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Y El Afinaito afinó

El enano Carlos veía las notas necrológicas de los noticieros, movía sus bracitos cortos y regordetes como morcillas y decía: «Pa que afine», hablándole al nuevo muerto.  El Afnaito ha afinado a los treinta y seis años, víctima de un paro respiratorio y ahora canta champeta en la eternidad. Uno de los recuerdos más nítidos que tengo es el del obeso Barreto bamboleándose al son de «Busco alguien que me quiera» con Yuly, una caribeña que lo tomó de los pliegues adiposos que  brotaban de la cintura de Barreto y le dijo  que él tampoco iba a poder quererla. Después se emborracharon y jamás volvieron a verse. En la ampulosa tradición del tango se ha enunciado que este es un pensamiento triste que se baila pero esto no es de su exclusividad, la prueba está en estos versos cantados por El Afinaito:

Había una mujer que sus ojos eran de fuego
Y que sus lágrimas eran gotas de hielo
Me dijo que las flores se marchitan de tristeza
Cuando las heridas sangran en la conciencia