Tag Archive | Hijos de Maro

Hijos de Maro (Entrega 17)

Por Enrique Pagella

«Hijos de Maro» continúa pese a que el peligro de una boca oscura que conduce a la nada, se cierna sobre su autor. Oprime sobre el número correspondiente si quieres leer una entrega anterior: 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

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Dos acontecimientos han desmontado la calma que regía aquí. En primer lugar, porque el martes pasado, veinte mujeres permanecieron durante dos horas frente a nuestro domicilio, al son de canciones de Sergio Denis y Alejandro Lerner, que emitían a todo volumen con unos enormes parlantes que montaron en una camioneta 4×4. Una de ellas, de vez en cuando, recitaba a los gritos y con un megáfono, poemas de Alejandra Pizarnik, y lo hacía desgarradoramente. Todas llevaban remeras blancas con la siguiente inscripción: «Yo también soy la Maga».

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Hijos de Maro (decimosexta entrega)

Por Enrique Pagella

«Hijos de Maro» ha regresado a su día habitual. Esta vez su autor ha podido hacernos llegar la entrega a tiempo. Si no has leído alguna de las anteriores entregas, haz click en el número correspondiente: 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

«- Escucha – insistía el Necesario cada vez – lo que dijo esa mujer: Este es el pacto, si nos entregan los mejores cien guerreros para que nos sirvan de sementales, el resto podrá marcharse en salud, de lo contrario aniquilaremos a novecientos y apresaremos el centenar deseado.

Aquí el Necesario hacía un silencio para que sus ojos ahondaran en los míos.

– Ahora debo referirte otra peculiaridad del dios que ha aparecido en la mesnada… dicen que es igual a ti.» (Final de la entrega 12 de Hijos de Maro)

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El Necesario, entonces, se apartaba brioso hacia el remate norte del palio. Allí se interrumpía, procurándome su reverso, y luego volvía a llevarse la arquita luminosa a un flanco de la cabeza y hablaba palabras que yo no lograba atender.

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Hijos de Maro (decimoquinta entrega)

Por Enrique Pagella

Pese a que «Maravilla» Martínez lo  ha noqueado, ocasionándole un derrame ocular, el autor de «Hijos de Maro» nos ha hecho llegar la entrega quince. Si pinchas en el número correspondiente, encontrarás la entrega que aún no has leído de esta novela cuya escritura está tan en suspenso como la historia que relata: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14.

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Disfrutaba del crudo invierno de Valizas escribiendo poemas – a la vejez poesía: patético -, encerrado en mi rancho cuando me llegaron las noticias de EP. Escribía poemas de este tipo – me permito la libertad de darlo a conocer porque a la luz de lo que he vivido desde que cuido de EP, en este cautiverio, me tiene sin cuidado cualquier coherencia y el ridículo:

Me encantan los animales/

me hechiza su rol en la cultura/

porque cagan en el living/

y al vuelo se cagan/

porque cagan sobre el cadáver/

o en el refinado jardín/

y es que cagan sin lenguaje/

cagan sin sentido/

como las temibles bestias/

que indóciles significantes suelen cagar/

– creo comprender a los psicóticos:/

temen al bestiario del amor.

(De mi futuro primer libro de poesía, «Poemario inoportuno para gente que padece jaqueca»- Unos chicos de la banda de punk-rock EPA (El pene apenado), hicieron una canción con el poema y la tocaron durante el verano en la costa uruguaya – debo confesar que me arrepiento de haberles dado permiso; en fin, transcribo el poema porque sé que alejará a cierto tipo de lectores que detesto)

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Hijos de Maro (Decimocuarta entrega)

Por Enrique Pagella

«Hijos de Maro» tiene el agravante de que su escritura es incierta. Ya cuando creíamos que no vendría un solo capítulo más y que todo habría de quedar inconcluso, nos llegó el esperado episodio.

Si quieres leer alguna entrega anterior, oprime el número correspondiente: 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

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Dejaré constancia de algunos temas personales, antes de adentrarme en la enfermedad de EP o, para ser preciso, en la discusión de si lo que le ocurre a EP es, en efecto, una enfermedad.

En primer lugar quiero dejar bien en claro que hace años abandoné el ejercicio de la psicología. Apenas cumplí setenta años – en el 2003 -, cerré mi consultorio en el barrio de Palermo y regresé con Veronika y Kamea a mi querida Valizas en Uruguay – Marianela decidió volver a su Venezuela natal y mi hijastro – cómo llamarlo sino -, Oliverio, un bello e inteligente muchacho de 21 años, se quedó en Buenos Aires para estudiar Medicina.

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Hijos de Maro (decimotercer entrega)

Por Enrique Pagella

Continuamos con la novela «Hijos de Maro», oprimiendo en el número correspondiente puedes leer una entrega anterior que te hayas perdido: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12

Consideraciones preliminares

En primer lugar, me veo en la obligación de corregir un error de tipeo que se ha deslizado en el último párrafo de la entrega anterior.

Donde dice:

«- Ahora debo referirte otra peculiaridad del dios que ha aparecido en la mesnada… dice que es igual a ti.»

Debe leerse:

«- Ahora debo referirte otra peculiaridad del dios que ha aparecido en la mesnada… dicen que es igual a ti.»

Aclarado este percance que deforma el exacto sentido de la frase, informo al lector que hoy cumplimos en publicar lo prometido, la intervención de mi amigo, el prestigioso Neuropsicólogo Oliverio Zacarías.

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Hijos de Maro (doceava entrega)

Por Enrique Pagella

Esta es la decimosegunda entrega de «Hijos de Maro», si no has leído alguno de los anteriores episodios, oprime sobre el número correspondiente: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10,11

 

 

Mientras el Necesario escuchaba el siseo que producía la cajita de madera cada vez, su relato estorbado se perpetuaba en mí. Asido quizá por el sonido o tal vez por la maravilla de la esplendete cajita, el Necesario iba y venía ceñudo, meneando la cabeza, desatendido de mí y del cuadro de las Iotas y sus discos de fuego, que ardía en mi mente, cada vez atizado por los fulgores del áureo desierto que nos rodeaba. No resultábame difícil verlas con precisión al cerrar los ojos. Bastábame con entender la figura que se formaba en el interior de mis párpados. Vivaz la imagen pintábaseme entonces en el sentimiento y veía a esa magnífica mujer Iota como si fuera una evocación de mi pertenencia. Veía también al hemiciclo de globos encendidos atrás de la danzarina. Un inmenso rectángulo esplendente cuya disposición interna variaba. Las distintas figuras que se formaban en el hemiciclo gracias a la disminución o al aumento del brillo de las esferas, consistían en signos que se desplazaban súbitos sobre toda la superficie luminosa. Las acontecidas estrellas en el cielo nocturno se me fundaban tenues, opacadas por el imperioso resplandor del ejército enemigo. Inmóviles, como sombras o cactus, los hijos de Maro espectaban la maravilla. Todo el cuadro veía yo a partir del fulgor desértico latiendo en el interior de mis párpados. Pero al sentir cada vez un filo punzante en la nariz, abría los ojos. El filo punzante era de la uña del gran pulgar del Necesario que me examinaba desafiante.

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Hijos de Maro (Onceava entrega)

Por Enrique Pagella

Esta es la undécima entrega de la novela «Hijos de Maro». Oprimiendo en los números correspondientes, podrás leer entregas anteriores: 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

 

El Necesario hacía sigilo cada vez y con una mirada menudamente secuaz me invitaba a examinar a esos seres insólitos que, enhiestos sobre el centelleo de las dunas mayores, parecían contemplarnos envueltos en un vaporoso reverbero que hacía trepidar sus contornos.

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Hijos de Maro (Décima entrega)

Por Enrique Pagella

A continuación, les traemos la décima entrega e la novela «Hijos de Maro», pueden leer los anteriores episodios haciendo click en los títulos

Novena entrega

Octava entrega

Séptima entrega

Sexta entrega

Quinta entrega

Cuarta entrega

Tercera entrega

Segunda entrega

Primera entrega

A pesar de la opinión del autor de «Meditaciones de un musicoterapeuta drogado» hemos decidido no publicar «Hijos de Maro» en esta entrega. La extensión del interesantísimo texto de DS y la importancia de todo lo que expone, nos persuadió acerca de la conveniencia de una lectura unitaria.

Roberto Ruppi

Meditaciones de un musicoterapeuta drogado

Ya lo dijo el viejo Larry Goodman: «El sobrio se ríe del borracho y el borracho de la realidad; ergo: el sobrio es apenas un turrito y el borracho un filósofo».

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Hijos de Maro (novena entrega)

Por Enrique Pagella

Como todos los domingos de los dos últimos meses, les traemos un episodio más de «Hijos de Maro». Las anteriores entregas las puedes encontrar haciendo click sobre los títulos:

Octava entrega

Séptima entrega

Sexta entrega

Quinta entrega

Cuarta entrega

Tercera entrega

Segunda entrega

Primera entrega

 

Esta vez no habrá pié de página porque sólo me limitaré a una breve introducción dada la importancia de esta entrega.

El estado de EP es estable. Ésto significa: sigue dormido y sigue repitiendo lo que le dicta Snuflk Karlto, el niño vikingo-guaraní que narra en su sueño auditivo.

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Hijos de Maro (Séptima entrega)

Por Enrique Pagella*

Esta es la séptima entrega de la novela «Hijos de Maro».

Las entregas anteriores las podrás leer oprimiendo en los títulos:

Sexta entrega

Quinta entrega

Cuarta entrega

Tercera entrega

Segunda entrega

Primera entrega

 

– Yo te absuelvo de Ira en mi pecho – hablaba sobrellevando el dolor cada vez.

– Me entusiasmas – musitaba al quitar su uña de mi carne.

– Siento ardor – me escuchaba decir acuciado por una pertinaz hoguera en los genitales, encendida por la visión de la sangre que fluía en mi brazo. Y manifestábaseme Maro tal cual se había presentado en la gruta, casi desnuda, los cárdenos grumos de los senos enhiestos, escapando al velo de los verdes cabellos, los labios sápidos, los muslos apretados y suaves como los periplos de las dunas de oro.

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