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Mi pobre angelita ha muerto: in memoriam Dakota Skye

«Felizmente, con aquella manera consciente que era la suya y que a cada paso se interrumpía para reflexionar en alta voz sobre lo que decía y cómo lo decía. «

Werner Jaeger. Paideia. «Los ideales de la cultura griega». Libro IV. Pág. 69.

 

Dakota live matter

El día que Dakota conoció al Papa Pacho, le llevó un par de sus mejores herramientas: unas tangas y su ano. Las tangas identificaban la escudería de su equipo: las acróbatas anales. El Papa Pacho se preguntó cuál sería el sonido de las ventosidades que podían emanar de un culo tan abierto.

¿Acaso sonarían como la tempestad de Cristo y sus pescadores?

Pero no nos interesa el episodio episcopal, esto solo es anecdótico y muestra de la gran influencia de Dakota para su generación y las anteriores. Podemos decir que esta chiquilla del siglo XXI fue la última bestia del siglo XX.

Recordamos con cierta atmósfera de melancolía, aquel remake de Mi Pobre Angelito. Ella interpretó en versión femenina el papel de  Macaulay Culkin . Pero ella fue tan grande que ni siquiera Sonic Youth le interpretó una canción. Y baste aclarar que la ejecución de Dakota tiene tintes extraordinarias, pues a diferencia de mi pobre angelito, ella golpea a los dos ladrones para después cogérselos. Una vuelta de tuerca que ni Henry James pudo materializar en sus narraciones.

Evocamos el momento en que Dakota se pone en el regazo de uno de los ladrones acostada como un bebé, mientras el otro introduce su hercúleo vergo en la vulva de la chiquilla y esta avisa con un fenomenal dolor que se está viniendo:

El que la arrulla es como su papi:

Mi pobre angelita se acerca más que nunca al himeneo de los dioses griegos para con los humanos.

Ver aquí: performance navideño.

Artista del diálogo, ella también creó su propia fraseología por la que será recordada por los siglos:

– Oh, hola. Me gusta mucho chuparte la verga.

– No puedo esperar a que te vengas en mi culo.

– En realidad, la humanidad ni se asoma al ocaso de los dioses.

– Mi corazón es una tarántula y yo expelo las toxinas del fentanilo.

Feliz muerte, Dakota.

Entraste al club de los 27 por la puerta de atrás, sin rebajarte a la gloria sino en las cimas de la indigencia.

Tu crimen que quita el sueño a más de un detective de poca monta de Hollywood no me dejará dormir esta noche tampoco y buscaré la clave en los hilos de las tangas. Amén.