un cliente llamado Lester y otro que le decían EL TOPO y ambos se divertían entre ellos haciendo toda clase de preguntas filosóficas y hasta Lester trataba de hipnotizar al TOPO y todo el mundo se reía carcajadas. Lester era un escritor adicto al trabajo literario de Jack Kerouac y Henry Miller y EL TOPO era un especialista en las obras del profesor Norman Mailer, así que cuando este par se unían los espectadores se daban un buen banquete de toda clase de conocimientos eruditos.

Una mañana Lester y EL TOPO fueron a ver a los hermanos Andolini para ir a correr olas a DEAD POINT. Que era un playero suicida donde el surfista tenía que coger la ola en el pico y luego conectarse con otra ola más tubular llamada el SUPER TUBO y de ahí seguir corriendo hasta salirse de la ola antes de estrellarse contra las rocas. Pero primero pasaron por el Rubira y les pitaron a las chicas Tatiana y Nancy para que ellas saltaran el muro y se fueran con ellos a  ver cómo cogen olas en DEAD POINT. Y resulta que después de recoger a las chicas se fueron a ver a los hermanos Andolini, que ya los estaban esperando. Y luego a DEAD POINT.

Había que remar y remar y remar del putas loco y luego comenzó el verdadero surf de verdad. Todos cogieron olas y se montaban en ellas uno tras del otro y las chicas miraban desde las rocas, muertas de frío, pero bañadas en Coopertone y sonriendo. Tatiana le prendió un grifito a Nancy y se quedaron grifotas temblando, viendo como sus amigotes exponían sus vidas al correr aquellas olas de ese playero suicida.

Entonces se escuchó el ulular de la sirena de alarma y vinieron los militares en una lancha y se los llevaron a todos presos, incluidas las chicas, por considerarlos espías. Tuco una vez en la base, alineado en la fila, se le ocurrió pedirle al sargento Troya que le de un cafecito y los demás muchachos se partieron de la risa. Una mujer de la Armada revisó el bolso indígena de Tatiana y encontró dos cigarrillos de marihuana y ella se defendió diciendo que eran para consumo personal, que ella no era una mugrienta narcotraficante. Pero el problema era que ninguno de los muchachos y de las chicas tenían la cédula de identidad y lo comisionaron a Pepe Viche para que vaya a buscarlas y las traiga más quinientos sucres para pagar la multa que pesaba contra Tatiana por la yerba que le encontraron en la pequeña carterita indígena.

Read More…

La necesidad del corazón (sexta entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

turner_tempte_de_neige_sur_mer

La idea de comprar una casa en Salinas fue desde el principio idea de Irene, ella siempre saliéndose con la suya, pero cuando empezaron a venir a pasar las vacaciones a la playa, Irene pronto se cansó del desierto, la soledad, el sol, la arena y el mar, y pronto comenzó a sugerirle a su marido que vendiera la casa, pero a Tuco le empezó a gustar cada vez más la tranquilidad del desierto y comenzó un plan de ahorros para retirarse del negocio de compra y venta de vehículos. Cuando Irene se enteró de aquel proyecto puso el grito en el cielo y comenzó a hacerle la vida imposible a su marido con continuos reproches a su falta de competitividad y quemeimportismo. Por su parte Tuco se quedaba callado y lo soportaba todo hasta que se le colmaba la bilis y entonces le gritaba a su esposa y la mandaba a la casa de la verga o le decía que se consiga un amante y que se vaya con él o con ella, y esto lo decía con intención bien maligna, porque ella creía que su esposo no sabía nada de su preferencia bisexual por las lesbianas.

Cuando el matrimonio terminó, Tuco se sintió libre, pero, entonces, cuando sus planes de vivir feliz se empezaron a hacer realidad y su vida tomaba un nuevo giro lleno de grandes banquetes de mariscos, paz y armonía. Cuando había liquidado con éxito el negocio de su patio de vehículos y se disponía a llevar una existencia completamente tranquila en la playa, el destino le traía la noticia de que no iba a vivir mucho tiempo. A veces Tuco se despertaba en la noche lleno de pánico y desesperación y se volvía a acostar y rezaba el Padrenuestro en completo silencio hasta lograr calmar los nervios. Siempre lo atormentaba la idea de quién sería la persona que lo cuidaría mientras llegara el momento de la agonía. No tenía hijos, su esposa no quería saber nada de él, sus padres estaban bajo tierra: su madre por la diabetes y su padre víctima de la hipertensión. Su hermano era casi un inútil, así, que, en definitiva, estaba solo y moriría solo en este mundo; solo, completamente solo en una cama de hospital, como tanto temía Octavio Paz. Katty era una drogadicta inútil que no servía para nada, ¿quién la mantendría cuando él se muriera?

Cuando Tuco pisó por primera vez un hospital oncológico pronto se informó que el noventa por ciento de los pacientes mueren, y que es entonces cuando el enfermo logra apreciar las cosas insignificantes y simples, pero bellas y sublimes de la vida: como disfrutar de una noche estrellada en Canoa o disfrutar de la compañía de una amiga mientras se saborea una deliciosa pizza donde don PEPE.

Tuco se hizo muy amigo de Tony Reyes el doctor que lo chequeó y que le detectó el cáncer al estómago. Él le conversó que había entrado a trabajar en aquel hospital oncológico junto al mar cuando era estudiante, ya que su padre lo recomendó al director con quien mantenía una larga amistad desde la infancia. Pronto Tony entró a trabajar como ayudante en el área de diagnóstico. Y él le confesó lo triste que era hacerse amigo de un niño con leucemia ya que sabías que iba a morir. El hospital en que trabajaba ahora no siempre fue así: cuando recién entró a trabajar lucía todo viejo, descolorido y desvencijado y a él le tocaba recargar los hematócritos y pronto se dio cuenta de la importancia de tener dinero para comer a la hora del almuerzo. Recargar los hematócritos significaba medir los glóbulos rojos y era una tarea de gran responsabilidad y siempre después de cada jornada, Tony terminaba muerto de hambre y el primer día de trabajo estaba completamente chiro y subió al comedor a ver si alguien le regalaba un plato de comida, aunque sea un arroz con jugo de carne, pero la negra cocinera Heriberto le abrió una cuenta de crédito para que él la pagase en la quincena y así pudo tener asegurada la comida diaria.

Los primeros días de trabajo Tony Reyes no vio a los enfermos de cáncer sino que se lo pasó en el LABORATORIO haciendo hemogramas, que es el conteo de leucocitos, donde se utiliza la fórmula de Schilling, que sirve para diferenciar los leucocitos entre segmentados y mononucleados y los linfocitos y los monolitos y también había que recargar los hematócritos que era el contaje de plaquetas y que se dividían entre: neutrófilos, eucinófilos y batófilos. El problema de la leucemia se detecta cuando entre los glóbulos blancos surge un aumento en número y se alteran en su forma.

Read More…

La necesidad del corazón (quinta entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

olas

Con el tiempo a Tuco se le ocurrió la idea de mandar a construir un gran asador de un tanque partido en dos y ponerse, con su hermano, a vender chuzos, choclos y chorizos por las noches, pero sólo en los fines de semana. Todas las noches la calina del desierto se refrescaba hasta el punto de que los turistas salían a pasear por el malecón abrigados hasta el cuello. En cambio aquel frío era del gusto de las mujeres extraterrestres y una de ellas, una simpática chica de una de las lunas de Júpiter, llamada: XPR899, siempre lo venía a buscar a Tuco con la finalidad de que él accediera a reproducirse con ella, pero Tuco estaba más concentrado en el negocio de darle la vuelta a los chuzos para tener un ingreso extra. Pero fue tanta la insinuación de aquella mujer hermosa, que Tuco no tuvo más remedio, que encargarle el negocio a Pepe Viche y subir al segundo piso de su casa de madera con aquella alienígena tan simpática como exigente. En la cama aquella mujer lo hizo vibrar a Tuco de una manera impresionante y cuando ambos acabaron el acto sexual, ella le transmitió una energía corporal, que lo hizo sentir, al débil enfermo, completamente rejuvenecido, por un par de días. Tuco no sintió con tanta fuerza los achaques del cáncer durante ese lapso de tiempo. Pero siempre que tenía sexo con estas bellas mujeres alienígenas, sentía por varios días, que las piernas le temblaban, como si estuviera su organismo completamente debilitado. La bella XPR899 lo siguió visitando hasta cuando un día le anunció que él iba a ser padre, entonces, se desapareció del mapa, para alivio de Tuco. Por las noches Tuco pensaba en XPR899 y su hijo pero aquel pensamiento no le daba mucha ansiedad ya que aquella criatura no sería un humano de verdad al ser engendrado en el vientre de una mujer de otro planeta.

Nori

Todo lo que vivimos

Las canciones que cantamos

Se perderán en el olvido

Como si nunca las hubiéramos entonado

Las cosas que nos dijimos

Las experiencias que pasamos

Cuando te desmayaste

Cuando le arrojaste el cuchillo a Juanito

Todo, absolutamente todo

Quedará en el olvido

Read More…

La necesidad del corazón (cuarta entrega)

Edison Delgado Yepes, escritor nacido en Ecuador, nos ha permitido publicar, por entregas, su novela “La necesidad del corazón”. Acá podrán leer el episodio anterior.

Captura

 

Tuco Andolini empezó su carrera laboral como vendedor de vehículos y con el lento paso del tiempo llegó a tener su propio patio de compra venta en la calle Panamá en pleno malecón Simón Bolívar. Cuando se graduó de bachiller, en la ceremonia se encontró con un compañero del colegio: el ingeniero Crevecoeur a quien le confesó su temor de no encontrar trabajo y él le dijo que lo vaya a visitar a su patio de vehículos para hablar y convertirlo en comisionista de vehículos usados. A la mañana siguiente Tuco se presentó en el patio, bien enternado, y de inmediato le explicaron el ABC de todo el asunto y lo peligroso, aunque muy tentador, que era el meterse a comprar y vender vehículos robados.

Vender vehículos es una profesión absorbente y llena de azar. Las comisiones son mínimas y el esfuerzo inmenso. Hay meses y meses en los que no vendes ni un solo carrito y las facturas se van acumulando, la preocupación y el estrés se acumulan en la base del cráneo porque hay cuentas qué pagar. Luego, suena el teléfono y aparece una esperanza de venta. Y corres con el vehículo a enseñárselo al posible comprador. En una ocasión tuvo que manejar a Cuenca para enseñar un vehículo al dueño de una librería y conoció a una linda chica de Machala, que vivía mucho tiempo en el Austro, trabajando como mesera de un pub escocés. Katty era huérfana y pronto se había aclimatado al frío y a la putería cuencana. Los serranos tenían una capacidad para farrear mucho más grande que los chicos de Machala que ella conocía. De inmediato ambos quedaron flechados y Tuco la invitó a comer una paella de mariscos en el restaurante del HOTEL LA LAGUNA. Cuando salieron de aquel lujoso restaurant, se fueron a la cama juntos. Ella se llamaba Katty y era rubia, rubia, y tenía unas tetotas bellas y grandes como las de una vaca. Le gustaba fumar maduro con queso y, a veces, en medio del frenesí del sexo, se levantaba de la cama, desnuda, y se ponía, con manos temblorosas, sobre una mesa de vidrio, a armar un maduro, sintiendo cómo le latía fuerte el corazón, esparciendo por toda la mesa tanto la yerba como el químico. Jodía con Tuco tan drogada, que a veces le entraban crisis de pánico porque creía que las avionetas que sobrevolaban el espacio aéreo de ella, estaban piloteadas por policías. Su cordura estaba conectada por un delgado hilo de paranoia a la demencia. Después, cuando Tuco se mataba de la risa de la locura de ella, Katty se percataba de que estaba portándose irracional y se le unía a Tuco en su carcajada. Todo era demencial con ella ya que siempre quería hacer una pausa para esconderse y fumarse un maduro ya sea en un closet, en el baño de un restorant serrano o hasta en la esquina vacía de una iglesia católica cuencana. Ese tipo de actitud era la que le provocaban esas ansiedades paranoicas, que la hacían creerse perseguida y espiada por la policía.

Luego, una noche antes de que Tuco regrese a Salinas, Katty lo llevó a un desfile de modas. Tuco estaba bien trajeado y olía a GREY FLANNEL. El desfile presentó a las chicas más lindas del Ecuador, y Katty había conseguido unas sillas privilegiadas muy cerca de la pasarela. Tan cerca que cuando las modelos pasaban, Tuco podía oler las fragancias que emanaban de sus voluptuosos cuerpos, todos ellos embutidos en caros y extravagantes trajes de noche.

Read More…