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CARTA A UNA SEÑORA MALPARIDA

Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe  a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.    
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El homosexualismo me ganará la partida, pero ello no es óbice para no condescender con su majadería,  señora puta. Usted se preguntará por las razones de mi carta, pues estas no son más que responder a sus constantes alusivas a nosotros, los escritores pobres y feos. ¿Acaso cree que todo aquel que garrapatea palabras, es publicado por Alfaguara, malparida? Yo sí que tengo garrapatas, son tan grandes que parecen cucarachas, con decirle que en mi vello púbico son tan gordas como escorpiones. Así que no crea que usted es la única con venéreas en este lumpen. Porque acá, lejos de lo que usted cree, en su distancia aristocrática vulgar, no se pasa hambre ni dejamos morir de hambres a nuestras garrapatas ni a nuestras ladillas.

 Cabe resaltarle que su posición como editora prestante de una honorable revista me conmina a las arcadas. Usted y su publicanzucha, llena de obsecuentes disfrazados de irreverentes, no merece ni un auto de fé. Porque, déjeme decirle, usted es tan dócil como cualquier prostituto de 13 años; pero al mismo tiempo es tan dañina como cualquier prostituto de 13 años. Porque lo suyo es dar cuchilladas trapaceras. Se cree muy europea con sus comentarios ácidos dignos de Virginia Woolf, pero usted de Virginia ni lo Virgen y se lo está diciendo un señor que es toda una señora virginal, muy a su pesar; como, muy a su pesar, se está escribiendo la mejor obra en los márgenes de su canoncito.

He visto a tanto mequetrefe mascullar su nombre como un trofeo, que sonrío con ternura al imaginar que todos esos borrachos son vistos por usted con desprecio, y no porque a usted no le guste el alcohol, más bien lo digo porque usted, señora malparida, solo gusta de la cocaína más refinada y los amantes más refinados. Por eso yo nunca seré nadie en este país de mierda, porque jamás me atrevé a comerme su panocha espolvoreada de esa sustancia orinada por satanás. Porque satanás es el que controla el negocio de la droga y también el de las letras. Ayer hice una pastoral que jamás usted tendrá el privilegio de leer porque vive muy ocupada haciendo aspaviento de su sobrino illuminati, que de seguro ya la tiene como víctima para la hoguera.

Porque usted es una bruja, y ni su familia tolera sus aires de persona inteligente y marginal, cuando todos saben de su vocación desmedida por besar culos de políticos con ínfulas de intelectuales y gramáticos. Usted no es más que otra pieza que compone este círculo lleno de mentiras, conformado por los más mediocres que se las dan de venenosos, como la sátrapa de Laureano Gómez que se decía todo un intelectual, mientras atrás estaba atizándole el culo a cuanto poeta con visos rojitos veía.

 Y no hay que olvidar cómo usted ha ensalzado a los intelectuales que apoyan a asesinos de cualquier laya para hacerse los políticamente incorrectos. Cuando la verdad lo único que han hecho de incorrecto es vivir. Porque es que uno, como poeta a punto de ser asesinado por cualquier sicario de clase alta o barriobajero acomplejado, sabe cuál es el mecanismo de la cucaracha que usted lidera, sabandija.

Para muchos de mis conocidos más simplones, usted es la caraza bonita de las letras nacionales. Para mí, usted no es más que la vergüenza puteril de estos chismes provinciales devenidos revista cultural.

La cara más linda de nuestras tierras es la del Topolino Zuluaga, y eso ni ud, ni los de su estofa lo advertirán jamás.

Julián Andrés Marsella. Fosca, Cundinamarca. 2015

Yo no conozco París ni a París. (Sobre Fernando Vallejo y Rufino José Cuervo)

Yo no conozco París ni a París

Por: Andrés Felipe Escovar

Vallejo junto a la estampita de Cuervo.
Fotografía de Nelson Fredy Padilla. Tomada de: © El Espectador.


Fernando Vallejo en El lejano país de Rufino José Cuervo afirma que se debe decir “conozco a París” y no “conozco París”, como ya lo había enseñado  Cuervo más de un siglo antes en Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano. En mi caso particular no conozco la capital de Francia y tampoco conozco a la capital de Francia, y la regla de cómo expresarlo se ha difuminado. La decisión de cómo decirlo, a juicio de los autores mencionados anteriormente, estriba en que hay una clase de buenos hablantes y buenos escritores, y otra de chabacanos que desconocen las reglas primarias para el buen hablar. Estas nociones de corrección son las que unen a estos dos escritores tan, aparentemente, disímiles.

El nombre de Rufino José Cuervo persiste en la memoria de los colombianos gracias al instituto de estudios lingüísticos que lleva el nombre Caro y Cuervo; Caro- Miguel Antonio era su nombre- fue un gran amigo de Rufino y los dos urdieron gramáticas latinas; mientras que Cuervo se fue a Paris- él si pudo decir que conoció a Paris- el otro se quedó en Colombia ejerciendo la política y redactando la constitución de 1886, que fue la base del ordenamiento jurídico que predominó en el país hasta 1991.

El nombre de Vallejo aparece en distintos diarios del país, donde se pueden leer sus diatribas a escritores, políticos, Dios, la iglesia, los carnívoros, Darwin, Colombia, entre otros. Sus libros se venden con profusión por toda América Latina, ha ganado el premio Rómulo Gallegos, recibido doctorados honoris causa.

Vallejo escribió, antes de iniciar su carrera como hacedor de novelas y ensayos sobre distintos temas, dos biografías sobre los poetas nacionales de su país: José Asunción Silva y Porfirio Barba-Jacob. También hizo una gramática llamada Logoi. Estos datos que a primera vista parecen aleatorios, son importantes a la hora de comprender la noción de Vallejo sobre el idioma pues todo su trabajo ha respondido a una tradición que inició con la propuesta de Rufino José Cuervo.

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