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Magistrados, un relato de Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Magistrados

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Albert Robida (1882) «salida de la ópera en el año 2000». 

 

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Magistrado(a)s se encuadra en la serie del Imperio Decadente, relata un acontecimiento sucedido en el amanecer de la rebelión, cuando los propios planetas con conciencia Gaia participaban para apoyar la rebelión.

Lo(a)s Magistrados de nuestra urbe (o de cualquiera de las otras 12 urbes del planeta) solo funcionaban adecuadamente cuando les daban cuerda; los encargados o fiabytrus nunca efectuaban su labor porque los dilatados protocolos exigidos por sus mecanismos inhibidores-excitadores de atención al público, exagerados en su precisión y minuciosos en su detalle, se constituían en un peliagudo y largo problema. Existía el método corto: buscar las llaves en los bolsillos interiores de los mohosos baúles depositados en el sótano repleto de cachivaches donde no penetra la luz y convertidos en madrigueras de bichos que devoran los dedos (no comprobado ya que sólo los fiabytrus tenían acceso, pero es vox populi). Y el más corto aún aunque sin garantía de respuesta acertada: que el interesado en consultarlos les propinara una bofetada mientras deambulaban entre el gentío.

Lo peor de los fiabytrus era que iniciada la búsqueda no podían abandonarla ya que se generaba un loop que se autolubricaba y debían golpearles en el cráneo con rudeza (lo cual se combinaba con probables daños y convalecencia) para conseguir la extracción, entonces por la general a su fealdad (decían los chismes, que eran productos fallados de las calderas de protoplasma imperiales y anexados a la burocracia de nuestro planeta) incorporaban vendajes y apósitos. Así que esa posible brevedad en la ejecución con su ayuda estaba precedida de niveles organizativos desmesurados, pesados y esforzados que liquidaban de antemano la utilidad de su procedimiento, ya que las respuestas de lo inquirido a los Magistrado(a)s llegaban tardías. De allí que el público prefiriera las bofetadas convirtiendo a los fiabytrus en inútiles accesorios.

Según las noticias que aparecían en la red pulsante en las demás metrópolis el sistema de Magistrado(a)s parecía que funcionaba igual, leyendo entre líneas surgía segura su decadencia idéntica a la nuestra. Rumores cuya difusión se prohibía por proclama señalaban que los locales (y los de las demás urbes también, si atrapabas las líneas de mensajes de texto adecuadas) cuando no los veían se movían en saltos cuánticos instantáneos para susurrarse consignas, por eso las cámaras grabadoras siempre funcionaban, pero algo sucedía ya que al exhibirlas, extenso metraje nocturno al cierre de la actividad, se encontraba velado sin importar la velocidad que se programara para seguir las peripecias nocturnas.

Que la verdad se depositaba en los intersticios de la hablilla quedaba demostrada porque cada mañana al iniciarse las faenas del consistorio en medio de su habitual greguería, acontecía que los Magistrado(a)s habían cambiado de lugares. A partir de la ruta trazada por sus desplazamientos se impartía soluciones o se decidían proyectos más por la persistencia de sus “dosor” (dobles sombras reales que surgían donde se cruzaban sus caminatas, que ennegrecían el espacio y ejecutaban una lectura alternativa al procedimiento estipulado pero tan escuchada como la formal), además sin que nadie lo pidiera interpretadas por los fiabytrus quienes añadían una tercera capa argumental a los pedidos y preguntas de la muchedumbre, como observamos poco se gestionaba por conversación directa con los Magistrado(a)s, así que los peticionarios o demandantes elegidos en cabildo según la referencia de las familias o de los barrios accedían al mecanismo de funcionamiento a través de la bofetada pero ante el silencio de los magistrados aceptaban las interpretaciones de los fiabytrus y las respuestas de los dosors: eran lo mas parecido en reacción física real que existía en cuanto a Magistrado(a)s, quienes permanecían casi siempre callados en sus cabinas de atención, pero que se reunían en grupos informales con la gente para conversar tupido y divertirse de lo lindo. Caos organizado de ineficiencia demostrada.

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Un trazHOmenaje a la historieta La Flor de Coleridge, por Luis Antonio Bolaños.

La Flor de Coleridge

Por: Luis Antonio Bolaños de la Cruz 

TrazHOmenaje 01 de la Historieta Argentina

Motivado y acicateado por mi amigo Isaac (desde Casa de Jarjacha primero y de Agujero Negro digital después) me aproximé por aquel entonces a los diversos soportes en que se expresan los creadores de los géneros de nuestros amores, y comprobando que la mayoría de los comentarios, reseñas y análisis sobre historietas correspondían en lo fundamental a la producción USA, a la japonesa y algo a la europea, me decidí a recorrer ese universo de sueños plasmados por los autores e ilustradores argentinos, que se acumulan en capas sucesivas durante varias décadas dignas de ser exploradas sin pausa y con placer; me propongo comentar una vez quincenalmente alguna de dichas creaciones, porque siento que están sometidas a un olvido similar al que nos aplican por periféricos los poderes imperios en otros temas, cuando su calidad es genial y muy superior al promedio de la producción de USA y Japón y comparable con el nivel de la francobelga, británica e italiana.

El nombre de la sección funciona como un anagrama múltiple que se estira en tres dimensiones: con destino a lo gráfico mediante los trazos entregados, hacia la recuperación de la memoria trayéndola consigo a través del homenaje y menaje por el equipo de conceptos, referencias, imágenes, recuerdos, emociones y relaciones con que emprendo el viaje permitiendo que se disuelva el tiempo transcurrido para gozar en el presente de esas obras escamoteadas.

Empezaré con “La Flor de Coleridge” (publicada en Skorpio), comentando página a página esa historieta con guión de Guillermo Saccomanno, tan militante y hermoso que uno aplaude el tema y se solidariza con los acontecimientos pero sin perder en ningún momento la emoción, y recurriendo al trazo de “Tintafina” como suelo denominar en mis degustaciones comiqueras a Cacho Mandrafina, el artista ilustrador, digno dibujante que con un uso magistral del entintado y la disposición del espacio en las viñetas, unidos a que se manifiesta como letrerista eximio (manifiesto en las viñetas de las páginas uno y dos) pasa a ser uno de los maestros en el uso de la tinta china de esas añoradas ediciones que tanto nos ofrecieron bajo los sellos de:

Abril & Yago (Misterix, Rayo Rojo),

Record (con Skorpio, Corto Maltés, Pif-Paf, Tit-Bits),

Columba, que hasta tiene canción de Calamaro (con El Tony, Intervalo, D’Artagnan, Fantasía, Aventuras, Nippur Magnum),

de la Urraca (con las potentes Fierro, El Péndulo, Humor, Superhumor, Cazador),

pero sobre todo Frontera de Oesterheld con su homónima y Hora Cero donde sucede esa clásico inolvidable “El Eternauta”que varias generaciones llevamos en el corazón.

Desde el título y la diagramación de
las páginas 3 y 4, la historieta evoca lo que desea transmitirnos:
la situación que se vive y la intensa persecución entrecortada y
jadeante por los retorcidos callejones de la Casbah, -es inevitable
que evoquemos “La Batalla de Argel” de Gillo Pontecorvo y nos
embarquemos en rememorar datos y sucesos de esa extraordinaria hazaña
que significó la rebelión argelina que terminó por expulsar a los
franceses del territorio magrebí-;
el conecte entre acabado de las
viñetas y palabras claves repercute por su potencia en la
comprensión del acontecimiento, que queda rubricada en las miradas
de los testigos,
 O en el acercamiento a los rostros de
los torturadores y del sospechoso en la página cinco, tanto que casi
permite tocar las imperfecciones en la epidermis de sus rostros,
captando el carácter y su vida interior a la manera de una
prescripción frenológica;

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COMIC: Flinch 01- El horror según Vértigo DC, por Luis Bolaños

COMIC: Flinch 01- El horror según Vértigo DC

Por Luis Antonio Bolaños De La Cruz

 

 

Portada

 

Durante 16 números (junio 1999 a enero 2001) la iniciativa lanzada por la línea Vértigo demostró su altísima calidad con la presencia de una pléyade de guionistas e ilustradores que congregaba la flor y nata del género fantàstico, parecía imposible que estuviera bajo la protección de DC, y quizás por eso empezando como mensual terminó asesinada como bimensual. Algo que ocurre con frecuencia a los aficionados es que llegamos de manera tardía a la degustación de los productos, para mi esta fue una esa de esas ocasiones, por lo menos habría peleado y enviado una carta redactada con brío y cólera, como lo merecía la colección, para apoyarla aunque supiera que la guillotina del vil metal expresada en ventas y ganancias la dejaría inerme y abandonada tan sòlo a los recuerdos y homenajes como el que perpetro, que al final de la evaluación de nuestra relación con Flinch, se convierten en lo mínimo que uno desea o pretende recuperar de esa vergonzosa experiencia editorial, por eso aunque abomino con frecuencia de DC, elegí Flinch porque fue uno de sus mejores intentos.

La carátula de Phil Hale es una obra de arte que inquieta y nos coloca ante la necesidad de afirmar -y de aceptar- que de lo horrible nace lo bello y viceversa, revulsiva y por momentos asqueante, nos provoca un repeluzno cuando comprendemos que las líneas que recorren el cuerpo y órganos del actor (hay algo de mimo y también de kabuki en la indumentaria y actitud), serán las que utilizará para rebanarse ante los espectadores de su happening, quizás definitivo. Cada una de las historias presentadas son recias en sus planteamientos y ricas en su estilo, dejan rastros para ser evocadas y para servir de modelos comparativos

El Hombre Cohete: El dibujo claro y preciso de Jim Lee, con tintas que destacan los detalles anatómicos y técnicos, junto a la planificación de las viñetas (sobretodo la de cierre con su júbilo que bordea el éxtasis teñido de terror) se aproxima a lo exquisito.

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Parejos de la Noche Cuántica. Cuento de Luis Bolaños

Parejos de la Noche Cuántica

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Muchos de mis relatos están dedicados a exorcizar a la más vasta tiranía galáctica: el Imperio Decadente. Este también se ubica en ese ámbito ya reconocido y recorrido, con la intención de brindar merced a conjeturas sociológicas y especulaciones sobre los avances científicos, una explicación de tantas sobre ciertas costumbres cotidianas, incluyendo la sexualidad. Sturgeon, Silverberg, Varley, Brin y muchos otros abordaron el tema, a sus textos he arrimado mi caletre; para nada son responsables de lo proferido a continuación.

 

Santuario: Se decía que Refugio consistía en los restos de una pavesa, en algún momento galaxia frustrada, con cientos de estrellas cercanas a algunas semanas o meses luz de distancia unas de otras e influyéndose en reciprocidad, que quedaron aisladas cuando un agujero negro muy masivo absorbió casi toda la materia existente en el entorno, aceleró alejándose y dejo esos residuos y escombros rodeados por un par de nubes de fragmentos que orbitaban en los confines lanzando cometas por miles (se comenta que los cielos de Refugio refulgen y en él se se forjan joyas siderales y se trazan encajes luminosos dignos de admirarse, registrar y coleccionar). Aunque al interior de uno de los brazos espirales se encuentra a suficiente distancia del centro de la galaxia para que la serenidad y la estabilidad caractericen las relaciones entre sus planetas y lunas. Sin embargo, por su disposición ramificada y densa se tornó durante los grandes combates contra el imperio teatro de acechanzas y encerronas que se convertían en emboscadas, estratagemas y celadas con su correspondiente hemorragia para ambos bandos, a partir de la expulsión de los imperiales de Refugio cristalizó la decadencia que ya estaban sufriendo en esa vasta zona del brazo. Uno de sus episodios postreros aparece recogido o reflejado en esta breve remembranza.

Vodevil: Si algo distinguía a los “smorrs” era su permanente jolgorio, su consigna era “Lo único que los “smorrs nos tomamos en serio es la alegría”; constituían una tropa de nómadas con varias flotas que nunca fueron sometidas de manera total por el imperio, sobre todo por que sus latrocinios eran acotados y dirigidos contra piratas y similares, constituyendo una suerte de vigilantes justicieros secundarios de costumbres muy abiertas, que además de limpieza social entregaban espectáculos, carcajadas y mercancías casi siempre baratas o raras y manejaban un trío de aún más extrañas técnicas:

a. que les permitía viajar veloces con métodos alternativos a los usuales (Como la luz interactúa consigo misma a alta energía, las naves lanzan un rayo de iones pesados sobre los cuales han practicado el ejercicio de Aspect-Bell, los que parten primero servirán de autopista y a su trayectoria le disparan los pares abandonados mediante láseres potentes que se enganchan a los fotones hermanos del haz y juntos jalan la embarcación una y otra vez, al inicio el incremento es infinitesimal y el aumento de velocidad nulo, pero la insistencia y la resonancia cuántica triunfan donde la economía abandona el acto),

b. domesticar animales imposibles (amaestraron una especie de Caerostris, que no sólo tejían una red fortísima que permitía recubrir las armaduras individuales para la batalla, y además revestir y envolver el propio fuselaje del navío, sino que poseían empatía, gracias a los lazos creados entre cuidadores y cuidadas se guiaba su producción hacia el arte, de allí los diseños extraños y las cortinas de seda -que abundaban por doquier en pasillos o salas- o hacia la diversión, como cuerdas pegajosas que sólo sueltan a los encordelados a una orden de los domeñadores. Podían tener sus nidos en cualquier parte y se manejaban con un cierto grado de autonomía (ejerciendo labores quizás peligrosas) y

c. levantar estatuas de láminas acuosas (Paciencia y tiempo eran dilatados y casi interminables en sus periplos, dedicarse a manipular agua adicionando diversas moléculas les llevo a resultados en algunos casos sorprendentes, uno de los más reconocidos fue el de las láminas embolsadas en redecillas transparentes y habitadas por colonias de microorganismos que responden a ciertos estímulos casi como conversando, para montarlas se requiere un experto que con la fuerza y presión adecuadas las va armando hasta obtener el resultado previsto, fácil surge relacionarlo con una cierta magia).

Además cuando los trataban con soberbia o desprecio recurrían a algo que denominaban la “gimnasia de lo efímero” generando hordas de muñecos muy baratos repletos de circuitería y mañas que ejecutaban rutinas en apariencia imposibles copando el mercado, después de vendidos en ingentes cantidades (por su precio tentador) se marchaban y los exquisitos juguetes dejaban de funcionar ya que el diseño incluía una ligazón con los biorritmos de sus inventores y una vez que las naves “smorrs” se alejaban se convertían en un montón de inútiles desperdicios que emitían como una única acción una corrosiva carcajada. La muerte -a diferencia de los aparatos represores para quienes era una “forma de control social”- era tan sólo un suceso caracterizado por “ausencia crónica de adiestramiento”.

Talante: Escurridizos y magníficos exploradores con la osadía suficiente para fintar y acertar y con la fiereza para sostener sus jugadas. Intuitivos con un alto porcentaje de acierto, Refugio siempre lo era y lo había sido para ellos y al reproducir su existencia como espaciales –nunca les aplicaron las medidas restrictivas de las cuales tuvimos que liberarnos los planetarios como los nanochips imperiales que interferían con nuestras reflexiones, pensamientos y enlaces neuronales aniquilando ideas, sueños y propuestas que rebasaran los checks colocados en las circunvoluciones cerebrales– su autonomía les permitió elegir enemigo cuando los represores llegaron a por nosotros. Los rebeldes por esculpir seres originales rechazábamos la tendencia imperial a modelar masas de individuos caracterizados por compartir esquemas de comportamientos similares y controlables (en la práctica podríamos afirmar que se aproxima a una relativa idiotización, la cual persigue, aniquilar la voluntad y mantener por otra parte, la estabilidad. Por tal motivo congeniamos en seguida con los “smorrs”.

Go to Ego: Sobre mi: stricto sensu no clasifico como humano, cuando la guerra se expandió la clonación a partir de guerreros modelo había sido la técnica preferida para abastecer de soldados las tropas, la vorágine que nos envolvía iba devorando cada aspecto incorporado, lo que motivo a los maniobradores tácticos a medida que la rebelión crecía a eliminar restricciones y arrojar a las llamas de los combates a las personas reales sin cuerpos de respaldo, la rapidez con que se consumían ejércitos, flotas y planetas obligó además a confeccionar pseudohumanos y similares y a reclutar o alquilar voluntarios y/o mercenarios de otras especies para cubrir las bajas; los intentos de acotar por homogeneidad o de uniformizar los grupos de combatientes fracasaron y la fluidez requerida para reemplazar a los desaparecidos culminó al constituirse las unidades militares como un auténtico mosaico representativo de las humanidades y las demás especies que cohabitan con nosotros el espacio galáctico comprobado; sin embargo se mantuvieron los condicionamientos que se anclaban en las jerarquías y la pirámide de mando. Los rebeldes marchamos en dirección opuesta, era una aventura épica entre iguales, así que las orgías semanales o diarias según decidiera cada colectividad bélica constituían la más requerida forma de socialización fraterna y gozosa, que en simultánea era categoría taxonómica para identificar procesos globales de placer y figura geométrica que expresaba la participación total de los miembros de dichas guarniciones. Comprendimos que el abordaje del tema sexual era la llave para la libertad y que el placer derivado de su práctica era fuerza cohesionante y renovadora.

Logramos lo que se juzgaría como imposible: MANTENERNOS vibrantes con el significado de que el esplendor alcanzado no se marchitaría, seguiríamos bellos e inteligentes de una manera divergente: no ligados a la servidumbre del imperio sino extraños y fundidos al destino de las humanidades anidadas en la galaxia, somos como gemas tan perfectas que devenimos invisibles para el aparato opresor, y tal masa de seres conscientes jamás existió y esa era la eclosión de guapeza, serenidad y creatividad que nos caracterizaba: lo que a sangre y fuego apuntó a impedir el imperio recurriendo al control extremo de nuestras mentes con microchips instalados desde el nacimiento, o cuando nos extraen de las piscinas de cuerpos o nos activan para servir; el despliegue de la rebelión indica que han fracasado.

Habitat: Las orgías se erigían entonces cual uno de los momentos máximos de socialización de las tripulaciones, de comunicación y convivencia, igual que las comilonas o las representaciones teatrales o artísticas, pero en las orgías demostrábamos cuan polimorfos eramos en realidad, la heterosexualidad o la homosexualidad ni se practican con exclusividad ni exponían paradigmas propuestos como alternativas para parejas, parejos o grupos; las orgías exhiben codificaciones y plasman algoritmos que desnudan aquellas pautas donde se manifiestan lo diverso y lo complejo que podemos ser, ejemplifica estilos y conductas que rompen con los esquemas secos y momificados que el poder se esforzó por imponernos, no existe entonces preocupación por aparecer como varoniles o femeniles, estilamos sucesivas máscaras según las circunstancias o deseos van adviniendo, las cuales afloran dedicadas a gozar y adoptar actividades creativas o de servicio; la sexualidad con sus dinámicas, rellena y estimula lo cotidiano concediendo sentido, lubricando engorros y disolviendo contiendas. Tampoco competimos en la palestra de la afectividad  con los ritualizados bosquejos que representan una copia fallida del periclitado modelo heterosexual, esa praxis nos conlleva a confrontar mitos y prejuicios sobre la masculinidad y la feminidad, sobre uniones “distintas”, sobre neo modelos de convivencia, de amor y comunicación, otras formas de “estar” en la vida. Por eso en nuestras flotas la mujer ha dejado de ser etérea, participa a “vela solar desplegada” y con vigor, se ha logrado así la equidad con la concreción de la libertad sexual, en las armadas de los rebeldes y sus aliados.

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Reivindicación de las palomas. Microrrelato de Luis Bolaños

Reivindicación de las Palomas:

Rememoro el palomar que teníamos en casa, en la Calle del Curato de Santo Toribio, y los consejos de mi abuela «Cuando agarres un pichón antes de devolverlo al nido ¡Escúpelo!, la saliva borrará el olor de tus manos», si evadía la recomendación al día siguiente aparecía muerto a picotazos, llamado poderoso a colocar mi atención en un ave que representaba la paz y en simultánea capaz de liquidar a su descendencia, empecé entonces a despreciarlas, peor aún cuando se convirtieron en «ratas aéreas» (China Mieville lo recoje espectacular en «El Azogue» con los extraños animales escapados de los espejos), pero en contra de la maldad del capital podía recuperlas.

Luis Antonio Bolaños de La Cruz

Reivindicación de las Palomas:

Luis Antonio Bolaños de La Cruz

Explicar el largo proceso hacia la caída del capitalismo puede resultar largo, pero podemos condensarlo en:

“techos por doquier” (límites al crecimiento basado en la tasa de ganancia),

resurgir de la ética (obstáculo crucial a la corrupción) y

“crisis ambiental” (destrucción de hábitats y aniquilación de especies y personas)…

y pensar que todo empezó con las palomas, no sólo se comprobó que podían distinguir entre palabras reales e irreales, sino que podían comprender y ser capaces de concebir mensajes:

  • gracias a una maravilla de la biología sensorial aplicaban su sistema de navegación, basado en la brújula magnética que llevaban alojada en la corteza visual del cerebro, a dos procesos en simultánea: a realizar cálculos matemáticos colectivos que podían expresar con un propósito-, y aplicarlo a los protocolos de que usaban en sus virajes para formar figuras en el aire

lo que decían a través de las palabras que dibujaban las bandadas mientras volaban representaba consignas y expresaba un manifiesto político: REBELION DE LO VIVIENTE HASTA ALCANZAR LA LIBERTAD.

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Los juegos del Ano: Ruggplug. Por Luís Bolaños

Con el mismo espíritu poético del juego y el erotismo de una Histoire de l’œil , Luís Bolaños nos presenta un crucial partido entre planetas, en que la destreza, encanto y curiosidad que despierta el órgano anal es el principal ingrediente en donde la estrategia y habilidad de los participantes es crucial para dirimir un asunto de importancia cósmica. Les compartimos esta genial short story de una de las mentes más febriles de la ciencia ficción colombiana.

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Luís Antonio Bolaños de La Cruz

La lectura de Jack Vance además de adictiva se instala en la memoria, retoñando en melancólicas imágenes donde lo nunca sucedido es aceptado como acompañamiento de nuestras sueños, le rindo homenaje al Hussade (en Trullion: Alastor 2262) deporte extraordinario y su manera de plasmar mundos en el relato; pero eso ocurre para mí en el marco de la lectura sobre un partido crucial para Sudáfrica en la biografía Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Made a Nation de John Carlín, aunque aquí no es para unificar a un país sino para darle oxígeno a una cultura con problemas; forma parte de mi Saga del Imperio Decadente, en la diáspora tras la caída; finalmente, creo que no hay muchos relatos de CF que muestren cariño por el ano y creí que era el momento de que ocurriera.

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El derrumbe del Imperio trajo consigo una avalancha de cambios, entre los mismos una oleada de paz… pero lo cual no significaba que desaparecieran los conflictos, una manera popular de resolverlos se articuló en torno a las competencias deportivas.

En las postrimerías de la expansión imperial, cuando ya empezaban a surgir las rebeliones, la megarca (de las flotas de colosales naves vivientes multiusos con módulos diversos interconectados que deambulan por el espacio sideral arreglando, componiendo y potenciando los sistemas estelares) Sembradora Tuf-21 culminó la tarea de terraformar un par de planetas en las órbitas adecuadas de la estrella Coxumel; aprovechando las circunstancias adulteró los suficientes datos e informes para alargar el período de adjudicación y permanecer semialetargada fuera de servicio; luego los combates fueron prioritarios y la Tuf-21 se dedicó a realizar “mejoras y experimentos” mientras las prioridades se modificaban y su misión se traspapelaba y estiraba, merced a esas “mejoras y experimentos”.

La zona permutó de manos un par de ocasiones, pero no llegaron a darse batallas aniquiladoras en el entorno, así que al final de la contienda los dos planetas terraformados pendían como un par de frutas maduras para ser masticados, sorbidos e integrados a los procesos del sistema, de uno de ellos no cabían dudas a quien lo adjudicarían (Aldacán a Vallis, por ser casi su complementario), pero Gitte al borde de la zona de confort requería un arbitraje, y allí se introdujo la corriente deportiva para encontrar solución.

Sólo que la propuesta aprobada fue la de realizar un único partido de Rugplugg entre las partes en pugna (dos planetas interiores con graves problemas para reproducir su existencia con dignidad: Chasma, de asfixiantes desiertos de arcilla roja con algunos lagos pequeños; y Heromote, con un par de océanos, pero casi sin árboles y cubierto de gramíneas), convirtiendo el arbitraje en espectáculo masivo con los medios pendientes de cada minucia para extraerle jugo mediático; se consumaría en la propia superficie, donde se habilitaría un perfecto cuadrilátero dividido en dos mitades sucesivas a partir del centro, las líneas serían cordones de materiales que teñirían el rectángulo de 200 metros de largo por cien de ancho con los colores primarios característicos del Rugplugg.

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El Otro Noé, por Luís Bolaños

El Otro Noé

Luís Antonio Bolaños de La Cruz

Deviene evidente que me burlo de los fundamentalistas religiosos a través del film de Darren Aronofsky con el estilo barroco de Alistair Reynolds, pero con diálogos sarcásticos al estilo Jack Vance, ellos no son culpables del resultado… excepto los fundamentalistas, para quienes va mi desprecio.

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Brotamos en el centro exacto de la flor de dispersión del cuadrángulo que funcionaba como plano Mobius de salida. Seguíamos siendo, excepto algunas moléculas particulares que no provocaban “Efectos Mariposa”, los mismos que ingresamos a miles de años luz de distancia. Usando cierto sesgo angular con determinada velocidad, manipulamos las dimensiones geométricas múltiples que brotaban en el delgado cubo imaginario gracias a las potencias desencadenadas por el agujero negro sujeto a la celda de proa, creadas para que nuestro navío estelar pudiera perforara el plano Mobius de entrada. La maniobra debía copiar y coincidir con aquella efectuada por la sonda exploratoria (una del casi centenar lanzadas) que entregó los datos prometedores que intentaríamos corroborar.

Arribar podía ser casi instantáneo pero igual significaba revisar y observar con detalle, holomapas, nubepuntos, virtuaescenas, grafitempos y metadatos que los multisensores de la sonda recogieron, lo que nos entusiasmaba en inicio era la inmensa estructura recostada sobre las vértebras de una cordillera que sugería habilidades técnicas superiores para su construcción; nos atraía sin que despreciáramos las bullentes pirámides alimenticias oceánicas, ya que aunque los inmensos continentes (cuatro, los dos menores ecuatoriales y los dos polares megalíticos), los tropicales atravesados por monumentales ríos, se vestían con infinidad de plantas, se extrañaban reptiles, anfibios, aves y mamíferos o sus equivalentes, sin embargo sus corrientes repetían la situación marina de abundancia dinámica de especies de peces.

¿Qué ocurrió que lanzó a la evolución a un callejón sin salida? se repetían los exobiólogos. ¿Qué terrible evento geológico devastó los continentes despojándolos de especies y registros pétreos superficiales que revisar? hesitaban los geólogos abrumados por las contradictorias lecturas que provenían de cuantificar el agua retenida en los campos de hielo de los dos continentes polares.

Nos dividimos la tarea y mientras equipos de biometría medían cardúmenes y tasaban cotas de extracción con la intención de constituir una factoría automática que congelara y almacenara filetes en espera de las falúas automáticas de recolección proteínica, otros auscultamos los cientos de kilómetros del esqueleto brutal y ciclópeo que yacía desparramado por cumbres y laderas. Ya no cabía duda de su artificialeza, los patrones geométricos, la profusión de reiteraciones, la distribución de espacios, pasillos, salas y habitaciones, la profusión de habitáculos (quizás un par de millones), abundancia de líneas rectas por más que las dulcificaban suaves curvas, los módulos que se sucedían sin descanso como acicateados por una obsesión eran demostraciones de ejercicio arquitectónico motivado.

Los equipos designados descendieron al pozo de gravedad en chalupas iónicas (la combinación de estirpes tecnológicas brindaba óptimas elecciones ligadas a los itinerarios de acción) tras distinguir aquellos puntos que por su variedad permitían establecer de primera vista las características del pecio. Un guirigay electrónico abarrotó las frecuencias turbando el apacible control que efectuaba de manera cotidiana la sensoesfera, que lo incorporó y redistribuyó para que fluyera y se reconociera como propio

Sin embargo las impresiones eclipsaron los guarismos. Las emociones tiñeron de sutilezas interpretativas lo que descubrían. Un terreno desconocido se abría ante los exploradores. Con frecuencia lo tocado se derrumbaba, lo interpelado se desvanecía, lo recorrido se modificaba, al avanzar introducían una ola de devastación que ponía en peligro la identificación indagada de la ruina, así que en medio de una lluvia de escamas (catalogadas como metálicas, plásticas o silicoides) que trastocaba los protocolos de registro decidieron regresar.

Preocupados, los tripulantes decían –Ya deberían haber retornado– se masticaba la tensión, lo cual era constructor, aportaba elementos poco frecuentes en lo habitual.

–Sí, pero aun demorándose no comprometerían la misión. Les ha ocurrido algo inusual pero operable– agregaban quienes deseaban tranquilizar los ánimos. Una leve inquietud estremecía los corredores.

La IA captó la incomodidad y lanzó un interrogante: – ¿Y qué desean hacer? –Mirándose unos a otras decidieron que era el momento de citar a asamblea para debatir.

–Consultaremos a la gente cual será la táctica a seguir –se dijeron, pero no sin cierta ofuscación. No era frecuente que las respuestas eludieran al consenso de la sensoesfera

–Aportar rutas de solución será enriquecedor. Podremos elucidar las tácticas a seguir para develar el misterio– de inmediato cada cual desde sus saberes se dedicó a escudriñar en sus memorias adicionales o en los múltiples sistemas de recuperación de archivos. Se organizaron apuntando a la presencia de la mayoría (muy pocos quedarían en servicio pero igual estarían conectados) ya fuera en el magno auditorio o a través de las pantallas.

La expectativa crecía, se palpaba, un hálito recorría casi eléctrico la miríada de peritos que escrutaban el misterio. Tras el condumio se pasó a la presentación de los hallazgos, ninguno satisfacía, ni tampoco saturaba las incógnitas con certidumbres…. Hasta que una exozoóloga jovencísima y un entrelazador ya maduro solicitaron la palabra y la imagen, para exponer una fábula que encontraron en arcaicos textos, y que permitía fundamentar las ruinas del megabarco mediante una concepción holística de la arquitectura ligada a un propósito, sostenían que así provocaba efectos en la percepción, se denominaba “el Arca de Noé”.

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Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y Ciencia Ficción. Por Luis Bolaños

Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y género de CF (Luis Antonio Bolaños de la Cruz) domingo, 1 de noviembre de 2009 / Ciencia Ficción Perú

atwoodoryx.pngDiversos artículos a lo largo de los dos últimos lustros (recuerdo por ejemplo, uno de Niño de Guzmán) me ha suscitado diversas emociones, indignación pero también lástima, por eso deseo empezar con un tándem que vincula mis dos definiciones más queridas de CF:

“Es la rama de la literatura fantástica que se dedica a especular sobre las variables fundamentales que caracterizan a la humanidad –y sus anexos- en todo tiempo y lugar” (la clave aquí es fantástica, no tecnológica) y

“La CF es el género o subconjunto literario que al funcionar como agujero negro da cuenta de los demás subconjuntos literarios y del conjunto mayor o mainstream” (la clave aquí va de inclusión a adsorción, ya que apenas desde cualquier otro género o del mainstream pueden abordarse esos temas anteriores que son el fundamento de todo relato de CF).

Es más, parece que los acercamientos referidos a la segunda definición, convierten a los textos que abordan su interpretación en verdaderos objetos en el borde del anillo de Schwarszchild de un “black hole”, o sea que caen o son atraídos dentro de la CF, lo cual provoca no poco desconcierto en aquellos críticos que relegan o ningunean a un género, tan complejo que es capaz de realizar semejante artificio y embutirse lo que se acerca sin contemplaciones. De allí la proposición de subconjunto que da cuenta, en palabras de Douglas Adams, de “la vida, el universo y todo lo demás”

Lo cual significa por un costado, que la CF es profundamente humanista (percibida desde la vertiente fantástica por las preocupaciones esenciales que promueve), y por otro lado que cualquier relato que se aproxime a su anillo temático de Schwarszchild es devorado irremediablemente por ella –recordar que una vez encajado le ocurrirá lo mismo que le sucede a cualquier materia, energía o información en el interior de un agujero negro: será incapaz de abandonarlo- y eso a pesar de los plumajes erizados, las negaciones a porfía, las doctas disertaciones sobre la trascendencia y la incapacidad de numerosos críticos para asumir que un género despreciado por su vinculación inicial con los pulps, pero denominado a la posteriori como “literatura culta para masas”, pueda esgrimir esas características.

Por eso recurren al ajado argumento que sostiene que cualquier obra de un escritor de mainstream no puede ser CF… porque la trasciende. Ante semejante contumacia no queda más que carcajearse cuando leemos a Philip Roth y su ucronía (que por cierto no es descubrimiento de él como se atrevió a decir algún crítico despistado) o a Ishiguro y su novela “Nunca me abandones”, tan parecida a una novela de Michael Marshall Smith (Clones) o al film “La Isla”. En este punto recuerdo la provocadora frase de Michel Houellebecq rubricando que lo único trascendente de la literatura del Siglo XX es la ciencia ficción.

Y ahora ocurre igual con el ganador del Pulitzer Cormac McCarthy y “La Carretera”, espléndida y brutal novela de CF, que ha originado un diluvio de comentarios elogiosos en blogs, revistas y periódicos, donde por lo general la tildan de postapocalíptica, pero eluden señalarla como perteneciente al género (alguno vergonzante dirá que es cercana); no obstante para los aficionados no existe motivo de engaño, les recuerda tantas y diversas peripecias descritas por David Brin (El Cartero), Robert McCammon (Canto del Cisne), Stephen King (Apocalipsis), Sonya Dorman (Corre, corre, corre, dijo el pájaro), Plop, un auténtico descenso a los infiernos debido a la pluma de Rafael Pinedo, o Richard Corben (Mundo Mutante) o las diferentes series de aventuras postcatástrofe (ambiental o atómica o cualquier otra causa) que las historietas argentinas de Columba y Skorpyo se esforzaron por esparcir en América del Sur. Quizás la diferencia fundamental estriba en el estilo, breve, compacto, èpico y casi poético de la triste novela, y no en la lacerante, áspera, sin resquicio para la esperanza, terrible acontecimiento que nos despliega, y que tan común es a ese tópico particular de la CF. Y es que tenían que leerlo proveniente de un autor “normal” para reventarle cohetes y prodigarse en elogios.

Parafraseando a Harry Harrison repito para comparar: que una vez veías al cowboy cabalgando hacia el sol rojo de un atardecer o seguías los incidentes que franqueaba el antihéroe de una novela negra para solucionar un crimen, las habías -en cierto modo- leído todas, pero la infinita gama temática de la CF que se expande como la galaxia o que siguiendo con el icono del “agujero negro”, interactúa dinámica con su entorno literario: tragando lo que colinde o se acerque, girando sobre si misma para morderse la cola y/o parodiarse, vibrando e insertándose en otros soportes (historietas, comics, películas, música, teatro, modas) con un talante peculiar: por sus características genera una distorsión extrema en tiempo y espacio; y encima, va creando la masa crítica que permite prepararse para la novedad, medida por la fuerza gravitatoria que ejerce en la humanidad (en el listado de los filmes más vistos -y tomando en consideración que el cine es el arte del siglo XX como decía Lenin- la mayoría son pertenecen al género y ni se diga de la tecnología que usamos en la actualidad, soñada o propuesta en sus textos desde el siglo XIX)

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De la arquitectura biológica y sus derivaciones, por Luis Bolaños

Tenemos el gusto de presentar este cuento de uno de los maestros de la Ciencia Ficción Colombiana, Luis Antonio Bolaños de la Cruz, esperamos lo disfruten:

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De la arquitectura biológica y sus derivaciones

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Compito con ilustres antecedentes a los cuales he extraído una imagen por allí, otra por allá: Dick (Aquí yace el wub), Leinster (Exploration Team), trilogía sobre los primeros habitantes de América del Norte (Michael Gear y Kathleen O’Neal Gear), Bradbury (Los marcianos), Van Vogt (Proceso) y Sheckley (El visitante de la aurora), con lo cual el relato culmina como una mera variación mezclada de los ideas de la media docena de autores nombrados, pero creo que agrega un adarme de apoyo a ese principio ambientalista “todo implica todo y todo se relaciona con todo” apuntando a un conecte cósmico, donde todos somos los demás y viceversa, aunque en el planeta del relato ocurre de manera literal.

Circunstancia

Las estrellas estaban allí, arracimadas, reproduciendo tanto el diseño embrollado de las redes de conexiones neuronales como el cableado que las interconecta para desencadenar breves neuromotos de actividad, corriéndose al rojo mientras frenábamos como podíamos, lanzando ráfagas de órdenes a través de los tableros de mando y dirección subsistentes, arrojando por compuertas y claraboyas materiales, instrumentos, basura, cadáveres, tratando de salvarnos, en búsqueda desesperada tras la falla en pleno viaje FTL (Fast Than Light) de algún dato planetario que coincidiera siquiera de manera parcial con las características terráqueas a que se amoldan nuestros cuerpos, ya que no tendríamos oportunidad para terraformar, o para permanecer en órbita por décadas, los daños transitaban de severos a graves en tanto brotábamos de nuestra trayectoria al espacio real y a medida que se encendían como ristras coloradas las luces de peligro en las pantallas y se hermetizaban niveles enteros, aumentando el listado de bajas, la preocupación se instalaba y el temor se expandía al cancelarse el límite de gestión de riesgos que programamos previamente.

Nuestra organave se liberaba de porciones, miembros, aparatos, ampollas y secciones, cauterizaba y cercenaba para amparar lo salvable, aplicaba eutanasia, apoptosis o ablación, según la rapidez requerida, los colores dóciles y tranquilizadores de los pasillos, y los vivaces y restallantes de las salas se ensombrecían y palidecían, latigueaban furibundos, mientras las funciones se alteraban, un galimatías de gruñidos, suspiros y lamentos brotaban de las paredes acompañados por fluidos, espumas y gelatinas que viraban a vómitos inescrutables, cintas de proteínas quemadas o manchurrones antiestéticos en pocos segundos. Con los hidropónicos y ecosistemas vegetales comprometidos y los criaderos desaparecidos, una preocupación adicional se percibía: la alimentación iba a escasear.

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La duda, por Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Hoy presentamos un nuevo relato de Luís Antonio Bolaños De La Cruz, esperamos lo disfruten tanto como nosotros.

La Duda

(viñeta del Imperio Decadente)

Luís Antonio Bolaños De La Cruz

Partí de un sueño erótico de mi ya lejana juventud, cuando estudiaba en la Universidad Industrial de Santander, lo mezcle con una pulgarada de “Las 43 Dinastías de Antares” de Mike Resnick, una pizca de “La Ciudad de Piedra” de GRR Martin y añadí el ambiente de La Madonna de Clive Barker, y una situación de “Los Escándalos de Crome” de Aldous Huxley, este es el resultado y que me perdonen los autores nombrados.

kwang-si

Nuestra nave arribó a la órbita de Prim Klam con cierto adelanto, así que mientras el carguero semejante a un conjunto de burbujas aplastadas unas contra otras y acribilladas de perforaciones que permitían el flujo de las gabarras con mercancías hasta los ganchos de anclaje en los colosales hangares -distribuidos en el eje que albergaba a los reactores de hiperimpulso-, iba rellenando sus bodegas, nos permitieron bajar a su superficie. Eramos disciplinados y creíamos en la Reconstrucción de la República tras la caída del Imperio.

Me animé dispuesto a convertir la experiencia en motivo de placer. Cada cual cuando aterrizamos se dedicó a cumplir con las exigencias de sus obsesiones; la mía que era recorrer mercados y monumentos encontró en las megamoles del barrio comercial suficientes escondrijos que visitar. Se sucedían templos con esqueletos embutidos en las paredes metálicas con exposiciones de cópulas interespecies.

Me detuve con algo de cansancio al pie de una titánica cúpula que parecía haber gozado de mejores tiempos, semienterrada en la ladera arenosa que delimitaba el cuenco en que se esparcían las instalaciones del puerto; un susurro me distrajo, al inicio no encontré su procedencia, pero al repetirse comprobé que se emitía desde un paquete de harapos en la escalinata, al mirarlo observé su semejanza con un cuerpo humanoide y me acerqué para dilucidar su ronquido, había alcanzado a interesarme.

Lento, con frecuentes pausas, y a medida que avanzaba en su relato con mayor claridad, supe de las circunstancias de su desgracia. Compartió una preocupación y remarcó que tras perder sus fuerzas y ser arrojado al exterior de las minas de coltan, adoptó una misión: advertir a cada joven que cruzara por delante del edificio lo que podía sucederle si ingresaba: en su caso la arrogancia lo condenó, ignoró los signos y se extravió en los vericuetos de la trampa que se tendió a si mismo, para proseguir quería el equivalente a una cena, no escatimé mi óbolo y me dispuse a escuchar sentándome a su lado en el polvo de la grada vecina. Estas fueron sus palabras:

Estoy paseando en un salón enorme de paredes de protoplasma vegetal que gira en espiral, nudos marrones y cintas verdes lo atraviesan, está tachonado con negros conjuntos de pantallas circulares que simulan ejercicios coreográficos en su interior, apenas discernibles por los fogonazos plateados de los escorzos ejecutados que capta su superficie, sólo por eso era notable la sala, trate de tocarlos y la flexible epidermis registra los sensores de mi dedo pero no se abre para que pueda degustar la información acumulada en los movimientos. Tras distraerme interactuando con las figuras me coloco en postura de loto en un almohadón en lo alto de una columna, desde el cual me deleito con los cuerpos que se enraciman en las piscinas sucesivas que caen en cascada.

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