Ha muerto uno de los precursores de la literatura chicana
Wilches sabía en qué día iba a morir una persona, no la fecha sino el día. A mi abuela la vio como cadáver un domingo y así fue. A un amigo, atropellado por una ambulancia, le dijo «Usted tiene cara de lunes» y, efectivamente, cayó sobre el asfalto, boca arriba, un lunes en la tarde. Wilches nunca supo qué día tenía su cara, ni siquiera la mañana del sábado luminoso interrumpida por un disparo que se propinó en su boca abierta como una O, pero su capacidad irradió hasta las fotografías de quienes no conocía en persona; se metía a facebook o páginas web y comenzaba a ver los días de la semana en los rostros sonrientes aparecidos en perfiles, fiestas y viajes. Fue una de esas fotos, subida a un blog dedicado a la literatura Chicana, donde vio la imagen de Miguel Méndez, el autor de «Los peregrinos de Aztlán» , y dijo: «¡Jueves!».
Y así fue. Miguel Méndez ha fallecido el pasado 30 de Mayo en la ciudad de Tucson y muy pocos medios han hecho eco de esta noticia ( en Wikipedia, que suele tener actualizadas las muertes, aún aparece sin fecha de fallecimiento). Hoy me enteré por una amiga que me puso en contacto con él, a quien no conocí personalmente pero sí por teléfono, para realizarle una entrevista que se extendió por más de una hora; en aquella ocasión Miguel se quejó de la poca diligencia de los editores y de sus deseos de buscar otros horizontes para dar a conocer su obra, amordazado las licencias Copyright donde todos son dueños de lo que haces menos tú. Ha muerto Miguel Méndez, pero, como él mismo intituló uno de sus libros, «Los muertos también cuentan». Acá podrás ver la entrevista que concedió a milinviernos. Q.E.P.D Miguel.
Wilches también cuenta y, desde el otro costado de la eternidad, ve caras de los próximos a nacer, es decir, de los inexistentes que serán condenados a muerte por haber nacido, allá en esa otra dimensión.
Habla el museo gástrico del tango . Un texto de Marcelo Cohen
El escritor argentino Marcelo Cohen publicó en 1996, con la editorial Minotauro, «Inolvidables veladas», una novela en la que el tango forma parte de una atmósfera que evoca «Hola, América» de Ballard. En el aparte que les presentamos hay todo un circuito gástrico que esta mañana estuvo muy presente en la televisión cuando mostraron cómo le robaron a un actor obeso unos kilos debido a una intervención quirúrgica, después de cerrarlo, los cirujanos le notificaron la presencia de un tumor maligno (la lectura del parte médico se hizo en directo para todo el país), hambriento y ansioso de tragarse todas las entrañas del actor gordo y bonachón. Él, el actor, quería ser un galán flaco pero sus trabajos futuros se limitarán a interpretar a un muerto viviente o a un tío de la familia Monster: Apocalipsis y posapocalipsis ocurren todos los días.
Una voz del museo gástrico del tango
Por Marcelo Cohen
remontando el sendero de la inquietud en busca de un origen plausible para el malestar del sistema no se encuentra un tumor no sino un chambergo un guitarrón estrangulado por una pañoleta una colcha con goterones de cera una escupida de costado madreselvas y una meditabunda peregrinación el folleto lo explica con detalle de hombres despechados camino ora al almacén ora al prostíbulo o a la asfixiante pero promisoria redención del hogar allá va el pituco allá el maula el fachatosta el compadrito hay una estampa ya carcomida por los ácidos salivales de un proxeneta doblado sobre sí mismo engullendo su propio fluido vital sólo que no llega del todo a la fuente y se le mancha un ojo a la yiranya acude a auxiliarlo es una buena mujer la misma buena mujer de hoy con el yirantato convertido en fantasía que puede y debe
Una denuncia de Richard Dawkins
Richard Dawkins en muy conocido por ser un «Ateo militante»; en el siguiente documental acusa a las religiones y la fe de ser las principales culpables de las guerras que estallan en el planeta. El planteamiento de este biólogo inglés aún es objeto de múltiples debates pues le endilga a todas las religiones una presunción anclada en que se entienden como la verdad absoluta mientras denuncian a los demás conocimientos como falsos cuando, según el autor de «El gen egoísta», toda postura religiosa es equivocada y la verdad está del lado de la ciencia de modo que sólo ella es conocimiento. Dawkins condena la creencia en los milagros y en ciertos hechos enunciados en la biblia, esta acusación también podría caberle a la ciencia si alguien que lee los libros de divulgación del inglés cree que un gen es una suerte de esfera que le da codazos a las demás porque es «egoísta»; quizá, más que una denuncia contra un cúmulo de creencias, el alegato de Dawkins sea una herramienta para analizar ese mecanismo llamado metáfora, común a discursos teológicos, científicos, políticos, periodísticos, literarios y a cualquier diálogo o monólogo. Otro aspecto importante es que los ateos de origen científico plantean una despolitización de la ciencia, otorgándole, paradójicamente, cualidades de las «ideas puras» que habría de operar en cualquier circunstancia y habría de explicar todo lo existente y, lo que no ha explicado, habrá de hacerlo en un futuro:
Alejo Carpentier entrevistado
Si a muchos de los escritores del llamado boom se los asimila como unos abuelos, al cubano Alejo Carpentier se le ha adjudicado el papel de un bisabuelo con el que hay una relación y un recuerdo que desemboca en el silencio. No sólo fue autor de unas novelas que inauguraron o propusieron una forma de narrar y de construir historias totalizadoras del continente sino que fue de los primeros en intentar una historia de la música cubana.
Un gran mercenario del far west
Uno de los grandes momentos del spaghetti western es cuando hay un duelo entre un pistolero y un payaso. La película donde aparece tal escena es «Salario para matar», dirigida por Sergio Corbucci, un director que no tiene nada que envidiar a su tocayo Leone y que supo que su Clint Eastwood fue Franco Nero. Esta película tiene música que, décadas después, habría de retomar Tarantino para «Kill Bill». Como en las grandes historias del oeste norteamericano montadas en Europa, aparece el poco entusiasmo que los héroes sienten por la mujeres a lo que se suma, en este caso, que el villano (interpretado por el gran Jack Palance) es un fileno notable y muy cruel.
Las elegantes cuerdas del universo
La elegancia es uno de los conceptos de la física teórica que trascienden el campo disciplinario de los científicos; algunos autores de divulgación como Paul Davis apelan a versos de William Blake porque saben que sólo mediante metáforas pueden acercarnos a los legos a un mundo inexpugnable. En el documental «El universo elegante», Brian Greene expone la búsqueda de una teoría unificada que pueda explicar la totalidad del universo que ha desembocado en la teoría de las cuerdas, esta búsqueda es común a disciplinas como la teología o a empresas como la de Teilhard de Chardin, el jesuita que buscó conciliar la teoría de la evolución y la omnipresencia del Dios semita. Este documental se inspira en el libro homónimo escrito por el propio Greene.
Ernesto Sábato: El artífice del matrimonio de Aira y Piglia
Ernesto Sábato es uno de los escritores que con más desconfianza y desprecio es visto por los literatos argentinos. La manera en que lo descartan del «canon» es agrupándolo dentro de ese elenco de extraños próceres que jamás batallaron pero usaron consignas moralizantes. Entre los escritores que hoy día dominan el mundo editorial del país del sur, muy pocos, quizá ninguno, se atreve a afirmar que desciende en su escritura del autor de «El Túnel». César Aira, cuyas novelas constituyen uno de los «corpus» más utilizados en las tesis de las facultades de letras, afirma lo siguiente:
A Sábato no lo hemos tomado nunca muy en serio. Y sorprende un poco que alguien se lo pueda tomar en serio. Es un señor que tiene aristas muy risibles: esa vanidad, el malditismo… Malditismo que no condice con su personalidad. Es un señor perfectamente racional que juega al maldito. Así, se ve obligado a escribir constantemente en sus textos la palabra angustia, la palabra dolor… y claro, eso no funciona.
Tan de acuerdo en el desprecio están los escritores argentinos que dominan el panorama actual que Ricardo Piglia, el marido maltratador de Aira y, por tanto, un «enemigo» a quien el autor de «Una novela china» tildó como hijo de Sábato, consagrando a Ernesto como su suegro, dijo del autor de «Sobre héroes y tumbas» :
Era bastante desagradable y oportunista. Había cultivado un mito de sí mismo que era un poco ridículo
La impopularidad nacional de Sábato, a quien juzgan con mayor encono su tibieza con la dictadura que al propio Borges, contrasta con el entusiasmo que muchos sienten por él en otras latitudes, corriendo con una suerte similar a la de Cortázar, más querido y admirado fuera que dentro de Argentina, compartiendo un sino que ya Fogwill vislumbró al corregir a su amigo Aira y afirmar que el hijo de Sábato fue Cortázar, dejando huérfano al matrimonio César-Ricardo. Les presentamos una entrevista de este escritor que une a los literatos argentinos y lo convierten, a ese sí, en un indiscutible «canon»(palabra muy cara a los afectos de los suplementos literarios y profesores de letras de Argentina) del desprecio:
Edward O. Wilson, el señor de las hormigas
Edward O. Wilson es conocido, principalmente, por su planteamiento de la sociobiología. El destino de su propuesta ha sido el recelo y rechazo de los trabajadores en las áreas de estudios sociales al acusarla de reduccionista, quizá porque muchos de los discursos que se tejen en los departamentos universitarios se verían erosionados y no quedarían muchos congresos y viajes por hacer. En la sociobiología, algunas nociones, categorías y análisis de las ciencias naturales se aplican a comportamientos sociales. Pero esta propuesta de Wilson no es la única, en el mundo también es conocido por sus trabajos sobre la biodiversidad y, sobretodo, por su afición y conocimiento de las hormigas. Wilson plantea que conocemos menos de un cuarto de la totalidad de las especies que habitan la Tierra y con sus conclusiones se puede sugerir que la taxonomía, obediente aún a los criterios básicos de Linneo, es una construcción que condiciona nuestra perspectiva de los seres vivos- algo que advirtió Foucault en las clasificaciones medievales-. Les presentamos, a continuación, un vídeo en donde Wilson habla de la biodiversidad y las similitudes y diferencias entre los humanos y las hormigas y otro vídeo en donde se conoce el estudio de este científico que aún recorre el mundo, avisorándolo con su único ojo, como si fuera extraño cíclope que, en lugar de proclamar que es nadie, recorre y encuentra maravillas que reconforten al espíritu:
Una película china sobre la masacre de la segunda guerra mundial
Alguien afirmó que Mengele, comparado con Shiro Ishii, era una quinceañera. Esto es parcialmente cierto: Ishii fue tan cruel que, comparado con el médico alemán, fue una de esas quinceañeras que se burlan del compañerito con la cara iluminada por la grasa y enrojecida por los granos que se pellizca. Los dos fueron quinceañeras violentas y poderosas. Shiro Ishii fue el comandante de la División 731 del ejército japonés, apostada en el norte de China y destinada a hacer experimentaciones con humanos. Su celebridad siniestra se ha debido a las vivisecciones que él y sus subalternos realizaban a personas sin siquiera aplicarles algún anestésico. En 1988 el director Tun Fei Mou exhibió su película «Los hombres detrás del sol» que, los amantes del cine de horror, la han hecho suya, despojando la intención de memoria que buscaba el director, quizá porque los hombres asiáticos le resultan tan lejanos a occidente que todo no pasa de una curiosidad pese a que el director, en una de las escenas, haya acudido a una actriz occidental y su hija mientras son envenenadas con gas. La narración de esta película es extraña pues inicia como un documental y culmina como una pieza dramática donde, incluso, hay ciertos respingos que buscan una risa, esa intención hace aún más insoportable el ambiente helado del comienzo de la historia y el final húmedo de un verano signado por estallidos nucleares. Así mismo, esta película es una denuncia a los aliados que jamás impartieron justicia al médico-militar japonés.















