11 pensamientos sobre “Contra el fútbol. Una diatriba por Campo Ricardo Burgos López

  1. EXCELENTE, imparcial y real es el calificativo que doy a este comentario futbolero que infortunadamente como algo interesante para leer encuentro que nadie ha comentado pobre de nuestra sociedad.

  2. Muy interesante la opinión del autor. Pero estoy en desacuerdo en algunas cosas:

    Primero, el autor habló del hinchismo futbolero, pero a pesar de que tomó como referencia la democracia y la humanidad, mencionando que va en contra de estas ideas, no analizó que el problema de violencia y falta de empatía se debe principalmente a un problema más profundo en la sociedad, más que al fútbol. Si entra a un estadio notará que el comportamiento de los hinchas es menos agresivo, en las tribunas en las que las boletas son más costosas. Los hinchas de las tribunas laterales son gente que su equipo los hace sentirse parte de algo, pues no han tenido oportunidades y la falta de educación hace que muchas veces su comportamiento sea reprochable.

    Segundo, el hincha sí recibe un beneficio. Ver jugar al equipo, le produce satisfacción, lo libera de el estrés laboral y familiar y cuando gana la alegría es aún mayor, por eso las celebraciones con carcajadas, sonrisas y bullicio. Si todo se midiera por el beneficio económico entonces, por ejemplo, un concierto no tendría ningún sentido. Es más, se escucha mejor el CD-ROM de un grupo que escucharlo en vivo y lo puede escuchar desde la comodidad de la casa. El beneficio del fútbol es “entretenimiento”, sencillamente.

    El fútbol no es el único deporte que reune gran cantidad de gente. El fútbol americano, el baloncesto y el béisbol por ejemplo, también tiene grandes asistencias a los estadios. Los hinchas defienden a sus equipos, minimizando a los otros y compran las entradas y al igual que los hinchas de equipos de fútbol, no reciben una ganancia económica porque sus equipos ganen campeonatos. Tal vez no se presentan hechos de violencia como en el fútbol, pero esto es por el tipo de sociedad y no por el fútbol.

    Por último, el fútbol sí es un deporte y los partidos no se ganan por casualidad. Si investiga un poco sobre estrategia, la forma de pegarle a la pelota, posiciones de los jugadores y todo eso, notará que el fútbol requiere muchísimo estudio y disciplina.

  3. Me gustó el articulo puesto que hace un análisis mas allá viendo el fútbol como un negocio mas no como lo vemos sus amantes… un «espectaculo».
    De todos modos no estoy de acuerdo con aquello de que el hincha «no recibe nada», pero creo que esto se debe a la posición ideológica Marxista del autor. En el mundo capitalista los consumidores perciben beneficios intangibles en los productos que compran y esto aplica también para quienes «consumimos» el espectáculo futbolístico. La alegria, euforia, y vértigo que genera un partido de fútbol para un aficionado, activa la región del cerebro asociada con la compensación, luego esto hace que se generen endorfinas y otras sustancias que producen sensación de bienestar. Obviamente, a nivel tangible no se obtienen nada.

  4. Escribo luego de que el equipo del que soy hincha ha perdido en la semifinal de la Champions Ligue. Lo primero es anotar que detesto a quienes usan el plural para referirse a sus equipos. Es decir, aquellos que dicen: mañana jugamos contra el Betis, o el próximo año seremos campeones, etc. Son aseveraciones que bien vistas colindan entre la euforia y la estupidez. Por otro lado me parece muy maniqueísta la posición de uno de mis antecesores en estos comentarios, quien afirma que la gente de estratos más humildes ve en el fútbol una válvula de escape a sus problemas y que por ello son más soeces e intolerantes en sus gritos y celebraciones, justificándolos de alguna manera y presumiendo que es la capacidad económica por si misma la que determina como enfrentamos la vida. En fin, es válido detestar al fútbol y seguramente al autor le cobija la razón en la mayoría de los argumentos que menciona. No obstante, creo firmemente que sin pretender ser una religión o algo que se le parezca, el fútbol es un reflejo instantáneo de las sociedades, una visión que permite entender el mundo desde distintas ópticas y que, pese al inevitable lugar común al que me aferro, siempre será preferible una «batalla» en el campo de juego que en el campo de guerra y si los fanatismos e intolerancias que han hecho parte de nuestra historia vergonzosa como especie humana los pudiéramos siempre canalizar, ver crecer y luego morir, en un lapso de 90 minutos, habrá valido la pena el fútbol.

  5. He llegado a este lugar en el ciber espacio por cuenta de una recomendación hecha por alguna persona que dio su opinión acerca de las recientes declaraciones de Joseph Blatter: «el fútbol es más fuerte que la insatisfacción de la gente».

    Tanto el aporte del autor como los de los foristas son valiosos y hacen que me mire al espejo antes de opinar:

    No soy hincha de ningún equipo, pero me emociono cuando juega la selección de mayores de fútbol de Colombia, seguramente por la explicación sico-fisiológica dada por algún forista anteriormente (disculpen la expresión si está equivocada, pero espero me entiendan). Me gustan las historias futbolísticas que cuenta Eduardo Galeano. Me gusta ver en Youtube de vez en cuando los partidos de la selección en esta jornada de clasificatorias (mi esposa me sugirió dejar de decir «eliminatorias»: ¿acaso los equipos juegan para que los eliminen?, dice ella). Me gusta leer historias de los mundiales de fútbol. Recuerdo con cariño el primer mundial que vi por televisión, el de México en 1986, y todos los buenos momentos relacionados con los partidos que viví al lado de mis familiares. Me gusta el deporte, si bien nunca me he destacado por tener habilidades que me permitan practicarlo.

    Tengo que reconocer todo esto antes de decir que es preocupante ver cada día las reacciones que el fútbol genera en la gente. Personas a la que asesinan por portar una camiseta de un equipo. Periodistas deportivos que se creen muy inteligentes porque saben mucho de fútbol. La excesiva atención que despierta el traspaso del astro del balompié del momento de un club a otro. La inmensa cantidad de dinero que se mueve en torno al fútbol, y en torno a otros deportes de multitudes. Agregue usted a la lista otra observación.

    Yo creo que sobre el mero y original sentido atlético-deportivo del fútbol se han construido muchas estructuras que han desfigurado aquellas condiciones básicas, propias de la cultura humana que son la distracción, el juego por jugar, el ejercicio, la sana competencia (aquella que nos permite entender adecuadamente que en la vida no siempre se puede ganar, que hay que jugar en equipo, que hay que respetar al otro y que no puedo pasar por encima de él para ganar). Quizás por eso el fútbol tiene más sentido en las canchitas de los barrios donde niñas y niños le dan patadas a un viejo balón (o incluso botella de plástico). Cuando salgo a las calles y los veo, algunos de ellos llevan camisetas, claro, pero por lo menos no terminan golpeándose entre ellos o yéndose al final del juego a tomar cerveza (fútbol, licor, tabaco: relacionados, ¿verdad?).

  6. Por ahí alguien sacó a relucir la posición marxista del autor, aunque él trabaja en una universidad de ultraderecha. Él pertenece a otra tribu, la tribu de intelectuales rimbombantes que quieren mantenerse alejados de el espectáculo barbárico de los deportes, como si admirar a un deportista fuera retroceder en la civilización. ¿Acaso los que odian el fútbol no son una tribu de «los que odian el fútbol»? ¿Acaso los poetas no son de la tribu de «los que escriben poecia»? No hablemos de tribus, denominemos esto como manadas, porque así se le llama a la agregación de mamíferos superiores que se desplazan juntos.
    Popper, un autor que Campo Ricardo debe conocer muy bien, gracias a su padre, Campo Elias, tal vez el académico colombiano más juicioso a la hora de abordar la obra de este autor, denomina la democracia como «una esperanza». Y qué es la esperanza sino una ilusión, ciertamente, hablar de democracia es ilusorio, pues nunca se logrará. La democracia exige pluralidad, y lo primero que hace Campo Ricardo es segregar a la manada de fanáticos del fútbol, como si fueran unos trogloditas inferiores por no gozar de sus elevados gustos.
    ¿No defiende la democracia la existencia de múltiples manadas, donde cada una de ellas tiene valor, y a su vez, cada uno de sus miembros importa?
    Así como se puede gozar de la sabrosa prosa de un autor como Burgos, que escribe muy ameno, también se puede disfrutar viendo fútbol, sin que esto sea una aberración intelectual, o un error dentro del entendimiento del goce.
    Para mí, y a riesgo de caer en la falacia «ad hominem», y hago la salvedad al decir que me parece un escritor muy ameno y admirable, lo del autor con el fútbol es un tema netamente personal… tal vez por haber nacido en una familia de intelectuales, nunca salió a pegarle a una pelota con los pies. A muchos nadie les habló de poesía, ni los criaron entre libros de filosofía, y por eso, les gusta el fútbol.

  7. Como dijo Eduardo Sacheri (autor de el libro en que se basa la gran película «El secreto de sus ojos»), «el fútbol es un lugar donde volcamos muchas cosa que van mas allá del fútbol. Así que es bueno que la literatura se ocupe del fútbol», en lugar de denostarlo sistemáticamente, añado yo.

    Se nota que este señor tan culto no siente la pasión que otros llevamos dentro (pasión, que no fanatismo), y sin embargo, hubo otros señores tanto o más culto que él, como Manuel Vázquez Montalbán, que nunca escondieron su amor por el fútbol ni por unos colores. Fútbol y cultura no deberían estar reñidos, antes bien, son primos hermanos.

    Sin embargo, parece que TODOS los aficionados al fútbol somos unos descerebrados fanáticos y violentos, con el cerebro vacío. Y claro, la culpa de que la gente no vote, y de que los políticos sigan engañándonos desde sus poltronas es del fútbol, pero nunca de los iPad, del Facebook, de los centros comerciales y sus tiendas, ni de los 40 Principales, ni de Tele5. No. Todos los males son culpa del fútbol. Teniendo una diana tan fácil, ¿para qué buscar más?

    Por cierto, Sr. Burgos López, declararse «contra algo», y siguiendo su argumento, tampoco es muy democrático 😉

  8. Este artículo, que empezó bien -con la idea de ser imparcial-, que dio varios buenos argumentos, terminó mostrando que simplemente al escritor no le gusta el fútbol, y le faltó la empatia (que tanto defiende) para entender y tratar de llegar al fondo del asunto: ¿por qué a muchos les gusta el fútbol?

    Se pueden tomar los argumentos razonables del artículo y preparar uno mejor sin tanto fanatismo.

    ¡Buen intento!

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