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Indio. Un relato de Leandro Alva

Por Leandro Alva

A Edmund Valladares

 

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30 de Julio de 1969

Décimo round; el Luna vocifera, la Luna come pochoclo. Suena la campana, se achican las distancias, se miden las fuerzas. Paladino se siente cómodo; en el rincón le dijeron que ya la tiene ganada por puntos, que salga del intercambio, que se mueva sin parar, que no se detenga nunca; pero en un descuido le embocan una seguidilla que le hace ver la vía láctea. Cuando se desploma, su cabeza golpea contra el borde del ring. Ya no se levanta. Ya no va a ganar.
Durante la noche, los vehículos acallan su párpado y se oscurecen hasta el otro extremo de la paleta. Llega la mañana, el cuadrilátero se hace mucho más angosto. La cuenta de protección no termina jamás.

(Relato inspirado en hechos reales, narrados en el film “Nosotros los monos” del realizador Edmund Valladares)

 

Representación purgada

Por Luis Antonio Bolaños De La Cruz

Viñeta de la periferia del Imperio Decadente, donde convoco excentricidad y exotismo para que campeen por doquier, eso sí con consecuencias no siempre pertinentes; he tratado de pescar la nitidez de Sheckley pero condimentada con el erotismo que nos entregara Silverberg en memorables paginas, eso si en el marco de un ensueño de la época de mi primera adultez.

Fantasy Noir 092

Luis Royo

Atravesamos zonas de guerra, peligrosas y repletas de vericuetos, logramos camuflarnos y escondernos de las flotas en contienda, hasta arribar a este planetoide con cierta gravedad y atmósfera donde podemos repostar e inclusive holgar el cuerpo. Alcanzamos a visualizar que un par de continentes acribillados de lagos y cubiertos de selva se conectaban por media docena de archipiélagos ocupando un hemisferio, había un océano extendiéndose por el resto; la memoria de nave señalaba que “los nativos Kas no son ni hospitalarios ni hostiles, pero se caracterizan por un acendrado espíritu de limpieza e higiene, lo cual desencadena no pocas bromas hacia sus costumbres”. Aleccionaba sobre: “Entre los reflejos que destellan en su proceso civilizatorio concreto, y que van agudizando su afinamiento para relacionarse con otras especies y aligerando su sutileza para tornarlo ecuménica se encuentran aquellos procedimientos higiénicos que van moldeando de manera paulatina las sensaciones corporales referidas a la sanidad para no confundirlas con la sexualidad”.

Los Kas (denominación popular abreviada) eran policromos sobre fondo celeste o gris perla, redondeados (los delgados clasificarían como obesos) con nódulos dérmicos desparramados al azar y emplumados (plumas cortitas y suaves en paquetes de 3, 5 y 7 unidades), media docena de bracitos y dos piernas formidables para sostener un triple sistema excretor, uno renal delantero que culmina en el botón eréctil y dos posteriores para evacuar sólidos y semisóĺidos con tres nalgas, dos laterales y una central (lo cual significa columna vertebral muy larga y fuerte) complicada de figurársela hasta que captamos la funcionalidad de su diseño abombado que deja libres los pliegues interglúteos mediante arcos descendentes y confluyentes con solo cuatro hoyuelos sacros; compatibles sexualmente con los terráqueos con bioquímica similar (por lo tanto no son venenosas una para la otra) continuan atesorando misterios pero aceptan mezclarse en los puertos espaciales para actividades comerciales y de otro tipo.

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β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker) encapsulado (relato)

Alguna vez escuché que la Libertad es un desgarre. O sea que es una violencia, algo en rompimiento. Si la teoría de cuerdas tiene razón entonces la realidad está compuesta por branas. Traspasar una dimensión es divorciarse de otra. Cada vez que pasamos de una brana a otra pasamos de una cárcel a otra. ¿Estamos destinados a la pérdida de la libertad y la única libertad posible sería la de escoger la forma en que queremos perder nuestra libertad?

«Alguna vez escuché que la Libertad es un desgarre. O sea que es una violencia, algo en rompimiento. Si la teoría de cuerdas tiene razón entonces la realidad está compuesta por branas. Traspasar una dimensión es divorciarse de otra. Cada vez que pasamos de una brana a otra pasamos de una cárcel a otra. ¿Estamos destinados a la pérdida de la libertad y la única libertad posible sería la de escoger la forma en que queremos perder nuestra libertad?»

β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker), escrito por Luis Cermeño, uno de los maestros de obra de esta casa invernal llena de goteras e inundada, ha sido publicado en la revista de ciencia-ficción Cosmocápsula. Los invitamos a que lean este escrito y demás trabajos que aparecen en el número 13, correspondiente al trimestre Abril-Junio de 2015; acá podrán ver el contenido. La marca interior que alude el texto se trastoca e una herida que formará parte de ese rictus inconsciente al que se lo denomina gesto.

Esperamos que disfruten de este bocatto: β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker)

Martín el zapatero, un relato de Tolstoi animado en los Estados Unidos

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El Señor puede valerse de los ratones para enviar sus mensajes y llegar a los ancianos que quieren morirse; Martín Zapatero es un relato de Tolstoi, llevado a la pantalla por el director norteamericano Will Vinton, en donde la presencia divina se atisba en cada ser humano y saca al zapatero del océano de su amargura al punto de hacerlo creer un cachorro y aullar en medio del devastador invierno ruso. Este trabajo, además de la animación, cuenta con el testimonio de Alexandra, una de las hijas de Leon, que afirma que este relato fue considerado por su padre como una de sus obras cumbre, mostrándonos así una postura ante la escritura y literatura muy distante de las aspiraciones meramente estéticas de muchos de sus epígonos:

Desde el futuro se escribe

 

Por Fernando Suárez-Obando

Vía brazodesofa.blogspot.com

Futuro

Ayer caminaba por la tercera hacia la avenida de las Perlas, cuando vi que Yo mismo bajaba desde la avenida de las Perlas hacia la calle del Rosal, Yo subía por la tercera y Yo bajaba por la tercera.

Yo, que caminaba hacia Rosal, lo hacía con frescura, pero algo rengo, un poco más lento que de costumbre, mientras Yo, que subía raudo hacia las Perlas,  tenía prisa, ansioso por cumplir con el horario.

Yo-Rosal medía cada paso con parsimonia, tenía la mirada opaca y el pelo escaso, canoso y sin brillo. Yo-Perlas sentía la brisa en mi pelo largo y acariciaba con la mano  mi barba negra y espesa. Yo-Rosal, también tenía barba, pero blanca y descuidada.

A la mitad de la cuadra nos encontramos, me reconocí de inmediato y Yo-Rosal me reconoció al instante, nos reconocimos, una mirada, unos segundos bastaron para saber que él es mi futuro y Yo soy su pasado, él es lo que seré y Yo soy lo que fui.

Yo desciendo hacia el Rosal, Yo asciendo hacia las Perlas. Tuve miedo, pensé que como materia y antimateria chocaríamos y desapareceríamos del universo, no me toque, no me toco, su línea de tiempo permaneció en paralelo, solo la mirada entre dos épocas.

Estuve tentado a preguntarle, a preguntarme, como sería el futuro y supe por su mirada, la de Yo-Rosal, que el Yo futuro quería saber, porque fui un joven tan miedoso.

Sostuvimos la mirada por un instante eterno, callamos, silencio, sin preguntas, es mejor no saber del mañana ni reprochar el pasado,  seguí hacia Rosal, seguí hacia las Perlas.

Mil cazamientos

Por Rocío Sala Espiell

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Se sentó detrás de un árbol a esperar. Según lo que le habían dicho faltaba poco para aquella persona saliera de la ducha y se vistiera delante de la ventana, como las últimas tardes alrededor de las cinco, o seis, después de ejercitarse en el sótano. Desde afuera podía escuchar el metal de las pesas chocando, el ruido a trabajo, las quejas por el esfuerzo, sentía hasta el sudor de su frente. Miraba a cada lado, tenía que asegurarse de que nadie la viera. Salió de la ducha sin ponerse la toalla: le colgaba algo del cuerpo. Se paró de un salto y se golpeó la cabeza contra una rama. Él no era él, tal como le habían avisado. Se acercó lo más que pudo a la ventana: tenía un cubo de seis centímetros por lado, colgando por medio de dos cables, del costado derecho, a la altura de las costillas. Cada vez era más difícil diferenciarlos, pero eso ya lo había visto en otros, no necesitó ver más. Empezó a correr en dirección a su casa, que quedaba a pocas cuadras, y al entrar la interceptó su madre:

-¿De dónde venís tan apurada? –Le preguntó al verla atravesar la entrada, con la respiración agitada.

Cerró la puerta y fue hasta la cocina a agarrar un vaso con agua. No podía hablar.

-¿Otra vez Angélica? –La siguió y le zamarreó el brazo, haciendo que volcase–. Dijimos que íbamos a dejar de hacerlo.

-Dijiste, mamá –refutó sin mirarla y tomó el agua de un sorbo.

Tenía el pecho agitado, sentía que el corazón estaba a punto de estallar. Volvió a llenar el vaso y a vaciarlo. Dio media vuelta y se dirigió a las escaleras; inhaló profundo y las subió a los saltos.

-¡Basta Angélica! –Gritó desde el primer escalón–. ¡Tenemos que parar!

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Ernesto ¿Uno qué hace?

Por Fernando Suárez-Obando

Autorretrato de Antonio Ligabue

Autorretrato de Antonio Ligabue

 

Cuando camino por la calle real y veo los bolardos, esas masitas de concreto adornados con un anillo de metal pintado de verde, siento una opresión incómoda en el pecho, tengo la sensación de caerme, resbalarme, irme de bruces, derrumbarme, escurrirme como un ser baboso y aterrizar sobre un bolardo y enterrarme el anillo de metal en el pecho. La sensación cesa cuando supero un bolardo, pero regresa con el que se aproxima, así que mi paseíto se vuelve problemático y muy diaforético. Preferiría que quitaran esas cosas y que el espacio público se viera invadido por renoletas rojas y tuviéramos que serpentear por el laberinto de carros en los andenes y así no tener que ver los bolardos y correr el riesgo de enterrarnos anillos en el tórax. Pero cuando me imagino a las renoletas solo veo camionetas rojas alineadas a lo largo de un andén infinito y eso también me incomoda porque avanzo y veo los bolardos y las renoletas y eso es muy incómodo y el paseíto ya se vuelve angustiante y toca ver si hay un taxi por ahí, irse y evitar esos pensamientos intrusivos.

Lo bueno es que la probabilidad de enterrarme un anillo de metal verde en la mitad del esternón es baja y ya no hay muchas renoletas como para hacer una fila infinita sobre el andén, el problema es que existiera un pensamiento intrusivo con mayor probabilidad de ocurrencia y entonces me tocara tomar una decisión, algo así como si yo fuera el Alcalde mayor y tuviera que decidir sí quitar los bolardos para evitar lesiones torácicas, es preferible al costo de permitir que las renoletas se subieran a los andenes. En últimas, como eso no va a pasar, pues me tranquilizo y al cabo de dos días de pensar en los bolardos y las renoletas se me olvida.

Eso le contaba a Ernesto que es psiquíatra, es mi amigo pero no es mi psiquiatra, es un amigo que simplemente estudio psiquiatría. Pero él no puede evitar ser psiquiatra cuando hablamos y cuando le cuento sobre esos pensamientos peregrinos pues hace un esfuerzo involuntario para ubicar mis quejas en algún eje diagnóstico. A veces me dice algo, a veces no me dice nada.

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Simbiosis. Por Luís Antonio Bolaños de la Cruz

Algo que con frecuencia está ausente de la ciencia ficción es el erotismo, existen autores insignes: Farmer, Silverberg, Harrison, Effinger, Varley, cada cual en su estilo, que lo asumen, pero no remedian su abandono, como esa ha sido la tendencia histórica, a pesar de excelentes relatos eróticos de CF, recurro al refranero “Soldado advertido no muere en guerra” para que sepan con que se van a topar, me encanta abordar el tema, explícito o soterrado (para quienes siguieron a Velero25 los remito a su sección Bitimagen, que este mes de Enero 2014 retomamos en Agujero Negro gracias a la benevolencia de Isaac Robles), estoy convencido con firmeza que enriquece al género, y que repatear a la pacatería en las posaderas y expulsarla a las tristes regiones donde la aprecienhipócritas y pazguatos, es un deber que debemos cumplir quienes amamos la libertad y gozamos del placer. ¡¡Quedan avisados!!…

Luís Antonio Bolaños de la Cruz

Relato publicado previamente en  Revista Literaria Papirando

Simbiosis – Luís Antonio Bolaños de la Cruz


He querido mezclar en jolgorio agitándolos con un pelín de osadía, a los comics eróticos de Alfonso Azpiri y Frank Thorne, acaso filtrados por la estructura narrativa de Gallego & Sánchez, pero me ocurre con frecuencia que consciente del camino a recorrer llegó a un resultado que apunta hacia otra dimensión, y cuya intención es evidente, reposa en otros estímulos 

Si alguien hubiese imaginado la alianza que se daría entre dos especies en apariencia lejanas y más tarde tan funcionales, que compartiríamos naves, habitats, canciones, música y sexo mientras nos expandíamos por la galaxia, lo considerarían un prospectivista insigne y si además anunciaba que los traductores universales biológicos (“Trubis”) -que a ambas especies nos proporcionan tanta ventaja al comerciar e intercambiar conocimientos con alienígenas y biomáquinas-, requerían un especial momento de ayuntamiento, de éxtasis particular, de comunión carnal, para convertirse en lo que son, habría encontrado resistencia, ya que el fluido funcionamiento entre humanos y “trubis” engaña a quien no conozca la historia.

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Un relato fantástico latinoamericano del siglo XIX

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El relato que a continuación les presentamos fue escrito por Temístocles Avella Mendoza, uno de los autores que aparecen en el libro «Narradores colombianos del siglo XIX». La particularidad de este escrito es que cuenta con elementos provenientes de la fantasía, como lo advirtió José María Martínez al incluirlo en el volumen «Cuentos fantásticos del romanticismo hispanoamericano» (2011). El escrito, alejado del imperio realista, evidencia, quizá sin intención, el impacto de las relecturas devenidas en reescrituras pues proviene de unos versos hechos por Juan de Castellanos quien enunció:

Pues en labranza de aquel suelo (…)

Se vino contra él un indezuelo

Diciendo: «No me cojas mi labranza»

Sobre lo cual los dos andan al pelo (…)

Y el Almonte con ser hombre bastante,

le pareció luchar con un gigante.

Y en confianza de su fuerza mucha

A los principios pensó bien amarrallo;

Pero fuere tormento de garruncha(…)

Porque durante la terrible lucha

Vido cómo tenía pes de gallo.

Dijo: «¡Jesús! ¡Jesús!» Y en el momento

el indezuelo se le tornó viento.

Acudieron los de su camarada

A las débiles voces y al gemido:

Halláronle la cara rasguñada,

Ajeno de sus fuerzas y molido;

Y siendo la razón investigada,

Dijo lo que le había sucedido.

La transformación de Avella Mendoza es genérica y, además, revisa la versión del poeta-cronista español quien, como lo advierte Rodríguez Pérez en su «interpretación de las elegías de Juan de Castellanos», buscaba oponer la cruz a las supersticiones de los nativos para encumbrar al cristianismo como justo dominador. En el relato de Temístocles, el español y su cristianismo se traducen en cobardía e incomprensión (pese a que la razón la haya recobrado el europeo), y se presenta una ironía (quizá sin mediar la intención del autor pero el texto dejó de pertenecerle y su voluntad pasó a ser un incidente menor desde que lo entregó a la imprenta) al referirse el bautizo del lugar donde ocurrieron los hechos como Valle de San Bartolomé después de que lo llamaran Valle del diablo: esta fue la única manera que los conquistadores encontraron para cristianizar el territorio, confiando, con candor europeo, en la palabra.

Esta visita a las crónicas-elegías de Juan de Castellanos permite recordarnos que el trayecto de lo fantástico en Latinoamérica comenzó con esas narraciones y que el realismo mágico es sólo una expresión más de esa literatura, de modo tal que no resultan tan lejanas entre sí las tradiciones literarias del Río de La Plata, de los Andes y el Caribe. El texto de Avella Mendoza fue urdido en la cordillera pero se valió, como lo hizo antes Carpentier y el propio García Márquez, de unos versos escritos por un cronista de la conquista y su manera de ejecutar el relato recuerda a Borges y sus constantes encuentros con Martín Fierro.

El valle del diablo o la conseja de Diego Almonte

Si mal no recuerdo, fue en las Elegías de varones ilustres de Indias, por Juan de Castellanos, donde leí, hace algunos años, el caso que voy a referir.

Por supuesto que hay su diferencia entre aquella y esta relación: Castellanos refiere el caso en dos o tres octavas reales, en tanto que yo voy a hacerla en muchos renglones de neta y llanísima prosa. Queda, sin embargo, indicada la fuente, por si alguno quisiera incurrir en ella.

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Carver, un muerto que se recuerda

Hoy se cumplen años de muertos varios hombres conocidos. Uno de ellos fue Raymond Carver que falleció el 2 de Agosto de 1988.  A continuación un video en el que se habla de la poesía del escritor estadounidense:

Acá podrás escuchar algunas entrevistas hechas a Raymond Carver (en inglés)