El encuentro de dos hermanos herederos de un trono angelical ocasiona estallidos nucleares; Manuel hace morisquetas mientras su hermano mayor, Don Ramón, tiene cara de dolor, delatando el parto primerizo de cada verso. Un parir radioactivo cuyo final dice:
Qué bonitos son los hombres
que se matan pecho a pecho,
con su pistola en la mano
defendiendo su derecho.
Y se hace la luz:
.
