Este es un poema de Luis Cermeño, co-editor de milinviernos, escrito durante su viaje por las costas occidentales de sudamérica, durante unos retiros espirituales que, según él, fueron un rapto del que sólo puede reponerse con una sonrisa sin dientes:
En diciembre llegan las ballenas
dedicado a mi dulce amiga Lady Mary de Wortley Montagu
soy tu humilde clérigo
nos vemos en lo alto de la capilla
tú me traes frutas
y yo te bendigo
luego arrojas la manzana que había tomado de tu canasta
y me empiezas a besar
yo trato de retroceder pero cedo
ante tu belleza
empiezo a besarte y abrazarte
una hora después bajas de la iglesia
sigues siendo tan casta
y yo te veo desde la misma
distancia de siempre
solo que con la ilusión de haberte tenido
pero sabiendo que fue solo eso
una ilusión, mi hermosa aldeana
entonces me postro ante la cruz
y lloro lágrimas de sangre
por haber pecado de pensamiento
ahora estoy en lo alto del púlpito
dando el sermón a los fieles
te veo entre ellos
tu mirada fija en mí
quemando mi pecho
y recuerdo cuando me arrebataste la manzana
cuando estaba a punto de morderla
y a cambio me propinaste un beso
y cómo quise retroceder
pero cedí a tu inocencia
y te abracé como si fuera el último hombre de la campiña
luego te fuiste
y volví a ser el hombre más solo del mundo
mi aldeana hermosa y prohibida
sufro en el silencio de mi confesionario
los vulgares beben y lloran sus penas en la taberna
exclamando sus dolores amorosos
yo me aferro a este cristo de madera
al que beso a los píes
lleno de terror y dolor
las ballenas nos visitan a fin de año,
sales al puerto en donde ves a los marineros zarpar
y del que algunos no volverán
te veo desde lejos
cuando volteas te sorprendes al verme
yo estoy con mi sotana
te miro severamente desde la distancia de mi hábito
pero recuerdo tus labios
y son la manzana que nunca pude morder
que nunca me alimentó
porque mi corazón está vacío

