Un trazHOmenaje a la historieta La Flor de Coleridge, por Luis Antonio Bolaños.

La Flor de Coleridge

Por: Luis Antonio Bolaños de la Cruz 

TrazHOmenaje 01 de la Historieta Argentina

Motivado y acicateado por mi amigo Isaac (desde Casa de Jarjacha primero y de Agujero Negro digital después) me aproximé por aquel entonces a los diversos soportes en que se expresan los creadores de los géneros de nuestros amores, y comprobando que la mayoría de los comentarios, reseñas y análisis sobre historietas correspondían en lo fundamental a la producción USA, a la japonesa y algo a la europea, me decidí a recorrer ese universo de sueños plasmados por los autores e ilustradores argentinos, que se acumulan en capas sucesivas durante varias décadas dignas de ser exploradas sin pausa y con placer; me propongo comentar una vez quincenalmente alguna de dichas creaciones, porque siento que están sometidas a un olvido similar al que nos aplican por periféricos los poderes imperios en otros temas, cuando su calidad es genial y muy superior al promedio de la producción de USA y Japón y comparable con el nivel de la francobelga, británica e italiana.

El nombre de la sección funciona como un anagrama múltiple que se estira en tres dimensiones: con destino a lo gráfico mediante los trazos entregados, hacia la recuperación de la memoria trayéndola consigo a través del homenaje y menaje por el equipo de conceptos, referencias, imágenes, recuerdos, emociones y relaciones con que emprendo el viaje permitiendo que se disuelva el tiempo transcurrido para gozar en el presente de esas obras escamoteadas.

Empezaré con “La Flor de Coleridge” (publicada en Skorpio), comentando página a página esa historieta con guión de Guillermo Saccomanno, tan militante y hermoso que uno aplaude el tema y se solidariza con los acontecimientos pero sin perder en ningún momento la emoción, y recurriendo al trazo de “Tintafina” como suelo denominar en mis degustaciones comiqueras a Cacho Mandrafina, el artista ilustrador, digno dibujante que con un uso magistral del entintado y la disposición del espacio en las viñetas, unidos a que se manifiesta como letrerista eximio (manifiesto en las viñetas de las páginas uno y dos) pasa a ser uno de los maestros en el uso de la tinta china de esas añoradas ediciones que tanto nos ofrecieron bajo los sellos de:

Abril & Yago (Misterix, Rayo Rojo),

Record (con Skorpio, Corto Maltés, Pif-Paf, Tit-Bits),

Columba, que hasta tiene canción de Calamaro (con El Tony, Intervalo, D’Artagnan, Fantasía, Aventuras, Nippur Magnum),

de la Urraca (con las potentes Fierro, El Péndulo, Humor, Superhumor, Cazador),

pero sobre todo Frontera de Oesterheld con su homónima y Hora Cero donde sucede esa clásico inolvidable “El Eternauta”que varias generaciones llevamos en el corazón.

Desde el título y la diagramación de
las páginas 3 y 4, la historieta evoca lo que desea transmitirnos:
la situación que se vive y la intensa persecución entrecortada y
jadeante por los retorcidos callejones de la Casbah, -es inevitable
que evoquemos “La Batalla de Argel” de Gillo Pontecorvo y nos
embarquemos en rememorar datos y sucesos de esa extraordinaria hazaña
que significó la rebelión argelina que terminó por expulsar a los
franceses del territorio magrebí-;
el conecte entre acabado de las
viñetas y palabras claves repercute por su potencia en la
comprensión del acontecimiento, que queda rubricada en las miradas
de los testigos,
 O en el acercamiento a los rostros de
los torturadores y del sospechoso en la página cinco, tanto que casi
permite tocar las imperfecciones en la epidermis de sus rostros,
captando el carácter y su vida interior a la manera de una
prescripción frenológica;

  La seis es un flashback detallado de
los acontecimientos que se abren en la introducción y retroalimenta
en nuestra mente las aproximaciones temáticas que construimos al
inicio, ese refuerzo será importante para la ubicación
sociopolítica (las investigaciones de Franz Fannon y “Los
Condenados de la Tierra”
y Samir Amìn por ejemplo con El
desarrollo desigual, ensayo sobre las formaciones sociales del
capitalismo periférico y La desconexión, hacia un sistema mundial
policéntrico
) y para recargar las sensaciones que derivan de los
mecanismos de humillación y destrucción del yo colectivo que
ejercen los militares sobre el sospechoso -no abandonamos en la
memoria lo ocurrido en América Latina, en África, en Asia, nos
mundializa en las técnicas que transmitidas por el ejército USA en
Fort Bragg o campamentos similares de instrucción fueron la base
para el “tratamiento con que apremiaban” a los izquierdistas que
luchaban por la independencia de sus naciones durante un largo
período cuando eran atrapados para extraerles información-,
técnicas que continúan vigentes en Iraq o en Guantánamo, o otros
muchos lugares.
En las siete y ocho ejecutan las
técnicas destinadas a quebrantar su voluntad, es la primera vez que
el torturador subalterno descruza los brazos, hasta ese momento se
mantenla en reserva cual si tratara de evadir el compromiso con la
tortura, también es el momento en que el lastimado emprende un viaje
a su interior que recuerda, como no, el de los personajes Sam Lowry y
Harry Tuttle en Brazil, la distopía dirigida por Terry Gillian, irse
al interior de sus ensueños íntimos para evitar delatar a sus
compañeros por medio del recurso del amor,
 La ocho además, siendo en cierta forma
reiterativa, trae una sensación de fracaso, de cansancio, representa
la inflexión que nos conducirá al resultado final, lubricando el
transito de los torturadores hacia una “pausa que refresca” para
entre un momento de arrancar uñas, atizar patadas y abofetear, y el
siguiente;
En la nueve,  mientras los oficiales
agotados por la aplicación de dichas medidas con “alto perjuicio”
sobre el cuerpo del interrogado beben cerveza, este se marcha a su
encuentro con la libertad interior que significará su escape de la
situación de dolor y zozobra en que mora gracias a un pensamiento de
Coleridge concretado mientras deambula por su dolor,
 En la la diez se expresa la sorpresa de
la gendarmería del pensamiento ante la intrusión de la flor
(probablemente una azucena que representa el corazón que
entrega el rebelde Kader a su causa, la inocencia que expresa
el sentimiento de liberación de la tiranía , el pudor que
siente ante su estructura física lacerada y menoscabada por la
tortura y la delicadeza frente a la seguridad que su silencio
otorga a sus compañeros y compañeras) que deviene en objeto
fantástico-poético, que proviene de un mundo mental, onírico o
como sea, al cual sólo puede acceder el perseguido, pero que no se
encuentra al alcance del poder, es entonces la poesía y la fantasía
reivindicando el espacio de la libertad (idea vinculada a uno de mis
microrelatos sobre el Imperio Decadente: Línea de Poesía).
Como remarcaba al inicio, un guión
donde desde un mundo paralelo se entrega en un intercambio quizás no
equivalente, la flor de la frase -“Si un hombre pudiera atravesar
el paraíso en sueños y hacer que le obsequiaran una flor como
prueba de que su alma estuvo realmente allí, y si al despertar se
encontrara con la flor en la mano, ¿entonces qué?”-, a cambio de
los 18 gramos del alma, y yo agregaría “como cierre: sublime…
¿no?”
.

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