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ORÁCULO,

Tenemos el gusto de presentar la historia ORÁCULO del escritor español Francesc Barrio @tadeoki

Si os gusta su historia podéis comprar su novela en Amazon: Arthur al otro lado.

También podéis visitarlo en su página web: https://noencuentroellitio.wordpress.com/

Ahora sí dejad lo que estáis haciendo y  leed esto (recordad que lo visteis en Mil Inviernos, la revista de lo fantástico y la ciencia ficción de habla española y pueltolicana):

 

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Dream by shiprock (cc 3.0)

 

ORÁCULO

 

Alma despierta súbitamente, espantada, envuelta en sudor. Aun con la respiración forzada, se siente desorientada, perdida. Del susto, se ha reincorporado en el futón sobre el que descansa. La luz de la luna menguante ilumina tenuemente el interior de su habitación, permitiéndole orientarse. Intenta tranquilizarse. Se levanta, sale de su cámara y se dirige a una de las salas comunes. Coge un tazón y extrae un poco de agua del aljibe. En la Comunidad se respira la calma propia de los instantes previos al amanecer. Apenas se escucha poco más que la acompasada respiración del resto de mujeres de las Penitentes. En el exterior se distinguen los sonidos de la vida nocturna. Perros salvajes, rapaces, insectos, todo tipo de criaturas en plena actividad bajo el manto de estrellas que todo lo cubre.

Se acercan unos pasos pausados que reconoce inmediatamente. Se trata de la abuela Marcia que se acerca por el pasillo con una vela encendida en la mano.

–Últimamente no duermes muy bien, cariño –dice la anciana. Alma la observa expectativa. Su elegante melena canosa aún mantiene vestigios dorados. Su mirada azulada, que en ocasiones resulta fría, es ahora tierna y amable–. Te haré una tisana. Acércame la valeriana y la melisa, por favor.

–Tú tampoco duermes mucho, Aya –dice Alma rebuscando entre los tarros de hierbas.

–Yo nunca duermo mucho cariño, ya lo sabes. A ver, ¿qué ocurre? –Dice Marcia mientras pone a calentar agua en un cazo de barro.

–Nada, una pesadilla. Ya hace tres días que me ronda. –Su voz suena apesadumbrada.

–Umm, suena serio. Cuéntame.

–He soñado con mis niñas –empieza a narrar Alma, pensativa–. Siguen una senda por el medio del bosque. Es oscuro y, entre los árboles, se distingue una gran columna de luz que parece ser su destino. Yo estoy con ellas pero, a la vez, no estoy, simplemente las veo. Llegan a un claro. Están ansiosas y entre ellas charlan animadas. Del centro del claro surge esa gran columna de luz. Harían falta al menos veinte mujeres para rodearla con los brazos extendidos. Ellas se miran sonriendo. Saben que ya han llegado. Dejan los bártulos en el suelo, se dan las manos y se acercan a la luz. Pero, de repente, todo cambia. El cielo estrellado se transforma en tormenta, la columna ya no existe y en su lugar sólo queda una gran losa de piedra negra que irradia un calor incómodo. Ellas se sienten traicionadas. Alguien las ha engañado. Pero antes de que se giren y puedan huir de la trampa, son asaeteadas. Primero cae Anya, con una flecha que le atraviesa el corazón. Luego cae Siana con un corte profundo en su cuello. Y por último, intentando correr, cae Mysia con varias heridas en la espalda. Veo como mueren las tres. Y entonces despierto, desesperada, con un grito ahogado en mi garganta y el corazón encogido.

–Ya deberían haber vuelto, ¿verdad? –Dice la anciana tras unos tensos instantes. El agua ya hierve.

–Sí, deberían haber regresado hace tres o cuatro días. Creo que les ha pasado algo. Lo siento en mi interior.

–¿Y qué quieres hacer? –Mirándola fijamente a los ojos, Marcia le acerca su infusión.

–Iré a consultar al Oráculo –contesta Alma no sin cierta turbación.

–Será peligroso. Tendrás que cruzar toda la ciudad. No deberías ir sola.

–¡Debo ir sola! –Contesta Alma con intensidad para seguir luego de manera más pausada–. Son mis hijas, yo las envié y yo las he perdido. No voy a involucrar a nadie más. Partiré cuando anochezca y, si todo sale bien, estaré de vuelta al amanecer. No correré ningún riesgo innecesario.

–Si es lo que has decidido, que así sea.

–Es lo que he decidido.

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