Žiadny muž tu nemá miesto
Por Marel Alfaro

«El género está entre las orejas y no entre las piernas».
Chaz Bono
Las dcéry hviezd[1] eran una especie extraterrestre sobremanera fascinante. Según los registros de las primeras misiones enviadas por la Космическая программа СССР[2] a principios de 2057, las dcéry eran «la especie no terrestre más compleja “descubierta” hasta la fecha». No obstante, nuestra percepción respecto a ellas cambió a partir de 2126, año en el que, debido al desfase temporal, por fin logramos acceder a la información base obtenida en las últimas décadas por cada una de las misiones de exploración.
Basados en la información contenida en la bitácora del doctor Nemanja Bosko[3], xenobiólogo en jefe del equipo de exploración a bordo de la Galia, tercera de nuestras naves en Teegarden b[4], descubrimos que las dcéry hviezd se reproducían asexualmente, llegando, incluso, a prescindir totalmente de la presencia de machos en su entorno reproductivo y organizativo; valga la aclaración, al menos, durante nuestro tiempo de estancia en el planeta.
Evolutivamente las dcéry poseían características «increíblemente especiales» que redirigieron nuestra concepción de la vida fuera de nuestro sistema solar.
Aunque poco visibles, las dcéry cuentan con órganos sexuales externos cubiertos por un exoesqueleto que se extiende desde ambas zonas pélvicas hasta el cráneo. La única forma de dar a luz representa la muerte de las madres.
Después de estudiar algunas osamentas encontradas cerca del Lago Strbské II[5], concluimos que, una vez alumbradas las crías —todas hembras—, estas se alimentan del cuerpo de sus progenitoras y utilizan su estructura ósea como caparazón; sin embargo, es durante la adolescencia, aproximadamente entre los veinte y treinta años, que sus cuerpos se adaptan a dicha «coraza».
Entre sus características físicas más destacables, sobresalía su aspecto bastante cercano al del okapi (okapia johnstoni terrestre), pero con cuatro pares de extremidades y un torso mucho más ancho; cráneo alargado con dos pares de orejas principales e igual número de pabellones menores, además de sus cuatro ojos en una cavidad ocular poco profunda, pero ligeramente encorvada. No obstante, lo realmente maravilloso de las dcéry hviezd era que poseían formas de organización social al nivel de algunas sociedades primitivas terrestres que, el doctor Bosko, definió categóricamente como: «estructuras societales autosuficientes y especializadas en el cuidado grupal y la colaboración entre semejantes; donde, —y cito textualmente—, “Žiadny muž tu nemá miesto[6]”».
Bosko, N. (2089, 13 de junio). Reflexiones sobre las estructuras sociales y biológicas de las dcéry hviezd. Bitácora del xenobiólogo en jefe a bordo de la Galia. Misión de exploración 00736. Programa Espacial Soviético.
[1] Hijas de las estrellas en eslovaco.
[2] Kosmicheskaya programa SSSR (Programa Espacial Soviético).
[3] Director de la Academia de Ciencias Naturales de Eslovaquia.
[4] Teegarden b: planeta a 12,5 años luz de la Tierra, con 1,1 veces su masa. Orbita la enana roja con su mismo nombre en 4,9 días. Su superficie es potencialmente oceánica.
[5] Nombrado en honor al Lago Strbské Pleso de Eslovaquia.
[6] Ningún macho tiene un lugar aquí.
Marel Alfaro Zúniga (1989). Nacido en San Pedro Sula, Cortés; Honduras. Docente de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Consultor independiente y asesor metodológico a nivel de tesis. Editor y corrector ortotipográfico. Ilustrador autodidacta. Autor de «Hacia el Espacio: Quince crónicas sobre el nacimiento del Nuevo Orden y la Revolución Galáctica” (2020); «Breviario de lo irreverente» (2022); antologado en «Tercer encuentro de minificción Centroamericana antología» (2023) y «Antología de minificción: El Albatros» Editorial Micromundos (2024); prologuista en «Latinoaméricaeditada: no disponible en su región» Editorial Tríada (2024). Su más reciente trabajo, «Inerme en la ciudad y otras minificciones científicas», publicado por Editorial La Chifurnia (2025). Actualmente reside en El Progreso, Yoro; Honduras.
Los spnayas. Por Marel Alfaro
Por Marel Alfaro
«Además del arte —en todas sus manifestaciones— y las matemáticas, el lenguaje es la única huella material de nuestra existencia en el universo».

Los spnayas son una especie bastante«particular». En términos humanos, su única forma de comunicación podría traducirse como «arrítmicos golpes secos»: ecos guturales producidos por «grandes cajas orgánicas»1. Su anatomía se describiría como «enormes masas carnosas» azuladas de hasta cuatro metros de altura, casi gelatinosas, con dos orificios en cada extremo que, de cierta forma, funcionan como «bocas»2. Literalmente, la edad de los spnayas se mide de dos formas: su adultez, cuando alcanzan su máximo tamaño y, la vejez, cuando decrecen y reducen su cuerpo a la mínima expresión.
Inicialmente dudamos de la existencia de una lengua propiamente dicha, pero después de un par de siglos aprendimos a comunicarnos con ellos por medio de percusiones diseñadas específicamente para emular sus códigos lingüísticos.
Apenas llevo medio ciclo estelar habitando este planeta. No obstante, nunca extrañé tanto el poder comunicarme en nuestra lengua materna, tener con quien conversar; además de mí misma y mi propia conciencia, claro está.
Mi observatorio se encuentra ubicado en el centro de la colonia, a dos kilómetros del poblado más cercano. Cada año estelar recibo y envío información codificada con destino a casa. Poder leer cada palabra en nuestro idioma es un ancla mágica que me ata a la cordura.
—Tup, pac. Tup, pac. —Escucho, a lo
lejos.
Algo no marcha bien. Uno de los
ancianos solicita ayuda. Es el más longevo de su especie, de unos cinco mil años terrestres de edad, aproximadamente. Me precipito a su encuentro. Sus movimientos son torpes y demasiado lentos.
—Tup tup-pap, tutu. ¡Tuppi tap pap ap!—«Susurró» el viejo Tuppi, patriarca de la colonia spnaya que, en nuestra lengua, podría traducirse textualmente como: «Te veo, humana. ¡Tuppi vuelve a casa!»; que, en spnaya, significa «adiós».
1 A diferencia de nuestra especie, los spnayas carecen de ojos y oídos, pero pueden percibir los sonidos graves y al resto de individuos por medio de sus propios cuerpos.
2 Los spnayas pueden alcanzar los cuatro metros de altura en la adultez. En muy raros cazos exceden dichas dimensiones; sin embargo, existen registros de especímenes de hasta siete metros.
Marel Alfaro Zúniga (1989). Nacido en San Pedro Sula, Cortés; Honduras. Docente de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Consultor independiente y asesor metodológico a nivel de tesis. Editor y corrector ortotipográfico. Ilustrador autodidacta. Autor de «Hacia el Espacio: Quince crónicas sobre el nacimiento del Nuevo Orden y la Revolución Galáctica” (2020); «Breviario de lo irreverente» (2022); antologado en «Tercer encuentro de minificción Centroamericana antología» (2023) y «Antología de minificción: El Albatros» Editorial Micromundos (2024); prologuista en «Latinoaméricaeditada: no disponible en su región» Editorial Tríada (2024). Su más reciente trabajo, «Inerme en la ciudad y otras minificciones científicas», publicado por Editorial La Chifurnia (2025). Actualmente reside en El Progreso, Yoro; Honduras.





