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Adiós a Chile: Las cartas del minero (IV)

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Ya muy cerca de mi partida de Chile, Soledad Torres, una de las hijas de Berta, presentó una de las obras del repertorio de su compañía teatral Urgente Delirio[1] en un festival en el parque Yungay en Santiago. La obra, una creación colectiva llamada Cabildo es la historia de amor entre Faruk, un joven de familia palestina de 21 años, comerciante, que se enamora de una chiquilla recién llegada al pueblo, Berta Manríquez. La niña, llega a Cabildo cargada de sueños y de ilusiones desde Brasil con su familia, un grupo de artistas y viajeros. El romance entre los dos personajes crece, con Cabildo como un personaje de fondo, hasta que en septiembre de 1973 la historia de amor es interrumpida por la muerte. Los soldados de la dictadura asesinan a Faruk con otros cinco hombres más del pueblo, dejando viuda a Berta y a otras mujeres más.

Soledad y Gonzalo eran los protagonistas de la obra que contaba la historia más temprana de Berta. Yo había visto ya algunas obras del colectivo, pero era la primera vez que veía la obra sobre Berta, Faruk y Cabildo. La obra me sirvió para acercarme un poco más al dolor que deben haber sentido aquellos que perdieron a sus familiares y la tristeza eterna de quienes los vieron partir, desaparecer y nunca regresar. Read More…

El peluquero borracho (relato)   

maximo

En el año 2006 me casé y me fui a vivir a Santiago. Vivía en un apartamento en el piso 16 de la calle Monjitas y tenía un taller en un centro cultural en la mitad del parque de la Quinta Normal. Allí pintaba y leía de sol a sol. Además de eso tenía a mi cargo el cumplimiento de una serie de tareas correspondientes a quien asume el rol de amo de casa diplomático: decoraba, limpiaba, tenía las cuentas al día, cambiaba guardas, hacía compras y protegía la vivienda. Eso fue lo que precisamente hice cuando le pedí a mi marido que no volviera a dejar a entrar a nuestra casa a Máximo, el peluquero.

Máximo era un brasileño alto, acuerpado, musculoso y muy afeminado. Resaltaba entre los habitantes de Santiago ya que tenía una cintura apretada, unas nalgas redondas y una nariz recta, perfecta. Para el estandar chileno el peluquero era un hombre muy guapo. También tenía unos ojos pequeñitos que si lo miraban a uno directo lo atravesaban, pero también eran juguetones, evasivos, como los ojos de alguien que oculta una verdad trascendental. Hablaba español bastante fluido ya que llevaba viviendo en Chile varios años. Read More…