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El otro Luka. Por Leandro Alva

“see, beautiful losers 
lovely, lovely losers…” 

(Perdedores hermosos, Luca Prodan) 

 

 

No pudo ganar la copa. Lo eligieron el mejor jugador del torneo. Pero no creo que eso le importe ahora.
Él quería la copa, claro.
No pasará mucho tiempo para que le den el balón de oro. Y será justicia… ¿qué duda cabe?

Seguramente ya soñaba con todo esto en su pueblo natal, en Croacia, cuando pateaba una pelota incesante contra la pared y tenía que esconderse ante cada bombardeo enemigo. Parte de su familia no pudo sobrevivir a la guerra. Él mismo fue refugiado durante el conflicto, pero siguió jugando, jugándosela. Varios equipos lo rechazaron por su escasa corpulencia. Eso no lo amedrentó ni mucho menos. Un día se dio vuelta la tortilla y pudo alcanzar a ese fantasma escurridizo que habita los potreros de cualquier punto del globo. Hace algunas horas disputó la final más trascendente de su vida. Y perdió. Sin embargo, no deja de patear y patear contra la vieja pared de su aldea en ruinas, mientras los cazas escupen su carga de muerte y puntinazos a la marchanta. Él seguirá pateando contra esa misma pared hasta que se venga abajo como un vetusto zaguero alemán. Porque el tipo es un crack. Porque el fútbol no es una guerra santa. Es algo bastante más lindo. Y la escandalosa inocencia de aquel pibe sabe que en la final más importante triunfará la belleza o, al menos, arañará un empate agónico sobre la hora.
Se llama Luka. Usa la 10. El fútbol es muy poca cosa, dicen algunos. Pan y circo, responden otros, y miran de costado con desprecio. Luka no entiende. No hay nada que entender.

 

 

 

 

Lendro Alva

16 de julio de 2018, a propósito de la final del mundial de Rusia.

La disciplina de Genesis P-Orridge x:

¿Qué pensás acerca de la heroína, que también mata a tantas personas?

genesis p orr

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para mí todos los que consumen drogas son estúpidos

Es otra técnica de control.

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Los gobiernos las hacen disponibles para mantener a la gente callada, de la misma manera que usan el entretenimiento y la televisión. Son lo mismo.

 

El rock oprime. Las drogas oprimen. El alcohol oprime. El tabaco oprime. La policía oprime. Todos los políticos oprimen. Todo el que tenga cualquier dogma es un opresor. Cualquier religión oprime.

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El borracho que inició la batalla entre los humanos y las máquinas

Salvo

El escritor  Daniel Salvo, autor de “El primer peruano en el espacio”, se topó con una curva iluminada; en facebook subió el vídeo de un hombre borracho que, durante un concierto, atacó a un Drone. A partir de esto, Salvo hilvanó una historia a través de un título que colocó como comentario: ” Y así fue que se registró uno de los primeros enfrentamientos entre máquinas y humanos.”. También expresó su empatía para con la máquina pues podía sentir los chasquidos semejantes al dolor que salían de ella ante el ataque.  Disfruten de este vídeo que nos corrobora que sólo quienes se apegan a un canon petrificado como las estatuas no hallan elementos para una ficción especulativa en los ataques infligidos a una máquina voladora por parte de un humano desorientado:

La conjuración sagrada. Un manifiesto acéfalo.

Bataille y Klossowski percibieron que la cultura estaba muerta precisamente en donde la política la había confinado:  al terreno de lo “razonable e instruido”, en donde los artistas aparentaban sensatez y refinamiento, en donde no comprendieron a Van Gogh y allí mismo lo prostituyeron, en donde todos se reunieron a burlarse de la locura de Artaud, como si ellos mismos -los artistas- fueran psiquiatras, o sus cómplices. Comprendieron estos “pensadores malditos” que incluso la política había muerto por desvincularse de su fuerza primigenia y se había convertido en toda suerte de espectáculo inmundo  menos en política. Es en esta percepción en donde se funda la revista Acéfalo, en honor a todos aquellos que se vuelan la cabeza, o como ese poema de insurrección que se cita en el ensayo de Bataille  ¿Es útil la literatura?Vamos a golpear con la cabeza el borde de los límites… 

Un sentimiento naufrago en el océano histórico de racionalidad que abandonó profundamente al espíritu humano. Citando a  Adolfo Vásquez Rocca sobre este momento histórico, se recuerda el año en que se escribió el texto :

El 24 de junio de 1936, con el título de “La conjuración sagrada”, Georges Bataille, Pierre Klossowski y Georges Ambrosino se declararon con furia en contra de la modernidad en momentos en que Europa estaba por entrar en la peor de sus pesadillas: ese año Mussolini ya lleva trece en el poder; Hitler, tres, y estalla la Guerra Civil española.

(Leer: Georges Bataille y Pierre Klossowski, ferozmente religiosos. Dr. Adolfo Vásquez Rocca)

Que este manifiesto de guerra vuelva a resonar en los campos pútridos e infértiles de la cultura. El bibliotecario Bataille de nuevo levanta los hombritos con un espasmo de risa.  Los desesperados marchan con sus bocas carentes de dientes y ojos llenos de gloria con la sonrisa de una maldad infantil que devora las estrellas.

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La conjuración sagrada

  Georges Bataille 

 

Una nación ya vieja y corrompida que valientemente se sacudiera el yugo de su gobierno monárquico para adoptar uno republicano, sólo se mantendría mediante muchos crímenes, puesto que ya está en el crimen, y si quisiera pasar del crimen a la virtud, es decir, de un estado violento a un estado calmo, caería en una inercia cuyo resultado inmediato sería su ruina segura.

SADE

Lo que tenía un aspecto político y creía ser político, un día se descubrirá como movimiento religioso.

KIERKEGAARD

Actualmente solitarios, ustedes que viven separados, serán algún día un pueblo. Quienes se señalaron a sí mismos un día formarán un pueblo señalado y de ese pueblo nacerá la existencia que supere al hombre.

NIETZSCHE

 

Lo que hemos emprendido no debe confundirse con ninguna otra cosa, no puede limitarse a la expresión de un pensamiento ni mucho menos a lo que se considera justamente como arte.

Es necesario producir y comer: muchas cosas son necesarias pero todavía no son nada y lo mismo ocurre con la agitación política.

¿Quién, antes de haber luchado hasta el fin, piensa en hacerle lugar a hombres a los que es imposible mirar sin sentir la necesidad de destruirlos? Pero si no se pudiera encontrar nada más allá de la actividad política, la avidez humana sólo se toparía con el vacío.

SOMOS FEROZMENTE RELIGIOSOS y en la medida en que nuestra existencia es la condena de todo lo que hoy se reconoce, una exigencia interior hace que seamos igualmente imperiosos.

Lo que emprendemos es una guerra.

Es hora de abandonar el mundo de los civilizados y sus luces. Es demasiado tarde para empeñarse en ser razonable e instruido, lo que ha llevado a una vida sin atractivos. Secretamente o no, es necesario volvernos totalmente diferentes o dejar de ser.

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Apaporis también está empotrado

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“Apaporis”, el documental realizado por Antonio Dorado en la amazonia colombiana, recuerda muchos episodios de lo que ocurre en “Empotrados”, la novela de Ian Watson. En ambos casos la guerra, los rituales y conocimientos más profundos de la selva,  los intereses económicos, grupos armados de toda laya y el enfebrecido deseo por encontrar una verdad que trasunte a la especie humana son los ejes de  una trama que parece desembocar de manera casi inevitable en la desaparición de dioses y palabras. En el caso concreto de este trabajo, el regreso a la vida de los muertos y un tiempo diferente al que se discernió en occidente, amenazan con eclipsarse para siempre:

Camuflaje fashion para la guerra del reconocimiento facial

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Estamos siendo constantemente vigilados. Ya no es ni siquiera una cuestión de paranoia. O, tal vez, citando a William Burroughs: “a veces la paranoia es solamente tener todos los datos”. Y la tecnología ha evolucionado y seguirá haciéndolo para mantenerte vigilado. No es que las cámaras económicas estén ayudando a los aficionados a enfocar mejor los rostros de los fotografiados, o que facebook te ahorre el trabajo de poner el punteador en cada cara para taggearla: las empresas tienen a su favor toda la tecnología para identificarte gracias a los dispositivos autómatas de reconocimiento facial. Esto va más allá de si decides entrar a facebook o no (no importa, facebook sabe quién eres gracias a tus amigos), si eres bueno o malo, siguiendo la falacia de “quien no tiene nada que esconder nada tiene que temer”. Para evitar este tipo de razonamientos es bueno asistir a esos cursos de humanidades que tanto programador desestima arrogantemente en sus conferencias. Cuestionarse la relatividad de lo bueno o malo, los procesos históricos de las sociedades, y si queremos ser unos verdugos-víctimas de nuestro tiempo o, mejor, deseamos las herramientas para por lo menos resistir a su tiranía.

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El fotógrafo del apartheid que ganó el Pulitzer y se mató

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Kevin Carter se hizo famoso por esta foto tomada en Sudán en 1993 y, un año después, recibió el premio Pulitzer. Dicho reconocimiento fue el punto culminante que desató una serie de sucesos  propicios para que él se matara en julio de ese mismo 1994. El día que decidió inhalar gases tóxicos dentro de su auto fue el final de una vida signada por el sufrimiento; desde que se integró al “bang bang club”  y fotografió a ejecutores de la violencia del apartheid de su natal Sudáfrica, Karter empezó a tener pesadillas donde los muertos fotografiados abrían los ojos. En ese aterrador 1994 su amigo Ken, otro de los cuatro integrantes del bang bang club, fue asesinado en Sudán, en abril. Les presentamos un documental sobre este fotógrafo que ya forma parte de los nombres imprescindibles para describir la última década del siglo pasado:

La guerra de Troya según Alejo Carpentier

Carpentier

El célebre Alejo Carpentier,  también hizo una versión de la guerra de Troya. La narra en su relato “Semejante a la noche”, a través de un soldado que se apresta a ir a la lucha. Este es el extracto preciso en el que surge otra historia con respecto a las causas de dicha refriega cantada por los fundadores de lo que ha terminado llamándose literatura occidental:

Un soldado viejo que iba a la guerra por oficio, sin más entusiasmo que el trasquilador de ovejas que camina hacia el establo, andaba contando ya, a quien quisiera escucharlo, que Elena de Esparta vivía muy gustosa en Troya, y que cuando se refocilaba en el lecho de Paris sus estertores de gozo encendían las mejillas de las vírgenes que moraban en el palacio de Príamo. Se decía que toda la historia del doloroso cautiverio de la hija de Leda, ofendida y humillada por los troyanos, era mera propaganda de guerra, alentada por Agamemnón, con el asentimiento de Menelao. En realidad, detrás de la empresa que se escudaba con tan elevados propósitos, había muchos negocios que en nada beneficiarían a los combatientes de poco más o menos. Se trataba sobre todo- afirmaba el viejo soldado- de vender más alfarería, más telas, más vasos con escenas de carreras de carros, y de abrirse nuevos caminos hacia las gentes asiáticas, amantes de trueques, acabándose de una vez con la competencia troyana. La nave, demasiado cargada de harina y de hombres, bogaba despacio. Contemplé largamente las casas de mi pueblo, a las que el sol daba de frente. Tenía ganas de llorar. Me quité el casco y oculté mis ojos tras de las crines enhiestas de la cimera que tanto trabajo me hubiera costado redondear- a semejanza de las cimeras magníficas de quienes podían encargar sus equipos de guerra a los artesanos de gran estilo, y que, por cierto, viajaban en la nave más velera y de mayor eslora.

Tomado de “Guerra del tiempo”, P. 44-45, editorial Alianza.

Una batalla contra los dioses (largometraje)

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Big Wars es una película animada japonesa de los años noventa (1993), dirigida por Issei Kume y Toshifumi Takizawa. Su particularidad es que el hombre se enfrenta a los dioses debido a que gran parte de la humanidad ha empezado a establecer colonias marcianas, lo cual va en contra del destino de la especie y del orden del universo. La paranoia de este trabajo está íntimamente ligada a la de muchas novelas de Dick:

Mishima huyó del cáncer (entrevista a Yukio)

Yukio Mishima temía al cáncer y a una muerte vulgar que lo atrapara postrado en la cama de un hospital; creía lo que ya había previsto Rilke: La desaparición del heroísmo en la muerte. Por eso Mishima se mató sin darle lugar al cáncer, sin saber que después aparecería el Sida o las pestes porcinas o aviares que columbran entre la conspiración y los estornudos mortales. La muerte no es lo que era, Yukio: