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Una entrevista a David Foster Wallace (subtitulada)

DFW

Si David Foster Wallace hubiese tomado un año sabático, escribiría una hora y el resto del día lo ocuparía en comerse las uñas porque no escribe, al menos, eso le dijo a Charlie Rose en la entrevista que a continuación presentamos, hecha en 1997. En ese mismo encuentro aseveró que no estaba listo aún para tirarse desde la terraza de un rascacielos; tuvieron que pasar trece años, no para que se precipitara de las alturas pero sí para matarse:

 

Cuatro canciones futuristas para un viernes sin futuro

El elefante cabecea como un loro, tristeza de viernes.

El elefante cabecea como un loro, tristeza de viernes.

Dios siempre nos ha bendecido, con caída de dientes, de pelo, abdómenes prominentes y muchas desdichas. ¿Qué sería de nuestra vida si fuéramos felices? Nos perderíamos como unos vulgares en los baños turcos donde los chicos más bellos lucen sus trajes steampunk haciéndose los tristes, pero con una tibieza digna de banquero.

Y la tristeza tiene un monopolio

Y la tristeza tiene un monopolio

Y la tristeza tiene un monopolio

Y yo soy Rockefeller.

Para hoy el baile es de chicha de Huancayo. Somos Gregorios Samsas que atestiguan la llegada de ovnis tristes. ¿Quién es el extraterrestre? ¿Kafka? ¿La Chicha? ¿O yo? Erre con erre cigarro, erre con erre barril, erre sin erre racumín, es decir, veneno para ratas y para mí.

Uepa!
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Järabemaestro

La popular bebida alemana Jägermeister encuentra su equivalente en los barrios centrales de Bogotá, en donde a falta de venados para preparar el «chorro», se le agregan hierbas típicas de la región que hasta a Hitler harían bailar la macarena.   Popular entre los punks y skinheads de la ciudad, que la acompañan con tragos de Eduardo Parcero, es especial para incitar a los mosh pit  y las carreras de escape cuando llega la  poli. Algunos catadores de porquerías pronostican que el Järabemaestro desbancará el célebre Ron Jamaica, debido a su precio y sus efectos especiales.  Se instalará entonces el régimen Jäger de los Headhunters que tomarán las calles como genios reventados que se traicionan unos a otros desde el anonimato de los desadaptados. Uno que otro muchacho ebrio se lanzará desde la Torre Colpatria y en su vuelo vomitará todo el contenido del  Järabemaestro. En el suelo quedarán sus restos de borrachera, lo barrerán para dejar espacio enseguida a otro muchacho ebrio que repite su acto. ¡Muchachos de risa loca!

Diseño de Andrés Mauricio Amezquita

Diseño de Andrés Mauricio Amezquita

 

La desgracia de no morir de Héctor Lavoe

Hector Lavoe

Puede que uno se atosigue de la tristeza pero la tristeza no se atosiga de uno. Es decir, mientras más triste uno se pone, se acrecienta el carácter suculento para ese monstruo, convirtiéndose  uno en un cebo similar a un bicho malherido que nada en altamar a sabiendas que los tiburones blancos habrán de engullirlo como una anciana a sus galletas.

Los tiburones blancos de la tristeza llegan a mordisquear con desgracias que se apiñan en el corazón del desgraciado y, a su vez, lo obligan a vivir para seguir sufriendo más y mucho más. Hector Lavoe, un cantante entregado a la fiesta y el desenfreno, vio cómo se derrumbó su mundo exterior e interior en dos años.

Todo comenzó con el incendio de su casa, luego fue asesinada su suegra, a continuación sucumbió su hijo más querido, después intentó suicidarse, tirándose de un noveno piso pero el final no fue feliz porque tuvo que seguir viviendo con múltiples fracturas.

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La sangre que cantó Arguedas hasta matarlo

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El llamado que la sangre le hizo a José María Arguedas desembocó en su decisión de pegarse un tiro para confluir con el río  que llevaba dentro y bucear en la presunta totalidad que trasunta lo eterno y la carencia de nombre y espacio y tiempo. Su nombre no sólo se ha encumbrado en la tradición narrativa del Perú, también ha estado afiliado a la antropología y su voz quedó grabada en cantos que hielan el corazón más incendiado. Les presentamos «Carnaval de Tambobamba», una canción entonada por el autor de «El sexto» y «Los ríos profundos»:

El objetivo de los psiquiatras (Sándor Márai)

sandor_Marai

Sándor Márai, en «Divorcio en Buda»,  escribe los pensamientos y las historias de un juez de divorcios y de un médico que está en el proceso legal de separación. Este hombre, el futuro divorciado, en un momento dado refiere la belle époque sentimental y emocional que vivió cuando comenzó su matrimonio y cuenta cuál fue su éxito con una de sus pacientes. Márai, emparentado con el dolor húngaro, aumentado con el dramatismo de su suicidio en 1989, no es muy leído desde la amargura del humor que da toda decepción. Acá les presentamos el extracto donde, una vez más, los psiquiatras o el ejercicio de la medicina para la mente, queda al desnudo:

… por la tarde trato a una señora riquísima pero histérica mediante hipnosis, sin esperanza alguna en el tratamiento, mas con tal fe y determinación que ella se siente mucho mejor en sólo unos meses, consigue incluso dejar la morfina y tardará algunos años en tirarse por la ventana.

En «Divorcio en Buda». P. 148, Ediciones Salamandra. Traducido por Judit Xantus Szarvas

Un postre para la depresión dominguera (Thomas Bernhard)

Tjomas solía cabecear como loro después de pensar en suicidarse

Thomas solía cabecear como loro después de pensar en el suicidio

Thomas Bernhard construyó muchos de sus libros basado en retornos obsesivos a ciertos eventos de su vida. En «El Origen» el escritor austriaco se vale de una recurrente idea que atraviesa cada uno de sus libros: El suicidio. A esta se le suman los momentos que vivió en un internado nacionalsocialista y, posteriormente, su regreso a uno de ideología católica -lo cual, para Bernhard era lo mismo-. También está presente Salsburgo, la ciudad que, junto a sus padres y profesores, lo destruyeron, sumando montones de escombros sobre los escombros que hicieron de él. Les presentamos el inicio de la segunda parte de «El origen», el cual dejará con muchísimas posibilidades de sueño esta calma chicha de domingo:

Somos procreados, pero no educados, con todo su embrutecimiento, nuestros procreadores, después de habernos procreado, actúan contra nosotros, con toda la torpeza destructora del ser humano, y lo arruinan todo, ya en los tres primeros años de su vida, en ese nuevo ser, del que no saben nada, sólo, si es que lo saben, que lo han hecho aturdida e irresponsablemente, y no saben que, con ello, han cometido el mayor de los crímenes. Con una ignorancia y una vileza completas, nuestros progenitores, y por tanto nuestros padres, nos han echado al mundo y, una vez que estamos ahí, no pueden con nosotros, todos sus intentos de poder con nosotros fracasan, pronto renuncian, pero siempre demasiado tarde, siempre sólo en el instante en que hace tiempo que nos han destruido, porque en los tres primeros años de vida, los años de vida decisivos, de los que, sin embargo, nuestros progenitores como padres no saben nada, no quieren saber nada, no pueden saber nada, porque durante siglos se ha hecho siempre todo en favor de esa espantosa ignorancia, nuestros progenitores, con esa ignorancia, nos han destruido y aniquilado y destruido y aniquilado siempre para toda la vida, y la verdad es que, en el mundo, nos encontramos siempre con seres destruidos y aniquilados, y destruidos y aniquilados para toda la vida, en sus primeros años, por sus progenitores como padres ignorantes y viles y faltos de ilustración. El nuevo ser humano sólo es siempre parido por su madre como un animal, y es tratado siempre como

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El fotógrafo del apartheid que ganó el Pulitzer y se mató

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Kevin Carter se hizo famoso por esta foto tomada en Sudán en 1993 y, un año después, recibió el premio Pulitzer. Dicho reconocimiento fue el punto culminante que desató una serie de sucesos  propicios para que él se matara en julio de ese mismo 1994. El día que decidió inhalar gases tóxicos dentro de su auto fue el final de una vida signada por el sufrimiento; desde que se integró al «bang bang club»  y fotografió a ejecutores de la violencia del apartheid de su natal Sudáfrica, Karter empezó a tener pesadillas donde los muertos fotografiados abrían los ojos. En ese aterrador 1994 su amigo Ken, otro de los cuatro integrantes del bang bang club, fue asesinado en Sudán, en abril. Les presentamos un documental sobre este fotógrafo que ya forma parte de los nombres imprescindibles para describir la última década del siglo pasado:

El suicido de Mishima: un verso más en el doloroso poema de la vida (Documental)

mishima

Yukio Mishima no sólo fue un gran escritor,  organizó una banda armada para proteger lo que quedaba del glorioso imperio japonés  y retuvo a un general, horas antes de autoinmolarse y de emitir un discurso lleno de tradición japonesa que, en lugar de conmover a los soldados, generó burlas y repudio. Pocas veces el arrojo de un escritor pasa del papel a eso que llamamos vida real. En el documental que les presentamos a continuación, se evidenciará el amor por el emperador que sentía Mishima, un amor digno de un suicido monumental, valiente y frenético, un final inevitable pues su vida fue un poema superior a las palabras y el silencio:

La canción olvidada de Nirvana

Nirvana

Por estos días se celebran los primeros veinte años de «In utero», el álbum de la banda de Seattle donde apareció la confesión de extrañar el confort de la tristeza y se acuñaron obituarios para los cumpleaños. Este aniversario se ha aprovechado – la forma de reencauchar ventas es aprovechar el suicidio de un músico o escritor y se ha exacerbado con los tiempos de vacas flacas de las editoriales y casas disqueras- para lanzar una edición remasterizada y con dos cd en la que se incluye una canción, hasta estos días, inédita. El nombre de la misma es «Forgotten tune», otorgado por Novoselic y el ajeno Grohl y se las presentamos para que los electrolitos sepan a semen: