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Sobre «La ira de los murciélagos». Por Alejandra Robles

En este texto, Alejandra Robles colabora para nuestra sección Turicuchi, sobre libros escritos por personas de Chiapas o editados en este estado. Ella nos presenta una perspectiva de la novela «La ira de los murciélagos», escrita por Mikel Ruíz y editada en 2021 por Camelot.

 

El escritor y editor sonorense Iván Ballesteros Rojo, publicó en una de sus redes sociales, en agosto de 2021, unas líneas que llamaron mi atención, pues justo por esos días me encontraba leyendo La ira de los murciélagos de Mikel Ruiz –la novela sobre la que aquí reflexiono–, con motivo de la presentación de dicho libro, que se llevaría a cabo en el Centro Cultural El Carmen, en la cual yo tendría una breve participación. Cito a Iván: “Le pasé mi novela —porque me la pidió— a un muchacho del sur [de México…]. Dice que la leyó y como no hay narcos ni judiciales parece un texto escrito por un narrador del centro, no del norte (Emoji de carita triste)”. La publicación me hizo pensar cómo todavía, después de varios años, críticas como la que en el 2005 hizo Rafael Lemus en Letras libres, en la que menciona que “Toda escritura sobre el norte es sobre narcotráfico” y que, además, la literatura sobre el narco es ordinaria, siguen estando presentes en el imaginario acerca de la literatura mexicana de nuestro tiempo. A esta crítica respondió después en el mismo medio Eduardo Antonio Parra, dejando claro que no podemos reducir, desde una visión centralista, la literatura del norte de México al tópico del narcotráfico y que, si este tema se asoma en algunas producciones literarias, es porque se trata de una situación histórica, un contexto que envuelve todo el país, aunque se acentúa en ciertas regiones. De ahí que a algunos les pueda sorprender que escritores del norte, como Ballesteros, no escriban sobre el narco; o más aún, que escritores del sur, chiapanecos, de un pueblo tsotsil, como Mikel Ruiz, sí lo hagan y, además, no de modo mecánico o retratista, sino con una propuesta estética original de fondo.

Más allá de las divisiones geográficas y de las temáticas, La ira de los murciélagos es literatura; así, sin adjetivos, como alguna vez dijera Aldana Sellschopp de Los hijos errantes, la otra novela de Ruiz. No obstante, quienes nos dedicamos a hacer estudios literarios, tenemos también que valernos de estrategias para acercarnos a las obras de forma organizada y con preguntas particulares. En este caso, el presente texto apunta a dos temas específicos: la violencia y el narcotráfico. Por lo que considero importante determe un poco en lo que Abad Faciolince y Rincón definieron en los años 90 como narcoestética y narcoliteratura —o literatura del narco o con tema del narco, como otros estudiosos han sugerido llamarla—. Aunque reitero que La ira de los murciélagos, si bien es literatura con tema del narco, no se reduce a este subgénero literario, puede ser también metaliteratura, literatura filosófica, novela posmoderna, en fin.

Abad Fciolince y Rincón advirtieron que la narrativa del narco tiene, entre otras, las siguientes características: a) estilística gore, b) estética traqueta o del exceso, c) territorios del narco, d) deslegitimidad y corrupción del Estado, e) círculo cercano y f) atemporalidad circular de la violencia. La ira de los murciélagos cumple con algunas de estas características y, al mismo tiempo, nos hace cuestionar las que no hacen eco en la misma. En lo que a la estética del exceso se refiere, en la novela de Ruiz podemos verla de forma evidente. El personaje Ponciano Pukuj, el jefe chamula del narco, constantemente está haciendo ostentación de su dinero; por ejemplo, en una de sus casas tiene pavorreales como mascotas, dos venados cola blanca que compró en Teopisca y un jaguar. Y en la fiesta de celebración de cumpleaños de Juana, su mujer, contrata —e imaginemos el gasto que implica— nada más y nada menos que a Los Cárteles de San Juan Chamula y al mismísimo Komander para amenizar la noche. Porque cabe aclarar —aprovecho la mención anterior—, que la música se escucha a modo de sountrack en casi todos los capítulos del libro y que, además, es un elemento significativo a partir del cual podemos entender la psicología, el contexto de los personajes y el argumento de la novela.

También la deslegitimidad y la corrupción del Estado están presentes como características de la narrativa del narco en la novela de Mikel de principio a fin. Hay dos historias que avanzan de forma paralela y luego cruzada; por un lado la del escritor Ignacio Ts’unun, quien por azares de la vida, la necesidad económica y el deseo de dedicarse a la escritura, termina trabajando como escritor de un guion de película para el jefe del narco chamula; y por otro lado, la de Ponciano Pukuj, quien se disputa la presidencia muncicipal de su pueblo con Pedro Boch. En esta última podemos ver cómo desde siempre, en el México que construye el autor, que es uno similar al nuestro,  las cuestiones políticas han sido un montaje que raya en lo paródico; y cómo no hay difereneica entre Estado y crimen organizado, sino ambición de poder, sed de dinero y de reconocimiento; lo que que da pie a que Mikel Ruiz construya escenas como la del primer capítulo en la que los trabajadores de Pukuj regalan tortas y Coca-Colas —bebida sagrada— a los chamulas para comprar sus votos; la del capítulo veintiuno, en la que los medios de comunicación le dan espacio a Pukuj para declarar que “encontró” boletas en el monte con votos a su favor y que, por lo mismo, desea impugnar —estrategia que además, funciona—; o las de los últimos capítulos en las que como lectores nos enteramos que Boch y el antiguo presidente municipal de chamula    —quien mantiene relación con Los Zetas y practica el narcomenudeo—, tenían un trato para que él se quedara con la presidencia a cambio de ciertos beneficios.

Asimismo, en La ira de los murciélagos se muestra no solo a quienes disparan las AK-47, las Berettas 92FS, las calibres 38, sino a todos los demás sujetos que requieren existir para que el narcotráfico funcione: como Cándido, amigo de la infancia de Ignacio, quien termina convirtiéndose en el abogado de Ponciano Pukuj; Ángel, el consejero tradicional de este último; y, de forma muy particular, Ignacio mismo, que con su trabajo de escritura del guión de película para Ponciano, pretende legitimar la imagen de su jefe y presentarlo ante todos como un verdadero hombre de mando. Esto nos lleva a reconocer que, desde antaño, los artistas —llámense escritores, pintores, músicos—, por carencias económicas o incluso por convicción, han colaborado con políticos y delincuentes por igual. Ni el rey de Bellas Artes, Juan Gabriel, se salvó de este tipo de situaciones, recordemos su famosa canción “Ni temo, ni Chente” en apoyo a la campaña de Labastida. O el tan sonado rumor de que Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” y sus colegas, en alguna ocasión fueron contratados por Pablo Escobar para dar un espectáculo privado.

Ahora, si me centro en el personaje de Ignacio Ts’unun, considero pertiente mencionar que, así como Yuri Herrera apostó en Trabajos del reino, de forma muy interesante y renovadora para la literatura con tema del narcotráfico, por presentar este universo desde la mirada de un compositor de corridos, lo mismo hace Mikel Ruiz en su novela; pero, a diferencia de El Artista, protagonista de Trabajos del reino, Ignacio, el escritor protagonista de La ira de los murciélagos, es culto, letrado y, al final de la novela, nos deja saber que tiene conciencia total de que las cosas en su “Sodoma” de origen, no van a cambiar para bien  —por lo menos no pronto— y, en vez de eso, toma la decisión de no volver atrás y convertirse en estatua o piedra de sal. Esto mismo me conduce a escribir sobre el rasgo de la atemporalidad circular de la violencia en el libro de Ruiz. Hay violencia por motivos religiosos, violencia de género, violencia de clase, violencia por el poder, violencia en las aulas, violencia por motivos étnicos y lingüísticos…en fin, violencia que solo va modificándose o reposicionándose, pero jamás cesa. Lo que nos recuerda que la violencia es un asunto que siempre ha existido y seguirá existiendo, pero también su reinterpretación creativa a través de la literatura, como en el caso de esta novela.

En lo concerniente a la estilística gore y los territorios del narco que Abad Faciolince y Rincón afirman son cualidades de la narcoliteratura,  La ira de los murciélagos demuestra que lo bello de la literatura en general, es su mutación constante y, de igual modo, que las temáticas se pueden abordar una y otra vez desde enfoques distintos, dando también resultados diferentes. En la novela de Ruiz, como ya advertí, hay violencia, pero esto no significa que en ella se haga una apología de la misma o que el autor se tenga que valer de la crudeza, la brutalidad o el estilo periodístico —como hacen otros y por lo que han sido tan criticados—, para sucitar reflexiones en los lectores en torno dicha cuestión. En el caso de Ruiz, una de sus tantas formas de llamar nuestra atención sobre el narcotráfio y la violencia, por ejemplo, es yuxtaponer escenarios que por separado parecieran de distinta especie: en el capítulo catorce, Ponciano Pukuj, enmascarado de El Santo, secuestra en una choza a Boch, Blue Demon, y ahí, en esa tierra donde nada ni nadie es legal, gana El Santo. Posteriormente, es perturbadora la imagen de unos niños jugando emocionados a la lucha libre. La violencia no solo es y está en las escenas sangrientas, los cuerpos desmembrados, sino también en lo cotidiano o lo que a simple vista pudiera parecer normal o incluso espectáculo. Es oportuno agregar aquí, que veo una coincidencia en La ira de los murciélagos con Un ballet violento del también chiapaneco Jorge Zúñiga, en el sentido de que en ambas obras se busca, en ciertos momentos, salir de lugares comunes para exponer una cuestión que nos atañe a todos como lo es la violencia humana.

Por último, al concluir el libro de Mikel Ruiz, me queda claro que, como dicen Los Cárteles de San Juan Chamula, “No nada más en Durango existen hombre chingones, en el estado de Chiapas también hay vatos cabrones, usan botas y sombreros y traen sus buenos fogones”.  El territorio del narcotráfico ya no es solo el de Baja California, Sonora, Sinaloa, Durango, Nuevo León; ni en la literatura ni en la vida real. También, como Telcel, “Todo México es territorio del narco”. No sé si reír o llorar por esto. Pero lo que sí sé es que libros como el de Mikel, invitan a transformar –con genuino interés– un punto final en discusiones y reflexiones acerca de la literatura actual y también acerca del mundo que hoy habitamos, como ha sido la intención del presente texto.

 

Nuevo libro de Felipe Escovar y Luis Cermeño: ¡Arrúllame Ramona!

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La editorial  Senderos Editores inaugura su colección Cuadernillos Narrativos con la historia ¡Arrúllame Ramona! de Luis Cermeño y Felipe Escovar (editores de Mil Inviernos). El lanzamiento del libro será  en Punto Theca en el Punto de Convergencia 23 el próximo 8 de agosto de 2014.

El libro está dedicado a todas las facultades de Física de América Latina y a su santo patrón: Albertico Einstein. Adaptado al español de los colombianos tristes.

Cuarta Sesión Preparatoria: Literatura Digital #SD13Colombia

E-Card SP Literatura-01

El Foro de Industrias Culturales en la Era Digital #SD13Colombia,  invita, en esta ocasión, a la Cuarta Sesión Preparatoria: «Literatura Digital: Nuevos espacios para el arte de las palabras«. El  27 de septiembre de 8:30 a.m. a 12:00 a.m., en la Sede Club Social de la Universidad Cooperativa de Colombia.

En esta sesión no sólo se identificarán experiencias aprovechando las tecnologías digitales en el género literario de las obras poéticas, narrativas o dramáticas, también se explorará cómo los medios digitales han venido trasformando la manera de pensar y crear literatura además de su producción, la manera de consumo actual y la interacción con las nuevas disposiciones de lectura.


AGENDA:

Sesión Preparatoria: Literatura Digital: Nuevos espacios para el arte de las palabras
Fecha: Viernes 27 de Septiembre.
Hora: 8:30 a.m. a 12:00 a.m.
Sede: Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Club Social.
Dirección: Diagonal 40A No. 14-35. Bogotá

Si aún sigue interesado, los invitamos a confirmar su asistencia y lo estaremos esperando para seguir construyendo Cultura Digital desde nuestras Industrias Culturales con #SD13Colombia.
 
Twitter: @sd13colombia |  HT #SD13Colombia y #CulturaDigital

Las Sesiones Preparatorias #SD13Colombia son eventos de entrada libre y gratuita. Los cupos son limitados y se requiere inscripción previa. Formulario disponible en: http://sd13colombia.org/inscripcion/

 

Una naranja mecánica: La posibilidad de cambio que niegan los políticos…

Luis Carlos Muñoz Sarmiento*

Los partidos políticos existen sólo por miedo a las ideas ajenas,

por eso se protegen entre sí y cuidan las ideas que han heredado.

No sirven para cumplir lo que prometen, sino para destruir las promesas de los otros.

ROBERT MÜSIL

Uno de los hechos humanísticos, sociales y artísticos, e incluso políticos y filosóficos, más importantes del Siglo XX, por el tratamiento y la vigencia de su tema y por el contenido y la virulencia de sus imágenes, lo constituye la realización de uno de los filmes emblemáticos del director Stanley Kubrick (1928-1999), nacido en Nueva York y afincado en Londres, donde pasó gran parte de sus últimos 15 años: A Clockwork Orange (1971) o Una naranja mecánica (1), de la cual 2012 marca el quincuagésimo aniversario de la publicación literaria (1962) de Anthony Burgess (1917-1993), que ha sido tan vapuleada e incomprendida, citada y no leída, como la versión del cineasta gringo-anglo. Este ensayo intenta desentrañar el sentido de ambos esfuerzos, el de Burgess y el de Kubrick, respetándolos en sus resultados artísticos, más que en su intención, sin querer hallar lo que de por sí dichas obras no dicen, aunque sí lanzar hipótesis desde una visión contemporánea del ensayo, la del libre discurso reflexivo (2). Trabajo no fácil si se consideran dos aspectos: el carácter de novela filosófica asignado al texto y la mirada maniquea y desvirtuadora de la crítica sobre el filme. Novela y filme que tuvieron que soportar el peso de la infame censura, motivada por un sesgo mediático que tendió un manto de duda contra el que aún cabe y más que nada debe protestarse, para que al fin se entienda que las obras son lo que dicen y no lo que se quiera ver en ellas y que lo único que sobrevive a toda la estulticia humana, fuera de lo que se hace bien, son los (buenos) libros… y las (buenas) películas.

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Música-literatura en el Llano Oriental colombiano

Tal vez la región colombiana con menos presencia en el mapa literario sea el  Llano Oriental, aunque  sea esta el marco de una obra tan trascendental como La Vorágine, de José Eustasio Rivera. El porqué manifestaciones con mayor reconocimiento en el circuito comercial de la literatura, como la novela,  no se hayan inmerso en la expresión narrativa de esta recia tierra, es la duda que pretende disipar el ensayo que a continuación presentamos, con la autoría de Luis Caropresse Quintero, historiador y poeta araucano.  Al mismo tiempo, el ensayo presenta las expresiones musicales que se funden con lo literario en un solo fenómeno, que conforman la singularidad de esta tierra llanera.

LAS EXPRESIONES MÚSICO-LITERARIAS DEL LLANO COLOMBIANO ANTE LAS INFLUENCIAS LITERARIAS FORÁNEAS

(Luis Caropresse Quintero)

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