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Aporofobia y Desiderátum, por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Vuelve a Mil Inviernos, la joya secreta de la ciencia ficción colombiana, Luis Antonio Bolaños: en esta ocasión nos presenta OTRA VIÑETA DEL IMPERIO DECADENTE, serie de la que  hemos publicados otros relatos, igualmente que de alguno de la Periferia del Imperio.


Aporofobia y Desiderátum

Por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

tomado de reddit

Otra viñeta sobre el Imperio Decadente

Soy Maggiori, un ex-soldado imperial y ahora homeless repleto de prótesis, injertos crecedores y discos de tejidos reparadores, deambulando por los pasadizos que conectan un nivel de la megaciudad de Mogul con otros, empujado cada vez más abajo por los “demoledores” de las omnipresentes cohortes de seguridad, siempre altaneras, ríspidas y discriminadoras:

Me mezclo en las multitudes de comensales (referidos a aquellos pánfilos dedicados a la degustación y la alimentación pagada o gratuita que se trasladan con lentitud para ir probando cada plato ofrecido), viandantes (congruentes con los pazguatos que pasean y se mueven por el paisaje urbanita sin usar vehículos, aceras móviles, cintas veloces, puentes aéreos con o sin tobogán o discos antigrav), convidadores (babiecas dedicados a mirar como papanatas, siguiendo las indicaciones, anuncios y propagandas que titilan en paredes, cristaleras, semáforos o encrucijadas y que se trasladan según las programaciones e instrumentos de la central metropolitana).

Gracias a los segundos como, a los terceros me siento aún parte de la población y con los cuartos enarbolo un motivo para burlarme y percibir la trascendencia durante un momento, pero eso no dura cuando me tropiezo con los primeros porque empieza a doler y si lo machacan a uno, algo de la fisiología prestada dejará de funcionar, los mecanismos auxiliares se encontrarán entorpecidos por averías y correré riesgos insoslayables porque en el hospital ya me han declarado “atiborrado” o sea que me suspendieron cualquier intervención por excedente y porque el imperio ya gastó demasiado en recomponerme y no existe posibilidad alguna de que me regenere, cure o transite hacia alguna clase de operatividad bélica.

Me ubico detrás de un vejete delgado y vivaz, pero con la tendencia a quedarse inmóvil durante un rato mientras revisa bolsillos y pakeflots (bandejas antigrav para transporte liviano de objetos y compras) a su alrededor, por un lapso funciona a pesar de lo cual termino tropezando con su sandalia y de inmediato un “demoledor” me propina un par de collejas aturdidoras y dentro de su comportamiento habitual casi amables, igual se interpone en mi ruta desviándome hacia una larga voluta móvil que desemboca un par de niveles más abajo frente a la pared ciclópea de un bloque residencial temporal, manchada de bermellón, característica de  la presencia de garets de Rafalamensioka, felinoides colectivistas o chijuloques de Mogh-Phofma, musteloides cazadores, especies humanoides cuyos orines concentrados disuelven cualquier sistema de evacuación de residuos estampando así su coloreada firma en la urbe.

Por contraste en los niveles superiores existen mecanismos deglutivos-transformadores de restos que desparraman figurillas diminutas que encarnan a los héroes citadinos por alamedas y pérgolas, tosca manera de discriminar segmentos de población mezclando procedimientos de propaganda bélica y reciclaje segmentado.

Son comunes a todos los niveles los Mallepiés (mallas múltiples constituidas por cabezas y brazos y otros artilugios extensibles o desplegables que se multiplican y replican merced a minifactorías robóticas que responden al entorno) de muy versátiles contornos dedicados a limpiar, embellecer, atender plantas y jardines, servicios de comida y los holomonsestáticos (variedad de dioramas que relatan historias cortas de distinto tipo, con frecuencia de exaltación bélica, que se encuentran diseminados por cualquier sitio), son permanentes (cada cual posee un CUF o Código de Ubicación Física  al estilo del posicionamiento global), pero siendo los transmisores y vociferantes, aunque cercados con muros de ruido blanco, por lo cual pasas de uno a otro sin mezclar lo que oyes ni confundirte, ofrecen juegos de tres en línea, y debes quedarte envidando un rato para lograr hilar tres respuestas seguidas, y así recibir una recompensa que te entregan de inmediato, o sea Panem et circenses,

Lo cual no se aplicaba a los glocois, burbujas flotantes de rumbo aleatoria que cumplían similar función de exaltar los valores imperiales con lemas, imágenes, cifras, deslizándose fluidos y continuos por su superficie esferoidal, que se desperdigaban por doquier, aunque es más difícil que capten la atención de la gente -ya que no usan sonido-, convencida que vigilan y filman para pescar disidentes sospechosos

 ***

Maggiori recuerda Pelgoba, su planeta de origen, de enormes praderas y llanuras cultivables, donde los cereales crecían repletos de espigas y granos, el cielo brillaba magenta y las faenas eran fáciles y las jornadas no llegaban a agotarlos; y una tarde, aún adolescente, cuando se acercó a un “circo de diversiones gipsie” antiquísima manera de presentar espectáculos extraños que de alguna manera quedaron colgados de anzuelos culturales o extraviados en resquicios étnicos o provenientes de especies apenas humanoides que provocaban sensomociones e intensas pulsiones que intersectadas con intereses múltiples de los aburridos granjeros que visitaban les consentían a los gipsies llenar sus baúles de medios de cambio para adquirir combustibles y bastimentos que les permitían mantenerse en éxodo permanente.

Gypsy Vardos in Mythopoeia, photo by PJ Trenton

Investigue: Durante su uso los resultados que arrojaba la aplicación de la app-red -que nuestro CEPI o Centro de Estudios Planetarios Interconectados sustentaba- se fueron apiñando en un gráfico de rango alto, podía aceptar la manera como la app-red local lograba que un problema matemático de búsqueda de pareja, en apariencia complicado, se resolviera involucrando recursos de ecuanimidad mientras se recurría con equilibrio a las reglas de probabilidad más sofisticadas sin reticencias, además con ciertas derivaciones fácticas (los datos de la troupe), podía ser resuelto de forma semi-intuitiva si el problema se iba desplegando por palabras claves y se presentaban los avances mediante respuestas simples, con rangos que incluían formas y medidas, temperamento y preferencias sexuales y abrigado por un contexto casi tan natural como resultaba ser el circo de diversiones “gipsie” expandido en una pampa cerealera exótica, lo cual concedía fuerte concreción a mi fantasía.

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Magistrados, un relato de Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Magistrados

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Albert Robida (1882) «salida de la ópera en el año 2000». 

 

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Magistrado(a)s se encuadra en la serie del Imperio Decadente, relata un acontecimiento sucedido en el amanecer de la rebelión, cuando los propios planetas con conciencia Gaia participaban para apoyar la rebelión.

Lo(a)s Magistrados de nuestra urbe (o de cualquiera de las otras 12 urbes del planeta) solo funcionaban adecuadamente cuando les daban cuerda; los encargados o fiabytrus nunca efectuaban su labor porque los dilatados protocolos exigidos por sus mecanismos inhibidores-excitadores de atención al público, exagerados en su precisión y minuciosos en su detalle, se constituían en un peliagudo y largo problema. Existía el método corto: buscar las llaves en los bolsillos interiores de los mohosos baúles depositados en el sótano repleto de cachivaches donde no penetra la luz y convertidos en madrigueras de bichos que devoran los dedos (no comprobado ya que sólo los fiabytrus tenían acceso, pero es vox populi). Y el más corto aún aunque sin garantía de respuesta acertada: que el interesado en consultarlos les propinara una bofetada mientras deambulaban entre el gentío.

Lo peor de los fiabytrus era que iniciada la búsqueda no podían abandonarla ya que se generaba un loop que se autolubricaba y debían golpearles en el cráneo con rudeza (lo cual se combinaba con probables daños y convalecencia) para conseguir la extracción, entonces por la general a su fealdad (decían los chismes, que eran productos fallados de las calderas de protoplasma imperiales y anexados a la burocracia de nuestro planeta) incorporaban vendajes y apósitos. Así que esa posible brevedad en la ejecución con su ayuda estaba precedida de niveles organizativos desmesurados, pesados y esforzados que liquidaban de antemano la utilidad de su procedimiento, ya que las respuestas de lo inquirido a los Magistrado(a)s llegaban tardías. De allí que el público prefiriera las bofetadas convirtiendo a los fiabytrus en inútiles accesorios.

Según las noticias que aparecían en la red pulsante en las demás metrópolis el sistema de Magistrado(a)s parecía que funcionaba igual, leyendo entre líneas surgía segura su decadencia idéntica a la nuestra. Rumores cuya difusión se prohibía por proclama señalaban que los locales (y los de las demás urbes también, si atrapabas las líneas de mensajes de texto adecuadas) cuando no los veían se movían en saltos cuánticos instantáneos para susurrarse consignas, por eso las cámaras grabadoras siempre funcionaban, pero algo sucedía ya que al exhibirlas, extenso metraje nocturno al cierre de la actividad, se encontraba velado sin importar la velocidad que se programara para seguir las peripecias nocturnas.

Que la verdad se depositaba en los intersticios de la hablilla quedaba demostrada porque cada mañana al iniciarse las faenas del consistorio en medio de su habitual greguería, acontecía que los Magistrado(a)s habían cambiado de lugares. A partir de la ruta trazada por sus desplazamientos se impartía soluciones o se decidían proyectos más por la persistencia de sus “dosor” (dobles sombras reales que surgían donde se cruzaban sus caminatas, que ennegrecían el espacio y ejecutaban una lectura alternativa al procedimiento estipulado pero tan escuchada como la formal), además sin que nadie lo pidiera interpretadas por los fiabytrus quienes añadían una tercera capa argumental a los pedidos y preguntas de la muchedumbre, como observamos poco se gestionaba por conversación directa con los Magistrado(a)s, así que los peticionarios o demandantes elegidos en cabildo según la referencia de las familias o de los barrios accedían al mecanismo de funcionamiento a través de la bofetada pero ante el silencio de los magistrados aceptaban las interpretaciones de los fiabytrus y las respuestas de los dosors: eran lo mas parecido en reacción física real que existía en cuanto a Magistrado(a)s, quienes permanecían casi siempre callados en sus cabinas de atención, pero que se reunían en grupos informales con la gente para conversar tupido y divertirse de lo lindo. Caos organizado de ineficiencia demostrada.

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Parejos de la Noche Cuántica. Cuento de Luis Bolaños

Parejos de la Noche Cuántica

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Muchos de mis relatos están dedicados a exorcizar a la más vasta tiranía galáctica: el Imperio Decadente. Este también se ubica en ese ámbito ya reconocido y recorrido, con la intención de brindar merced a conjeturas sociológicas y especulaciones sobre los avances científicos, una explicación de tantas sobre ciertas costumbres cotidianas, incluyendo la sexualidad. Sturgeon, Silverberg, Varley, Brin y muchos otros abordaron el tema, a sus textos he arrimado mi caletre; para nada son responsables de lo proferido a continuación.

 

Santuario: Se decía que Refugio consistía en los restos de una pavesa, en algún momento galaxia frustrada, con cientos de estrellas cercanas a algunas semanas o meses luz de distancia unas de otras e influyéndose en reciprocidad, que quedaron aisladas cuando un agujero negro muy masivo absorbió casi toda la materia existente en el entorno, aceleró alejándose y dejo esos residuos y escombros rodeados por un par de nubes de fragmentos que orbitaban en los confines lanzando cometas por miles (se comenta que los cielos de Refugio refulgen y en él se se forjan joyas siderales y se trazan encajes luminosos dignos de admirarse, registrar y coleccionar). Aunque al interior de uno de los brazos espirales se encuentra a suficiente distancia del centro de la galaxia para que la serenidad y la estabilidad caractericen las relaciones entre sus planetas y lunas. Sin embargo, por su disposición ramificada y densa se tornó durante los grandes combates contra el imperio teatro de acechanzas y encerronas que se convertían en emboscadas, estratagemas y celadas con su correspondiente hemorragia para ambos bandos, a partir de la expulsión de los imperiales de Refugio cristalizó la decadencia que ya estaban sufriendo en esa vasta zona del brazo. Uno de sus episodios postreros aparece recogido o reflejado en esta breve remembranza.

Vodevil: Si algo distinguía a los “smorrs” era su permanente jolgorio, su consigna era “Lo único que los “smorrs nos tomamos en serio es la alegría”; constituían una tropa de nómadas con varias flotas que nunca fueron sometidas de manera total por el imperio, sobre todo por que sus latrocinios eran acotados y dirigidos contra piratas y similares, constituyendo una suerte de vigilantes justicieros secundarios de costumbres muy abiertas, que además de limpieza social entregaban espectáculos, carcajadas y mercancías casi siempre baratas o raras y manejaban un trío de aún más extrañas técnicas:

a. que les permitía viajar veloces con métodos alternativos a los usuales (Como la luz interactúa consigo misma a alta energía, las naves lanzan un rayo de iones pesados sobre los cuales han practicado el ejercicio de Aspect-Bell, los que parten primero servirán de autopista y a su trayectoria le disparan los pares abandonados mediante láseres potentes que se enganchan a los fotones hermanos del haz y juntos jalan la embarcación una y otra vez, al inicio el incremento es infinitesimal y el aumento de velocidad nulo, pero la insistencia y la resonancia cuántica triunfan donde la economía abandona el acto),

b. domesticar animales imposibles (amaestraron una especie de Caerostris, que no sólo tejían una red fortísima que permitía recubrir las armaduras individuales para la batalla, y además revestir y envolver el propio fuselaje del navío, sino que poseían empatía, gracias a los lazos creados entre cuidadores y cuidadas se guiaba su producción hacia el arte, de allí los diseños extraños y las cortinas de seda -que abundaban por doquier en pasillos o salas- o hacia la diversión, como cuerdas pegajosas que sólo sueltan a los encordelados a una orden de los domeñadores. Podían tener sus nidos en cualquier parte y se manejaban con un cierto grado de autonomía (ejerciendo labores quizás peligrosas) y

c. levantar estatuas de láminas acuosas (Paciencia y tiempo eran dilatados y casi interminables en sus periplos, dedicarse a manipular agua adicionando diversas moléculas les llevo a resultados en algunos casos sorprendentes, uno de los más reconocidos fue el de las láminas embolsadas en redecillas transparentes y habitadas por colonias de microorganismos que responden a ciertos estímulos casi como conversando, para montarlas se requiere un experto que con la fuerza y presión adecuadas las va armando hasta obtener el resultado previsto, fácil surge relacionarlo con una cierta magia).

Además cuando los trataban con soberbia o desprecio recurrían a algo que denominaban la “gimnasia de lo efímero” generando hordas de muñecos muy baratos repletos de circuitería y mañas que ejecutaban rutinas en apariencia imposibles copando el mercado, después de vendidos en ingentes cantidades (por su precio tentador) se marchaban y los exquisitos juguetes dejaban de funcionar ya que el diseño incluía una ligazón con los biorritmos de sus inventores y una vez que las naves “smorrs” se alejaban se convertían en un montón de inútiles desperdicios que emitían como una única acción una corrosiva carcajada. La muerte -a diferencia de los aparatos represores para quienes era una “forma de control social”- era tan sólo un suceso caracterizado por “ausencia crónica de adiestramiento”.

Talante: Escurridizos y magníficos exploradores con la osadía suficiente para fintar y acertar y con la fiereza para sostener sus jugadas. Intuitivos con un alto porcentaje de acierto, Refugio siempre lo era y lo había sido para ellos y al reproducir su existencia como espaciales –nunca les aplicaron las medidas restrictivas de las cuales tuvimos que liberarnos los planetarios como los nanochips imperiales que interferían con nuestras reflexiones, pensamientos y enlaces neuronales aniquilando ideas, sueños y propuestas que rebasaran los checks colocados en las circunvoluciones cerebrales– su autonomía les permitió elegir enemigo cuando los represores llegaron a por nosotros. Los rebeldes por esculpir seres originales rechazábamos la tendencia imperial a modelar masas de individuos caracterizados por compartir esquemas de comportamientos similares y controlables (en la práctica podríamos afirmar que se aproxima a una relativa idiotización, la cual persigue, aniquilar la voluntad y mantener por otra parte, la estabilidad. Por tal motivo congeniamos en seguida con los “smorrs”.

Go to Ego: Sobre mi: stricto sensu no clasifico como humano, cuando la guerra se expandió la clonación a partir de guerreros modelo había sido la técnica preferida para abastecer de soldados las tropas, la vorágine que nos envolvía iba devorando cada aspecto incorporado, lo que motivo a los maniobradores tácticos a medida que la rebelión crecía a eliminar restricciones y arrojar a las llamas de los combates a las personas reales sin cuerpos de respaldo, la rapidez con que se consumían ejércitos, flotas y planetas obligó además a confeccionar pseudohumanos y similares y a reclutar o alquilar voluntarios y/o mercenarios de otras especies para cubrir las bajas; los intentos de acotar por homogeneidad o de uniformizar los grupos de combatientes fracasaron y la fluidez requerida para reemplazar a los desaparecidos culminó al constituirse las unidades militares como un auténtico mosaico representativo de las humanidades y las demás especies que cohabitan con nosotros el espacio galáctico comprobado; sin embargo se mantuvieron los condicionamientos que se anclaban en las jerarquías y la pirámide de mando. Los rebeldes marchamos en dirección opuesta, era una aventura épica entre iguales, así que las orgías semanales o diarias según decidiera cada colectividad bélica constituían la más requerida forma de socialización fraterna y gozosa, que en simultánea era categoría taxonómica para identificar procesos globales de placer y figura geométrica que expresaba la participación total de los miembros de dichas guarniciones. Comprendimos que el abordaje del tema sexual era la llave para la libertad y que el placer derivado de su práctica era fuerza cohesionante y renovadora.

Logramos lo que se juzgaría como imposible: MANTENERNOS vibrantes con el significado de que el esplendor alcanzado no se marchitaría, seguiríamos bellos e inteligentes de una manera divergente: no ligados a la servidumbre del imperio sino extraños y fundidos al destino de las humanidades anidadas en la galaxia, somos como gemas tan perfectas que devenimos invisibles para el aparato opresor, y tal masa de seres conscientes jamás existió y esa era la eclosión de guapeza, serenidad y creatividad que nos caracterizaba: lo que a sangre y fuego apuntó a impedir el imperio recurriendo al control extremo de nuestras mentes con microchips instalados desde el nacimiento, o cuando nos extraen de las piscinas de cuerpos o nos activan para servir; el despliegue de la rebelión indica que han fracasado.

Habitat: Las orgías se erigían entonces cual uno de los momentos máximos de socialización de las tripulaciones, de comunicación y convivencia, igual que las comilonas o las representaciones teatrales o artísticas, pero en las orgías demostrábamos cuan polimorfos eramos en realidad, la heterosexualidad o la homosexualidad ni se practican con exclusividad ni exponían paradigmas propuestos como alternativas para parejas, parejos o grupos; las orgías exhiben codificaciones y plasman algoritmos que desnudan aquellas pautas donde se manifiestan lo diverso y lo complejo que podemos ser, ejemplifica estilos y conductas que rompen con los esquemas secos y momificados que el poder se esforzó por imponernos, no existe entonces preocupación por aparecer como varoniles o femeniles, estilamos sucesivas máscaras según las circunstancias o deseos van adviniendo, las cuales afloran dedicadas a gozar y adoptar actividades creativas o de servicio; la sexualidad con sus dinámicas, rellena y estimula lo cotidiano concediendo sentido, lubricando engorros y disolviendo contiendas. Tampoco competimos en la palestra de la afectividad  con los ritualizados bosquejos que representan una copia fallida del periclitado modelo heterosexual, esa praxis nos conlleva a confrontar mitos y prejuicios sobre la masculinidad y la feminidad, sobre uniones “distintas”, sobre neo modelos de convivencia, de amor y comunicación, otras formas de “estar” en la vida. Por eso en nuestras flotas la mujer ha dejado de ser etérea, participa a “vela solar desplegada” y con vigor, se ha logrado así la equidad con la concreción de la libertad sexual, en las armadas de los rebeldes y sus aliados.

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