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LA CIVILIZACIÓN QUE SE VANAGLORIÓ… cuento de Luis Cermeño

Ilustración: David Barrero (Colombia, 1984) Su trabajo se puede encontrar en https://www.behance.net/cactusdj Redes: https://www.instagram.com/cactustatoo/ Correo electrónico: cactusdj12@gmail.com

 

 

Este texto fue rechazado por una editorial de garaje que ostenta un indigno título lovecraftiano. Al preguntársele por esta esperada reacción de indignación, el autor respondió:

“En una época de mediocridad editorial cosechar rechazos no constituye otra cosa que remecer malas consciencias y una evidencia de que escribir legítimamente aún sigue siendo una amenaza a los cabezadechorlitos que temen la autenticidad. Aún no renuncio a escribir, capullos. “

Es decir, que este rechazo sólo reafirmó su convicción de que escribir con legitimidad sigue siendo un acto  peligroso si se estima que se escribe algo relativamente valedero. Por lo que se puede considerar que esta historia es a la vez una puñalada escrita en el ojo a esa gente que se precia de llamarse “friky” pero no puede tolerar  las verdaderas distorsiones de la ficción.

LA CIVILIZACIÓN QUE SE VANAGLORIÓ DE TENER UN ÁNGEL

Por: Luis Cermeño.

 

Cuento inspirado en el artículo de Christopher Hitchens: por qué el cielo detesta el jamón.  

 

 

El cerdo tira pedos, los peores pedos del campus, y come su propio excremento.

Levanto la mirada de las fotocopias ‹‹El Final del Arte, por Arthur Danto›› y veo unas estudiantes de primer semestre que, entre risas y muecas, demuestran su burla y desprecio hacia mí. Pan de cada día, en particular los primeros días, luego se acostumbran con rapidez a lo monstruoso y al final todos están tan ocupados en sus dramas amorosos que se olvidan de mí. Porque a la Universidad la gente viene más afanada en convertir su vida en un culebrón mexicano que en educarse; claro que allí están los aspiracionales, con el suéter rodeándoles el cuello, como si fuera una chalina.

  • ¿Qué nos miras tanto, cerdo tira-pedos? ¿Por qué no vas y te revuelcas a tu porqueriza a comer tu propia mierda? Monstruo de mierda, que no te damos en la jeta para no empuercar nuestras manos.

Tiernos, eh. Tan acartonados como toda su puta vida, respondiendo a roles básicos, de ganancia y pérdida, de costumbre y tradición, de deseos y logros. Gente acartonada en una Universidad que busca un cartón para asumir un nuevo rol ganador, que se aferre a la costumbre, y termine satisfaciendo sus deseos mediocres a partir de unos logros irrisorios. No soy como ellos y ese es mi orgullo privado.

  • ¿Qué haces, cerdito? ¿Por qué no te largas? ¿A que te crees mejor que nosotros, eh? Pero te vamos a decir algo: por más que estudies y te hagas el inteligente, no serás nada, porque eres un monstruo, y nadie quiere las bestias asquerosas que se tiran pedos.

Soy superior a ellos y no les demuestro miedo, pero tampoco puedo hablar ni agredirlos. La última vez tuve que irme. Aún recuerdo el lápiz enterrado sobre el ojo del muchacho. Me levanto y les doy la espalda, estoy acá para empezar de nuevo. La primera batalla que debo luchar es contra mí porque soy la persona más difícil de controlar. Siento el choque de un vaso desechable sobre mi dorso. Debo dejarlos ir. No. Debo dejarme ir. Ellos siempre han estado.

El arte ya no tiene que ver con la belleza, la estética se ha desplazado hacia el sentido. Más un gusto adquirido que un rapto conmovedor. Casimira insiste en que soy su gusto adquirido y me persigue por los pasillos. Es una amante de las cosas raras y lo “freak”: ella dice “freak”, y se dice “friki” junto a sus amigos. Sus amigos me tienen miedo a pesar de que me llaman “freak”. No son tan amantes de las cosas raras como Casimira, que al interno me escribe que sueña comiéndose mi verga de marrano. Debe ser como una longaniza, me escribe. Me aterra porque ella no sabe hasta dónde puedo ir y yo mismo desconozco los límites de mis acciones. El control es mi ilusión y prefiero masturbarme y eyacular tres veces seguidas todas las noches, que darme el lujo de responder a sus insinuaciones.

Se termina otro semestre en el que las cosas fluyeron por su propia cuenta. En esa madeja de intenciones mediocres me abstuve de protagonizar alguna escena. Un personaje marginado al que de vez en cuando se le hacía un poco de bullying para divertir a los actores principales. La teoría del arte me terminó sabiendo a mierda, lo mismo que las provocaciones de Casimira, que tan pronto como adquirió el gusto raro por mí lo abandonó, y ahora ella se sienta frente a mí para decirme:

  • Usted es como marica. Yo quería que culeáramos pero usted siempre con sus huevonadas.

Lo que más le ofende a ella es que sabe que no soy marica, y que ella me gusta, pero mi cobardía la asquea y ahora se levanta de la mesa y se va a ver con sus amigos frikis y su pareja lesbiana freak. Yo debo dejarla ir. Debo quedarme y esperar hasta la noche para llegar a casa a masturbarme.

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Hackers parauniversales

¿Te ha pasado alguna vez que estás frente a alguien, o que observas a alguien, y al siguiente instante desaparece entre la multitud como por arte de magia? ¿Que, sin explicártelo, aparece alguien desde un lugar que es como si saliera de la nada? Piensas que fue una falla de tu atención pero sinceramente no te lo crees porque sabes que tu atención siempre estuvo allí. Son descuidos de la mente, piensas, pero sabes que son formas que tienes de mentirte a ti mismo, al no querer indagar sobre lo que a todas luces es un fenómeno muy extraño. La mente es perezosa y prefiere no proseguir en lo que sabe le costaría mucho, tal vez más de lo que está dispuesta a admitir. O tal vez razonas, como en la novela de Isaac Asimov, Los Propios Dioses,  cuando el Doctor Bronovski le contesta al Doctor Lamont: “Una insolubilidad no es un problema.

Al igual que los alquimistas se pueden considerar los padres ilegítimos de ciencias como la química y la botánica, también ciertas prácticas de la brujería se podrían considerar maestras de la física y la informática; saberes que son apenas las puntas del iceberg de una nueva ciencia a punto de florecer: el diseño y programación de realidades. En el cuento Los sueños de la casa de la bruja de H.P. Lovecraft, un estudiante aficionado a las matemáticas descubre a través de sus ignominiosas investigaciones una nueva geometría que le permite tener acceso a ciertos ángulos inexplorados de la realidad. Esta recreación literaria de Lovecraft podría estar sugiriendo algo mucho más profundo, esto es, que muchísima gente a nivel empírico ha logrado un conocimiento sanctasanctórum de los abismos más grotescos de las dimensiones.

 “No hubiera podido decir lo que esperaba encontrar allí, pero sabía que deseaba estar en aquel edificio donde alguna circunstancia había dado, más o menos repentinamente, a una vulgar anciana del siglo xvii, un atisbo de profundidades matemáticas tal vez más atrevidas que las más modernas elucubraciones de Planck, Heisenberg, Einstein y de Sitter.” Lovecraft

Si es verdad, como Phillip K. Dick afirmaba, que “Vivimos en una realidad programada por computador, y la única pista que tenemos de esto es cuando cambia alguna variable” , podría existir gente capaz de manipular estas variables y, a través de arcanos saberes, habría podido tener acceso y modificar lo que sería el código informático de la realidad. Estos serían los hackers dimensionales que, al igual que sus contrapartes en la informática, tendrían la capacidad de crear túneles, generar distorsiones, desarrollar virus y sacar provecho de la información que se considera legítima de este mundo.

Hoy les podemos llamar Hackers paradimensionales. En otro tiempo se les llamó ángeles o demonios. También han sido denominados extraterrestres – cuando podrían ser algo mucho más terrible: extrauniversales-. Hubo quien llamó a Dante Alighieri “un viajero del tiempo”; pues una de las genialidades de la Commedia radica en que excede los límites del tiempo del poeta. Otro compañero de viajes temporales, muchos siglos después, fue Arthur Rimbaud que, con dos libros de adolescencia, “Iluminaciones” y “Una temporada en el Infierno”, superó a todos los poetas de su generación, adelantándose a su época, para abandonarlo todo años más tarde, dedicándose a la trata de esclavos en el África.

 Prueba este experimento: en medio de una agitada multitud, fíjate en algún individuo, puede tener aspecto desagradable, incluso peligroso, en un segundo estará fumando un cigarro, al siguiente estará comiendo algo desde su gorra, al tercero te observará y en un parpadeo desaparecerá para siempre. Ese sujeto pudo haber sido Elias, el profeta; Ahasverus, el errante; Rimbaud, Alighieri, Verne, Saint Exúperi, Adán o Philip Dick. Ellos están acechando las proximidades del mundo: son las voces que acompasan  el carnaval de los fabulosos freaks que abandonan el pueblo.